Creer que se sabe quién se es, por el simple hecho de mirarse al espejo todos los días, es un error enorme y absurdo.
La persona, y su personalidad, está constantemente sujeta al cambio; por no decir, más bien, que el hombre es diferentes personas, con distintas personalidades, en diferentes lugares y con diferentes personas.
Cuando se busca conquistar o impresionar, el individuo mostrará y resaltará no sólo lo mejor de sí y sus mejores aspectos o cualidades, sino que ocultará y omitirá, por completo, sus peores aspectos y cualidades. La otra persona se quedará, entonces, con una imagen equivocada y manipulada sobre aquel que manipuló y distorsionó, intencionalmente, su percepción. Pero, al mismo tiempo, éste mismo individuo, estará haciendo lo mismo con el otro, y mostrará sólo aquello que quiere que el otro vea, y ocultará todo lo que quiere que el otro no vea.
A una persona, pretendemos conocerla por los breves o largos momentos que compartimos con ellas, por lo que les oímos decir en nuestra presencia, comprando las imágenes que pretenden vendernos, e ignorando todo lo que piensa en realidad, cómo es cuando no está en nuestra compañía y con otras personas, y desconociendo, también, cómo nos percibe en realidad y de qué manera modifica su comportamiento hacia nosotros en función de lo que imagina o supone de nosotros.
Nos relacionamos con imágenes, suposiciones, fantasías e imaginaciones; no con los individuos.
Disuelve y coagula, es la clave, según las antiguas tradiciones.
El estudio etimológico de la palabra "persona" revela interesantes puntos para reflexionar y entender. Entre máscaras, caretas, y sueños, vivimos...
Personalidades múltiples, e identidades disociadas, es lo que somos; y no una unidad, o un individuo, en realidad.
La persona, y su personalidad, está constantemente sujeta al cambio; por no decir, más bien, que el hombre es diferentes personas, con distintas personalidades, en diferentes lugares y con diferentes personas.
Cuando se busca conquistar o impresionar, el individuo mostrará y resaltará no sólo lo mejor de sí y sus mejores aspectos o cualidades, sino que ocultará y omitirá, por completo, sus peores aspectos y cualidades. La otra persona se quedará, entonces, con una imagen equivocada y manipulada sobre aquel que manipuló y distorsionó, intencionalmente, su percepción. Pero, al mismo tiempo, éste mismo individuo, estará haciendo lo mismo con el otro, y mostrará sólo aquello que quiere que el otro vea, y ocultará todo lo que quiere que el otro no vea.
A una persona, pretendemos conocerla por los breves o largos momentos que compartimos con ellas, por lo que les oímos decir en nuestra presencia, comprando las imágenes que pretenden vendernos, e ignorando todo lo que piensa en realidad, cómo es cuando no está en nuestra compañía y con otras personas, y desconociendo, también, cómo nos percibe en realidad y de qué manera modifica su comportamiento hacia nosotros en función de lo que imagina o supone de nosotros.
Nos relacionamos con imágenes, suposiciones, fantasías e imaginaciones; no con los individuos.
Disuelve y coagula, es la clave, según las antiguas tradiciones.
El estudio etimológico de la palabra "persona" revela interesantes puntos para reflexionar y entender. Entre máscaras, caretas, y sueños, vivimos...
Personalidades múltiples, e identidades disociadas, es lo que somos; y no una unidad, o un individuo, en realidad.