Joseph Paul Goebbels: Genio malvado nazi o mito:
Con solo pronunciar este apellido la Historia se tambalea, crujen los cimientos del género humano, se lanzan al galope los negros corceles de la barbarie.
Siempre se ha pensado que en el retorcido cerebro de este hombre (pequeño de un 1,65mts de altura, atormentado por un terrible dolor en el pie derecho por el cual cojeaba, fruto de la polio) se estructuraba toda la geometría demoníaca del régimen nazi, que él era el arquitecto de aquel templo del odio y el terror cuya siniestra imagen eran Hitler y el olor a carne quemada en media Europa.
Pero este individuo, también conocido como el enano venenoso, o el carnero por sus muchas amantes, se pasaba el día como la reina de Blancanieves: «Espejito, espejito, quién es el nazi más listo, el más entregado, el más trabajador, el verdadero entre los verdaderos?». Y el espejito despejaba sus dudas: «Tú, Paul Joseph Goebbels, tú, tú».
Hitler no daba palmaditas en el hombro
Pero el verdadero espejo del que Goebbels necesitaba aquiescencia era otro y tenía nombre propio: Adolf Hitler. Porque toda la vida del todopoderoso y omnipresente Ministro de Propaganda nazi estuvo dirigida, pensada y planeada para que el Führer le diera una palmadita en el hombro, lo que no ocurría tan a menudo como Goebbels quisiera.
Sentimental y cursi
Un tipo sentimental, incluso cursi, que en alguna ocasión escribe: «Benditos días. Sólo el amor. Tal vez el momento más feliz de mi vida» o que se autocompadece: «A mi vida le falta el amor, por eso dedico todo mi amor a la gran causa», o echa pestes de dos novelitas cortas escritas cuando era estudiante: «Soy un escolar peregrino, un alma solitaria» y «Los que aman el sol».
Y, sobre todo, desenmascaran a un tipo que jamás pintó nada en las grandes decisiones del Reich (de hecho nadie pintaba, Hitler se lo guisaba y comía el solito), pero que fue capaz de inventarse una genial película de su vida. Un criminal al que sus camaradas tomaban por el pito del sereno. Cuando Hitler se suicidó en el Führerbunker, el espejito de Goebbels también se hizo añicos. Para paz y sosiego de los hombres de bien.
Biografia:
Joseph Paul Goebbels (1897-1945), político alemán, nacido en Rheydt. Estudió en las universidades de Bonn, Berlín y Heidelberg. Se unió al Partido Nacionalsocialista (nazi) en 1922 y se encargó de la formación de los estudiantes que ingresaban en la organización. En 1925 conoció al dirigente del partido, Adolf Hitler. Goebbels fue nombrado gauleiter (jefe del partido) en la región de Berlín en 1926 y fundó el periódico oficial del nacionalsocialismo, Der Angriff (El ataque), en el que ocupó el cargo de director, en 1927. Fue elegido miembro del Reichstag, el parlamento alemán, en 1928 y un año más tarde se le nombró jefe de Propaganda del partido nazi, cargo desde el cual promovió una campaña de odio irracional a los judíos y a otros grupos 'no arios', tales como los eslavos. Su labor propagandística contribuyó a incrementar el poder de Hitler en 1933. En este mismo año, Goebbels fue nombrado ministro de Propaganda e Información. Empleó todos los recursos del sistema educativo y de los medios de comunicación para cumplir los objetivos propagandísticos nazis, e inculcó en el pueblo alemán la idea de que su líder era un verdadero dios y de que el destino de este pueblo era gobernar el mundo. Pasó a ser miembro del consejo de ministros de Hitler en 1938. A finales de la II Guerra Mundial, hacia 1944, Hitler le puso al mando de la movilización general. Goebbels se suicidó el 1 de mayo de 1945, mientras las tropas rusas bombardeaban Berlín. Los diarios de Goebbels, de 1942 y 1943, fueron encontrados entre sus escritos.
La figura de Joseph Goebbels dentro de la maquinaria nazi:
La figura de Joseph Goebbels dentro de la maquinaria criminal nazi está dotada de matices más borrosos de lo que la historia convencional suele reflejar. El ministro de Propaganda e Información bajo Hitler dibujó una larga sombra sobre el resto de sus compatriotas, siendo su personalidad fría e iracunda, al igual que su inigualable devoción por el Führer, los atributos personales que lo catapultaron históricamente como la segunda figura política más recordada de la Alemania Nazi. El manejo propagandístico del régimen se impuso a lo largo del país y del resto de territorios conquistados, plasmando el imaginario de Hitler por toda Europa y en la mente y corazón de miles de europeos.
