Espero les guste esta historia, déjame tus comentarios de como mejorar.
La verdadera Hada de los dientes
El hada de los dientes es muy conocida desde hace mucho tiempo, la historia es simple, al caerse un diente de leche, debes ponerlo bajo tu almohada antes de dormir, cuando te encuentres profundamente dormido, una mágica hada alada te visitara, buscara en tu cama hasta encontrar tu diente y se lo llevara, a cambio te dejara un regalo, siendo las monedas el regalo más codiciado.
En otros países la historia varia, en vez de visitarte una mágica hada, quien irrumpirá en tu habitación será un ratón, pero esa será la única variante, si seguiste el ritual correctamente el resultado será el mismo.
Lo que nadie te contara es lo que pasa si no sigues el ritual, y en vez de quedarte profundamente dormido, decides espiar su llegada, de antemano te digo, no querrás romper sus reglas.
Lo que parece una bella historia para calmar a los pequeños, se torna rápidamente en siniestro al conocer los hechos, y es que quien desearía que un ser que nunca has visto invadiera tu cuarto mientras duermes plácidamente, comenzara a observarte para llevarse una parte de ti, imagina lo valioso que eres para el que está dispuesto a comprar una parte de tu cuerpo, ¿y más aún que las víctimas sean seres inocentes de corta edad?
Por eso me he decidido a contarte lo que se, para que abras los ojos y dejes de invocar a este aterrador ser.
Ahora sospecho de mi madre, ella nunca permitió que escondiera mis dientes bajo la almohada, en vez de eso, desde la primera vez, me cambio por dinero mis piezas dentales, sin fantasías, sin historias de hadas, ella los tomo uno a uno tan pronto se caían y los guardo en una cajita de madera, una simple compra-venta. Aún conservo esa cajita como recuerdo.
La primera vez que mi hijo perdió uno de sus dientes de leche estaba aterrado, para calmarlo le conté sobre el hada de los dientes, la típica historia,
-“si pones debajo de tu almohada tu diente, un hada mágica con alas de colores vendrá en la noche y se lo llevara, a cambio te dejara un regalo” –
El escuchaba fascinado como a cambio de su dientecito recibiría un regalo de un ser mágico, me hizo feliz ver su carita de ilusión e impaciencia para que llegara la noche, esos fueron de los últimos momentos felices que compartimos juntos.
Al anochecer lo acompañe a su habitación, mi pequeño de un salto se subió a la cama y se dispuso a esconder su diente, le di las buenas noches y un beso en la frente, el no dejaba de hablar del hada de los diente, de sus intenciones de quedarse despierto para espiarla, le dije que eso no era posible, ella utilizaría su magia de hada para hacerlo dormir, no valía la pena esperarla despierto, es más, corría el riesgo de molestarla, y entonces sí, ni regalos ni dinero, la treta surtió efecto, desistió de esperar y acomodo su cabecita para dormir, sin que se diera cuenta deslice mi mano y tome el diente para guardarlo en mi bolsillo, sin saber que estaba rompiendo las reglas.
Al cabo de un par de horas regrese a su habitación para dejar unos dulces y un par de monedas como dicta la tradición, recorría el pasillo obscuro lo más silencioso que podía, al llegar a su puerta me detuve a escuchar y asegurarme que estaba dormido, pero algo alerto mis sentidos, dentro de la habitación se escuchaban resoplidos furiosos, gruñidos y chillidos que no eran humanos; pensé en ratas, pero no podía ser, debía ser una rata enorme, el sonido que emitía era infernal, cuidando de no hacer ruido abrí un poco la puerta, la luz de una lamparita de noche ilumino a una criatura antropomórfica, una mezcla de rata y simio, media alrededor de metro y medio, caminaba en 2 patas, con ojos negros que reflejaban la poca luz de la habitación como si de espejos se trataran, su cola era tan larga como su cuerpo y sus extremidades terminaban en manos simiescas, llevaba puesto un cinturón en el que cargaba bolsas de piel del que salía un sonido metálico; el engendro bufaba, chillaba y buscaba debajo de la cama de mi hijo, sin embargo a pesar del alboroto que armaba era extremadamente silencioso, era el ratón de los dientes.
