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RUSIA. ELENA IAKOVLEVA
Un horizonte donde cultivar los sueños
Llegó a nuestro país con apenas ocho años junto a sus padres en busca de un lugar donde volver a empezar. Hoy es violinista en la Orquesta del Teatro Argentino.
Elena Iakovleva nació hace 27 años en Psizh, una pequeña ciudad ubicada de la parte asiática de Rusia. Desde su cuna descubrió la magia y el misterio de lo que sería una parte fundamental de su vida: la música. Hija de Alexander Iakovlev -ejecutante de viola- y Olga Pouganova -pianista-, no tardaría mucho en descubrir su vocación por el arte y, particularmente, su pasión por el violín.
Siendo muy pequeña, su familia dejó su ciudad natal para instalarse en Uliánovsk, una urbe más populosa que alcanzó la fama por haber sido el lugar de nacimiento de Lenin. De allí son los pocos recuerdos que Elena guarda de su país natal. Un país convulsionado, signado entonces por el ocaso de un sistema político y los cambios implementados a través de la recordada “Perestroika”, que empujó a la familia a soñar con nuevos horizontes.
“La decisión, obviamente, fue familiar. La situación política y económica era un desastre en mi país. Estábamos en el medio de la Perestroika, entonces, estuvieras o no de acuerdo con el gobierno, la ibas a pasar mal. La posibilidad de empezar de nuevo se dio acá, en Argentina. Vino mi papá primero, consiguió trabajo y luego nos trajo a nosotros”, cuenta Elena, quien llegó a City Bell con apenas ocho años de edad.
“En 1991 dejamos Rusia y nos fuimos a España por un año. Allí aprendí el idioma, y un año después vinimos a la Argentina. Primero vivimos en City Bell y un tiempo después nos mudamos a Villa Elisa, donde nos arraigamos y seguimos viviendo”, señala.
Su padre, Alexander, tocaba la viola en una orquesta rusa cuando decidió probar suerte en otras tierras. Llegó solo, con su instrumento y la ilusión de comenzar una nueva vida. Traía consigo un valioso bagaje artístico. Rusia siempre fue considerada una de las mecas de la música clásica en el mundo y el rigor de su escuela convierte a sus músicos en recursos humanos muy preciados en cualquier rincón del planeta. Así fue que, a poco de llegar, se incorporó en la Orquesta Estable del Teatro Argentino y más tarde ingresó a la Sinfónica Nacional, donde continúa trabajando, ocupando el puesto de solista de viola.
“Mi núcleo familiar se radicó en La Plata: mi papá, mi mamá, mi hermana Irina, mi hermano Jacobo y yo”, narra Elena y agrega: “Ahora la única que no está acá es mi hermana, que también es violinista pero toca en la Sinfónica de Mar del Plata”.
Como no podía ser de otro modo, Jacobo también tuvo su formación musical: toca la trompeta. Sin embargo, eligió ganarse la vida con la herrería artística.
“De aquellos primeros años en La Plata recuerdo que era bastante diferente a lo que es ahora. Las calles no tenían asfalto, era un barrio muy lindo, con mucha naturaleza. Nada que ver con lo que se ve actualmente”, recuerda Elena. “Cuando llegué al país, ingresé directamente a cuarto grado, y al mismo tiempo, junto con mi hermana, empecé a estudiar violín con mi papá”, agrega.
De aquellos años también guarda el recuerdo, la idea, de que la ciudad de La Plata era una “gran ciudad”. “Ahora que trabajo en Buenos Aires la he redimensionado”, asegura, con una sonrisa.
LA MUSICA, SIEMPRE LA MUSICA
El choque cultural golpeó, inevitablemente, mucho más a los padres que a los niños. “Para mí fue fácil porque yo era chica, pero mi mamá todavía no aprendió castellano. En mi casa se habla en ruso y se comen comidas típicas de allá”, cuenta Elena. “Ella también trabajó en el teatro, acompañando en el piano las clases de los bailarines, y durante ese tiempo incorporó un montón de costumbres de acá, pero ahora ya casi las ha olvidado”, agrega.
Paradójicamente, volver a vivir a Rusia nunca fue una alternativa para los padres de Elena, ni para los tres hijos del matrimonio. “Mis padres no quieren que vuelva y ellos tampoco volvieron. A mí me gustaría ir alguna vez para reconocer el lugar de mi infancia”, dice esta violinista que actualmente integra la Orquesta Estable del Teatro Argentino, la Orquesta de Cámara Municipal y la Orquesta Sinfónica Nacional.
Cuando finalizó sus estudios secundarios en el Colegio San Francisco de Villa Elisa, Elena tuvo que optar por una alternativa para completar su formación musical. Rusia tampoco fue una opción en esa instancia. “Musicalmente Rusia siempre fue la gran potencia. Todos querían ir a estudiar a Rusia y haber pasado por la escuela rusa es garantía de calidad. Sin embargo, trabajar allá siempre fue muy duro, demasiado exigente”, cuenta.
