Sobre como tener buen sexo
LIA siempre ha estado a la vanguardia. Como un primordial sapo idiota que en vez de evolucionar se lanza a un volcán en erupción para combatir el calor, LIA renovó su funcionalidad más de una vez, para hacerla cada vez más incómoda e incompleta. A su vez, pasó de tener cuatro autores semi-constantes a uno solo, que como un soldado atrincherado, vive en perpetua paranoia una guerra que ya terminó hace rato, y de vez en cuando manda una carta llena de chistes de pijas.
Recientes censos (agregué como 10 minitas en Facebook) indican que hay más concentración de pendejos en un grupo de LIA que en el jabón de las duchas de Los Pumas. ¿Pero por que no, al menos para variar, hablarle a ese público? Como la vida me encuentra soltero (y bien se sabe que cuando yo estoy con la banderita arriba “no la pongo más”, como dicen los chicos), y como no me van a dejar de leer los pibe’, entonces voy a instruirlos en un futuro sexual pleno. Porque si no voy a coger, al menos voy a hablar de ello, carajo.
No voy a dar instrucciones, a esta altura ya saben en que secciones se divide el sexo, y todos conocemos más o menos las mismas cosas que se pueden hacer. Lo que voy a hacer es darle tres oraciones, y luego expandir la idea por varias páginas cada una, porque lo mio es una capacidad de síntesis pocas veces vista. Quizas con estas ideas algún que otro joven se encuentre mejor preparado para su próxima experiencia, aunque crea que la tiene clara.
"Lord Oscuro no necesita tus consejos, pero te permite continuar porque su jugo de fresa lo satisface."
Cosa Uno: Entender que los cuerpos de cada sexo son diferentes.
El hombre y la mujer viven su sexualidad de una manera completamente diferente. Y no pasa porque uno “la pone” y la otra “recibe”. Las particularidades de cada sexo trabajan, en un nivel metabólico tanto como místico, si se quiere, en formas tán dispares como maravillosas. Es como comparar una Dreamcast (en su año de salida), con una Nintendo DS. Ahí volvieron unos cuantos que se perdieron en la oración anterior.
Pónganse a pensar en como son nuestros genitales, en su observación más obvia. El hombre tiene la garcha ahí colgando. A veces se tira para un lado, a veces para otro. Un par de testículos, el izquierdo ligeramente más bajo, cuelgan de una bolsa de piel. Listo. Desde pequeños, esta protuberancia y portahuevos nos fascina, y por largo tiempo nos pasamos tocando la pinchila y experimentando con reacciones. A ver que onda. Luego llega la adolescencia y a lo largo de los años exploramos todas las opciones que involucran una pija. Nos miramos la verga con el espejo del baño. Es más grande vista así, y sonreímos. Comparamos, secretamente o no, con nuestros compañeros. Y nos tocamos como locos de pabellón después de la sidra de Año Nuevo. El adolescente se toca, y quien no lo haga, está haciendo algo mal. ¿Está aburrido? Sale paja. ¿Está enojado? Sale paja (esa costumbre algunos todavía la tenemos, cada vez que vuelvo del banco enfilo al baño). ¿No pasa nada en particular? Paja porque pintó. Y ni hablar de si hay CUALQUIER estímulo alrededor.
Eso que se escucha son cientos de sillas corriendose y pibes yendo a buscar las toallas de papel.
Al llegar a la joven adultez, el muchacho promedio conoce tanto a su chota que siempre que piden una pizza ní le pregunta de que va a querer.
La mujer vive una realidad diferente. Depende de su crianza y cuantos libros de psicología tenga a mano la madre, la exploración infantil de la niña ante la realidad de que tiene una concha y que loco lo que me pasa, muchas veces se ve reprendida. Si no lo hace el entorno, la sociedad o la religión, lo hace el entorno, porque si no puede de primera trata de nuevo. Por más que la niña, luego en su adolescencia, explore su cuerpo de una manera que trato de no imaginar porque me pongo gomozo, lo más probable es que nunca se haya visto la cajeta. Piénsenlo un toque.
Yo he visto documentales sobre aquellos institutos o programas que ayudan a la mujer a liberar su sexualidad. Ya sea en la vida real o en la parodia, alguna vez hemos visto algo así. Y siempre arrancan dándole un espejo de mano a la mujer, para que se mire la argolla. Y me resultaba ridículo. Pero estaba pensando como alguien que, quiera o no, se ve la garcha desde chico cada vez que va a mear, se ducha, o está en el ascensor y el viaje es largo. La mujer promedio, creo yo, no se pone frente a un espejo con las gambas abiertas y se observa la maraña como si estuviese viendo NatGeo. El solo hecho de que exista esta práctica y que, de hecho, sea algo muy positivo, podría ser suficiente para ilustrar mi punto sobre la diferencia genital en los sexos. Pero me animo a más.
