InicioInfo¿No había lugar en la posada para María?
Ante todo, primero quisiera aclarar que no quiero crear ningún tipo de ánimo en favor o en contra de las religiones. Cada cual es libre de elegir en qué creer o no creer. Aquel que no le guste, puede pasar de largo. Comentarios fuera de lugar serán eliminados.

Lo segundo que quisiera decir es que estos artículos son algunos trabajos de Ariel Alvarez Valdez, un teólogo algo controversial, pero con unas interesantes teorías sobre algunas partes de la Biblia cristiana y su interpretación. Quizás alguien se interese y comente.

Queda aclarar que el mismo teólogo sugiere a aquellas personas sensibles en su fe o con un profundo convencimiento, eviten leerlo para no sentirse ofendidas por ciertas afirmaciones que pueden contradecir lo que uno cree desde pequeño.


¿No había lugar en la posada para María?


¿NO HABÍA LUGAR EN LA POSADA PARA MARÍA?

Una fría noche de diciembre, de hace más de 2000 años, una joven pareja de esposos marchaban camino de Belén. El emperador de Roma, César Augusto, había ordenado un censo en todo el imperio, y cada súbdito romano debía ser empadronado en su propia ciudad.

José, el carpintero, tenía que ir a censarse a Belén, de donde era oriundo. Junto a él, montada en un burro, viajaba María en avanzado estado de gravidez, afrontando un agotador viaje de más 150 km desde Nazaret. Su esposo se sintió más tranquilo cuando por fin entraron en la ciudad de sus antepasados. Abrigaba la esperanza de encontrar pronto un albergue, teniendo en cuenta la condición en la que se hallaba su mujer.

Pero anduvo de casa en casa, y a todas las halló atestadas de gente. Es que el censo había hecho regresar desde los diversos puntos del país a muchos betlemitas, para inscribirse en los padrones romanos. En vano buscó un sitio donde acomodar a María para que pudiera dar a luz a su hijo. No lo encontró.

De pronto divisó una posada. Allí sí conseguiría seguramente alojamiento. Pero la decepción fue enorme cuando el posadero le informó que no quedaba ningún rincón disponible. Por último José, con María que se movía pesadamente y que ya acusaba los dolores del parto, se dirigió a una cueva que servía de establo para los animales, y terminaron refugiándose dentro.

En lo solitario de aquella gruta, María dio a luz a su primogénito, y lo recostó luego en un pesebre, es decir, en el recipiente donde se coloca la paja para comida de los animales, que por su forma alargada le sirvió de cuna. Porque los hombres a los que venía a salvar le cerraron sus puertas, el Hijo de Dios había nacido en un establo.

biblia


¿ESO RELATA LA BIBLIA?

Pero esta narración así contada, y que hemos oído y meditado innumerables veces, especialmente al llegar la Navidad, plantea dos serios problemas.

El primero es que no concuerda exactamente con lo que el Evangelio de san Lucas, del cual está tomada, pretende decir. En efecto, éste en ninguna parte afirma que María haya llegado a Belén casi en el momento de dar a luz. El texto sólo dice: "Y sucedió que mientras ellos estaban allí se le cumplieron los días del alumbramiento" (Lc 2,6).

Tampoco cuenta el Evangelio que la pareja haya andado de casa en casa y de posada en posada buscando alojamiento. Esta es una simple deducción por el hecho inexplicado de que María haya dado a luz en una cueva destinada para refugio de los animales, y porque se afirma que no había para ellos lugar en la posada (Lc 2,7).


LA IMPRUDENCIA DE JOSÉ

El segundo inconveniente es que la historia, así entendida, suscita numerosas sospechas:

a) Si José venía para una breve práctica administrativa, y teniendo en cuenta que en aquella época no era obligatorio para la mujer presentarse en el despacho del censo porque bastaba el jefe de la familia, ¿para qué llevaba a María hasta Belén?

b) ¿Cómo fue tan imprudente de esperar hasta última hora, y viajar cuando ella ya estaba casi a punto de dar a luz?

c) El varón justo y previsor, ¿no fue capaz de prever un lugar más decente para el alumbramiento de su esposa, sabiendo que el que venía al mundo era nada menos que el Hijo de Dios?

d) Si él mismo era de Belén, y volvía a su propia ciudad, ¿cómo es que no tenía una casa donde alojarse?

e) Considerando que para los pueblos de oriente la hospitalidad era un deber sagrado, en el que estaba en juego el propio honor, ¿no resulta extraño que nadie le abriera las puertas a José, ni siquiera un pariente, aun viendo el estado de María?

jesus


Y TODO POR UNA PALABRA

Estas preguntas indican ya que, así planteadas las cosas, estamos en un callejón sin salida. Pero todo el problema radica en que hemos hecho una lectura errónea de la Biblia, a la cual hemos agregado luego mucho de imaginación sobre lo que el texto cuenta.

La culpa la tiene una palabra que, al ser mal traducida, creó confusión, y así estimuló la fantasía de generaciones de lectores.

