2 Corintios 4:7-9 explica: Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos.
Sabemos que todos pasamos tribulación, pero los cristianos estamos convencidos de que somos vasos de barro que contienen un tesoro de buena actitud. Por lo que podríamos estar atribulados, pero no angustiados; en apuros más no desesperados; perseguidos, aunque no desamparados, y derribados, pero no destruidos. Los problemas son inevitables, aunque cada uno escoge si los enfrentará por obrar correcta o incorrectamente. El mentiroso tiene dificultades por no decir la verdad, así como el sincero las tendrá por no decir mentiras. La persona leal, tanto como la que es desleal, el fiel y el infiel, todos tienen problemas. La diferencia es que los cristianos nos preparamos en oración y en obediencia para enfrentarlos. Larry Belt, jugador de basquetbol, estrella de los Celtics, decía que mientras más entrenaba, más suerte tenía en los juegos. Algo así sucede con nosotros, mientras más leemos las Escrituras, más nos habla el Señor y nos indica qué hacer para superar las dificultades. Si quieres llevar tu vida espiritual a nuevas alturas, debes acercarte a Dios y alimentarte de Su Palabra. De lo contrario, lo que puedas crecer será un espejismo.
Si eres un hijo de Dios angustiado, desesperado, perseguido y derribado, seguramente hay algo que no estás haciendo bien, por lo que debes revisar tu conducta y en quién depositas tu confianza. Si recuerdas, al entregar tu vida a Jesús, tu confianza en Él era tal que resolvías todo con oración. Incluso al entrar a un parqueo pedías: “Señor, que tus ángeles me guíen a un espacio libre”. Sin embargo, es típico que el nivel de confianza decae conforme pasa el tiempo, por lo que vale la pena renovar tu actitud, para que frente a una dificultad no sientas que estás acabado. Recordemos que somos más que vencedores porque Jesús ya nos dio la victoria en la cruz del Calvario. Así que podremos estar derribados, pero jamás destruidos, porque el tesoro de fe que
llevamos dentro nos permite enfrentar cualquier tribulación.
Proezas
Salmo 60:12 asegura: En Dios haremos proezas, Y él hollará a nuestros enemigos.
Una proeza es un acto de valentía, es realizar algo que requiere valor. Por supuesto que sentimos miedo a algo y a alguien, pero quien logra una proeza enfrenta sus temores y actúa a pesar de ellos. Yo tengo pánico escénico y si hubiera esperado a no sentir miedo de hablar en público, ¡nunca hubiera predicado el Evangelio! Pero me atreví a enfrentar mis temores, no permití que me vencieran y poco a poco fui adquiriendo confianza. Recuerdo que al principio, cuando comencé a compartir la Palabra, escribía mensajes en tickets de bus y los entregaba antes de bajar en la parada correspondiente. Ni siquiera le dirigía unas palabras a las personas, solamente les entregaba el papelito y salía del bus. Hacerlo era una proeza para mí. Quién diría que ahora puedo predicar frente a miles de personas para la gloria de Dios. Recordemos que cada vez que el Señor deseaba hacer algo con Su pueblo, enviaba a un ángel a decirles que no tuvieran miedo, porque el temor nos debilita. ¡Actúa! Solo de esa forma superarás tus límites y harás proezas.
Además, cuando la Palabra se refiere a lograr maravillas también dice que Dios derrotará a nuestros enemigos porque emprender grandes proyectos implica la aparición de personas que intentarán desalentarnos, pero debemos tener fe en que el Señor es nuestra defensa. Las peleas ya estás arregladas a nuestra favor, solo debemos enfrentarlas con valor y convencidos de que somos más que vencedores si confiamos en Jesús.
2 Samuel 23:20-23 relata: Después, Benaía hijo de Joiada, hijo de un varón esforzado, grande en proezas, de Cabseel. Este mató a dos leones de Moab; y él mismo descendió y mató a un león en medio de un foso cuando estaba nevando. También mató él a un egipcio, hombre de gran estatura; y tenía el egipcio una lanza en su mano, pero descendió contra él con un palo, y arrebató al egipcio la lanza de la mano, y lo mató con su propia lanza. Esto hizo Benaía hijo de Joiada, y ganó renombre con los tres valientes. Fue renombrado entre los treinta, pero no igualó a los tres primeros. Y lo puso David como jefe de su guardia.
