Argentina cambia el foco El tiro por la culata La polémica por el dragado del canal Martín García dejó mal parada a la administración de Cristina Fernández, en particular a su canciller, Héctor Timerman. El gobierno K sabe que el manto de incertidumbre lo salpicó y que nadie duda de que hubo irregularidades en el proceso. Por ese motivo apunta a la única causa que generó simpatía popular hacía él durante muchos años: la de Botnia. Sin embargo, Gualeguaychú no se dejará llevar y advierte al gobierno argentino, al que le señala contradicciones. TEXTO: M. PINTOS El reloj marcó las 21 horas. Las mismas caras que hace años se veían a diario en el corte de Arroyo Verde, se volvieron a ver. Esta vez fue en el club Frigorífico. Fue de las asambleas más concurridas desde que cesó el corte que bloqueó durante casi cinco años el puente internacional San Martín. Unas 60 personas, fogoneadas una vez más por el gobierno K, se dieron cita el miércoles 29 para volver a hablar de UPM (ex Botnia). Si bien los encuentros se producían esporádicamente, desde esta semana serán todos los miércoles. El motivo: analizar en detalle los pasos que se están dando en el diferendo binacional que los involucra. La reunión, según supo Caras y Caretas, entusiasmó al movimiento, que desde que el gobierno argentino lo denunció ante la Justicia había caído. Aunque el centro neurálgico de la protesta, que tuvo en vilo a Tabaré Vázquez durante su mandato, ya no funciona como tal, se mantiene. Hay una guardia tres veces por semana y los fines de semana se empezaron a rotar para cuidar un lugar que tiene un significado especial. Al costado de la casa donde se alojaron decenas de asambleístas que llevaron adelante el corte, hay esparcidas cenizas de tres de ellos que fallecieron, por distintos motivos, durante los años en que llevaron adelante su protesta. Cada tanto se realizan en Arroyo Verde pencas, algún baile y se reciben visitas de decenas de escuelas argentinas que llegan a conocer detalles del movimiento. EL ARRANQUE El comienzo del fuego fue, una vez más, ajedrecísticamente pensado por las mentes K. Primero fue el canciller Héctor Timerman, quien, al no saber cómo hacer frente al informe del Tribunal de Cuentas que dejó al desnudo que el vecino país jugó a favor de la empresa Riovia para el mantenimiento del canal Martín García, se descolgó con un comunicado en el que reclamó a Uruguay controlar a UPM porque “producía por encima de los valores acordados por ambos país luego del fallo de La Haya”. El comunicado fue celebrado primero por Gualeguaychú, pero los asambleístas que vivieron todo el proceso del corte y posterior denuncia desconfiaron. El entusiasmo fue disminuyendo hasta casi desaparecer. A los pocos días, fue el intendente de Gualeguaychú, Juan José Bahillo, quien deslizó que si Uruguay no cumple con la difusión de los informes del comité científico y UPM sigue produciendo por encima de lo permitido, hay que ir a La Haya nuevamente. De hecho, el tema de La Haya está contenido en la declaración que hizo el Concejo Deliberante de Gualeguaychú el jueves pasado. Propuso enviar al Congreso argentino y solicitarle que, en virtud de los hechos que se mencionan sobre el incumplimiento del cuidado que se debe tener con Botnia, se analice la posibilidad de volver a presentarse ante la corte de La Haya. Las palabras de Bahillo fueron analizadas en detalle en la asamblea del miércoles 29 en Gualeguaychú. Distintos integrantes del movimiento confiaron a Caras y Caretas que si Bahillo habló fue “porque lo mandaron”. Ahora bien, ¿por qué querría el gobierno de Cristina Fernández volver a enardecer a todo un pueblo que primero se entusiasmó y luego tuvo que denunciar para ‘arreglar’ el tema con Uruguay? Porque es la única causa en la que el gobierno argentino logró gozar de un apoyo importante, primero de todo Gualeguaychú y después de buena parte de la opinión pública de su país, hasta que el conflicto se empezó a desmadrar. Cuando los números no sonrieron tanto, ya con José Mujica en la presidencia de Uruguay, se empezó a desactivar. Los asambleístas no dudan en señalar, a la luz de lo que pasó, que fueron usados con fines políticos y que el gobierno K está lejos de pensar que la suya era una causa nacional, como dijo Néstor Kirchner en el Corsodromo. La asamblea puso todos los elementos sobre la mesa y disparó a quemarropa, contrario a lo que el gobierno K esperaba. Las contradicciones de Timerman Los asambleístas entienden que es contradictorio que el canciller “se queje primero” por la producción de UPM y luego encabece una misión a Finlandia en busca de inversores, sobre todo en materia de plantas de celulosa. Aseguran que no es coherente plantear, por un lado, “volver a La Haya” y, por otro, “ir al país que trajo la inversión a estas tierras”. “Fuimos un arma del gobierno K para poder hacer reclamos, pero no los movía un espíritu ambientalista, era todo una cortina de humo”, señaló otro de los participantes en el encuentro. La asamblea marcó una posición clara sobre el aumento de la producción y el futuro de la causa. “No estamos de acuerdo en que se reclame por un aumento de la producción porque, en definitiva, es aceptar que se siga produciendo”, afirmó el asambleísta Juan Veronesi a Caras y Caretas. Entiende que también ésta es una contradicción del propio Timerman, con quien ya pidieron una reunión. “Si se mantiene el criterio de causa nacional, entonces hay que oponerse a la presencia de Botnia y no sólo al aumento de los cupos de producción”, afirmó. La asamblea señaló que se mantiene firme la postura de que el cumplimiento del dictamen de La Haya habla de un control permanente y continuo, algo que, según sostienen, no se cumple. El movimiento y el futuro Si lo que el gobierno argentino buscó fue enardecer a los asambleístas para que vuelvan a su lucha contra Uruguay, ya que saben que ese tema irrita de este lado del río, la jugada le salió mal. Efectivamente los alteraron, pero los reclamos apuntan directamente a la cabeza de Timerman y el movimiento no está ni cerca de querer volver a cortar el puente. “No hay ánimo para que el movimiento como tal vuelva. No hay voluntad de cortar la ruta porque para eso hay que armar una estrategia y necesitamos logística que no tenemos y que lleva mucho tiempo”, dijo a Caras y Caretas el asambleísta José Pouler, uno de los líderes de la pasada revuelta en Arroyo Verde. Pouler es uno de los convencidos de que fueron usados por el gobierno K y no le dará en esta oportunidad el brazo a torcer para que vuelva a utilizar la misma estrategia. Continúa en la edición impresa de la revista "Caras y Caretas"
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