Algunas perlitas sobre el hábito de la lectura
Según las estadísticas, la mayoría de los lectores pierde el interés en el libro en la página dieciocho. Solo aquellos que continúan disfrutando con el proceso de recepción de información y se consideran verdaderos amantes de los libros, son capaces de leer prácticamente en cualquier condición.

En la actualidad, leer en una bañadera, en la playa, por la calle se ha convertido en algo tan habitual que no sorprende a nadie. Sin embargo, la tendencia a asumir posturas extravagantes y el deseo de asombrar también contagió a los modestos lectores, para los cuales lo principal debiera ser el libro.
Por ejemplo, las muchachas intelectuales de Nueva York decidieron demostrar que tienen los mismos derechos que los hombres a la hora de leer, al fundar el primer club de lectura topless en el mundo. Semidesnudas, estas amantes de la lectura descansan y toman baños de sol en los lugares públicos, afirmando que no son menos que los hombres que se pasean por la ciudad sin pulóveres o camisetas. Según la legislación vigente en Nueva York, las mujeres tienen derecho a andar con el torso descubierto en cualquier punto de la ciudad, por lo cual esta distracción intelectual es totalmente legal. Pero por alguna razón las participantes –y de paso el proceso de la lectura− despiertan gran interés.
Para los amantes de la lectura en voz alta, capaz de mostrar las capacidades histriónicas, se realizan maratones de lectura organizados por equipos. El maratón más largo tuvo lugar en 2007 en Uruguay. Del 13 al 22 de septiembre, seis personas estuvieron leyendo durante doscientas veinticuatro horas sin parar, en el centro comercial de Paysandú.
Existen personas asombrosas, capaces de leer de modos inusuales. Por ejemplo, el ciudadano estadounidense Kim Peek, quien sirvió de prototipo del personaje principal del filme Rain Man, es sí no era autista, pero tenía determinadas cualidades físicas: tenía una cabeza muy grande, pero su cerebro carecía del cuerpo calloso, y el cerebelo estaba dañado. Peek tenía una memoria extraordinaria, era capaz de recordar el 98 % de la información leída. Y leía del siguiente modo: con el ojo derecho la página derecha, y al mismo tiempo, con el izquierdo la página izquierda. La lectura de una plana de libro le ocupaba entre ocho y diez segundos.
Además de extrañezas, resulta que los amantes de los libros pueden recibir muchas ventajas. En Brasil, por ejemplo, los delincuentes que disfrutan la lectura pueden contar con reducciones de sus condenas: en las cárceles han sido implementados programas federales especiales que promueven este proceso intelectual. Cada libro leído reduce la condena en cuatro días, pero no más de cuarenta y ocho al año, lo cual representa doce libros. Pero eso no es todo: al igual que los escolares, los reos están obligados a escribir una composición para confirmar sus esfuerzos y comprender mejor el material de lectura.
El proceso de la lectura ha interesado a gran cantidad de científicos, quienes llevan a cabo diversos experimentos e investigaciones científicas. Y los investigadores norteamericanos llegaron a una conclusión inesperada: resulta que es muy provechoso leer durante las comidas, e incluso, durante el sexo. Así que les invitamos a leer donde quiera que les guste, no se limiten en nada a la hora de afrontar una buena lectura.