La Biblia nos cuenta sobre un hombre llamado Benaía que hizo grandes proezas. Una de las primeras lecciones que nos enseña es que aprendió de su padre, quien era un varón esforzado. Esto es vital ya que las buenas actitudes de emprendimiento y avanzada se aprenden en el hogar. Así que a los padres les aconsejo que se muestren esforzado frente a sus hijos. Que ellos los vean pelear por algo y por alguien. Especialmente a las madres, les digo que deben levantar a sus esposos como héroes frente a sus hijos por llevarles el sustento mediante tanto sacrificio y trabajo. Esa es la forma de educar a los futuros hacedores de proezas.
La segunda lección que aprendemos de Benaía es que era valiente, no porque no sintiera miedo, sino porque enfrentaba los retos con sus propios recursos, aunque fueran limitados, ya que peleó contra un egipcio sin más arma que un palo. Esto provocó que ganara prestigio y fuera puesto como jefe de la guardia del rey David, a pesar de que no igualaba a otros valientes. Así que no te compares. ¡Esfuérzate por superar tus límites, no los de los demás! Cada quien logra sus propias hazañas porque somos únicos e invaluables. Para obtener lo que está destinado para ti, debes ser auténtico y aprovechar tus fortalezas.
1 Samuel 17:37 relata: Añadió David: Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo. Y dijo Saúl a David: Ve, y Jehová esté contigo.
También debemos tomar en cuenta que para lograr proezas debe bastarte tu esfuerzo y el apoyo del Señor porque nunca falta quien te dé ánimos, pero no se compromete a acompañarte. Tal como le sucedió a David, quien ante la inminente lucha contra Goliat, recibió de Saúl palabras de apoyo, pero no compañía en la batalla. Esto no debe decepcionarte, al contrario, debes agradecer el ánimo que te ofrezcan y que te dará más fuerza para declarar que Dios y tú son un equipo ganador y que nada podrá detenerlos.
La situación está que arde
Daniel 3:15-19 comparte: Ahora, pues, ¿estáis dispuestos para que al oír el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, os postréis y adoréis la estatua que he hecho? Porque si no la adorareis, en la misma hora seréis echados en medio de un horno de fuego ardiendo; ¿y qué dios será aquel que os libre de mis manos? Sadrac, Mesac y Abed- nego respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: No es necesario que te respondamos sobre este asunto. He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado. Entonces Nabucodonosor se llenó de ira, y se demudó el aspecto de su rostro contra Sadrac, Mesac y Abed- nego, y ordenó que el horno se calentase siete veces más de lo acostumbrado.
Conocemos la historia de Sadrac, Mesac y Abed-nego, jóvenes que se negaron a adorar a la estatua del rey. Su argumento fue que el Dios al que servían era capaz de liberarlos. En su testimonio, descubrimos que otro elemento para lograr proezas es consagrarse totalmente a Dios. No es lo mismo creer en Él a comprometer nuestra vida a Él. Muchos aseguran creer en el Señor y se comprometen a su manera, pero realmente no buscan servirlo en una congregación, por lo que son personas demandantes más que ofertantes, lo que revela su poco compromiso de servicio. ¿Crees que con esa actitud podrían afirmar con toda seguridad que el Dios al que “medio” sirven los liberará en momentos de aflicción? ¡Por supuesto que no! Para tener la plena certeza del apoyo de nuestro Padre debemos demostrar nuestra entrega sin condiciones a Su Reino y a Sus asuntos. El mismo Jesús aseguró que solo a Dios debíamos adorar y servir, no solamente porque es nuestro Padre y le debemos todo cuanto somos y tenemos, sino porque hacerlo no da plena seguridad en que Él también estará comprometido a ayudarnos en todo momento. Y si el Señor está contigo, nada, pero nada podrá derrotarte. ¿Dónde está tu compromiso con Dios? Solo la entrega total al Señor nos garantiza la plena confianza para enfrentar cualquier desafío.
Pero eso no es todo. Lo más hermoso de la lección de estos jóvenes que enfrentaron el horno de fuego es que sabían que Dios podía salvarlos, pero si no lo hacía, igualmente, ellos continuarían fieles al Señor. ¿Eres capaz de mostrar ese nivel de amor y fidelidad a tu Padre Celestial? Asegura con plena certeza: “El Dios al que sirvo es capaz de sanarme, pero si no lo hace, lo amaré y lo adoraré sin condiciones. No me doblegaré delante de nada ni de nadie, porque solo a Él serviré”. ¡Ese es el carácter de los hijos de Dios, comprometidos con su ministerio y congregación! Una conducta de fidelidad y compromiso con el Señor es más importante que una vida de éxito o comodidad en el mundo.