Sin embargo, la pretendida sabiduría publicitaria de Goebbels puede haber sido exagerada. La sobrevaloración de Goebbels en la historiografía nazi puede desprenderse de que cualquier promoción hecha por Goebbels sobre el régimen resultaba en un espejo que abarcaba no sólo a la personalidad de Hitler, sino la suya también. La demagogia de Goebbels siempre partía de su propia y descomunal ansia de destacarse entre las filas de partidarios nazis, hasta llegar al punto de explotación de su propia imagen de “hombre influyente” dentro del gobierno, la cual diseminó implícitamente por todos los medios comunicacionales a su disposición. Después de todo, no podía caer mal entre los nazis ser visto como la mano derecha del líder.
Esta obsesión por la imagen propia puede develarse en su trabajo como ministro. Goebbels desplegó orgullosamente sus once principios que sirvieron para consolidar el ideario nazi en Alemania:
1. Principio de simplificación y del enemigo único. Adoptar una única idea, un único símbolo. Individualizar al adversario en un único enemigo.
2. Principio del método de contagio. Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.
3. Principio de la transposición. Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. "Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan.
4. Principio de la exageración y desfiguración. Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.
5. Principio de la vulgarización. Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar.
6. Principio de orquestación. La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas. De aquí viene también la famosa frase: «Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad».
7. Principio de renovación. Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.
8. Principio de la verosimilitud. Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sondas o de informaciones fragmentarias.
9. Principio de la silenciación. Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.
10. Principio de la transfusión. Por regla general, la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales. Se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.
11. Principio de la unanimidad. Llegar a convencer a mucha gente de que piensa «como todo el mundo», creando una falsa impresión de unanimidad.
Estas herramientas publicitarias pueden verse no sólo en la Alemania nazi, sino en decenas de departamentos de propaganda de gobiernos internacionales desde entonces. Sin embargo, la brillantez universal de estos parámetros no parte necesariamente del ingenio, sino del narcisismo. El doctor Leonard W. Doob, tras analizar la mecánica de las acciones propagandísticas del ministro, amplía los principios de Goebbels a 19, los cuales son:
1. Los propagandistas deben tener acceso a la información referente a los acontecimient a la opinión pública.
2. La propaganda debe ser planeada y ejecutada por una sola autoridad. A esta figura le concierne:
A.- Emitir todas las directrices de la propaganda.
B.- Explicar las directrices de la propaganda a los funcionarios importantes y mantener su moral.
C.- Supervisar las actividades de otras agencias que tengan consecuencias propagandísticas.
3. Las consecuencias propagandísticas de una acción deben ser consideradas al planificar esta acción.
4. La propaganda debe afectar a la política y a la acción del enemigo:
A.- Suprimiendo el material propagandístico capaz de facilitar al enemigo informaciones útiles.
B.- Difundiendo abiertamente propaganda cuyo contenido o tono conduzca al enemigo a sacar las conclusiones deseadas.
C.- Incitando al enemigo a revelar informaciones propias de carácter vital.
D.- Absteniéndose de toda referencia a una actividad que perjudique al enemigo cuando ella pudiera desacreditar tal actividad.
5. Debe haber una información no clasificada y operacional a punto para completar una campaña propagandística.
6. Para ser percibida, la propaganda debe suscitar el interés de la audiencia y debe ser transmitida a través de un medio de comunicación que llame poderosamente la atención.
7. Solo la credibilidad debe determinar si los materiales de la propaganda han de ser ciertos o falsos.
8. El propósito, el contenido y la efectividad de la propaganda enemiga, la fuerza y los efectos de una refutación, y la naturaleza de las actuales campañas propagandísticas determinan si la campaña enemiga debe ser ignorada o refutada.
9. Credibilidad, inteligencia y los posibles efectos de la comunicación determinan si los materiales propagandísticos deben ser censurados.
10. El material de la propaganda enemiga puede ser utilizado en operaciones cuando ayude a disminuir el prestigio de ese enemigo, o preste apoyo al propio objetivo del propagandista.
11. La propaganda negra debe ser empleada con preferencia a la blanca cuando esta última sea menos creíble o produzca efectos indeseables.
12. La propaganda puede ser facilitada por líderes prestigiosos.
13. La propaganda debe estar cuidadosamente sincronizada.
A.- La comunicación debe llegar a la audiencia antes que la propaganda competidora.
B.- Una campaña propagandística debe comenzar en el momento óptimo.
C.- Un tema propagandístico debe ser repetido, pero no más allá del punto en que disminuya su efectividad.