Se trata del vocablo griego katályma, que la mayoría de las Biblias traducen por posada, albergue, hospedaje. Así traducida esta palabra, la frase del Evangelio dice que no había para ellos lugar en la posada. Pero en el griego bíblico esta palabra tiene también otro significado, y es el de habitación, cuarto, es decir, una parte especial de la casa más bien apartada, o reservada.


LA KATÁLYMA

¿Qué era realmente la katályma, en donde no había sitio para ellos? Para entender bien el sentido del Evangelio de Lucas, debemos ubicarnos en el ambiente de Palestina, donde las casas no constaban de varias habitaciones como pueden tener las nuestras actualmente.

Con la precariedad de la edificación de entonces, las viviendas tenían tan solo una habitación central, en donde había de todo: armarios, herramientas, asientos, despensas, cocina. Y donde, llegada la noche, se extendían las esteras para el reposo nocturno, cada uno en su lugar preferido.

Esta habitación central era, pues, el pequeño mundo doméstico alrededor del cual giraba toda la vida del hogar y el movimiento de las personas, más o menos como los cuartos de muchos de nuestros hogares campesinos.

Pero además de la sala principal, las casas tenían adosado algún ambiente más pequeño, reservado, a veces empleado para depósito, o para eventuales huéspedes, con separadores agregados para mayor privacidad.

Esta habitación servía sobre todo para cuando en la casa había alguna parturienta. Porque en Israel, cuando una mujer daba a luz un hijo quedaba impura durante 40 u 80 días, según fuera varón o mujer, por la pérdida de sangre que había sufrido. Y los objetos que ella tocaba, el lecho donde reposaba, o incluso cualquier lugar donde se hubiera sentado, quedaban impuros. Y si alguno tocaba a la parturienta, o entraba en contacto con algún utensilio rozado por ella, caía automáticamente en la impureza (Lv 15, 19-24).

Y para los judíos una persona impura quedaba aislada socialmente, menguada ante Dios y ante los demás; no podía acudir al templo, ni relacionarse con nadie, hasta tanto terminaran los ritos de purificación, que eran complicados y llevaban su tiempo.

De ahí las precauciones que se tomaban en cada parto, y el por qué se hacía residir en la katályma, es decir, en una habitación apartada de la casa, y no en el ambiente común, a la que acababa de ser madre.

familia


ASÍ, TODO ES MÁS CLARO

Ahora supongamos por un momento que el evangelista Lucas, cuando escribió aquello de que no había lugar en la katályma, no estaba pensando en una posada, como traducen ordinariamente las Biblias, sino en la habitación de una casa particular, que es la otra posibilidad que ofrece esta palabra griega.

Entonces, se aclaran de golpe todos los interrogantes, el texto evangélico aparece más coherente, y la figura de José vuelve a adquirir relieve como padre responsable y esposo prudente. Empecemos, pues, a leer ahora todo el relato del Evangelio a la luz de esta nueva explicación, sin interpretaciones arbitrarias ni añadidos espurios.

Habiéndose enterado de que el emperador de Roma había ordenado un censo, José, que momentáneamente residía en Galilea, decidió volver a Belén, puesto que él era de allí (Lc 2,4).

En el relato, lo más natural hubiera sido dejar en Galilea a su joven esposa María, ya que no era necesario que compareciera ante las autoridades del censo. Si la lleva consigo a pesar de la condición en la que se encuentra, es porque piensa radicarse un tiempo en Belén. Lo cual es lógico, teniendo en cuenta que él era de esta ciudad y que aquí tendría su parentela, sus bienes y sus posesiones.

Si, pues, José tenía domicilio en Belén, entonces es justo pensar que traía a María para que se estableciera en su propia casa.

Para ello se pusieron en marcha con tiempo, con la prudencia de los santos y para evitar las dificultades de último momento. El viaje les habría llevado unos diez días, por el camino largo y accidentado de entonces, y habrían arribado a su patria varios meses antes del parto.

En este punto, afirma el Evangelio que mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento (Lc 2,6). Pero era la época del censo. Muchos betlemitas que habían regresado de todas partes colmaban la ciudad instalados en las habitaciones de las hospederías y casas particulares. También María y José habrían alojado en todas las dependencias de su casa a parientes y amigos.

Es entonces cuando, próxima a la hora del parto, María advierte que no había lugar donde dar a luz digna y discretamente, sin molestar y sin ser molestada, y sobre todo sin convertir en impuros a todos los habitantes de la casa. Es decir, no había lugar en la habitación reservada de la casa, en la katályma.
Por ello, sin ofender a ninguno de sus parientes, se retiraron a la gruta-establo, que todas las casas de Belén tenían, y aún tienen, para albergar a los animales.

Y allí, en una gruta de su propia casa, adaptada como refugio y adecentada por José lo mejor posible, poco después María dio a luz a un niño. Las demás mujeres la ayudaron a envolverlo en una frazada. Y como cuna tomaron un pequeño pesebre, es decir, un cajón donde se ponía el alimento para los animales domésticos, lo limpiaron bien, le pusieron heno fresco y lo cubrieron con un paño.