Cuando ores, dile al diablo en sus narices que sin importar lo que suceda, solo a Dios servirás y amarás. Al ser lanzados al horno, dice la Palabra que todos veían dentro a cuatro hombres, porque ¡el Hijo de Dios estaba con ellos! Lo importante para ser hombre íntegro, capaz de hacer proezas, no es estar fuera del horno y de la tribulación, sino tener la plena convicción de que Dios está allí contigo. A veces, para que Él te saque del horno, lo primero que debe suceder es que lo descubras a tu lado. La vida de fe no se trata de cuántos problemas nos libra Dios, sino de cuánto disfruto Su compañía, a pesar de esos problemas. Si me da o no, si me saca o no, nuestra verdadera pasión debe ser servirlo porque es nuestro Creador, Rey y Salvador.
Siempre fiel
2 Timoteo 2:11-13 asegura: Palabra fiel es esta: Si somos muertos con él, también viviremos con él; Si sufrimos, también reinaremos con él; Si le negáremos, él también nos negará. Si fuéremos infieles, él permanece fiel; El no puede negarse a sí mismo.
Pablo le explicaba a Timoteo que Dios es fiel aunque nosotros seamos infieles porque esa es Su naturaleza y no puede ser de otra forma. Él permanece, es el mismo ayer, hoy y siempre. Seamos fieles, sin doble ánimo. Para lograrlo, es importante tomar en cuenta que ser fiel no significa estar libre de pecado, sino que creerle a Dios siempre. Entonces, podrías ser un hombre correcto, pero eres infiel si le dejaste de creer, si dudas de Su amor. Podrías tropezar y levantarte, pero serás fiel si le crees por sobre cualquier circunstancia. Los héroes de los que habla la Biblia que lograron proezas fueron fieles, no perfectos. Desde ahora, acepta en tu corazón el compromiso de amarlo y servirlo sin condiciones, a pesar de todo y de todos, porque Él nos ha amado primero y nos muestra Su fidelidad eternamente.
Sabemos que todos pasamos tribulación, pero los cristianos estamos convencidos de que somos vasos de barro que contienen un tesoro de buena actitud. Por lo que podríamos estar atribulados, pero no angustiados; en apuros más no desesperados; perseguidos, aunque no desamparados, y derribados, pero no destruidos. Los problemas son inevitables, aunque cada uno escoge si los enfrentará por obrar correcta o incorrectamente. El mentiroso tiene dificultades por no decir la verdad, así como el sincero las tendrá por no decir mentiras. La persona leal, tanto como la que es desleal, el fiel y el infiel, todos tienen problemas. La diferencia es que los cristianos nos preparamos en oración y en obediencia para enfrentarlos. Larry Belt, jugador de basquetbol, estrella de los Celtics, decía que mientras más entrenaba, más suerte tenía en los juegos. Algo así sucede con nosotros, mientras más leemos las Escrituras, más nos habla el Señor y nos indica qué hacer para superar las dificultades. Si quieres llevar tu vida espiritual a nuevas alturas, debes acercarte a Dios y alimentarte de Su Palabra. De lo contrario, lo que puedas crecer será un espejismo.
Si eres un hijo de Dios angustiado, desesperado, perseguido y derribado, seguramente hay algo que no estás haciendo bien, por lo que debes revisar tu conducta y en quién depositas tu confianza. Si recuerdas, al entregar tu vida a Jesús, tu confianza en Él era tal que resolvías todo con oración. Incluso al entrar a un parqueo pedías: “Señor, que tus ángeles me guíen a un espacio libre”. Sin embargo, es típico que el nivel de confianza decae conforme pasa el tiempo, por lo que vale la pena renovar tu actitud, para que frente a una dificultad no sientas que estás acabado. Recordemos que somos más que vencedores porque Jesús ya nos dio la victoria en la cruz del Calvario. Así que podremos estar derribados, pero jamás destruidos, porque el tesoro de fe que
llevamos dentro nos permite enfrentar cualquier tribulación.
Proezas
Salmo 60:12 asegura: En Dios haremos proezas, Y él hollará a nuestros enemigos.
