InicioInfoThe man in the Attic. La verdadera historia.
El hombre en el ático. La verdadera historia. Walburga “Dolly” Oesterreich (1880-1961) cometió un error, como ella misma diría más tarde, al casarse con Fred Oesterreich. Fred Oesterreich, un fabricante de textiles, muy acaudalado, y aficionado a la bebida, se casó con Dolly, quien creció en las zonas rurales de Wisconsin. El casarse con Fred, la elevó a otro estatus social, uno que no habría logrado sin el matrimonio. La mansión de Fred en Milwaukee era una de las más grandes de la ciudad - la fabricación de textiles era un negocio rentable en esa época - y el estilo de vida de Dolly con Fred, era elegante. Pero a Fred le gustaba beber. Y mucho. Le gustaba pasar el rato con los amigos y salir a cazar. Dolly siempre fue un poco sensible acerca de su aspecto, y fácilmente la herían las acusaciones de ser una interesada y haberse casado sólo por dinero. Ella quería el afecto de Fred, y al parecer, no lo conseguía del modo en que ella lo deseaba. Los Oesterreich tenían problemas maritales, de naturaleza sexual. Dolly parecía querer más sexo y con mayor frecuencia, de lo que Fred le podía dar. Asi, ella trató de satisfacer sus necesidades físicas y emocionales, con relaciones extramaritales. No pasó mucho tiempo, hasta que conoció a Otto. Un día de 1913, cuando la pareja ya había estado casada durante 15 largos años, Dolly fue en la fábrica, para observar el trabajo de los empleados, cuando una máquina de coser se rompió. Notificado del problema, la Empresa de máquinas de coser Singer, envió a un técnico a la fábrica Oesterreich. El empleado era Otto Sanhuber, un adolescente de ojos azules, bajo y de constitución ligera. Incluso el mismo Sanhuber no sabía exactamente cuántos años tenía. Creía tener entre 16 o 17 años de edad. Y pensaba ser de origen judío-alemán, ya que era huérfano. Su nombre de nacimiento era probablemente Weir, pero fue adoptado por la familia Sanhuber. Existen dos versiones muy diferentes de cómo empezó la relación entre el adolescente y Dolly. En una de las versiones, el único hijo de los Oesterreich, un adolescente llamado Raymond, había muerto hacía poco tiempo, cuando por Dolly vió por primera vez, a Otto. Ella se sintió atraída de inmediato hacia el suave y tímido niño-hombre, al menos en parte, porque le recordaba al hijo muerto, por el que aún sentía una gran pena. Podrían haberse entremezclado los sentimientos maternales en su deseo sexual por Otto, aumentándolos de esa manera. Por ese motivo, poco tiempo después, llamó a la empresa de máquinas de coser Singer, para que enviaran a Otto a su casa, para arreglar la máquina de coser, que estaba en su dormitorio. Era un agradable día de otoño, cuando Otto llegó a la casa de los Oesterrich. Dolly abrió la puerta, muy perfumada, y vestiendo sólo una bata de seda, medias y zapatos de tacón. Ella llevó al adolescente a reparar la máquina en su dormitorio. Ella lo miraba, sentada en su cama, mientras el tímido joven, trabajaba en la máquina de coser. Cada vez que Otto levantaba la vista, para ver a Dolly, su bata parecía abrirse un poco más, y más, y más...hasta que finalmente pudo ver que no llevaba nada debajo. Esto despertó sentimientos encontrados en Otto. Nunca había tenido éxito entre las mujeres y era virgen en ese momento. La visión de tanta carne expuesta de la mujer, lo avergonzó, aún cuando le excitaba. En cierto momento, Dolly se recostó en la cama, exponiendo sus partes, con una amplia sonrisa. El adolescente entendió. Dejó de lado su trabajo, tomó a la mujer madura en sus brazos y ambos disfrutaron de una tarde de pasión. La otra versión de la historia, explica el romance de manera mucho más gradual. En esta versión, Otto