“Luego de estudiar violín con mi papá durante varios años, ingresé a la Camerata Académica del Teatro Argentino, y al terminar la secundario tuve que elegir qué hacer. Las alternativas eran estudiar en el Conservatorio de La Plata o ir afuera. Me salió una beca en Boston y entonces viajé e hice la licenciatura y maestría en el Conservatorio de Boston, y cuando terminé volví”, resume Elena su experiencia de seis años en Estados Unidos.
Allí, en Boston, Elena conoció a Carlos Arias Sánchez, un músico venezolano con quien se casó en 2008. “Ahora que lo pienso, nos casamos el 19 de noviembre, el día del aniversario de La Plata”, reflexiona Elena.
Concluidos los estudios y ya casada, la ciudad que la cobijó siendo muy pequeña fue el destino elegido para desarrollarse como música y consolidar su familia.
“El regreso al país fue algo natural, nunca pensé dejar Argentina”, dice, con un tono tímido pero lleno de convicción.
De la ciudad, asegura disfrutar del olor de los tilos en primavera, sobre todo, y también el ordenamiento geométrico de sus calles: “Yo me pierdo en cualquier ciudad del mundo menos en La Plata”, dice, entre risas.
Pero no todo es tan simple o anecdótico. Elena, que sabe de primera mano del devenir de los músicos tanto en Rusia como en Estados Unidos, valora a nuestro país también por las oportunidades que le ha brindado.
“La Argentina tiene algo que casi ningún país tiene que es la estabilidad para los músicos en una orquesta. Yo, personalmente, no la tengo todavía pero espero en algún momento contar con eso. En Boston, por ejemplo, el noventa por ciento de los trabajos son freelance lo que hace muy inestable la carrera de un músico, con muchas presiones y sobresaltos. Aquí, los músicos valoramos mucho esta posibilidad de tener estabilidad en un cuerpo artístico, con cobertura social y aportes, con lo que nos permite proyectar nuestra carrera y desarrollarla de una manera distinta, más relajada”, cuenta Elena, quien a cambio ha decidido aportar a nuestra ciudad su formación de excelencia y el talento que trae en sus venas, desde su Rusia natal.
FICHA
Nombre: Elena Iakovleva
Edad: 27
Origen: Rusia
Actividad: Violinista
Llegó en: 1992
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RUSIA. ELENA IAKOVLEVA
Un horizonte donde cultivar los sueños
Llegó a nuestro país con apenas ocho años junto a sus padres en busca de un lugar donde volver a empezar. Hoy es violinista en la Orquesta del Teatro Argentino.
Elena Iakovleva nació hace 27 años en Psizh, una pequeña ciudad ubicada de la parte asiática de Rusia. Desde su cuna descubrió la magia y el misterio de lo que sería una parte fundamental de su vida: la música. Hija de Alexander Iakovlev -ejecutante de viola- y Olga Pouganova -pianista-, no tardaría mucho en descubrir su vocación por el arte y, particularmente, su pasión por el violín.
Siendo muy pequeña, su familia dejó su ciudad natal para instalarse en Uliánovsk, una urbe más populosa que alcanzó la fama por haber sido el lugar de nacimiento de Lenin. De allí son los pocos recuerdos que Elena guarda de su país natal. Un país convulsionado, signado entonces por el ocaso de un sistema político y los cambios implementados a través de la recordada “Perestroika”, que empujó a la familia a soñar con nuevos horizontes.
“La decisión, obviamente, fue familiar. La situación política y económica era un desastre en mi país. Estábamos en el medio de la Perestroika, entonces, estuvieras o no de acuerdo con el gobierno, la ibas a pasar mal. La posibilidad de empezar de nuevo se dio acá, en Argentina. Vino mi papá primero, consiguió trabajo y luego nos trajo a nosotros”, cuenta Elena, quien llegó a City Bell con apenas ocho años de edad.
“En 1991 dejamos Rusia y nos fuimos a España por un año. Allí aprendí el idioma, y un año después vinimos a la Argentina. Primero vivimos en City Bell y un tiempo después nos mudamos a Villa Elisa, donde nos arraigamos y seguimos viviendo”, señala.
Su padre, Alexander, tocaba la viola en una orquesta rusa cuando decidió probar suerte en otras tierras. Llegó solo, con su instrumento y la ilusión de comenzar una nueva vida. Traía consigo un valioso bagaje artístico. Rusia siempre fue considerada una de las mecas de la música clásica en el mundo y el rigor de su escuela convierte a sus músicos en recursos humanos muy preciados en cualquier rincón del planeta. Así fue que, a poco de llegar, se incorporó en la Orquesta Estable del Teatro Argentino y más tarde ingresó a la Sinfónica Nacional, donde continúa trabajando, ocupando el puesto de solista de viola.