Una proeza es un acto de valentía, es realizar algo que requiere valor. Por supuesto que sentimos miedo a algo y a alguien, pero quien logra una proeza enfrenta sus temores y actúa a pesar de ellos. Yo tengo pánico escénico y si hubiera esperado a no sentir miedo de hablar en público, ¡nunca hubiera predicado el Evangelio! Pero me atreví a enfrentar mis temores, no permití que me vencieran y poco a poco fui adquiriendo confianza. Recuerdo que al principio, cuando comencé a compartir la Palabra, escribía mensajes en tickets de bus y los entregaba antes de bajar en la parada correspondiente. Ni siquiera le dirigía unas palabras a las personas, solamente les entregaba el papelito y salía del bus. Hacerlo era una proeza para mí. Quién diría que ahora puedo predicar frente a miles de personas para la gloria de Dios. Recordemos que cada vez que el Señor deseaba hacer algo con Su pueblo, enviaba a un ángel a decirles que no tuvieran miedo, porque el temor nos debilita. ¡Actúa! Solo de esa forma superarás tus límites y harás proezas.
Además, cuando la Palabra se refiere a lograr maravillas también dice que Dios derrotará a nuestros enemigos porque emprender grandes proyectos implica la aparición de personas que intentarán desalentarnos, pero debemos tener fe en que el Señor es nuestra defensa. Las peleas ya estás arregladas a nuestra favor, solo debemos enfrentarlas con valor y convencidos de que somos más que vencedores si confiamos en Jesús.
2 Samuel 23:20-23 relata: Después, Benaía hijo de Joiada, hijo de un varón esforzado, grande en proezas, de Cabseel. Este mató a dos leones de Moab; y él mismo descendió y mató a un león en medio de un foso cuando estaba nevando. También mató él a un egipcio, hombre de gran estatura; y tenía el egipcio una lanza en su mano, pero descendió contra él con un palo, y arrebató al egipcio la lanza de la mano, y lo mató con su propia lanza. Esto hizo Benaía hijo de Joiada, y ganó renombre con los tres valientes. Fue renombrado entre los treinta, pero no igualó a los tres primeros. Y lo puso David como jefe de su guardia.
La Biblia nos cuenta sobre un hombre llamado Benaía que hizo grandes proezas. Una de las primeras lecciones que nos enseña es que aprendió de su padre, quien era un varón esforzado. Esto es vital ya que las buenas actitudes de emprendimiento y avanzada se aprenden en el hogar. Así que a los padres les aconsejo que se muestren esforzado frente a sus hijos. Que ellos los vean pelear por algo y por alguien. Especialmente a las madres, les digo que deben levantar a sus esposos como héroes frente a sus hijos por llevarles el sustento mediante tanto sacrificio y trabajo. Esa es la forma de educar a los futuros hacedores de proezas.
La segunda lección que aprendemos de Benaía es que era valiente, no porque no sintiera miedo, sino porque enfrentaba los retos con sus propios recursos, aunque fueran limitados, ya que peleó contra un egipcio sin más arma que un palo. Esto provocó que ganara prestigio y fuera puesto como jefe de la guardia del rey David, a pesar de que no igualaba a otros valientes. Así que no te compares. ¡Esfuérzate por superar tus límites, no los de los demás! Cada quien logra sus propias hazañas porque somos únicos e invaluables. Para obtener lo que está destinado para ti, debes ser auténtico y aprovechar tus fortalezas.
1 Samuel 17:37 relata: Añadió David: Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo. Y dijo Saúl a David: Ve, y Jehová esté contigo.
También debemos tomar en cuenta que para lograr proezas debe bastarte tu esfuerzo y el apoyo del Señor porque nunca falta quien te dé ánimos, pero no se compromete a acompañarte. Tal como le sucedió a David, quien ante la inminente lucha contra Goliat, recibió de Saúl palabras de apoyo, pero no compañía en la batalla. Esto no debe decepcionarte, al contrario, debes agradecer el ánimo que te ofrezcan y que te dará más fuerza para declarar que Dios y tú son un equipo ganador y que nada podrá detenerlos.
La situación está que arde
Daniel 3:15-19 comparte: Ahora, pues, ¿estáis dispuestos para que al oír el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, os postréis y adoréis la estatua que he hecho? Porque si no la adorareis, en la misma hora seréis echados en medio de un horno de fuego ardiendo; ¿y qué dios será aquel que os libre de mis manos? Sadrac, Mesac y Abed- nego respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: No es necesario que te respondamos sobre este asunto. He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado. Entonces Nabucodonosor se llenó de ira, y se demudó el aspecto de su rostro contra Sadrac, Mesac y Abed- nego, y ordenó que el horno se calentase siete veces más de lo acostumbrado.
