La denominada masacre de Múnich tuvo lugar en la ciudad de Múnich, en el estado de Baviera (Alemania) el 5 de septiembre de 1972, durante la XX edición de los Juegos Olímpicos de verano. Ese día un comando de terroristas palestinos denominado Septiembre Negro tomó como rehenes a once de los veinte integrantes del equipo olímpico de Israel. El ataque condujo finalmente a la muerte de los once atletas israelíes, de cinco de los ocho terroristas y de un oficial de la policía alemana. La tragedia sería vista en todo el mundo a través de la televisión.
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Fürstenfeldbruck – desastre en la base aérea
Alrededor de las 4:30 pm, gracias a las noticias en directo de la televisión y de la radio, los terroristas palestinos observaron cómo la policía se movía hacia sus posiciones con la intención de tomar por asalto el edificio. Entonces, los secuestradores exigieron la retirada inmediata de los francotiradores así como facilidades para volar hacia el Cairo junto con todos los rehenes israelíes. Los negociadores alemanes aceptaron estas exigencias siempre y cuando el Ministro Federal del Interior, Genscher, tuviera la constancia de que los rehenes estaban todavía con vida y dispuestos a volar.
A las 10:22 pm, las autoridades se dirigieron en dos helicópteros hacia la base aérea militar de Fürstenfeldbruck, localizada al oeste de Munich, con la intención de vencer a los terroristas. Los miembros del equipo de gestión de crisis, incluyendo a Genscher y a Daume, se adelantaron en otro helicóptero acompañados por el jefe del servicio secreto israelí, Zvi Zamir, y por el presidente del partido gobernante del estado de Bavaria, Franz Josef Strauss. Todos ellos esperaron en la torre del aeropuerto.
El plan, comandado por el Jefe de la Policía de Munich, Georg Wolf, no funcionó. A las 10:40 pm, justamente después de que dos de los palestinos inspeccionaran el Boeing 727 preparado para ellos, la policía abrió fuego. En la operación fallecieron tres de los secuestradores y los restantes se vieron involucrados en una pelea armada que se prolongó durante varias horas. Como consecuencia de la misma, un policía de nombre Anton Fliegerbauer fue herido mortalmente en la planta baja de la torre.
Errores desastrosos – cómo la trágica misión terminó en fracaso
Aquella noche en Fürstenfeldbruck, un contratiempo se unía al otro.
En primer lugar, el movimiento para liberar a los rehenes comenzó con una sorpresa: los policías, disfrazados como miembros de la tripulación, habían abandonado la aeronave justo antes de que aterrizaran los helicópteros. La misión anti-terrorista estaba comandada por oficiales que no poseían absolutamente ningún entrenamiento especial.
Los cinco “francotiradores” policiales eran cazadores aficionados y tiradores deportivos. Y además, el número de cinco se determinó porque cuando el equipo de crisis llegó a la escena del secuestro, se suponía que los agresores también eran exclusivamente cinco. Los helicópteros no aterrizaron en el lugar planeado, y dejaron a los francotiradores en posiciones difíciles. Estos hombres no disponían de rifles de precisión, de cascos, ni de chalecos antibalas, y debían actuar sin radio ni contacto visual porque no habían sido equipados con walkie-talkies o equipos de visión nocturna. Para empeorar la situación, los refuerzos solicitados se vieron afectados por embotellamientos de tráfico; y las unidades restantes acudieron a Riem porque el control de la misión no había especificado el nombre del “aeropuerto”.
Cuando los oficiales finalmente llegaron a la pista en sus camionetas policiales blindadas, se pidió a los secuestradores que se rindieran. En lugar de intimidarse, los terroristas arrojaron una granada de mano dentro de uno de los helicópteros, y le dispararon al otro. Los rehenes israelíes, que se encontraban atados a sus asientos, no tuvieron la menor oportunidad de escapar. Todos ellos murieron en un fuego cruzado. Habían pasado diez minutos de la medianoche del 6 de septiembre de 1972.
A la 1:32 am, cuando finalmente se disparó la última bala, la magnitud de la tragedia era patente. Los nueve rehenes habían fallecido, así como también cinco de los ocho terroristas. Dos de los secuestradores estaban heridos de gravedad y el tercero presentaba heridas leves. Un oficial de la policía había muerto, dos se encontraban muy graves, y varios más presentaban heridas de carácter leve.
Trágica falta de información
En un principio, no se hizo público ningún informe de la escena de la tragedia en Fürstenfeldbruck. La torre de radiocomunicación y la línea de teléfono estaban totalmente colapsadas. Todo esto desembocó en un momento trágico de falta de información. “¡Todos los rehenes han sido liberados ilesos!”, comentó Conrad Ahlers, portavoz del gobierno. A las 11:31 pm, la agencia de noticias Reuters distribuyó un esperanzador titular: “Todos los rehenes israelíes han sido liberados”. Durante la mañana del 6 de septiembre, los puestos de periódicos mostraban titulares completamente contradictorios. La trágica verdad no fue anunciada hasta aproximadamente las 3:00 am.
El jefe del servicio secreto israelí, General Zamir, calificó la misión como un “completo desastre”. Días más tarde, incluso el canciller de Alemania Occidental, Willy Brandt, describió los eventos como un “documento vergonzoso de la incompetencia alemana”.
Los Juegos Olímpicos fueron interrumpidos durante todo un día, y las banderas ondearon a media asta. Más tarde, en la ceremonia funeraria del 6 de septiembre, el Presidente del Comité Olímpico Internacional, Avery Brundage, declaró: “los Juegos deben continuar”. Sin embargo, los denominados “Juegos felices” habían terminado.
El equipo israelí partió de Munich el 7 de septiembre con los ataúdes de sus compañeros de equipo muertos. Fueron acompañados por el alcalde de Munich, Hans-Jochen Vogel y el Presidente del Consejo de la Comunidad Judía en Alemania, Werner Nachmann, como representantes del país, a bordo de un vuelo especial con destino a Tel Aviv.
Solicitados por el líder libio revolucionario, el coronel Gaddafi, los cuerpos de los secuestradores fueron trasladados a Trípoli el 11 de septiembre de 1972, en donde recibieron sepultura como auténticos héroes.