fue a la casa de los Oesterreich, para arreglar la máquina de coser de Dolly, pero ella no lo seduce en ese momento. En cambio, conoció y se hizo amigo, de su hijo, Raymond. Él comenzó a visitar la casa, y a Raymond, con regularidad. Entonces Raymond, se enfermó y murió. Dolly se sumergió en un terrible dolor. Otto la visitaba con frecuencia, para consolarla en su duelo. Los dos se hicieron más cercanos, hasta que surgió el romance, y la pasión sexual, explotó. Durante los siguientes tres años, la esposa infiel y el empleado reparador de máquinas de coser, llevaron un romance secreto. Algunas veces, Dolly se encontraba con Otto en la casa de huéspedes, donde él vivía, y en otras ocasiones, frecuentaban un hotel. Por lo general, Otto visitaba a Dolly en su casa, por el día, cuando se quedaba sola, o por las noches, cuando su marido salía a sus reuniones de la logia. A pesar de su riqueza, los Oesterreich no tenían servidumbre, y eso hizo más fácil los encuentros de los amantes clandestinos. Dolly Oesterreich y Otto Sanhuber eran una pareja vivaz. Otto afirmó que los dos habían hecho el amor, nada menos que ocho veces seguidas, en un solo y excitante día. Sin embargo, las cosas no podían seguir igual, por tiempo indefinido. Un vecino comenzó a notar la frecuencia de las idas y venidas del joven Otto, y se lo mencionó que Fred Oesterreich. Un suspicaz Fred enfrentó a Dolly. Ella respondió con calma que un vendedor de libros la había estado molestando, pero que ella había puesto fin a las visitas de los becarios. El fabricante de delantales parecía estar satisfecho con la explicación de su esposa. Dolly le contó a Otto sobre el vecino entrometido, y como obviamente, las idas y venidas siempre traerían consigo problemas, le propuso que se mudara a su ático, para que así, él pudiera estar allí, con ella, todo el tiempo. A Otto le agradó ese plan. Eso significaba habitación y comida gratis. También significaba que estaría cerca de la mujer que amaba en todo momento. Tendría que renunciar a su trabajo como reparador, pero no le importaba. El joven tenía el sueño de ser escritor y esta situación le daría el tiempo necesario para escribir. El ático fue limpiado y decorado con una lámpara de aceite, un cómodo colchón y un orinal. Otto llevó material de lectura, así como lápiz y papel, a su nuevo hogar. Durante el día, Otto hacía las tareas del hogar, barría los pisos, sacudía los muebles, lavaba los platos, entre otras tareas domésticas. Por las noches, Otto tenía que ser muy cuidadoso cuando se movía, para que Fred no supiera de su presencia. Dolly puso un candado en la puerta del ático y siempre llevaba la llave para que Fred no fuera capaz de entrar allí. Su marido le preguntó sobre el candado y ella respondió con naturalidad, que quería guardar sus pieles en un lugar seguro. Muchas veces, Fred oía ruidos inexplicables, o bien, al notar que faltaba comida del día anterior, su esposa, con la facilidad de palabra que tenía, le decía que seguramente imaginaba los ruidos o que simplemente no recordaba que la comida se la había devorado él, estando borracho. Que su marido fuera un hombre famoso por su gusto por el alcohol, fue lo que facilitaba este tipo de explicaciones, con las que Fred, se tranquilizaba de inmediato. Así pasaron los años, y en 1921, Dolly conveció a su esposo para mudarse a Los Ángeles. Otto los siguió. Para suerte de Dolly, logró conseguir una casa con ático (difíciles de encontrar en esa época, en Los ángeles), para así, seguir con su romance. El 22 de Agosto de 1922, Los Oesterreich discutían en su casa, luego de su llegada de una velada nocturna en la ciudad. Después de oir un ruido sordo y a Dolly gritar, Otto salió del ático, armado