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El Zorrito Von Quintiero habla de Soda Stereo

Info11/13/2012
Fabián Quintiero es protagonista de la historia más rica del rock argentino y Yamp! la repasó con él desde el Bar Tasende. Por Guillermo Varela Tenemos muy poco tiempo antes de que los músicos salgan al show, si queres vamos al bar de la esquina del Hotel y charlamos unos minutos con el Zorrito” me dicen sus allegados. El show es “60×60” de Charly García en el Teatro de Verano y el “Zorrito” es Fabián Quintiero, un músico que acompañó a los mejores artistas de la Argentina desde un teclado o un bajo, ahora de regreso en nuestro país como miembro estable de la banda de García. Además de músico, es un tipo muy entendido en gastronomía y aprovecha sus venidas a Montevideo a explorar todas las opciones que encuentra. “Mozo, ¡unos tachos y unas birras!”. Como prólogo de la charla le pregunto sobre su apodo “Von” sabiendo la respuesta, durante años creí que Fabián se llamaba “Von Quintiero” pero el “Von” es un agregado. Me lo puso Zavaleta como un chiste (Miguel Zavaleta, voz y líder de Suéter) y me quedó, pero el que me hizo famoso con el Von fue Cerati, porque me publicó así en los discos!!, yo figuraba como Von Quintiero, pasó un tiempo para que pasara a ser el “zorro”. Le pido repasar su conocida historia. "Empecé a tocar con Suéter, de muy pibe, tenía 17 años, una época increíble del rock nacional, tocábamos en bares. Habían dos o tres donde tocábamos todos, estaba La Esquina del Sol, el Stud Free Pub, el Einstein Café. Vos salías y podías ver a los Abuelos de la Nada, a Los Redondos, a los GIT, a los Soda, eran lugares chicos y Sueter hacía mucho pub, no era fácil llegar a un teatro." ¿Extrañás esa época donde los show eran más íntimos, más cercanos?, ¿podrías revivirla o ya no?. - A ver, es hermoso tocar en estadios grandes, importantes, para miles de personas, con infraestructura profesional. Yo toco con Charly y sentís el peso del artista cuando ves la maquinaria que tenes para tocar, como te iluminan, la gente que está alrededor laburando, pero tocar en los bares también tiene su lado lindo, es más divertido. Toco a veces en bares, tengo Soul Café en Bs.As., es otro plan, pero claro, tengo la tranquilidad que puedo ir a los escenarios grandes, quizás eso me hace divertido ir a tocar a bares por la noche con amigos, esa creo que es la excusa, pasar noches con amigos, porque ¿que hacemos ya nosotros a nuestra edad?, a bailar prácticamente no vamos, salimos a comer o vamos al cine, o vamos a tocar a algunos bares, yo por lo menos trato de inventar cosas para tocar, en situaciones mucho menos conocidas, mas íntimas, para tocar en pequeños espacios, con menos difusión. ¿Cómo pasas de Suéter a Soda? - Estábamos tocando con Suéter en un pub y los músicos recorrían los bares viendo tocar a otros. Se me acercan a hablar Alberti y Bosio (Charly Alberti y Zeta Bosio, baterista y bajista de Soda Stereo), eran dos pibes raros, estaban vestidos con bombachas de gaucho, con todos los pelos parados, con un look que no era habitual en esa época pero empezamos a hablar porque me elogiaban el teclado que tenía, que era un Korn Poly 800, una nueva gama de teclados en esa época bastante moderno y eso les llamaba la atención. Ellos me invitan a ir a un ensayo al día siguiente a la sala que tenían en la casa de Alberti, a dos o tres cuadras de la cancha de River en Nuñez y allí me fui con mi teclado. Cuando llego y entro a la sala no estaban ni Charly ni Zeta, había un pibe sentado con una viola y una cámara de eco, una cámara de delay que en esa época era una cinta y estaba vestido igual que los otros dos, con bombacha de gaucho, los pelos raros……, era Gustavo Cerati. Ahí lo conocí, me saludó y me pidió que armara ahí nomás y cuando estábamos los cuatro empezamos a zapar y al terminar el ensayo me dijeron “podés venir a tocar dos temas en el próximo show?” y dije y si, bueno, vamos, yo tenía 18 años, recién empezaba. ¿Tuviste que dejar Suéter al unirte a los Soda? - Si, fue bastante traumático, Zavaleta se enojo mucho conmigo, pero espero que con el tiempo lo haya entendido, los Suéter me bautizaron, me hicieron debutar pero yo me di cuenta que Soda era lo que iba a venir, ellos me encararon y me invitaron a tocar en todos los shows, y de