No podía dar crédito a lo que veía, por unos momentos pensé que me encontraba dentro de mis pesadillas, el terror me tenía paralizado, hasta que mi hijo dio señales de despertar, en ese momento la criatura se subió encima de él y sacudió su cuerpo mientras su deforme rostro quedaba a pocos centímetros del de mi hijo, un polvo callo de su pelaje y sumió de nuevo en el sueño a mi pequeño; no pude resistirlo, lance un grito ahogado que me descubrió, abrí la puerta de golpe y me lance a proteger a mi hijo.
Lo que sucedió después fue irreal, al verse descubierto, aquel engendro parte rata, parte simio salto de la cama y retrocedió, me chillaba con fuerza, lamentando su descuido, la pared que estaba a su espalda comenzó a agrietarse hasta dejar a la vista un pasadizo, un agujero de rata, seguramente del mismo modo había entrado, olfateo el aire un par de veces y con sus dedos simiescos señalo el bolsillo donde había guardado el diente, en un acto reflejo me lleve la mano al bolsillo para sentirlo, me había olvidado de sacarlo, aterrorizado, sujete a mi hijo que no podía despertarse de lo que fuera que esa cosa le hiciera, tome una lámpara de mesa a modo de arma y empecé a retroceder, la deforme criatura se agazapo para atacarnos, detrás de él, la pared había terminado de abrirse.
Sabía lo que quería, sus ojos no dejaban de reflejar mi bolsillo, lentamente tome lo que quería y se lo arroje, el diente callo a escasos centímetros de la entrada del túnel, de un salto lo tomo, nos miró mientras retrocedía con mi hijo a cuesta, metió su garra simiesca a uno de sus bolsos y dejo un par de círculos de metal en el suelo, sacudió su cuerpo liberando un polvo que lleno la habitación, de pronto ya no podía mas, caí al suelo con mi hijo en brazos, perdía el conocimiento, en el último momento logre ver una pálida mujer con alas grises de mariposa nocturna salir del agujero, parecía reprender a la criatura por su descuido.
Por la mañana me despertaron los gritos de alegría de mi hijo, en su mano sostenía 2 grandes monedas de plata con un hada grabada en sus caras.
La verdadera Hada de los dientes
El hada de los dientes es muy conocida desde hace mucho tiempo, la historia es simple, al caerse un diente de leche, debes ponerlo bajo tu almohada antes de dormir, cuando te encuentres profundamente dormido, una mágica hada alada te visitara, buscara en tu cama hasta encontrar tu diente y se lo llevara, a cambio te dejara un regalo, siendo las monedas el regalo más codiciado.
En otros países la historia varia, en vez de visitarte una mágica hada, quien irrumpirá en tu habitación será un ratón, pero esa será la única variante, si seguiste el ritual correctamente el resultado será el mismo.
Lo que nadie te contara es lo que pasa si no sigues el ritual, y en vez de quedarte profundamente dormido, decides espiar su llegada, de antemano te digo, no querrás romper sus reglas.
Lo que parece una bella historia para calmar a los pequeños, se torna rápidamente en siniestro al conocer los hechos, y es que quien desearía que un ser que nunca has visto invadiera tu cuarto mientras duermes plácidamente, comenzara a observarte para llevarse una parte de ti, imagina lo valioso que eres para el que está dispuesto a comprar una parte de tu cuerpo, ¿y más aún que las víctimas sean seres inocentes de corta edad?
Por eso me he decidido a contarte lo que se, para que abras los ojos y dejes de invocar a este aterrador ser.
Ahora sospecho de mi madre, ella nunca permitió que escondiera mis dientes bajo la almohada, en vez de eso, desde la primera vez, me cambio por dinero mis piezas dentales, sin fantasías, sin historias de hadas, ella los tomo uno a uno tan pronto se caían y los guardo en una cajita de madera, una simple compra-venta. Aún conservo esa cajita como recuerdo.
La primera vez que mi hijo perdió uno de sus dientes de leche estaba aterrado, para calmarlo le conté sobre el hada de los dientes, la típica historia,
-“si pones debajo de tu almohada tu diente, un hada mágica con alas de colores vendrá en la noche y se lo llevara, a cambio te dejara un regalo” –
El escuchaba fascinado como a cambio de su dientecito recibiría un regalo de un ser mágico, me hizo feliz ver su carita de ilusión e impaciencia para que llegara la noche, esos fueron de los últimos momentos felices que compartimos juntos.
