mitos y verdades sobre la muerte del prócer Gral Urquiza

El lunes 11 de abril de 1870, -inicio de la Semana Santa de ese año- una partida de cincuenta hombres, encabezada por el cordobés Simón Luengo, formada por correntinos y orientales, y un solo entrerriano -José María Mos-queira- irrumpía violentamente en el Palacio San José.
Residencia del gobernador constitucional de la Provincia, general Justo José de Urquiza, y lo asesinaba, a tiros y puñaladas, en presencia de su esposa y varios de sus hijos, algunos de ellos de corta edad.
El hecho se inscribía en el marco de una rebelión iniciada en la Provincia y que encabezaba Ricardo López Jordán, protegido de Urquiza y, hasta ese entonces, algo así como la segunda figura política de Entre Ríos.
El trágico suceso del que se cumplen este domingo ciento cuarenta años, sugiere algunos interrogantes e invita a algunas reflexiones:
¿MUERTE ACCIDENTAL O CRIMEN PREMEDITADO?

Varios historiadores sugieren lo primero. Parten de la base de que no existe documento escrito alguno del jefe de la revuelta que acreditase tal propósito. Es cierto: no hay, ni podría haber un documento expreso donde López Jordán reconociese haber dado la orden de matar al general Urquiza. Es absurdo sólo suponerlo. Pero sí existe lo que los abogados llaman indicios "graves, precisos y concordantes", para afirmar, con un enorme margen de certeza, que el crimen fue premeditadamente decidido por los insurrectos encabezados por Ricardo López Jordán. Hay un trabajo del Dr. Martín Ruiz Moreno, que afirma que en las reuniones del Comité Revolucionario don Ricardo se opuso a la muerte de Urquiza. Pero la mayoría así lo decidió y él -López Jordán- acató tal decisión. No puede pensarse seriamente que las órdenes de los matadores fueran "apresar a Urquiza y a su familia y llevarlo ante López Jordán", como lo sostiene por ejemplo Aníbal S. Vázquez. Y es que, a la misma hora que asesinaban a Urquiza, los rebeldes hermanos Mariano y Carlos Querencio, lugartenientes de López Jordán, mataban en Concordia en forma muy parecida a su padre, a los hijos de Urquiza, Waldino y Justo Carmelo. Y se escapaban por un pelo su otro hijo Teófilo-jefe político de Concepción del Uruguay- y su yerno Victorica, quien se refugió en un barco español anclado en el puerto uruguayense, salvando así su vida. El Dr. Rómulo Baltoré, secretario de Urquiza, al declarar en la causa "Mosqueira..." refiere que la partida que asesinó al general lo llevó a él prisionero. Y, a poca distancia del Palacio San José se encontraron con López Jordán que aguardaba. Al producirse el encuentro y referirle los matadores los sucesos ocurridos "se escuchaban fuertes carcajadas".
Las personas que estaban en el Palacio,-la esposa, la suegra, la cuñada y las hijas mayores de Urquiza, los sirvientes y colaboradores- al declarar ante el juez que investiga la muerte, son todas coincidentes en que los asesinos afirmaban "tener órdenes de López Jordán para matar a Urquiza".
Una muerte -la de Urquiza- puede ser accidental, pero tres -además de don Justo, las de Waldino y Justo Carmelo- no. Pero también es evidente que resultaba imposible dejar vivo a Urquiza: era el gobernador legal de Entre Ríos, y, aunque deteriorado, todavía conservaba un prestigio y ascendiente importante. Además el gobierno nacional inmediatamente tomaría medidas para reponerlo en el cargo. Sólo muriendo Urquiza podía López Jordán ascender al puesto de gobernador que ambicionaba.
Es cierto que en el proceso respectivo José María Mosqueira, el único entrerriano participante, fue absuelto del cargo de homicidio. Era natural que así sucediera pues él sólo participó en la toma de la guardia del Palacio San José y no en la muerte de Urquiza. Pero sí surge del expediente de su causa que, al ser Mosqueira tomado preso en Tala por el coronel Wenceslao Taborda, declaró que "Urquiza estaba muerto por orden de López Jordán, que era el nuevo gobernador". Taborda no le creyó y lo metió preso. López Jordán le dio órdenes de liberarlo. Orden que Taborda no cumplió, y entregó el prisionero a las autoridades nacionales.
Al hacerse cargo del gobierno de facto de la Provincia, Ricardo López Jordán deplora la "víctima ilustre que se ha inmolado" aunque no dice quién es. Pero algunos párrafos antes habla que ha derrocado "la tiranía" rodeado del pueblo. En otra proclama menciona que la libertad de Entre Ríos se ha logrado porque "el tirano yace en su tumba". Si Urquiza era un "tirano", no hay por qué llamarlo "víctima ilustre" ni deplorar su muerte, que, en definitiva, sería una bendición para Entre Ríos. (es como si los Aliados al ganar la Segunda Guerra y terminar con la tiranía nazi llamaran "víctima ilustre" a Hitler y deploraran su muerte).
El historiador Aníbal S.Vázquez , sostiene que López Jordán dio orden de apresar, pero no de matar a Urquiza. A los ejecutores, dice, "se les fue la mano" (¿) . Y agrega: "es lo que sucede con los testaferros y guardaespaldas". De acuerdo a esto López Jordán tiene, por lo menos, culpa al elegir la gente a la que encarga tan delicada misión...
Pero es que además, López Jordán, una vez en el poder (de facto), no manda investigar el crimen, ni castiga a los asesinos: por el contrario, los llama "patriotas que han salvado las instituciones", los asciende y promueve a altos cargos.
¿DEFENSA DE LA AUTONOMÍA?

