La novelasca vida del primer almirante patrio que llegó al Plata justo para empezar a ser protagonista en la Revolución de Mayo
Guillermo Brown estaba cansado de guerra. Desde su llegada al mundo en el pueblito irlandés de Foxford padeció opresión, cárcel, fugas y estériles combates. Nació en un año poblado de sietes: 1777, que dio lugar a elucubraciones supersticiosas. Antes de la pubertad su padre lo llevó a Filadelfia para ensayar una vida en libertad. Pero murió enseguida y el niño quedó solo. Fue tomado como grumete en una nave norteamericana. Realizó su aprendizaje en las Antillas y el océano. Trepaba mástiles, organizaba los víveres, empuñaba el timón, participaba en los combates, sufrió hambre y sed, aplicaba ligaduras contra las hemorragias, recorrió aldeas sucias, liberó barcos negreros y aprendió a mandar.
A los diecinueve años fue apresado por un barco inglés y llevado como botín de leva. Este barco fue abordado por una nave francesa. Brown no fue liberado, sino encerrado en un estrecho calabozo. Los ingleses lo habían discriminado por irlandés y ahora los franceses por británico. Fue enviado a la prisión de Metz, en el centro de Europa, lejos de Foxford y más lejos aun de América. Le advirtieron que era peligroso huir, pero al joven Guillermo el peligro le encendía la lucidez. Logró escapar con ropas quitadas a un oficial. Fue detectado, y por su conducta, lo trasladaron a una prisión mas hermética, en Verdún. También logró fugar, pero tras un paciente trabajo. Llegó al río Rhin. Cruzó a la otra orilla cuando estaban por atraparlo de nuevo. En Alemania detectó la presencia de una noble inglesa. La persuadió de mandarlo a Londres. Al poco tiempo conoció a Elizabeth Chitty. Las guerras napoleónicas le producían fastidio y propuso casarse con Elizabeth si abandonaban Europa.
Quería irse lejos, muy lejos. Desplegó mapas sobre la veteada mesa del comedor. Su dedo se desplazó hacia el sur.
-¿Ves Betty? Ahí está el río mas ancho del mundo. Al principio lo llamaron Mar Dulce, porque los descubridores al no captar sus orillas, no se daban cuenta de que era un río. En una de sus riberas existe una ciudad denominada por un cerro cónico y en la otra crece la capital del Virreinato. Los ingleses la conquistaron unos meses y trajeron noticias excitantes. Allí podremos levantar nuestro apacible hogar.
La familia de Elizabeth no estuvo conforme. Para practicar el comercio y esquivar las batallas, no tenían que irse al polo sur. Pero nadie, ni siquiera Brown mismo, podía tomar conciencia de su aspiración profunda. ¿Anhelaba terminar con su existencia aventurera o desplazaba hacia esa porción del orbe el entusiasmo libertador que lo mantuvo insomne en la sufrida Foxford?
Llego a Buenos Aires en abril de 1810, proveniente de Montevideo. Lo asombró enterarse de la abundancia increíble de vacunos y caballares que se reproducían en ambas orillas. Le describieron el laborioso comercio clandestino que se desarrollaba por culpa del tenaz monopolio de la Corona española. Estableció contacto con habitantes ingleses y norteamericanos y se esmero por aprender castellano. Recorrió Buenos Aires de un extremo a otro. Las casas eran casi todas bajas, pero muchas bien construidas. El Fuerte protegía la ciudad, rodeado de un foso profundo que se trasponía por puentes levadizos, como en los castillos europeos.
Al frente se eregía el Cabildo, de muros encalados y tejas rojas. En sus altos vivía el alguacil mayor. La atmósfera de otoño era transparente y, el atardecer, un airecillo proveniente de la pampa verde perfumaba las calles. Pero le advirtieron que el nombre de la ciudad -Buenos Aires- no garantizaba el clima. Llovía mucho y los carruajes y animales se hundían en el barro pegajoso.
Como si hubieran pronunciado una profecía, no tardó en llover. Esos días fueron una semana húmeda y tensa: habían expulsado al Virrey y se había establecido la Primera Junta. Brown se abrió paso para escuchar a Mariano Moreno, cuyo discurso apenas entendía, pero cuyo énfasis le arrancó las lágrimas. Entonces, mirando el majestuoso e histórico Cabildo, decidió que su accidentado aprendizaje fue providencial. Que se destino para liberar. Si no pudo hacerlo en Irlanda, lo haría en este fin del mundo.
Fuente: Revista Noticias - 21 de Mayo de 2010 - Edición Histórica
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