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La campaña de Romney se tambalea

Info9/18/2012


La campaña de Romney se tambalea

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[ JORDI PÉREZ COLOMÉ ]


Jordi Pérez Colomé (Barcelona, 1976) es periodista. Ha escrito tres libros: Adiós, Gongtan, En la campaña de Obama y Cómo escribir claro, y ha coeditado otro: Microperiodismos. Es director de El Ciervo. Ha ganado el premio José Manuel Porquet de periodismo digital 2012. Este blog se ocupa de Barack Obama, de Estados Unidos y de su influencia en el mundo.

Quedan 49 días para las elecciones del 6 de noviembre. Obama va ganando: tiene una ventaja pequeña pero firme en encuestas nacionales y un poco mayor en los estados clave. Nada está decidido, pero en la campaña de Romney hay más nervios que en la del presidente.

Salvo sorpresas -como la muerte del embajador en Libia- Romney solo tiene dos cartuchos para dar un vuelco: los tres debates de octubre -el primero es el día 3- y muchos millones para anuncios. Son recursos limitados. Pero el problema de Romney es otro. Su campaña no puede permitirse errores. Pero el lunes salieron a la luz dos sorpresas.

El discurso de Stevens. Politico publicó una exclusiva: “Cómo tropezó la campaña de Romney”. Era la historia del discurso de la convención republicana, el más importante de la vida política de Mitt Romney.

Su principal estratega, Stuart Stevens, lo encargó primero a un asesor de los tres últimos presidentes republicanos. Había allí esta frase buena: “El presidente actual intenta rebajar las expectativas de nuestro país al nivel penoso de sus logros. Solo ganará si os conformáis”.

Luego, ocho días antes de la convención, Stevens pidió a dos escritores de discursos del presidente Bush hijo que hicieran un discurso nuevo. Tampoco lo usaron y se optó por usar solo un párrafo de la segunda pieza y Romney pronunció uno que habían escrito él y Stevens. Con las prisas, apenas hubo tiempo para ensayar.

La historia de Politico ofrece más roces de los miembros de la campaña con Stevens. Las peleas entre los egos de una campaña son habituales, pero cuando salen al público es que alguien intenta ya protegerse de la derrota.

El vídeo del 47 por ciento. El segundo desastre del lunes de Romney fue un vídeo grabado con cámara oculta reunido por la revista Mother Jones. La grabación estaba colgada a trozos desde antes del verano. En una sorprendente ironía, fue un nieto del presidente Jimmy Carter quien descubrió los pedazos y los puso en manos de Mother Jones. (La campaña de Romney ha comparado a menudo Obama con Carter, que perdió contra Reagan en 1980 tras solo un mandato.)






En el vídeo Romney habla a un grupo de personas que pagó 50 mil dólares por asistir en Boca Ratón, Florida. El anfitrión es Mark Leder, un financiero célebre por alguna orgía. No hay prensa y charla con franqueza, sin guión.

Habla de un 47 por ciento de gente que tiene perdidos porque son pobres y votarán a Obama para que les conserve los programas del gobierno en los que confían para vivir y ni siquiera pagan impuestos: “Hay un 47 por ciento que están con él, que dependen del gobierno, que creen que son víctimas, que creen que el gobierno tiene la responsabilidad de cuidarles, que creen que tienen derecho a sanidad, a comida, a una casa, a lo que sea”.

Además, daba por perdida a la mitad del país: “Nunca les convenceré de que deberían cuidar y asumir responsabilidad personal por sus vidas”. Los demócratas en seguida le atacaron por aquí: el presidente debe serlo de todos igual.

El primer problema para Romney es que con esto se dejará de hablar durante algunos días de Obama para centrarse en él. Segundo, el discurso no es preciso: buena parte de esa gente paga impuestos cuando cobra su salario, aunque la renta les sale negativa porque ingresan demasiado poco.

En este grupo hay muchos blancos de clase media baja que han sido un apoyo sólido de los republicanos en las últimas elecciones; si Romney pierde a algunos, sería su fin. Además, este 47 por ciento vive sobre todo en estados muy republicanos. La teoría de que son demócratas y votan demócrata en masa es endeble.





Tercero, otra parte de ese 47 por ciento son jubilados que ya cotizaron en su día y por tanto ahora ya no pagan impuestos. Entre los dos, suman un 83 por ciento de ese 47. El resto sí que vive del gobierno. El problema del vídeo es que confirma una acusación de la campaña de Obama: que debido a su vida acomodada y sus millones, Romney no entiende cómo sufre la gente normal.