“Mi núcleo familiar se radicó en La Plata: mi papá, mi mamá, mi hermana Irina, mi hermano Jacobo y yo”, narra Elena y agrega: “Ahora la única que no está acá es mi hermana, que también es violinista pero toca en la Sinfónica de Mar del Plata”.
Como no podía ser de otro modo, Jacobo también tuvo su formación musical: toca la trompeta. Sin embargo, eligió ganarse la vida con la herrería artística.
“De aquellos primeros años en La Plata recuerdo que era bastante diferente a lo que es ahora. Las calles no tenían asfalto, era un barrio muy lindo, con mucha naturaleza. Nada que ver con lo que se ve actualmente”, recuerda Elena. “Cuando llegué al país, ingresé directamente a cuarto grado, y al mismo tiempo, junto con mi hermana, empecé a estudiar violín con mi papá”, agrega.
De aquellos años también guarda el recuerdo, la idea, de que la ciudad de La Plata era una “gran ciudad”. “Ahora que trabajo en Buenos Aires la he redimensionado”, asegura, con una sonrisa.
LA MUSICA, SIEMPRE LA MUSICA
El choque cultural golpeó, inevitablemente, mucho más a los padres que a los niños. “Para mí fue fácil porque yo era chica, pero mi mamá todavía no aprendió castellano. En mi casa se habla en ruso y se comen comidas típicas de allá”, cuenta Elena. “Ella también trabajó en el teatro, acompañando en el piano las clases de los bailarines, y durante ese tiempo incorporó un montón de costumbres de acá, pero ahora ya casi las ha olvidado”, agrega.
Paradójicamente, volver a vivir a Rusia nunca fue una alternativa para los padres de Elena, ni para los tres hijos del matrimonio. “Mis padres no quieren que vuelva y ellos tampoco volvieron. A mí me gustaría ir alguna vez para reconocer el lugar de mi infancia”, dice esta violinista que actualmente integra la Orquesta Estable del Teatro Argentino, la Orquesta de Cámara Municipal y la Orquesta Sinfónica Nacional.
Cuando finalizó sus estudios secundarios en el Colegio San Francisco de Villa Elisa, Elena tuvo que optar por una alternativa para completar su formación musical. Rusia tampoco fue una opción en esa instancia. “Musicalmente Rusia siempre fue la gran potencia. Todos querían ir a estudiar a Rusia y haber pasado por la escuela rusa es garantía de calidad. Sin embargo, trabajar allá siempre fue muy duro, demasiado exigente”, cuenta.
“Luego de estudiar violín con mi papá durante varios años, ingresé a la Camerata Académica del Teatro Argentino, y al terminar la secundario tuve que elegir qué hacer. Las alternativas eran estudiar en el Conservatorio de La Plata o ir afuera. Me salió una beca en Boston y entonces viajé e hice la licenciatura y maestría en el Conservatorio de Boston, y cuando terminé volví”, resume Elena su experiencia de seis años en Estados Unidos.
Allí, en Boston, Elena conoció a Carlos Arias Sánchez, un músico venezolano con quien se casó en 2008. “Ahora que lo pienso, nos casamos el 19 de noviembre, el día del aniversario de La Plata”, reflexiona Elena.
Concluidos los estudios y ya casada, la ciudad que la cobijó siendo muy pequeña fue el destino elegido para desarrollarse como música y consolidar su familia.
“El regreso al país fue algo natural, nunca pensé dejar Argentina”, dice, con un tono tímido pero lleno de convicción.
De la ciudad, asegura disfrutar del olor de los tilos en primavera, sobre todo, y también el ordenamiento geométrico de sus calles: “Yo me pierdo en cualquier ciudad del mundo menos en La Plata”, dice, entre risas.
Pero no todo es tan simple o anecdótico. Elena, que sabe de primera mano del devenir de los músicos tanto en Rusia como en Estados Unidos, valora a nuestro país también por las oportunidades que le ha brindado.
“La Argentina tiene algo que casi ningún país tiene que es la estabilidad para los músicos en una orquesta. Yo, personalmente, no la tengo todavía pero espero en algún momento contar con eso. En Boston, por ejemplo, el noventa por ciento de los trabajos son freelance lo que hace muy inestable la carrera de un músico, con muchas presiones y sobresaltos. Aquí, los músicos valoramos mucho esta posibilidad de tener estabilidad en un cuerpo artístico, con cobertura social y aportes, con lo que nos permite proyectar nuestra carrera y desarrollarla de una manera distinta, más relajada”, cuenta Elena, quien a cambio ha decidido aportar a nuestra ciudad su formación de excelencia y el talento que trae en sus venas, desde su Rusia natal.
FICHA
Nombre: Elena Iakovleva
Edad: 27
Origen: Rusia
Actividad: Violinista
Llegó en: 1992
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