Diversos autores -por ejemplo Fermín Chávez- han ensalzado a López Jordán como "defensor de la autonomía entrerriana". Para hacernos una idea más aproximada a la realidad, es bueno leer un trabajo poco conocido, pero muy bien documentado, que editara años atrás la Academia Nacional de la Historia, de autoría de un Sr. Pedro Santos Martínez. Se llama "La Revolución Jordanista y el Brasil". A través de él nos enteramos de los planes de López Jordán y su gente, encaminados a segregar las Provincias de Entre Ríos y Corrientes y ponerlas bajo el protectorado del Imperio de Brasil. El secretario de López Jordán, José Hernández -futuro autor del "Martín Fierro"- redacta un manifiesto dirigido al Barón de Río Branco, que el propio suegro de López Jordán, don Manuel Puig, entrega personalmente en la corte de Río de Janeiro. El Imperio del Brasil -en aquella época una monarquía- auxilió con armas, barcos y provisiones la rebelión de López Jordán . Y, de no ser por la rápida intervención de las fuerzas nacionales mandadas por el presidente Sarmiento, la separación de estas provincias-Entre Ríos y Corrientes- y su anexión al Brasil hubiera sido un hecho. Anteriormente López Jordán quiso hacer lo mismo con el Paraguay de Solano López y con ese motivo fue uno de los promotores de los motines de Basualdo y Toledo que desbandaron las tropas entrerrianas que debían marchar al frente paraguayo. En el archivo de la correspondencia de López Jordán -Academia de la Historia, B. Aires- he encontrado cartas muy interesantes al respecto. Entre otras, una donde, al conocerse el resultado de la batalla de Curupaytí, donde mueren cerca de 9.000 soldados argentinos, López Jordán lo festeja con las palabras "¡hip, hip, hurra!".
Asociación "Justo José de Urquiza"
Concordia (E.R.)




El lunes 11 de abril de 1870, -inicio de la Semana Santa de ese año- una partida de cincuenta hombres, encabezada por el cordobés Simón Luengo, formada por correntinos y orientales, y un solo entrerriano -José María Mos-queira- irrumpía violentamente en el Palacio San José.
Residencia del gobernador constitucional de la Provincia, general Justo José de Urquiza, y lo asesinaba, a tiros y puñaladas, en presencia de su esposa y varios de sus hijos, algunos de ellos de corta edad.
El hecho se inscribía en el marco de una rebelión iniciada en la Provincia y que encabezaba Ricardo López Jordán, protegido de Urquiza y, hasta ese entonces, algo así como la segunda figura política de Entre Ríos.
El trágico suceso del que se cumplen este domingo ciento cuarenta años, sugiere algunos interrogantes e invita a algunas reflexiones:
¿MUERTE ACCIDENTAL O CRIMEN PREMEDITADO?

