Las primeras palabras que leí en mi vida fueron "rebolu". Era 1989 y mi papá compraba Página/12 antes de llevarme a mis clases de primer grado. Aprendí a leer con el diario y lo seguí leyendo durante toda mi vida. Habiendose fundado el diario en 1987 se deben contar con los dedos las personas que fueron lectores de Página en un porcentaje de su vida mayor al mío. De 27 años de vida en 22 fui lector de Página, y en los otros 5 no sabía leer. Muy pocas personas pueden afirmar eso.
En ese entonces era la década del 90 y en Página se podían encontrar las pocas voces lúcidas de protesta contra el modelo neoliberal, la corrupción y el vaciamiento del país llevada a cabo por el menemato. Contaba con muchos intelectuales progresistas y un periodista estrella como Horacio Verbitsky, quien con sus investigaciones destapaba escándalos en todos los gobiernos, sea el de Menem o el de De La Rúa. Y además estaba muy bien escrito, a diferencia de sus competidores. Página era una espina clavada en el dedo gordo del poder y es por eso que muchas veces debía llamarse a silencio. Al ser un diario pequeño el Menemismo le quitaba la pauta oficial por un par de semanas y a riesgo de quebrar, debía suavizar las criticas.
Y en eso vino Kirchner, pusó una Corte Suprema Ejemplar, reivindicó los Derechos Humanos y Gaspar el Rebolú decía "Que raro me siento siendo oficialista". Me acuerdo que me reí y le mostré la ocurrencia a mi mamá, "jaja Página 12 con el oficialismo, que ocurrencia". Pero no era un chiste. Y lo que al principio fue acompañar una idea, en poco tiempo se convirtió en justificar ciegamente todo lo que hace el gobierno. Las páginas otrora vacías se llenaron sospechosamente de pauta oficial y de publicidades de empresas afines al gobierno. ¿Publicidades a página completa de ofertas de alimentos en supermercados? En mis 20 años de lector jamás vi un aviso así en el diario. Los fondos frescos evidentemente compraron las voluntades de los periodistas y Página pasó de ser el mejor diario del país a un panfleto político vocero del oficialismo.
Ya no hace falta leer el diario. Si Cristina dice que hay que matar a los judios porque son una raza impura, ya sé que en Página van a decir que está bien. Si la oposición propone salvar la los gatitos, en Página van a publicar una nota sobre las enfermedades felinas. Hoy al leer Página me acuerdo permanentemente del Der Stürmer, un diario del nazismo. El ministro Joseph Goebbels todas las noches ordenaba al jefe de redacción cuales debían ser las noticias y como debían ser redactadas. Si Hitler quería invadir Polonia Goebbels ordenaba llenar las páginas de crímenes cometidos por polacos, explicar como Polonia desperdicia sus recursos naturales, difamar a cuanto polaco se pueda, y si se les podía inventar un mote despectivo mejor.
Así cuando De Narvaez representaba una fuerte oposición electoral las hojas de Página se llenaron de "investigaciones" sobre el colombiano y se magnificaba la causa judicial trucha que le inventó Oyarbide. Cuando Cristina quizo ir por Fibertel las notas abundaron sobre la cantidad de proveedores que existían y la burla a los usuarios que significaba el incumplimiento de un tecnicismo legal. Cuando fueron por papel prensa aparecieron investigaciones "reveladoras" y largos ensayos sobre la necesidad de sacarle la empresa a Clarín. Cuando un juez falla contra el gobierno la nota de tapa del domingo es la investigación de como el bisabuelo del juez jugaba al chinchón durante la dictadura. Al igual que los diarios de Goebbels la inmensa mayoría de las notas están sobrecargadas de prejuicios, descalificacione y arengas mas propias de una tribuna política o un poster de propaganda que de un períodico que se supone objetivo. Al igual que Goebbels Página le pone apodos a sus enemigos: el monopolio, Mauri, el partido judicial, piqueteros de la abundancia o los caceroleros de teflón, fueron algunas de las formas para descalificar a los que piensan distinto. Que puede no parecer muy grave, pero es precisamente la base del método propagandístico ideado por ese genio del mal que fue Goebbels. "Todo lo que diga Y no importa porque es X, y todos los X son unos bolcheviques miserables traidores al pueblo Aleman". Descalificando al autor no hay necesidad de debatir argumentos.
Mientras tanto Verbitsky no realizó una sola investigación que destapara un escándalo en el oficialismo, a diferencia de lo que venía haciendo los últimos 15 años previos al 2003. Pero sí investigó a De Narvaez cuando le hacía fuerza a Kirchner. Nunca dijo nada de Scioli, el menemista cultor de la mano dura, pero hace poquitas semanas, cuando estaba peleado con Néstor, le dedicó una investigación en su contra en las páginas centrales del diario. Lo que el gobierno necesita, Verbitsky lo escribe, la pauta oficial llena el diario y todos cobran. Lo que se dice un mercenario con todas las letras. Es indignante que Página tome a sus lectores por tontos, que todos los días nos quiera hacer tragar varios sapos. Que hoy aplauda lo que ayer criticaba de Menem.
Es cierto, Clarín y La Nación también hacen todo esto. Pero sabés que, a mi Clarín y La Nación siempre me parecieron una porquería y siempre fueron así. Solo te pueden defraudar quienes te generan expectativas. Una prostituta no te puede romper el corazón, tu novia sí. Que Clarín sea una verguenza para el periodismo no significa que Página también lo tenga que ser. Yo respetaba a Verbitsky y a Sandra Russo, no había necesidad que se rebajaran al nivel de Hadad, Grondona o Morales Solá. Y es que en realidad lo de ellos es peor, porque Hadad nunca tuvo dignidad, pero los periodistas de Página sí, y la perdieron. Lo que me produce una profunda pena.
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