tres temas pasé a cuatro, y luego cinco y entonces me di cuenta muy rápido que eso es lo que se venía, la modernidad, fue como un halo de luz que me iluminó y me dije tengo que ir por acá, entonces fui a hablar con Zavaleta a decirle que tenía esta oportunidad, que yo tenía 18 años y no 40 y quería ir por ahí. ¿Te integraste rápido a los Soda o te costó? - Yo venía de escuchar en toda mi adolescencia rock nacional puro, Spinetta, Charly y Pappo, y escuchaba Led Zeppelin, Rolling Stones, Queen, Beatles por supuesto y un poco de punk rock con The Clash y Sex Pistols, y cuando llego a Soda y me encuentro que estos pibes escuchaban Depeche Mode, Echo The Bunnymen, The Cure, era otra cosa, y choqué contra eso, Gustavo tenía el control musical y esa era la influencia. Además ya tenían el look definido, los cortes de pelo que eran esos raros peinados nuevos y yo tenía el pelo largo, look super rocker de adolescente, hasta que me vino a encarar el productor y me dice “che, te tenés que cortar el pelo”. Para mí fue terrible, durísimo. ¿Como llevaste el éxito de Nada Personal y de Signos, participaste activamente como el “cuarto Soda”, lo sentías así, pudiste estar en la composición de temas o sólo ejecutabas las sugerencias de Cerati? - El tema del cuarto Soda era un problema, yo sentía la buena onda de la gente, estaba lookeado como uno más de la banda pero el trío estaba constituido y era muy fuerte, a pesar de eso puedo decir con satisfacción que hay algunos arreglos fundamentales en los discos que ellos me los dejaron meter, que los propuse y quedaron, como la flautita de “Cuando pase el temblor” o el piano de “Signos”. Ensayábamos mucho en la sala, estábamos mucho tiempo laburando, Gustavo venía y nos pasaba los acordes y entre todos le buscábamos la vuelta, el ritmo y a mí me decían “no tenés un sonido tal?, o quisiera tal cosa” y todos participábamos, hay un tema ahí con la composición, pasa en todas las bandas sobre la valoración de quien es el autor de cada tema, porque vos traes una cosa pero después en la sala termina modificándose mucho, dame esta parte, comportamos esto, entiendo que quien trae la letra y una mínima estructura tiene el 50% de propiedad pero si estás en un grupo debería repartirse mejor el concepto autoría, ayuda mucho sentirte parte de la creación, no es sólo un tema económico. Hicimos Nada Personal y fue un éxito total, ganamos una guita y con esa plata Gustavo dice “tenemos que irnos a Europa, conocer Londres, Paris”, yo no ganaba igual que ellos pero estuve dispuesto a hacer un esfuerzo y viajar, quería abrir más mi cabeza. En los toques posteriores a Nada Personal sufrimos un episodio que empezó a marcar mi pertenencia a la banda. Después de un show nos robaron íntegramente un camión con todos los instrumentos, nos queríamos morir, yo le pedía prestadas cosas a Calamaro para usar en Soda Stereo, para sonar mejor, y nos roban todo y no había seguro, no teníamos nada y la gente que manejaba la banda me dice que me quede tranquilo, que en las próximas liquidaciones iban a dividir las utilidades de tal forma que pudiera recobrar lo perdido. Pero el tiempo pasó, llegaron las liquidaciones y no estaba lo prometido, definitivamente había cierta resistencia a que oficialmente me convirtiera en uno más de la banda de forma estable, no había una felicidad del tipo “che, éntralo al zorrito y somos cuatro” y me costó un poco manejar eso, me puse mal, yo no sabía como resolverlo. Para la preparación de Signos me entero que ellos probaron con otro tecladista pero finalmente me volvieron a llamar a mí y tomé eso como una revalorización de mi laburo, entonces me calmé, me dije “bueno, me reconocen, tengo que estar ahí” y fui a ensayar Signos. Metí el piano en el tema, muchos órganos, usábamos mucho el órgano Hammond como un nuevo sonido, pero en el fondo ya sabía que nunca dejarían de ser tres y que mi futuro no era dentro de la banda. Una mañana tuve una experiencia increíble, pasó mucho tiempo para que en los viajes yo tuviera un cuarto de Hotel para mi solo, yo compartía la habitación con Charly Alberti. La imagen de la banda era muy importante, íbamos con maquilladoras para todos lados, y estando en Santiago de Chile una mañana teníamos una conferencia de prensa 8 am, obviamente yo no participaba de esas actividades, pero