Que onda, les dejo algo que escribi hace... poco, y que desgraciadametne no tuvo pegue en el foro donde lo puse (realmente no tuvo atencion), haber como le va aca...
Carracosta
>> ¿Esta extintos? ¿Verdad, abuelo? – Preguntaba una pequeña niña a su acompañante, mientras este le sonreía.
>> ¿Nunca más volverán, verdad? – preguntaba de nuevo mientras contemplaba un enorme esqueleto en forma de tortuga, el cual era acompañado por varios caparazones hechos roca.
>>No te preocupes, pequeña, nunca más volverán – Comentaba el anciano mientras acariciaba el cabello de su nieta – no debes temerles.
Era mentira, él lo sabía, más no quería que su nieta se aterrara y tuviese pesadillas aquella noche.
Aquel viejo había sido marinero desde su juventud, viejo Mightyena de mar desde que tenía edad para trabajar. Había visto mil y un desgracias y maravillas durante sus años mozos, desde trágicos ataques por parte de los Gyarados hacia algunos barcos pesqueros, hasta extrañas luces previas al amanecer, mientras surcaba el altamar con su embarcación y tripulación.
Había visitado bellas islas y explorado varios horrendos barcos fantasmas. Pero nada podrá borrar de su avejentada mente aquel terror que vivió el día que vio en las cercanías de aquella península, aquel infinito e blasfemo horror que experimento mientras pasaba por las ciclópeas bahías de roca de aquel infame y horrendo pueblo New Pointview.
Nunca podrá olvidar como su mente, hasta entonces inocente en temas oscuros y prohibidos, aquellos actos de paganismo e inmisericorde falta de humanidad que aquellos asquerosos pobladores y sus igualmente horrendas mascotas Carracostas hacían.
Su mente viajo entonces, mientras miraba los huecos muertos de roca que originalmente eran las cuencas de los ojos de aquel esqueleto fósil, como aquellas horrendas Carracostas salían pesadamente del mar, llevando entre sus aletas varias conchas y algas, pero también llevaban varias cosas talladas en un extraño e inverosímil mineral negro que, a la luz de una luna llena tan bella y tan aterradora, brillaba como destellos de nefastas y profanas estrellas.
Los hombres y mujeres presentaban horrendas apariencias, a pesar de estar tan lejos, el viejo logro ver sus rasgos con su telescopio: ojos grandes y saltones, sin expresión y vidriosos como los ojos de un Magikarp. Labios alargados, fofos y gruesos, que dejaban de parecer humanos, y su asquerosa piel que parecían más escamas, húmedas y retorcidamente horrendas escamas. Sus cuellos con aquellos pliegues y sus rostros extraños y casi deformes. Eran todos iguales y el deseo de vomitar por parte de aquel capitán era evidente.
Los Carracostas se detuvieron entonces, los gritos y ensordecedores canticos infernales comenzaron, los antiguos pokémons hicieron un círculo entonces mientras sus amos, los cuales danzaban alrededor de una horrenda fogata que salpicaba su brillo sobre aquellas horrendas personas, si es que eran personas aún. Llamaban al Padre Dagón. Clamaban por Madre Hidra. Evocaban a los Profundos.
Las aguas se volvieron turbias mientras abrían y una enorme figura de aproximadamente 6 metros aparecía, era un ser con forma de pez humanoide. El hedor de su cuerpo invadía el ambiente. Sus ojos rojos brillaban y su enorme apariencia cubría la visión a la luna cuando paso cerca del barco. Echaron vapor entonces, huyendo, huyendo de aquel carnaval blasfemo, viendo y escuchando los cantos de aquellos horrendos seres ante la presencia de su rey. El terror máximo invadía cada célula de la tripulación y, a pesar de estar ya lejos de las costas de ciclópeas murallas y muelles, lograron escuchar un nombre que les helo la espina y que desean no volver a escuchar nunca más, más el viejo aun recordaba con claro temor.