De madrugada en España, Romney hace una declaración para frenar el descalabro. Ha dicho que a pesar de que no estaba “elegantemente expresado”, que “improvisaba”, pero ha insistido en que es “algo de lo que hablo mucho en mítines y discursos”. Tenía que hacerlo, pero el impacto no se reducirá mucho. Incluso tras salir Romney a hablar, y como curiosidad, Fox aún no ha dado nada de este asunto.

Es cierto que hay millones de americanos que creen que muchos viven gratis, sin trabajar (la diferencia está en cuántos son exactamente). Muchos conservadores creen que si Romney habla así de claro en público, ganará votos.

Es una apuesta arriesgada. Sobre todo para un candidato que ha confiado en mantenerse a la defensiva y dejar que la crisis y la gestión del presidente le dieran la presidencia. Hasta hace dos semanas, las encuestas le daban la razón: iban empatados. Pero ahora va perdiendo. ¿Qué ha pasado?

Qué ha pasado. A final de agosto, llegaron las convenciones, que es donde cada partido nomina a su candidato a presidente. Es un show y es la inauguración tradicional de la campaña presidencial.

Era el primer gran momento nacional de Mitt Romney y el discurso más recordado fue de Clint Eastwood. Se habló mucho de posibles estrellas presidenciales para 2016 -Chris Christie, Marco Rubio, Condoleezza Rice. La convención republicana no fue un éxito y no hizo saltar en las encuestas a Romney.

Pero la demócrata, sí. Michelle Obama y Bill Clinton impulsaron a un discreto Obama en las encuestas. La ventaja que sigue ha hecho que la estrategia de dejar que los americanos votaran a Obama como en un referéndum se esfumaba. Ahora es una elección: Obama o Romney. Los votantes que dudaban de repente confiaban más en el presidente. ¿Qué hacer?

Hay que cambiarlo todo. En los últimos días -más el lunes con la historia de Politico, y lo que vendrá- las señales desde la campaña de Romney han sido de cambiar. Había que dar más detalles sobre qué se hará y cómo. A estas alturas no es fácil. Uno de los principales flancos que Romney ha dejado abiertos es su plan para mejorar la economía. Los número no se sostienen.

Romney dice que bajará la presión fiscal un 20 por ciento: los que más pagan pasarán del 35 actual a un 28 por ciento. Además, promete que ese recorte no incrementará el déficit; lo logrará cerrando desgravaciones y agujeros fiscales. Finalmente, insiste que no subirá los impuestos a la clase media. Hacer estas tres cosas a la vez es imposible.

No hay suficientes agujeros fiscales para cubrir la rebaja fiscal sin subir los impuestos. Aquí un economista da una solución: el plan de Romney funcionaría si sube los impuestos a los que ganan más de 100 mil dólares (un 21 por ciento de los americanos). Obama propone en cambio subírselo solo a los que ganan más de 250 mil (sin bajárselo al resto).

No es una buena comparación para Romney. La falta de concreción de Romney permite a Obama tomar un estudio que dice que ese plan es irrealizable sin subir 2 mil dólares de impuestos a la clase media. Romney lo niega, pero no da alternativas claras. Obama sigue con sus anuncios imprecisos, pero no mentirosos.

Tampoco hay detalles de recortes. Otro gran eslogan del Partido Republicano es equilibrar el presupuesto y reducir el déficit drásticamente. El plan más cercano a algo concreto es la propuesta del candidato a vicepresidente, Paul Ryan. Su presupuesto recorta 897 mil millones de gasto público. Pero no dice de dónde.

Los republicanos han prometido no tocar defensa ni la sanidad para jubilados -Medicare. Los programas que quedan no son los de los pobres: muchos afectan a la clase media (seguridad alimentaria, educación, seguridad). De nuevo, no hay detalles específicos.

El cambio de Romney será dar más datos, dice su campaña. Hablará más de su plan para hacer una clase media más fuerte. Son cinco puntos: independencia energética, cambios educativos, reducción del déficit, ayuda para las pequeñas empresas y comercio más libre. De momento, este anuncio es nuevo, más directo y uno de los mejores que ha sacado.






Es algo, pero no será suficiente. Este de Obama, que además enlaza a Romney con Bush, es más eficaz.





Las elecciones, por suerte para Romney, no son mañana. Pero necesitará algo más.


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