a las 7 am me despierta un ruido ensordecedor, me tapaba con la almohada para que se apagara pero no se iba, y cuando no puedo más abro lo ojos y veo a la maquilladora con un secador de pelo haciendo un ruido demencial y a Charly con todos los pelos parados, hiper maquillado y me dije bastaaa!, quiero un cuarto para mí, si me van a despertar siete de la mañana todos los días me mato!!. ¿Como fue tú paso de estar con los Soda a ser parte de la banda de Charly García? - Yo nunca terminaba de hacerme parte, de ser el cuarto Soda, siempre era un músico invitado y además me resistía cada vez más a la estética de los peinados, me paré el pelo un tiempo pero un día me dije, ni en pedo, no sigo con esto de ponerme jabón y gel y empecé a dejarme el pelo largo de nuevo y finalmente ellos se volvieron a un look más rockero, pero sentía que no iba ni para atrás ni para adelante. Hasta que en un show en Mar del Plata me encuentro con Samalea que me muestra el demo de Parte de la Religión y cuando lo escucho me digo “yo tengo que tocar acá” y eso que el anterior teclado de Charly era Fito Paéz!, pero García estaba armando una banda nueva y yo quería tocar con él. Pasa el tiempo y hay un levantamiento de los carapintadas en Buenos Aires (se refiere al atrincheramiento de un militar llamado Aldo Rico y a la posterior negociación del Presidente Raúl Alfonsín en Octubre de 1987) y a la noche de la solución del conflicto se monta un escenario para shows en apoyo a la democracia. Esa tarde como a las 5 pm me llama Samalea y me dice “venite para la casa de Charly que vamos a tocar hoy en la plaza”, mamita querida!!, me corrió un frío por la espalda pero a la vez la certeza de que tenía que ir si o si, era el sueño de mucho tiempo, me había pasado la adolescencia yendo a Obras a ver recitales y era el momento de estar arriba del escenario, no lo dudé. Llegué temblando a la casa donde vivía Charly, entro y estaba él con el teclado en el piso y me dijo “sentate”, ahí nomás me pasó la posición de las manos y los piques para tocar “Demoliendo Hoteles”, esa tarde fue pura felicidad, llamé a mi papá, a mi mamá, a mi primo, me sentía como un chico que llenaba de orgullo a la familia, porque era así, el barrio donde crecí no tenía nada, no había música, no había chicas, era un desastre y eso me hacía valorar doblemente la alegría que tenía. A los 15 días del show estábamos con Charly y Samalea en la sala y García nos dice “tenemos que irnos a New York a comprar instrumentos para armar la banda, venís?” y dije vamos!, casi no lo conocía a Charly personalmente, yo era el primero que entraba a la banda después de Samalea, así que me fui de acompañante a New York, imagínate lo que fue ese viaje!, Charly es un personaje, llegamos al Hotel donde él quería estar, en la zona del Village, es el Hotel frente adonde grabamos el video de Fanky, se acerca al mostrador y le dice que teníamos las reservas hechas, pero no, no había nada y el Hotel estaba lleno. Charly tenía muchos contactos en New York y ya era amigo de Joe Blaney (conocido productor e ingeniero de grabación, trabajó con artistas de la talla de The Clash, Ramones, Keith Richards, etc.) , lo llama y le comenta que no teníamos lugar para dormir y él nos dice que tiene el estudio de su mujer en el Soho, que nos quedáramos ahí una noche y al otro día ya encontraríamos lugar en el Hotel. Nos caminamos todo para llegar al estudio de la mujer, eran como las dos de la mañana y cuando llegamos y abrimos la puerta nos queríamos matar, era un salón desprovisto de todo, no había nada, ni una silla, nada, un enorme cuarto de cuatro metros por cuatro donde la mujer de Blaney enseñaba yoga, y bueno, al menos encontramos la colchoneta finita que usaba para yoga en el suelo y nos tiramos con García a dormir. Estaba durmiendo con Charly tirado en un piso del Soho sin nada!! en una época que no tenía ni confianza ni conocimiento con él, fue muy fuerte, por eso en el libro que estoy escribiendo hay un capítulo llamado “Yendo de la cama al piso” donde hago referencia a todo lo que hicimos en New York armando la banda, éramos lo indeseables, o los enfermeros, no me acuerdo, siempre va cambiando de nombre a sus bandas Charly... Fuente EnRemolinos.com - El Zorrito recordó a Soda Stereo
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