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Jaime Pérez, Marina Arismendi, Eduardo Lorier, Juan Castillo

20 años del (actual) PCU


Rafael Fernández



Hace 20 años, en mayo de 1992, se reunía el II° Congreso Extraordinario del Partido Comunista de Uruguay (PCU), convocado por quienes rechazaban el planteo de disolución partidaria (y abandono expreso del objetivo comunista) realizado por Jaime Pérez y la mayoría del Comité Central de la época.
A 20 años del actual Partido Comunista del Uruguay EDUARDO LORIER
El entonces secretario general planteaba reciclar al PCU en un partido ‘socialista democrático’, junto a otras corrientes de izquierda, un proceso similar al que recorriera el PC italiano. La propuesta de Jaime Pérez surgía prácticamente a escasas horas del fracaso del golpe de Estado contra Gorbachov en agosto de 1991, y la disolución de la ex URSS. La dirección arismendista pretendía que en su historia había actuado con ‘autonomía nacional’; la realidad es que cada cambio en el partido ‘nacional’ obedecía a las crisis y cambios en el seno de la burocracia ‘soviética’. La tentativa de Jaime Pérez no fue la excepción: el fin de la URSS planteaba para el secretario general la necesidad de poner fin al partido ‘comunista’.
Los críticos a la dirección reunieron miles de firmas apelando a un artículo del Estatuto que les permitía convocar a un Congreso Extraordinario. Ante la imposibilidad de imponer su política, Jaime Pérez, Esteban Valenti, Leon Lev, y otros dirigentes del ala ‘renovadora’, fueron retirándose del PCU. Algunos conformaron el grupo CONFA (Confluencia Frenteamplista), y otros se sumaron a Astori en la creación de Asamblea Uruguay.
JUAN CASTILLO
El Congreso Extraordinario de 1992, y posteriormente el XIII Congreso de 1993, fueron dirigidos por los llamados ‘ortodoxos’, una corriente donde confluían algunos dirigentes históricos (Eduardo Viera, Vittorio Casartelli y otros) junto a sectores más jóvenes de dirigentes medios o militantes de base (Marina Arismendi, Pedro Balbi, Hermes Millán, Carlos Tutzó, etc.). Esta fracción rechazaba el planteo de disolución, y debió enfrentar una crisis política y financiera sin precedentes (la vieja dirección vació al PCU, que quedó endeudado por años). Hay que recordar que el ‘viejo’ PCU anterior a esta crisis tenía un periódico diario, un semanario, una radio, dominaba ampliamente en la central sindical, y había obtenido 200 mil votos en las elecciones de 1989 (el 50% de los votos del FA). Parecía una fuerza en ascenso. Su fractura, que casi lo lleva a la extinción, mostraba que ese desenvolvimiento no descansaba en bases ‘nacionales’, como pretendían sus dirigentes, y que dependía absolutamente de la burocracia de la URSS.
La nueva dirección, encabezada por la secretaria general Marina Arismendi, fue incapaz sin embargo de realizar un balance que explicara el derrumbe de la URSS y los regímenes de Europa del Este, y ratificó palabra por palabra la estrategia histórica del PCU, en particular la aprobada en la Conferencia de 1985 (‘avanzar en democracia’, hacia una ‘Democracia Avanzada’), que colocaba a la democracia burguesa como un supuesto terreno ‘neutral’ en el cual se podría avanzar en forma ininterrumpida y progresiva –hacia una ‘democracia avanzada’ primero e incluso al propio socialismo– sin necesidad de una revolución, y todo dentro del marco parlamentario. La nueva dirección afirmaba que el Frente Amplio era la “fuerza estratégica del camino a la revolución y al socialismo”, haciendo la siguiente ‘salvedad’: “Esto no significa que todas las fuerzas que lo integran o todos sus integrantes individuales se definan por el socialismo, sino que hoy el camino al socialismo en el Uruguay pasa, inexorablemente, por la concreción de un gobierno con el FA como fuerza vertebral y tiene por ello, para nosotros, carácter estratégico”.
frente amplio PEDRO BALBI
El Frente Amplio que esta dirección colocaba como ‘fuerza estratégica’ ya se había derechizado profundamente, defendía el pago de la deuda externa, el Mercosur al servicio de las trasnacionales instaladas en la región (creación de Menem, Collor de Melo y Lacalle), y por supuesto repudiaba cualquier lucha por el socialismo. El documento del XXIII Congreso afirmaba que “Obtener el triunfo y comenzar a desarrollar una realidad de gobierno popular, nacional y democrático es nuestro eje estratégico central en la etapa”. El ‘ortodoxo’ Eduardo Viera jugó un papel fundamental en un Congreso del Frente Amplio en 1994 para lograr que se quitara del programa la ‘nacionalización de la banca’. También defendió la alianza con los Nin Novoa y demás ‘culebras’ arribistas que venían a conformar el ‘Encuentro Progresista’.
En 20 años, el PCU sufrió muchas otras escisiones y crisis, sin embargo logró superar la bancarrota financiera y recuperar peso en los sindicatos, aunque no la supremacía que tenía antes. Tampoco logró recuperar su caudal electoral (en 2009 obtuvo la tercera parte de los votos que recogía dos décadas atrás, mientras que los votos al FA se triplicaron en el mismo período; en otras palabras: pasó del 50% al 6% del Frente Amplio). Eso no quiere decir que carezca de importancia política, todo lo contrario.
Hay que recordar que Mujica fundamentó su alianza con la dirección del PCU en que esta era imprescindible para poder concretar la ‘reforma del Estado’: “el apoyo de los comunistas es importantísimo; es una cosa de vida o muerte para el próximo gobierno” (La República, 3/5/2009). Sin embargo, buena parte de la dirección que emergió del congreso de 1992, empezando por la propia Marina Arismendi y Ana Olivera, no apoyaron a Mujica y preferían a Astori –o en su defecto a Carámbula. La ex secretaria general, que en 2005 asumió en nombre de su partido a la cabeza del MIDES, terminó fuera de la orgánica del PCU, criticando a la política de su dirección y sosteniendo que es más frenteamplista que comunista.
La dirección encabezada por Lorier afirmaba que con Mujica se caminaba hacia ‘un gobierno más a la izquierda’. En la propia campaña electoral, y aún más desde su instalación, el presidente ‘tupamaro’ desmintió una y otra vez esta caracterización. La mayoría de la dirección del PCU, encabezada por Lorier, y bajo la presión de toda una fracción sindical del PCU, intentó en 2010 imponer un ‘cambio en la política económica’. Las críticas de este sector llevaron incluso a un paro general de 24 horas, aprobado por la Mesa Representativa del PIT-CNT a siete meses de asumir Mujica (7 de octubre de 2010), que era rechazado por Juan Castillo, Marcelo Abdala y Jorge Bermúdez (los integrantes del PCU en el Secretariado Ejecutivo de la central sindical), y que fue públicamente boicoteado por el grupo ‘Articulación’ vinculado al vazquismo-astorismo. Sin embargo, los sectores críticos se fueron al mazo cuando Mujica los apretó amenazándolos con echarlos del gobierno. El presidente utilizó nada menos que a la intendenta ‘comunista’ Ana Olivera para ir a una ofensiva contra ADEOM y el movimiento obrero. La intendenta solicitó el decretazo anti-huelga de los ‘servicios esenciales’ y recurrió al ejército para quebrar a los municipales. La dirección de Lorier avaló esta medida y presionó a los municipales a levantar la lucha, así como a otros gremios (como los bancarios oficiales) que estaban en conflicto con el gobierno. A fines de 2010, la actual dirección del PCU demostró que tiene un límite que es incapaz de superar, y es la permanencia en el gobierno y en el Frente Amplio. La alternativa que se planteaba era pasar a la oposición política, romper con el gobierno y con el FA, algo que superaba el horizonte político de Lorier. Para esta fracción, la integración al gobierno ‘popular’ y al Frente Amplio, siguen siendo ‘estratégicos’, es decir, están por encima de los ataques que estos protagonicen contra el movimiento obrero, para defender el programa que aplauden el FMI y los Standard & Poor’s.