14. La propaganda debe etiquetar los acontecimientos y las personas con frases o consignas distintas.
A.- Deben suscitar las respuestas deseadas que la audiencia posee previamente.
B.- Deben poder ser aprendidas con facilidad.
C.- Deben ser utilizadas una y otra vez, pero sólo en las situaciones apropiadas.
D.- No pueden ser distorsionadas o devueltas por el enemigo o la población.
15. La propaganda dirigida al frente nacional debe evitar el suscitar falsas esperanzas que puedan quedar frustradas por los acontecimientos futuros.
16. La propaganda en el frente nacional debe crear un nivel óptimo de ansiedad.
17. La propaganda dirigida al frente nacional debe disminuir el impacto de la frustración.
A.- Las frustraciones inevitables deben ser previstas. Consiste en que una frustración podía resultar menos decepcionante si se eliminaba el elemento de sorpresa o choque.
B.- Las frustraciones inevitables deben ser planteadas en perspectiva. Es dar a los alemanes lo que él llama Kriegsüberblick, es decir, una panorámica general de la guerra. Éstos perderían la confianza en su régimen.
18. La propaganda debe facilitar el desplazamiento de la agresión, especificando los objetivos para el odio.
19. La propaganda no afecta de inmediato a fuertes tendencias contrarias; en vez de eso, debe ofrecer algún tipo de evasión o distracción, o ambas.
Los preceptos de Doob no sólo son más clínicos y detallistas sobre los procesos de diseminación de información nazi, sino que traen a tierra la visión idealista del organizador supremo del condicionamiento mental del pueblo que Goebbels construyó en sus 11 principios. Como se ve en los principios 1, 2, 6, 7 y 12, muchas de las acciones embarcadas en la campaña mediática nazi tenían como fondo ensalzar no sólo a Hitler, sino al aparato de condicionamiento sobre el cual se sostenía su gobierno. Dicho en otras palabras: Goebbels.
Para el hombrecillo de baja estatura y mal carácter, la exposición propagandística fue el trampolín para elevar a su ídolo al Olimpo de los íconos. Pero cuando Goebbels se sitúa como la encrucijada por la que fluye toda la información, cuando se visualiza como ente de prestigio y autoridad sobre todo conocimiento, cuando oficializa la necesidad de atraer atención y concentrarla bajo su comando, entonces Goebbels se convierte en un lamentable mito en sí mismo.
Con solo pronunciar este apellido la Historia se tambalea, crujen los cimientos del género humano, se lanzan al galope los negros corceles de la barbarie.
Siempre se ha pensado que en el retorcido cerebro de este hombre (pequeño de un 1,65mts de altura, atormentado por un terrible dolor en el pie derecho por el cual cojeaba, fruto de la polio) se estructuraba toda la geometría demoníaca del régimen nazi, que él era el arquitecto de aquel templo del odio y el terror cuya siniestra imagen eran Hitler y el olor a carne quemada en media Europa.
Pero este individuo, también conocido como el enano venenoso, o el carnero por sus muchas amantes, se pasaba el día como la reina de Blancanieves: «Espejito, espejito, quién es el nazi más listo, el más entregado, el más trabajador, el verdadero entre los verdaderos?». Y el espejito despejaba sus dudas: «Tú, Paul Joseph Goebbels, tú, tú».
Hitler no daba palmaditas en el hombro
Pero el verdadero espejo del que Goebbels necesitaba aquiescencia era otro y tenía nombre propio: Adolf Hitler. Porque toda la vida del todopoderoso y omnipresente Ministro de Propaganda nazi estuvo dirigida, pensada y planeada para que el Führer le diera una palmadita en el hombro, lo que no ocurría tan a menudo como Goebbels quisiera.
Sentimental y cursi
Un tipo sentimental, incluso cursi, que en alguna ocasión escribe: «Benditos días. Sólo el amor. Tal vez el momento más feliz de mi vida» o que se autocompadece: «A mi vida le falta el amor, por eso dedico todo mi amor a la gran causa», o echa pestes de dos novelitas cortas escritas cuando era estudiante: «Soy un escolar peregrino, un alma solitaria» y «Los que aman el sol».
Y, sobre todo, desenmascaran a un tipo que jamás pintó nada en las grandes decisiones del Reich (de hecho nadie pintaba, Hitler se lo guisaba y comía el solito), pero que fue capaz de inventarse una genial película de su vida. Un criminal al que sus camaradas tomaban por el pito del sereno. Cuando Hitler se suicidó en el Führerbunker, el espejito de Goebbels también se hizo añicos. Para paz y sosiego de los hombres de bien.