Conocemos la historia de Sadrac, Mesac y Abed-nego, jóvenes que se negaron a adorar a la estatua del rey. Su argumento fue que el Dios al que servían era capaz de liberarlos. En su testimonio, descubrimos que otro elemento para lograr proezas es consagrarse totalmente a Dios. No es lo mismo creer en Él a comprometer nuestra vida a Él. Muchos aseguran creer en el Señor y se comprometen a su manera, pero realmente no buscan servirlo en una congregación, por lo que son personas demandantes más que ofertantes, lo que revela su poco compromiso de servicio. ¿Crees que con esa actitud podrían afirmar con toda seguridad que el Dios al que “medio” sirven los liberará en momentos de aflicción? ¡Por supuesto que no! Para tener la plena certeza del apoyo de nuestro Padre debemos demostrar nuestra entrega sin condiciones a Su Reino y a Sus asuntos. El mismo Jesús aseguró que solo a Dios debíamos adorar y servir, no solamente porque es nuestro Padre y le debemos todo cuanto somos y tenemos, sino porque hacerlo no da plena seguridad en que Él también estará comprometido a ayudarnos en todo momento. Y si el Señor está contigo, nada, pero nada podrá derrotarte. ¿Dónde está tu compromiso con Dios? Solo la entrega total al Señor nos garantiza la plena confianza para enfrentar cualquier desafío.
Pero eso no es todo. Lo más hermoso de la lección de estos jóvenes que enfrentaron el horno de fuego es que sabían que Dios podía salvarlos, pero si no lo hacía, igualmente, ellos continuarían fieles al Señor. ¿Eres capaz de mostrar ese nivel de amor y fidelidad a tu Padre Celestial? Asegura con plena certeza: “El Dios al que sirvo es capaz de sanarme, pero si no lo hace, lo amaré y lo adoraré sin condiciones. No me doblegaré delante de nada ni de nadie, porque solo a Él serviré”. ¡Ese es el carácter de los hijos de Dios, comprometidos con su ministerio y congregación! Una conducta de fidelidad y compromiso con el Señor es más importante que una vida de éxito o comodidad en el mundo.
Cuando ores, dile al diablo en sus narices que sin importar lo que suceda, solo a Dios servirás y amarás. Al ser lanzados al horno, dice la Palabra que todos veían dentro a cuatro hombres, porque ¡el Hijo de Dios estaba con ellos! Lo importante para ser hombre íntegro, capaz de hacer proezas, no es estar fuera del horno y de la tribulación, sino tener la plena convicción de que Dios está allí contigo. A veces, para que Él te saque del horno, lo primero que debe suceder es que lo descubras a tu lado. La vida de fe no se trata de cuántos problemas nos libra Dios, sino de cuánto disfruto Su compañía, a pesar de esos problemas. Si me da o no, si me saca o no, nuestra verdadera pasión debe ser servirlo porque es nuestro Creador, Rey y Salvador.
Siempre fiel
2 Timoteo 2:11-13 asegura: Palabra fiel es esta: Si somos muertos con él, también viviremos con él; Si sufrimos, también reinaremos con él; Si le negáremos, él también nos negará. Si fuéremos infieles, él permanece fiel; El no puede negarse a sí mismo.
Pablo le explicaba a Timoteo que Dios es fiel aunque nosotros seamos infieles porque esa es Su naturaleza y no puede ser de otra forma. Él permanece, es el mismo ayer, hoy y siempre. Seamos fieles, sin doble ánimo. Para lograrlo, es importante tomar en cuenta que ser fiel no significa estar libre de pecado, sino que creerle a Dios siempre. Entonces, podrías ser un hombre correcto, pero eres infiel si le dejaste de creer, si dudas de Su amor. Podrías tropezar y levantarte, pero serás fiel si le crees por sobre cualquier circunstancia. Los héroes de los que habla la Biblia que lograron proezas fueron fieles, no perfectos. Desde ahora, acepta en tu corazón el compromiso de amarlo y servirlo sin condiciones, a pesar de todo y de todos, porque Él nos ha amado primero y nos muestra Su fidelidad eternamente.