1. Llamar a mamá. Descubrir que está de vacaciones y no puede ayudarme con el problema.
2. Buscar la caja de la costura.
3. Después de media hora de infructuosa búsqueda, recordar que NO tengo caja de la costura.
4. Bajar al chino, comprar agujas e hilo.
5. Preparar todo el material ordenadamente, prestando especial atención a tener el pantalón bien colocado.
6. Bajar de nuevo al chino. Comprar un botón.
7. Enhebrar la aguja... Bueno, intentarlo patéticamente durante una hora.
8. Beber agua. La boca está seca de tanto chupar el hilo.
9. Gritar ¡Eureka! a voz en grito al conseguir pasar el hilo por el dichoso agujero.
10. Abrir la puerta tras sonar el timbre, y tratar de explicar a los vecinos asustados que no gritaba por nada grave. Quedar finalmente en ridículo al decirles que he conseguido enhebrar una aguja.
11. Cagarme en los muertos de los vecinos (en voz baja, no vaya a ser...) al descubrir que la aguja se ha desenhebrado durante mi ausencia.
12. Pensar en desistir. Fumar un cigarrillo. Ver la tele. Mirar al vacío.
13. Atacar de nuevo: La experiencia es un grado y ahora es más fácil la labor.
14. Respirar hondo, planificar mentalmente el trabajo.
15. Clavar la aguja en el pantalón.
16. Desclavar la aguja del dedo.
17. Clavar la aguja en el pantalón.
18. Desclavar la aguja del dedo.
19. Bajar al chino. Comprar un dedal.
20. Jugar con el dedal, poniéndomelo en todos los dedos y haciendo monerías con él.
21. Agacharme a recoger el dedal de debajo del sofá.
22. Encontrar una moneda bajo el sofá, unas horquillas para el pelo, pelusas varias, trozos de pan, un bolígrafo, papeles, el envoltorio de un condón...
23. Pensar durante media hora o más de quién coño será el envoltorio del condón.
24. Recordar sonrojado la patética fiesta de los globos de agua.
25. Respirar aliviado porque no he tenido que explicárselo a nadie.
26. Volver a agacharme a recoger el dedal, que antes se me olvidó con todo el ajetreo mental.
27. Quedarme estupefacto al no encontrar el dedal.
28. Bajar al chino.
29. Pensarlo antes de entrar, e ir a otro chino, porque en este ya me miraban con recochineo.
30. Comprar un kit de costura, entero... ¡¡Alguien me lo podía haber dicho, ¿no?!!
31. Comprar una bolsa de pipas de vuelta a casa. Intentar ligar con la dependienta de los frutos secos: Debe ser un acto reflejo.
32. Tomarme una caña y un pincho en el bar de al lado. Está demostrado científicamente que el esfuerzo da hambre.
33. Tomarme otra caña.
34. Otro pincho.
35. Otra caña.
36. Volver a casa y encontrar el dedal, por arte de magia, en medio del pasillo.
37. Ponerme los dos dedales, uno en cada mano, y hacer peleas de dedos, a modo de caballeros andantes con armadura.
38. Aburrirme de jugar. Fumar otro cigarrillo.
39. Bajar al bar de al lado porque se me han olvidado las pipas.
40. Tomarme otra caña, ya que estoy ahí.
41. El camarero me invita a otra caña. Otro pincho, pues.
42. La última caña, no hay que hacerle un feo al camarero.
43. Volver a casa. Descubrir horrorizado que la aguja se ha vuelto a desenhebrar misteriosamente.
44. Llorar desolado.
45. Hallar un objeto desconocido en el kit de costura. Buscar en google: ¡Hostia, un enhebrador!
46. Pasar media hora tratando de entender el funcionamiento del susodicho.
47. Quedarme dormido en el sofá: El efecto de las cañas.
48. Despertarme al oír el timbre del teléfono: Los amigos, que si me voy de cañas.
49. Ducharme.
50. Ponerme el pantalón y darme cuenta, sonriendo ladinamente, de que con el cinto, no hace falta el botón.