Varios historiadores sugieren lo primero. Parten de la base de que no existe documento escrito alguno del jefe de la revuelta que acreditase tal propósito. Es cierto: no hay, ni podría haber un documento expreso donde López Jordán reconociese haber dado la orden de matar al general Urquiza. Es absurdo sólo suponerlo. Pero sí existe lo que los abogados llaman indicios "graves, precisos y concordantes", para afirmar, con un enorme margen de certeza, que el crimen fue premeditadamente decidido por los insurrectos encabezados por Ricardo López Jordán. Hay un trabajo del Dr. Martín Ruiz Moreno, que afirma que en las reuniones del Comité Revolucionario don Ricardo se opuso a la muerte de Urquiza. Pero la mayoría así lo decidió y él -López Jordán- acató tal decisión. No puede pensarse seriamente que las órdenes de los matadores fueran "apresar a Urquiza y a su familia y llevarlo ante López Jordán", como lo sostiene por ejemplo Aníbal S. Vázquez. Y es que, a la misma hora que asesinaban a Urquiza, los rebeldes hermanos Mariano y Carlos Querencio, lugartenientes de López Jordán, mataban en Concordia en forma muy parecida a su padre, a los hijos de Urquiza, Waldino y Justo Carmelo. Y se escapaban por un pelo su otro hijo Teófilo-jefe político de Concepción del Uruguay- y su yerno Victorica, quien se refugió en un barco español anclado en el puerto uruguayense, salvando así su vida. El Dr. Rómulo Baltoré, secretario de Urquiza, al declarar en la causa "Mosqueira..." refiere que la partida que asesinó al general lo llevó a él prisionero. Y, a poca distancia del Palacio San José se encontraron con López Jordán que aguardaba. Al producirse el encuentro y referirle los matadores los sucesos ocurridos "se escuchaban fuertes carcajadas".
Las personas que estaban en el Palacio,-la esposa, la suegra, la cuñada y las hijas mayores de Urquiza, los sirvientes y colaboradores- al declarar ante el juez que investiga la muerte, son todas coincidentes en que los asesinos afirmaban "tener órdenes de López Jordán para matar a Urquiza".
Una muerte -la de Urquiza- puede ser accidental, pero tres -además de don Justo, las de Waldino y Justo Carmelo- no. Pero también es evidente que resultaba imposible dejar vivo a Urquiza: era el gobernador legal de Entre Ríos, y, aunque deteriorado, todavía conservaba un prestigio y ascendiente importante. Además el gobierno nacional inmediatamente tomaría medidas para reponerlo en el cargo. Sólo muriendo Urquiza podía López Jordán ascender al puesto de gobernador que ambicionaba.
Es cierto que en el proceso respectivo José María Mosqueira, el único entrerriano participante, fue absuelto del cargo de homicidio. Era natural que así sucediera pues él sólo participó en la toma de la guardia del Palacio San José y no en la muerte de Urquiza. Pero sí surge del expediente de su causa que, al ser Mosqueira tomado preso en Tala por el coronel Wenceslao Taborda, declaró que "Urquiza estaba muerto por orden de López Jordán, que era el nuevo gobernador". Taborda no le creyó y lo metió preso. López Jordán le dio órdenes de liberarlo. Orden que Taborda no cumplió, y entregó el prisionero a las autoridades nacionales.
Al hacerse cargo del gobierno de facto de la Provincia, Ricardo López Jordán deplora la "víctima ilustre que se ha inmolado" aunque no dice quién es. Pero algunos párrafos antes habla que ha derrocado "la tiranía" rodeado del pueblo. En otra proclama menciona que la libertad de Entre Ríos se ha logrado porque "el tirano yace en su tumba". Si Urquiza era un "tirano", no hay por qué llamarlo "víctima ilustre" ni deplorar su muerte, que, en definitiva, sería una bendición para Entre Ríos. (es como si los Aliados al ganar la Segunda Guerra y terminar con la tiranía nazi llamaran "víctima ilustre" a Hitler y deploraran su muerte).
El historiador Aníbal S.Vázquez , sostiene que López Jordán dio orden de apresar, pero no de matar a Urquiza. A los ejecutores, dice, "se les fue la mano" (¿) . Y agrega: "es lo que sucede con los testaferros y guardaespaldas". De acuerdo a esto López Jordán tiene, por lo menos, culpa al elegir la gente a la que encarga tan delicada misión...
Pero es que además, López Jordán, una vez en el poder (de facto), no manda investigar el crimen, ni castiga a los asesinos: por el contrario, los llama "patriotas que han salvado las instituciones", los asciende y promueve a altos cargos.
¿DEFENSA DE LA AUTONOMÍA?

Diversos autores -por ejemplo Fermín Chávez- han ensalzado a López Jordán como "defensor de la autonomía entrerriana". Para hacernos una idea más aproximada a la realidad, es bueno leer un trabajo poco conocido, pero muy bien documentado, que editara años atrás la Academia Nacional de la Historia, de autoría de un Sr. Pedro Santos Martínez. Se llama "La Revolución Jordanista y el Brasil". A través de él nos enteramos de los planes de López Jordán y su gente, encaminados a segregar las Provincias de Entre Ríos y Corrientes y ponerlas bajo el protectorado del Imperio de Brasil. El secretario de López Jordán, José Hernández -futuro autor del "Martín Fierro"- redacta un manifiesto dirigido al Barón de Río Branco, que el propio suegro de López Jordán, don Manuel Puig, entrega personalmente en la corte de Río de Janeiro. El Imperio del Brasil -en aquella época una monarquía- auxilió con armas, barcos y provisiones la rebelión de López Jordán . Y, de no ser por la rápida intervención de las fuerzas nacionales mandadas por el presidente Sarmiento, la separación de estas provincias-Entre Ríos y Corrientes- y su anexión al Brasil hubiera sido un hecho. Anteriormente López Jordán quiso hacer lo mismo con el Paraguay de Solano López y con ese motivo fue uno de los promotores de los motines de Basualdo y Toledo que desbandaron las tropas entrerrianas que debían marchar al frente paraguayo. En el archivo de la correspondencia de López Jordán -Academia de la Historia, B. Aires- he encontrado cartas muy interesantes al respecto. Entre otras, una donde, al conocerse el resultado de la batalla de Curupaytí, donde mueren cerca de 9.000 soldados argentinos, López Jordán lo festeja con las palabras "¡hip, hip, hurra!".
Asociación "Justo José de Urquiza"
Concordia (E.R.)