El hombre, además de ser el confidente de su chota, sabe como hacerse bien desde chico. Desde los 12 a los 18 no hacemos más que pasar por todas las formas posibles de masturbación conocidas y hasta inventamos un par más. No varía mucho, porque la cosa es muy simple: hay una chota, es sensible acá y allá, y podés probar varias formas de manejarla pero el resultado final es el mismo: un crescendo de segundos, una detonación de placer, y ganas de comer una napo con jamón. Los lectores atentos adivinarán que es el mismo gusto que le gusta a mi chota. Pero él se come las aceitunas.
La mujer, en contrapartida, puede tener varios tipos de orgasmos, que “vienen” de diferentes lados. Tenés el vaginal, el clitorial, y el más loco de todo, el orgasmo del Punto G.
El Punto G, es una misteriosa parte del cuerpo femenino que siempre fue protagonista de debates. Los hombres escuchamos que “es un lugar re loco de la mujer que si le mandás los garfios se va a cagar de la emoción”. Es una visión un tanto distorsionada y juvenil, pero no le erra por mucho. Lo cierto es que toda mujer tiene en su pared anterior del conducto vaginal, una zona que no parece distinta a todo lo que la rodea, pero correctamente estimulada, puede darle una sensación de éxtasis inigualable. En algunas mujeres la zona es más grande o más chica, incluso se dice que algunas no tienen. Hay que entender que las investigaciones sobre el Punto G arrancaron en 1981 (el año de mi nacimiento. ¿COINCIDENCIA?), y por lo tanto los propios científicos no se ponen de acuerdo, ya que el mayor argumento para sostener cada premisa es “Preguntale a tu mujer, bolsa de cuernos”.
La estimulación del punto G se puede lograr con un dedo, típicamente el medio, introduciéndolo en la vagina y haciendo como haría un índice cuando le indica a alguien “veni acá”. En algunos sectores denominan a tal práctica el “rascame el topun”, pero mantengamos la elegancia. Otra forma de estimular el lugar es con la chota, si el ángulo, la posición de ambos, y las dimensiones de los involucrados lo hace una realidad. Y acá se pone interesante, así que presten atención. Dejen de laburar un rato que total hace 2 páginas que no levantan el teléfono.
El punto G, al ser estimulado, se agranda. Hace otras cosas “tras bambalinas”, pero físicamente se ensancha y empuja la pared de la vejiga. Este empuje le dispara a la mujer una sensación de “me estoy meando MAL”, mas allá de si tiene orina que liberar o no. Es normal entonces que cuando pasa esto, la mayoría de las mujeres interrumpa al tipo, pensando que le está taladrando la vejiga y que si no para se va a mear. Si la mujer tiene la vejiga vacía, algo muy simple de lograr con solo ir a mear antes, no hay ningún peligro. Pero como se siente IGUAL que cuando te estás meando, ¿Como no van a frenar? Sumemosle a esto que muchas mujeres, en algún momento de su vida, sufren una infección urinaria. Este “me meo” del punto G, algunas mujeres han reportado, se siente incluso similar a la molestia de cuando tuvieron una IU. ¿A algún hombre le han dicho que frene un toque porque la mina sentía algo así, o incluso fue a mear y mencionó que al final no se meaba? Sep, se perdieron flor de evento.
Entonces, si yo te digo “mirá, vas a sentir MUCHO hambre de repente, mal, pero no es hambre, es que estás por acabar” me vas a decir cosas feas y probablemente te sientas insultado por pretender que conozco algo de tu cuerpo que no sabías. Es por ello que la mayoría de las mujeres que llegan al umbral del orgasmo puntogeano no lo pasan, porque tienen que, al contrario de toda lógica, olvidarse que se están meando y de tamaña molestia, para entregarse por completo a lo que su cuerpo les está diciendo. En este caso es “DEJATE DE JODER HIJA DE PUTA QUE ACÁ ESTÁ TODO JAMÓN”. Las mujeres que logran ese nivel necesario de “me chupa todo un huevo”, luego reportan orgasmos diferentes a todo lo que conocían antes. En algunos, pocos, casos (3% a 10%), logran la “eyaculación femenina”. Es irónico porque muchas de estas pocas mujeres que logran tal acabada, piensan que se mearon, la primera vez que les ocurre. Pero no, es una secreción que sale de las paredes de la vagina y que no se sabe muy bien para que es. Personalmente, creo que es un regalo de dios, no tanto para la mujer, sino para el tipo que está en el lado receptor de tal acabada, que luego va a ir derechito al bar a contarles a los pibes.
