Me llegó por mail y lo comparto. Dedicado a todos aquellos que (como yo) tienen el ¿privilegio? de viajar en transportes públicos (salvo taxis) en los horarios de mayor congestión.
Consejos para olvidar (al menos momentáneamente) lo doloroso de la situación:
Saludos a todos, y por favor eviten las peleas sin sentido en bondis, trenes y subtes, más a esa hora en que todos venimos con los huevos al plato. Muchas gracias.
Consejos para olvidar (al menos momentáneamente) lo doloroso de la situación:
1. Escuche música. Escuche música new age, relajante, o mejor escuche su música preferida. Pero, por favor, no escuche cumbia o reggaetón (ni siquiera con auriculares): los demás pasajeros también sufren.
2. Recurra a su frondosa imaginación, e imagínese en el recital de su banda preferida. Para evocar dicho momento, puede acompañarse con cánticos. Incluso, puede hacer pogo.
3. O sino, imagínese en un bosque, o en una selva. O mejor aún, en un desierto (ésto último es más facil en el subte, por aquello del calor).
4. Lea. Lea un libro de chistes verdes, o una revista pornográfica, o “El péndulo” de Foucault. O uno de Nietzsche. Lea, aun cuando el vehículo esté tan lleno que para hacerlo deba apoyar el texto sobre la cabeza del pasajero de al lado (tampoco abuse, evite leer diarios en formato sábana como “La Nación”. De hecho, evite leer el diario que, por lo general, está lleno de malas noticias).
5. Duerma poco (y mal) la noche anterior, cosa que, aún parado, pueda viajar cabeceando. Y, si no llega a tal punto, al menos su cabeza estará tan ausente que tampoco le importará demasiado.
6. Saque a la luz su espíritu lúdico, y comience a jugar pequeños juegos, como por ejemplo contar cuantas personas con sombrero hay en el colectivo o en el vagón. O las estaciones que faltan para bajarse. De hecho, también puede incorporar a sus compañeros de ruta, y jugar a “Quien mantiene la mirada por mas tiempo”. Incluso, si alguna vez tuvo clases de teatro, puede recurrir a la siempre entretenida improvisación actoral. Para ello debe definir un conflicto: un ejemplo podría ser que lo estén apoyando. Entonces usted empieza diciendo “Oiga, usted me está apoyando”. A partir de eso, debería ser capaz de definir un personaje. Apóyese si quiere en los estereotipos, pero tampoco abuse. Por ejemplo, si la piel del sujeto es de color oscura, usted puede hacer que es medio racista.
7. Evite caer en el recurso fácil de terminar la escena a las trompadas. Digo, porque no hay espacio.
8. También puede optar por hacerse un poco de espacio a la vieja manera, es decir, a los codazos. O mintiendo descaradamente. Por ejemplo, puede decir que tiene fobia a los espacios cerrados, o que se cagó. Si es mujer, puede decir, por ejemplo, que está embarazada, o que está en “esos días” y se “olvidó” de comprar toallitas.
9. También, si tiene mucho coraje, puede hacerse pasar por un onanista medio asquerosito, y fingir que disfruta del roce con completos extraños, y empezar a frotarse en cuerpos ajenos, acompañando esto con pequeños gemidos, que van creciendo en volumen progresivamente.
10. También puede abrirse espacio produciendo desagrado en el resto de los pasajeros: una buena opción es evitar bañarse o, como un joven recién recibido de una carrera universitaria, subir bañado en una mezcla de harina, huevos y mayonesa.
11. Por último, también puede abrirse espacio mediante sus propias ventosidades intestinales (lo que, aún sino funciona, puede provocarle un pequeño momento de placer por realizar tal acto privado en medio de una muchedumbre, y con total impunidad). O desnúdese, o hágase pasar por loco y hable solo. O, mejor aún, repita siempre una frase molesta, con mucho énfasis y una sonrisa en la cara, como, por ejemplo “Aguante (equipo de fútbol)”, o “Yo tengo un pato”, o “Viva la patria socialista”.
2. Recurra a su frondosa imaginación, e imagínese en el recital de su banda preferida. Para evocar dicho momento, puede acompañarse con cánticos. Incluso, puede hacer pogo.
3. O sino, imagínese en un bosque, o en una selva. O mejor aún, en un desierto (ésto último es más facil en el subte, por aquello del calor).
4. Lea. Lea un libro de chistes verdes, o una revista pornográfica, o “El péndulo” de Foucault. O uno de Nietzsche. Lea, aun cuando el vehículo esté tan lleno que para hacerlo deba apoyar el texto sobre la cabeza del pasajero de al lado (tampoco abuse, evite leer diarios en formato sábana como “La Nación”. De hecho, evite leer el diario que, por lo general, está lleno de malas noticias).
5. Duerma poco (y mal) la noche anterior, cosa que, aún parado, pueda viajar cabeceando. Y, si no llega a tal punto, al menos su cabeza estará tan ausente que tampoco le importará demasiado.
6. Saque a la luz su espíritu lúdico, y comience a jugar pequeños juegos, como por ejemplo contar cuantas personas con sombrero hay en el colectivo o en el vagón. O las estaciones que faltan para bajarse. De hecho, también puede incorporar a sus compañeros de ruta, y jugar a “Quien mantiene la mirada por mas tiempo”. Incluso, si alguna vez tuvo clases de teatro, puede recurrir a la siempre entretenida improvisación actoral. Para ello debe definir un conflicto: un ejemplo podría ser que lo estén apoyando. Entonces usted empieza diciendo “Oiga, usted me está apoyando”. A partir de eso, debería ser capaz de definir un personaje. Apóyese si quiere en los estereotipos, pero tampoco abuse. Por ejemplo, si la piel del sujeto es de color oscura, usted puede hacer que es medio racista.
7. Evite caer en el recurso fácil de terminar la escena a las trompadas. Digo, porque no hay espacio.
8. También puede optar por hacerse un poco de espacio a la vieja manera, es decir, a los codazos. O mintiendo descaradamente. Por ejemplo, puede decir que tiene fobia a los espacios cerrados, o que se cagó. Si es mujer, puede decir, por ejemplo, que está embarazada, o que está en “esos días” y se “olvidó” de comprar toallitas.
9. También, si tiene mucho coraje, puede hacerse pasar por un onanista medio asquerosito, y fingir que disfruta del roce con completos extraños, y empezar a frotarse en cuerpos ajenos, acompañando esto con pequeños gemidos, que van creciendo en volumen progresivamente.
10. También puede abrirse espacio produciendo desagrado en el resto de los pasajeros: una buena opción es evitar bañarse o, como un joven recién recibido de una carrera universitaria, subir bañado en una mezcla de harina, huevos y mayonesa.
11. Por último, también puede abrirse espacio mediante sus propias ventosidades intestinales (lo que, aún sino funciona, puede provocarle un pequeño momento de placer por realizar tal acto privado en medio de una muchedumbre, y con total impunidad). O desnúdese, o hágase pasar por loco y hable solo. O, mejor aún, repita siempre una frase molesta, con mucho énfasis y una sonrisa en la cara, como, por ejemplo “Aguante (equipo de fútbol)”, o “Yo tengo un pato”, o “Viva la patria socialista”.

Saludos a todos, y por favor eviten las peleas sin sentido en bondis, trenes y subtes, más a esa hora en que todos venimos con los huevos al plato. Muchas gracias.