Al anochecer lo acompañe a su habitación, mi pequeño de un salto se subió a la cama y se dispuso a esconder su diente, le di las buenas noches y un beso en la frente, el no dejaba de hablar del hada de los diente, de sus intenciones de quedarse despierto para espiarla, le dije que eso no era posible, ella utilizaría su magia de hada para hacerlo dormir, no valía la pena esperarla despierto, es más, corría el riesgo de molestarla, y entonces sí, ni regalos ni dinero, la treta surtió efecto, desistió de esperar y acomodo su cabecita para dormir, sin que se diera cuenta deslice mi mano y tome el diente para guardarlo en mi bolsillo, sin saber que estaba rompiendo las reglas.
Al cabo de un par de horas regrese a su habitación para dejar unos dulces y un par de monedas como dicta la tradición, recorría el pasillo obscuro lo más silencioso que podía, al llegar a su puerta me detuve a escuchar y asegurarme que estaba dormido, pero algo alerto mis sentidos, dentro de la habitación se escuchaban resoplidos furiosos, gruñidos y chillidos que no eran humanos; pensé en ratas, pero no podía ser, debía ser una rata enorme, el sonido que emitía era infernal, cuidando de no hacer ruido abrí un poco la puerta, la luz de una lamparita de noche ilumino a una criatura antropomórfica, una mezcla de rata y simio, media alrededor de metro y medio, caminaba en 2 patas, con ojos negros que reflejaban la poca luz de la habitación como si de espejos se trataran, su cola era tan larga como su cuerpo y sus extremidades terminaban en manos simiescas, llevaba puesto un cinturón en el que cargaba bolsas de piel del que salía un sonido metálico; el engendro bufaba, chillaba y buscaba debajo de la cama de mi hijo, sin embargo a pesar del alboroto que armaba era extremadamente silencioso, era el ratón de los dientes.
No podía dar crédito a lo que veía, por unos momentos pensé que me encontraba dentro de mis pesadillas, el terror me tenía paralizado, hasta que mi hijo dio señales de despertar, en ese momento la criatura se subió encima de él y sacudió su cuerpo mientras su deforme rostro quedaba a pocos centímetros del de mi hijo, un polvo callo de su pelaje y sumió de nuevo en el sueño a mi pequeño; no pude resistirlo, lance un grito ahogado que me descubrió, abrí la puerta de golpe y me lance a proteger a mi hijo.
Lo que sucedió después fue irreal, al verse descubierto, aquel engendro parte rata, parte simio salto de la cama y retrocedió, me chillaba con fuerza, lamentando su descuido, la pared que estaba a su espalda comenzó a agrietarse hasta dejar a la vista un pasadizo, un agujero de rata, seguramente del mismo modo había entrado, olfateo el aire un par de veces y con sus dedos simiescos señalo el bolsillo donde había guardado el diente, en un acto reflejo me lleve la mano al bolsillo para sentirlo, me había olvidado de sacarlo, aterrorizado, sujete a mi hijo que no podía despertarse de lo que fuera que esa cosa le hiciera, tome una lámpara de mesa a modo de arma y empecé a retroceder, la deforme criatura se agazapo para atacarnos, detrás de él, la pared había terminado de abrirse.
Sabía lo que quería, sus ojos no dejaban de reflejar mi bolsillo, lentamente tome lo que quería y se lo arroje, el diente callo a escasos centímetros de la entrada del túnel, de un salto lo tomo, nos miró mientras retrocedía con mi hijo a cuesta, metió su garra simiesca a uno de sus bolsos y dejo un par de círculos de metal en el suelo, sacudió su cuerpo liberando un polvo que lleno la habitación, de pronto ya no podía mas, caí al suelo con mi hijo en brazos, perdía el conocimiento, en el último momento logre ver una pálida mujer con alas grises de mariposa nocturna salir del agujero, parecía reprender a la criatura por su descuido.
Por la mañana me despertaron los gritos de alegría de mi hijo, en su mano sostenía 2 grandes monedas de plata con un hada grabada en sus caras.