Biografia:
Joseph Paul Goebbels (1897-1945), político alemán, nacido en Rheydt. Estudió en las universidades de Bonn, Berlín y Heidelberg. Se unió al Partido Nacionalsocialista (nazi) en 1922 y se encargó de la formación de los estudiantes que ingresaban en la organización. En 1925 conoció al dirigente del partido, Adolf Hitler. Goebbels fue nombrado gauleiter (jefe del partido) en la región de Berlín en 1926 y fundó el periódico oficial del nacionalsocialismo, Der Angriff (El ataque), en el que ocupó el cargo de director, en 1927. Fue elegido miembro del Reichstag, el parlamento alemán, en 1928 y un año más tarde se le nombró jefe de Propaganda del partido nazi, cargo desde el cual promovió una campaña de odio irracional a los judíos y a otros grupos 'no arios', tales como los eslavos. Su labor propagandística contribuyó a incrementar el poder de Hitler en 1933. En este mismo año, Goebbels fue nombrado ministro de Propaganda e Información. Empleó todos los recursos del sistema educativo y de los medios de comunicación para cumplir los objetivos propagandísticos nazis, e inculcó en el pueblo alemán la idea de que su líder era un verdadero dios y de que el destino de este pueblo era gobernar el mundo. Pasó a ser miembro del consejo de ministros de Hitler en 1938. A finales de la II Guerra Mundial, hacia 1944, Hitler le puso al mando de la movilización general. Goebbels se suicidó el 1 de mayo de 1945, mientras las tropas rusas bombardeaban Berlín. Los diarios de Goebbels, de 1942 y 1943, fueron encontrados entre sus escritos.
La figura de Joseph Goebbels dentro de la maquinaria nazi:
La figura de Joseph Goebbels dentro de la maquinaria criminal nazi está dotada de matices más borrosos de lo que la historia convencional suele reflejar. El ministro de Propaganda e Información bajo Hitler dibujó una larga sombra sobre el resto de sus compatriotas, siendo su personalidad fría e iracunda, al igual que su inigualable devoción por el Führer, los atributos personales que lo catapultaron históricamente como la segunda figura política más recordada de la Alemania Nazi. El manejo propagandístico del régimen se impuso a lo largo del país y del resto de territorios conquistados, plasmando el imaginario de Hitler por toda Europa y en la mente y corazón de miles de europeos.
Sin embargo, la pretendida sabiduría publicitaria de Goebbels puede haber sido exagerada. La sobrevaloración de Goebbels en la historiografía nazi puede desprenderse de que cualquier promoción hecha por Goebbels sobre el régimen resultaba en un espejo que abarcaba no sólo a la personalidad de Hitler, sino la suya también. La demagogia de Goebbels siempre partía de su propia y descomunal ansia de destacarse entre las filas de partidarios nazis, hasta llegar al punto de explotación de su propia imagen de “hombre influyente” dentro del gobierno, la cual diseminó implícitamente por todos los medios comunicacionales a su disposición. Después de todo, no podía caer mal entre los nazis ser visto como la mano derecha del líder.
Esta obsesión por la imagen propia puede develarse en su trabajo como ministro. Goebbels desplegó orgullosamente sus once principios que sirvieron para consolidar el ideario nazi en Alemania:
1. Principio de simplificación y del enemigo único. Adoptar una única idea, un único símbolo. Individualizar al adversario en un único enemigo.
2. Principio del método de contagio. Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.
3. Principio de la transposición. Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. "Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan.
4. Principio de la exageración y desfiguración. Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.
5. Principio de la vulgarización. Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar.
6. Principio de orquestación. La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas. De aquí viene también la famosa frase: «Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad».
7. Principio de renovación. Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.
8. Principio de la verosimilitud. Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sondas o de informaciones fragmentarias.
9. Principio de la silenciación. Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.
10. Principio de la transfusión. Por regla general, la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales. Se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.
11. Principio de la unanimidad. Llegar a convencer a mucha gente de que piensa «como todo el mundo», creando una falsa impresión de unanimidad.
Estas herramientas publicitarias pueden verse no sólo en la Alemania nazi, sino en decenas de departamentos de propaganda de gobiernos internacionales desde entonces. Sin embargo, la brillantez universal de estos parámetros no parte necesariamente del ingenio, sino del narcisismo. El doctor Leonard W. Doob, tras analizar la mecánica de las acciones propagandísticas del ministro, amplía los principios de Goebbels a 19, los cuales son:
1. Los propagandistas deben tener acceso a la información referente a los acontecimient a la opinión pública.
2. La propaganda debe ser planeada y ejecutada por una sola autoridad. A esta figura le concierne:
A.- Emitir todas las directrices de la propaganda.