con dos pistolas calibre 25, pensando que Fred golpeaba a su esposa, cuando en verdad, Dolly se había tropezado con la alfombra. Fred reconoció a Otto, y en un ataque de furia, emprendió en su contra, rodeando su cuello entre sus manos, queriendo ahorcarlo. Fue en la pelea, cuando las pistolas se dispararon, hiriendo de muerte a Fred, en tres ocasiones. Para no ser acusados del homicidio de Fred, Otto encerró a Dolly en un armario, y le quitó a Fred su reloj de diamantes. La policía llegó a la casa, alertada por las llamadas de los vecinos, y encontraron a Dolly encerrada en el armario y a su esposo muerto “por unos ladrones”, según el testimonio de su viuda. Otto seguía escondido en el ático. Dolly vendió la casa y compró otra, también con un ático, en el que instaló nuevamente a su ya no adolescente, amante. Al mismo tiempo, Dolly comenzó un romance con su entonces abogado, Herman S. Shapiro, a quien le regaló el reloj de diamantes de su difundo esposo. Shapiro reconoció el reloj, Dolly alegó haberlo encontrado bajo un cojín de la sala, por lo que pensó que no era importante decírselo a nadie. Shapiro aceptó la excusa. Pero el error final lo cometió con su tercer amante, Roy H. Klumb, un hombre de negocios, al que había estado viendo. A Roy le pidió un favor, que se deshiciera de una pistola calibre 25, y así lo hizo, la arrojó a un pozo de alquitrán, en el rancho La Brea. También le pidió el mismo favor a un vecino, con la otra pistola, y éste la enterró en unos rosales. Pero más tarde, en julio de 1923, la policía se enteró que el abogado de Dolly tenía el reloj de diamantes de Fred. Poco tiempo después de romper con Dolly, Roy habló con la policía y les contó sobre el favor que le había pedido Dolly. La policía recuperó la pistola del pozo de brea. Con la noticia en los periódicos, el vecino entregó la pistola enterrada en los rosales a la policía. Dolly fue arrestada. Pero con la coartada de Dolly, poco se podía hacer. La policía no podía conectar los hechos. Tenían las pistolas y el reloj de diamantes, pero Dolly estaba sola en la casa, encerrada en el armario en el momento de la llegada de la policía. Así que después de meses de audiencias, Dolly salió libre. Fue durante esas audiencias, cuando Dolly, le pidió un favor a su abogado-amante, Shapiro. Le dijo que tenía que llevarle comida a su “medio-hermano vago” que tenía de visita en su casa. Dolly se refería a Otto, quien en su ausencia, se había quedado solo en casa. Shapiro fue a la casa de Dolly y le llevó comida a Otto, éste comenzó a hablar con él y le contó parte de la historia. El abogado, al pensar que estaba loco o al no querer competencia, lo echó de la casa. Otto se mudó a Canadá, se casó con otra mujer y cambió su nombre a Walter Klein. Eventualmente, Dolly salió libre bajo fianza, y pronto los cargos fueron retirados por falta de evidencia. En ausencia del siempre listo, amante en el ático, Shapiro se mudó con ella, y vivieron juntos por los siguientes 7 años. Finalmente, en 1930, el abogado de Dolly se mudó de la casa y le contó a la policía sobre Otto. Ambos, Otto y Dolly fueron arrestados. Otto por asesinato y Dolly, por cómplice intelectual. Pero ambos salieron libres porque a la fecha del arresto, el crimen ya había prescrito. Dolly encontró un nuevo amor y se quedó con él durante los próximos treinta años. Otto salió de Los Ángeles y desapareció. La historia de este caso fue llevada a la pantalla en la película “The Man In The Attic”, de 1995, con Neil Patrick Harris en el papel de Otto y con Anne Archer, como Dolly. Fuente: http://www.taringa.net/posts/info/15364508/The-man-in-the-Attic-_1995__-La-verdadera-historia_.html
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