Que Marina Arismendi se haya alejado del actual PCU no es un dato anecdótico: no está haciendo otra cosa que recorrer el mismo camino por el que antes pasaron Jaime Pérez, Valenti y León Lev. Sin embargo, desde diciembre de 2010 la estrella de Lorier comenzó a caer y emergió como líder Juan Castillo, un hombre mucho más cercano al gobierno. ¿Será Castillo capaz de volver a integrar a Marina Arismendi, Jorge Bermúdez y otros dirigentes que se fueron retirando del PCU, y por esa vía ‘reciclar’ a este partido? El reciente candidato a presidir el Frente Amplio puede armar un bloque con Ana Olivera y otros dirigentes que ocupan cargos de gobierno, para terminar de derrotar a los ‘críticos’, que han sufrido una derrota en el último período.
Cualquiera sea el resultado de esta puja, el proceso iniciado hace 20 años llegó a un momento de definiciones. El gobierno del FA va defender con garras y dientes el ‘grado inversor’ contra las demandas de los trabajadores. Va a profundizar la reforma del Estado, a través de las ‘PPP’ y las privatizaciones. En ese contexto, hasta para el más distraído será cada vez más claro que es imposible construir un partido que reivindique la lucha por el comunismo, dentro del gobierno capitalista y del frente de colaboración de clases. Los militantes de izquierda que quieren luchar contra el capitalismo necesitan pasar a la oposición y romper con el Frente Amplio, para poner en pie un partido propio, un partido de la clase obrera que lucha por el gobierno de los trabajadores y por el socialismo.

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