Al final, el viejo retorno al presente, después de recordar a Padre Dagón salir del mar. El y la niña dejaron el museo entonces, más sus temores seguían, había recordado aquel nombre: Cthulhu…

>> ¿Esta extintos? ¿Verdad, abuelo? – Preguntaba una pequeña niña a su acompañante, mientras este le sonreía.
>> ¿Nunca más volverán, verdad? – preguntaba de nuevo mientras contemplaba un enorme esqueleto en forma de tortuga, el cual era acompañado por varios caparazones hechos roca.
>>No te preocupes, pequeña, nunca más volverán – Comentaba el anciano mientras acariciaba el cabello de su nieta – no debes temerles.
Era mentira, él lo sabía, más no quería que su nieta se aterrara y tuviese pesadillas aquella noche.
Aquel viejo había sido marinero desde su juventud, viejo Mightyena de mar desde que tenía edad para trabajar. Había visto mil y un desgracias y maravillas durante sus años mozos, desde trágicos ataques por parte de los Gyarados hacia algunos barcos pesqueros, hasta extrañas luces previas al amanecer, mientras surcaba el altamar con su embarcación y tripulación.
Había visitado bellas islas y explorado varios horrendos barcos fantasmas. Pero nada podrá borrar de su avejentada mente aquel terror que vivió el día que vio en las cercanías de aquella península, aquel infinito e blasfemo horror que experimento mientras pasaba por las ciclópeas bahías de roca de aquel infame y horrendo pueblo New Pointview.
Nunca podrá olvidar como su mente, hasta entonces inocente en temas oscuros y prohibidos, aquellos actos de paganismo e inmisericorde falta de humanidad que aquellos asquerosos pobladores y sus igualmente horrendas mascotas Carracostas hacían.
Su mente viajo entonces, mientras miraba los huecos muertos de roca que originalmente eran las cuencas de los ojos de aquel esqueleto fósil, como aquellas horrendas Carracostas salían pesadamente del mar, llevando entre sus aletas varias conchas y algas, pero también llevaban varias cosas talladas en un extraño e inverosímil mineral negro que, a la luz de una luna llena tan bella y tan aterradora, brillaba como destellos de nefastas y profanas estrellas.
Los hombres y mujeres presentaban horrendas apariencias, a pesar de estar tan lejos, el viejo logro ver sus rasgos con su telescopio: ojos grandes y saltones, sin expresión y vidriosos como los ojos de un Magikarp. Labios alargados, fofos y gruesos, que dejaban de parecer humanos, y su asquerosa piel que parecían más escamas, húmedas y retorcidamente horrendas escamas. Sus cuellos con aquellos pliegues y sus rostros extraños y casi deformes. Eran todos iguales y el deseo de vomitar por parte de aquel capitán era evidente.
Los Carracostas se detuvieron entonces, los gritos y ensordecedores canticos infernales comenzaron, los antiguos pokémons hicieron un círculo entonces mientras sus amos, los cuales danzaban alrededor de una horrenda fogata que salpicaba su brillo sobre aquellas horrendas personas, si es que eran personas aún. Llamaban al Padre Dagón. Clamaban por Madre Hidra. Evocaban a los Profundos.
Las aguas se volvieron turbias mientras abrían y una enorme figura de aproximadamente 6 metros aparecía, era un ser con forma de pez humanoide. El hedor de su cuerpo invadía el ambiente. Sus ojos rojos brillaban y su enorme apariencia cubría la visión a la luna cuando paso cerca del barco. Echaron vapor entonces, huyendo, huyendo de aquel carnaval blasfemo, viendo y escuchando los cantos de aquellos horrendos seres ante la presencia de su rey. El terror máximo invadía cada célula de la tripulación y, a pesar de estar ya lejos de las costas de ciclópeas murallas y muelles, lograron escuchar un nombre que les helo la espina y que desean no volver a escuchar nunca más, más el viejo aun recordaba con claro temor.
Al final, el viejo retorno al presente, después de recordar a Padre Dagón salir del mar. El y la niña dejaron el museo entonces, más sus temores seguían, había recordado aquel nombre: Cthulhu…