Es esto lo que se deduce si leemos el texto, que correctamente traducido ahora dice: Y dio luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían lugar en la sala (Lc 2,7).

nacimiento


PARA ELLOS, NO HABÍA LUGAR

Por eso a continuación el evangelista Lucas, siempre preciso en sus detalles, aclara que no había lugar, pero sólo para ellos. Lo cual indica que para otros sí hubiera habido un lugar cualquiera para descansar, ya que las camas en Palestina no son sino una estera extendida en el suelo. Pero para ellos, que debían observar las prescripciones de la Ley judía, referentes a la impureza ritual, para ellos no.

Según Lucas, pues, no fue en una gruta cualquiera de Belén donde tuvo lugar el nacimiento de Jesús, sino en una de las grutas de la casa familiar de José, destinada para establo. Y tampoco nació en medio de animales, como suele representarlo la tradición. Al menos el Evangelio no lo dice. El hecho de que José haya sido un hombre precavido, y el haber tenido suficiente tiempo para preparar la gruta, evitaron sin duda semejante irresponsabilidad. El dato de la presencia del buey, el asno y otros animales en el pesebre ha sido tomado, en realidad, de un libro apócrifo llamado El Proto Evangelio de Santiago (14,1-2), pero no del Nuevo Testamento.

Es decir que, en la intención del evangelista Lucas, fue en una de las grutas destinadas para establo de la casa de familia de José en Belén donde tuvo lugar el nacimiento del Mesías.

Que en el griego de Lucas la palabra katályma significa la habitación reservada de una casa, y no una posada, lo confirma el episodio de la última cena. Cuando Jesús da las instrucciones a Pedro y a Juan para llegar hasta una casa de la ciudad y preparar la Pascua, les indica: "Y díganle al dueño de la casa: dice el Maestro dónde está la sala (katályma) en la que pueda comer la Pascua con mis discípulos" (Lc 22,11). Es decir, que Jesús no celebró la última cena en ninguna posada sino en una casa, cuyo dueño le preparó una habitación reservada para él y sus apóstoles. Y lo confirma la parábola del buen samaritano. Cuando Lucas relata que aquél llevó al herido hasta una posada, usa la palabra pandojéion para referirse a ella, y no katályma.

En conclusión, y más allá de cómo fueron en verdad los detalles históricos del nacimiento de Jesús, el Evangelio de Lucas no dice que Jesús haya nacido en una gruta cualquiera debido a que sus padres no hallaron una posada. Porque cuando Lucas usó la palabra katályma, no pensaba en una posada sino en la habitación reservada de una vivienda, en este caso de la vivienda de María y de José, donde la sagrada familia vivía desde hacía tiempo.

Finalmente, la tradición arqueológica comparte este modo de pensar. En efecto, en la ciudad de Belén todavía existe la gruta que durante siglos ha sido identificada por los peregrinos como la del nacimiento de Jesús. Y todos los estudios arqueológicos que se realizaron en torno a ella revelan que no se trata de una cueva cualquiera, perdida en el meandro de algún sendero palestino, sino incorporada a una vivienda como recinto estable. En lugar de aquella casa, hoy se ha construido una majestuosa basílica que la conmemora.

Algunas parroquias, cuando llega la Navidad, suelen teatralizar el episodio navideño con escenarios infantiles, en los que María y José, después de ser rechazados de varias partes, terminan amparándose en un establo, donde puede nacer el Niño.

Este cuadro, con la llegada a Belén a última hora y de noche, golpeando atolondradamente las puertas de las casas y posadas, y recibiendo un rechazo en todas partes, pinta la figura de un pobre José irresponsable, obrando con negligencia, metiendo en una gruta infecta de animales a su esposa para que diera a luz, y cuya torpeza podría haber provocado en ella un mal parto.

Pero en realidad se trata de una triste deformación. José de Belén fue un verdadero padre para Jesús y un auténtico esposo para María, y su papel resultó esencial en el plan de Dios.

posada


LA ENSEÑANZA QUE QUEDÓ

Para nacer, Jesucristo tenía preparada su habitación, su techo, su casa. Eran suyas. Su padre legal, José, se las había aprontado para cuando el viniera a este mundo. Pero por razones circunstanciales, en el momento de su alumbramiento había otros que la necesitaban. Entonces José, con un gesto decidido determinó dejar el lugar previsto y bajar al tosco establo.

Dicen los psicólogos que las experiencias prenatales influyen de un modo terminante en los niños. Sea como fuere, este suceso, que ilustra desde un principio la educación que recibiría Jesús en su hogar, habría de marcarlo para siempre.

Jesús no nació pobre porque las circunstancias así lo exigieron, sino por una opción libre de José. Y cuando creció, decidió abrazar perpetuamente la pobreza, a la que fue fiel durante toda su vida. Vivió pobre, compartió lo que tenía, se rodeó de los más necesitados, comió lo que le daban, y murió en la más absoluta indigencia. Jamás exigió nada para él. No quiso ocupar algo que a otros podría hacerles falta. Se lo vio aplicarconstantemente el principio de que si alguien necesitaba su habitación, él debía bajar al establo.

Al fin y al cabo, su padre José se lo había enseñado.

sagrada

Autor: Ariel Álvarez Valdes


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