En resumen, para que la mujer tenga un orgasmo de punto G, que posiblemente sea el mejor jamás vivido, tiene que tener a alguien que encuentre y sepa estimular su G-Spot, relajarse a tal punto de poder entregarse a lo que viene, suprimir el condicionamiento mental y olvidarse de que en teoría se está meando, e incluso si lo logra, tiene que chuparle un huevo que capaz va a tirar un chorro de algo que ni sabía que podía excretar, cosa que al novio seguramente le fascine, pero va a mojar la cama y total la boluda que lava las sabanas soy yo. Es por eso que muchas mujeres que se inician en esto, primero experimentan a solas, en la ducha o poniendo una toallita en la cama. Cuanto más práctica hay, cuanto mejor se conocen estas sensaciones, más fácil es generarlas y disfrutarlas. Tu hermana practica desde los 8.
En contrapartida el hombre puede tener el mejor orgasmo de su vida un día que vuelve borracho y engancha un recital de Alizée.
"Sale"
En realidad, el hombre tiene un equivalente al orgasmo del Punto G. La estimulación directa de la próstata no solo te hace acabar al toque, se siente como si dinamitaran una represa. Curiosamente, la única manera de llegar a la próstata es por via anal, según estudios: “Porque dios es un forro” [citation needed]. Dado que tengo más de un caso de hemorroides en mi haber, nunca permití que alguien me cole un garfio, aunque increíblemente, han tratado. Pero tengo amigos que dicen que está más bueno que saltar y al caer hacer explotar un mini-tetra de jugo.
Así que la próxima vez que tengas sexo, considerá estas diferencias, respetalas, y gozalas que el asunto es divertido justamente por eso.
Si sos gay, considerá estas diferencias igualdades, respetalas, y gozalas que el asunto es divertido justamente por eso todo lo contrario, o algo así. Fa, soy un genio.
LIA siempre ha estado a la vanguardia. Como un primordial sapo idiota que en vez de evolucionar se lanza a un volcán en erupción para combatir el calor, LIA renovó su funcionalidad más de una vez, para hacerla cada vez más incómoda e incompleta. A su vez, pasó de tener cuatro autores semi-constantes a uno solo, que como un soldado atrincherado, vive en perpetua paranoia una guerra que ya terminó hace rato, y de vez en cuando manda una carta llena de chistes de pijas.
Recientes censos (agregué como 10 minitas en Facebook) indican que hay más concentración de pendejos en un grupo de LIA que en el jabón de las duchas de Los Pumas. ¿Pero por que no, al menos para variar, hablarle a ese público? Como la vida me encuentra soltero (y bien se sabe que cuando yo estoy con la banderita arriba “no la pongo más”, como dicen los chicos), y como no me van a dejar de leer los pibe’, entonces voy a instruirlos en un futuro sexual pleno. Porque si no voy a coger, al menos voy a hablar de ello, carajo.
No voy a dar instrucciones, a esta altura ya saben en que secciones se divide el sexo, y todos conocemos más o menos las mismas cosas que se pueden hacer. Lo que voy a hacer es darle tres oraciones, y luego expandir la idea por varias páginas cada una, porque lo mio es una capacidad de síntesis pocas veces vista. Quizas con estas ideas algún que otro joven se encuentre mejor preparado para su próxima experiencia, aunque crea que la tiene clara.
"Lord Oscuro no necesita tus consejos, pero te permite continuar porque su jugo de fresa lo satisface."
Cosa Uno: Entender que los cuerpos de cada sexo son diferentes.
El hombre y la mujer viven su sexualidad de una manera completamente diferente. Y no pasa porque uno “la pone” y la otra “recibe”. Las particularidades de cada sexo trabajan, en un nivel metabólico tanto como místico, si se quiere, en formas tán dispares como maravillosas. Es como comparar una Dreamcast (en su año de salida), con una Nintendo DS. Ahí volvieron unos cuantos que se perdieron en la oración anterior.
Pónganse a pensar en como son nuestros genitales, en su observación más obvia. El hombre tiene la garcha ahí colgando. A veces se tira para un lado, a veces para otro. Un par de testículos, el izquierdo ligeramente más bajo, cuelgan de una bolsa de piel. Listo. Desde pequeños, esta protuberancia y portahuevos nos fascina, y por largo tiempo nos pasamos tocando la pinchila y experimentando con reacciones. A ver que onda. Luego llega la adolescencia y a lo largo de los años exploramos todas las opciones que involucran una pija. Nos miramos la verga con el espejo del baño. Es más grande vista así, y sonreímos. Comparamos, secretamente o no, con nuestros compañeros. Y nos tocamos como locos de pabellón después de la sidra de Año Nuevo. El adolescente se toca, y quien no lo haga, está haciendo algo mal. ¿Está aburrido? Sale paja. ¿Está enojado? Sale paja (esa costumbre algunos todavía la tenemos, cada vez que vuelvo del banco enfilo al baño). ¿No pasa nada en particular? Paja porque pintó. Y ni hablar de si hay CUALQUIER estímulo alrededor.