B.- Explicar las directrices de la propaganda a los funcionarios importantes y mantener su moral.
C.- Supervisar las actividades de otras agencias que tengan consecuencias propagandísticas.
3. Las consecuencias propagandísticas de una acción deben ser consideradas al planificar esta acción.
4. La propaganda debe afectar a la política y a la acción del enemigo:
A.- Suprimiendo el material propagandístico capaz de facilitar al enemigo informaciones útiles.
B.- Difundiendo abiertamente propaganda cuyo contenido o tono conduzca al enemigo a sacar las conclusiones deseadas.
C.- Incitando al enemigo a revelar informaciones propias de carácter vital.
D.- Absteniéndose de toda referencia a una actividad que perjudique al enemigo cuando ella pudiera desacreditar tal actividad.
5. Debe haber una información no clasificada y operacional a punto para completar una campaña propagandística.
6. Para ser percibida, la propaganda debe suscitar el interés de la audiencia y debe ser transmitida a través de un medio de comunicación que llame poderosamente la atención.
7. Solo la credibilidad debe determinar si los materiales de la propaganda han de ser ciertos o falsos.
8. El propósito, el contenido y la efectividad de la propaganda enemiga, la fuerza y los efectos de una refutación, y la naturaleza de las actuales campañas propagandísticas determinan si la campaña enemiga debe ser ignorada o refutada.
9. Credibilidad, inteligencia y los posibles efectos de la comunicación determinan si los materiales propagandísticos deben ser censurados.
10. El material de la propaganda enemiga puede ser utilizado en operaciones cuando ayude a disminuir el prestigio de ese enemigo, o preste apoyo al propio objetivo del propagandista.
11. La propaganda negra debe ser empleada con preferencia a la blanca cuando esta última sea menos creíble o produzca efectos indeseables.
12. La propaganda puede ser facilitada por líderes prestigiosos.
13. La propaganda debe estar cuidadosamente sincronizada.
A.- La comunicación debe llegar a la audiencia antes que la propaganda competidora.
B.- Una campaña propagandística debe comenzar en el momento óptimo.
C.- Un tema propagandístico debe ser repetido, pero no más allá del punto en que disminuya su efectividad.
14. La propaganda debe etiquetar los acontecimientos y las personas con frases o consignas distintas.
A.- Deben suscitar las respuestas deseadas que la audiencia posee previamente.
B.- Deben poder ser aprendidas con facilidad.
C.- Deben ser utilizadas una y otra vez, pero sólo en las situaciones apropiadas.
D.- No pueden ser distorsionadas o devueltas por el enemigo o la población.
15. La propaganda dirigida al frente nacional debe evitar el suscitar falsas esperanzas que puedan quedar frustradas por los acontecimientos futuros.
16. La propaganda en el frente nacional debe crear un nivel óptimo de ansiedad.
17. La propaganda dirigida al frente nacional debe disminuir el impacto de la frustración.
A.- Las frustraciones inevitables deben ser previstas. Consiste en que una frustración podía resultar menos decepcionante si se eliminaba el elemento de sorpresa o choque.
B.- Las frustraciones inevitables deben ser planteadas en perspectiva. Es dar a los alemanes lo que él llama Kriegsüberblick, es decir, una panorámica general de la guerra. Éstos perderían la confianza en su régimen.
18. La propaganda debe facilitar el desplazamiento de la agresión, especificando los objetivos para el odio.
19. La propaganda no afecta de inmediato a fuertes tendencias contrarias; en vez de eso, debe ofrecer algún tipo de evasión o distracción, o ambas.
Los preceptos de Doob no sólo son más clínicos y detallistas sobre los procesos de diseminación de información nazi, sino que traen a tierra la visión idealista del organizador supremo del condicionamiento mental del pueblo que Goebbels construyó en sus 11 principios. Como se ve en los principios 1, 2, 6, 7 y 12, muchas de las acciones embarcadas en la campaña mediática nazi tenían como fondo ensalzar no sólo a Hitler, sino al aparato de condicionamiento sobre el cual se sostenía su gobierno. Dicho en otras palabras: Goebbels.
Para el hombrecillo de baja estatura y mal carácter, la exposición propagandística fue el trampolín para elevar a su ídolo al Olimpo de los íconos. Pero cuando Goebbels se sitúa como la encrucijada por la que fluye toda la información, cuando se visualiza como ente de prestigio y autoridad sobre todo conocimiento, cuando oficializa la necesidad de atraer atención y concentrarla bajo su comando, entonces Goebbels se convierte en un lamentable mito en sí mismo.