Eso que se escucha son cientos de sillas corriendose y pibes yendo a buscar las toallas de papel.
Al llegar a la joven adultez, el muchacho promedio conoce tanto a su chota que siempre que piden una pizza ní le pregunta de que va a querer.
La mujer vive una realidad diferente. Depende de su crianza y cuantos libros de psicología tenga a mano la madre, la exploración infantil de la niña ante la realidad de que tiene una concha y que loco lo que me pasa, muchas veces se ve reprendida. Si no lo hace el entorno, la sociedad o la religión, lo hace el entorno, porque si no puede de primera trata de nuevo. Por más que la niña, luego en su adolescencia, explore su cuerpo de una manera que trato de no imaginar porque me pongo gomozo, lo más probable es que nunca se haya visto la cajeta. Piénsenlo un toque.
Yo he visto documentales sobre aquellos institutos o programas que ayudan a la mujer a liberar su sexualidad. Ya sea en la vida real o en la parodia, alguna vez hemos visto algo así. Y siempre arrancan dándole un espejo de mano a la mujer, para que se mire la argolla. Y me resultaba ridículo. Pero estaba pensando como alguien que, quiera o no, se ve la garcha desde chico cada vez que va a mear, se ducha, o está en el ascensor y el viaje es largo. La mujer promedio, creo yo, no se pone frente a un espejo con las gambas abiertas y se observa la maraña como si estuviese viendo NatGeo. El solo hecho de que exista esta práctica y que, de hecho, sea algo muy positivo, podría ser suficiente para ilustrar mi punto sobre la diferencia genital en los sexos. Pero me animo a más.
El hombre, además de ser el confidente de su chota, sabe como hacerse bien desde chico. Desde los 12 a los 18 no hacemos más que pasar por todas las formas posibles de masturbación conocidas y hasta inventamos un par más. No varía mucho, porque la cosa es muy simple: hay una chota, es sensible acá y allá, y podés probar varias formas de manejarla pero el resultado final es el mismo: un crescendo de segundos, una detonación de placer, y ganas de comer una napo con jamón. Los lectores atentos adivinarán que es el mismo gusto que le gusta a mi chota. Pero él se come las aceitunas.
La mujer, en contrapartida, puede tener varios tipos de orgasmos, que “vienen” de diferentes lados. Tenés el vaginal, el clitorial, y el más loco de todo, el orgasmo del Punto G.
El Punto G, es una misteriosa parte del cuerpo femenino que siempre fue protagonista de debates. Los hombres escuchamos que “es un lugar re loco de la mujer que si le mandás los garfios se va a cagar de la emoción”. Es una visión un tanto distorsionada y juvenil, pero no le erra por mucho. Lo cierto es que toda mujer tiene en su pared anterior del conducto vaginal, una zona que no parece distinta a todo lo que la rodea, pero correctamente estimulada, puede darle una sensación de éxtasis inigualable. En algunas mujeres la zona es más grande o más chica, incluso se dice que algunas no tienen. Hay que entender que las investigaciones sobre el Punto G arrancaron en 1981 (el año de mi nacimiento. ¿COINCIDENCIA?), y por lo tanto los propios científicos no se ponen de acuerdo, ya que el mayor argumento para sostener cada premisa es “Preguntale a tu mujer, bolsa de cuernos”.
La estimulación del punto G se puede lograr con un dedo, típicamente el medio, introduciéndolo en la vagina y haciendo como haría un índice cuando le indica a alguien “veni acá”. En algunos sectores denominan a tal práctica el “rascame el topun”, pero mantengamos la elegancia. Otra forma de estimular el lugar es con la chota, si el ángulo, la posición de ambos, y las dimensiones de los involucrados lo hace una realidad. Y acá se pone interesante, así que presten atención. Dejen de laburar un rato que total hace 2 páginas que no levantan el teléfono.
El punto G, al ser estimulado, se agranda. Hace otras cosas “tras bambalinas”, pero físicamente se ensancha y empuja la pared de la vejiga. Este empuje le dispara a la mujer una sensación de “me estoy meando MAL”, mas allá de si tiene orina que liberar o no. Es normal entonces que cuando pasa esto, la mayoría de las mujeres interrumpa al tipo, pensando que le está taladrando la vejiga y que si no para se va a mear. Si la mujer tiene la vejiga vacía, algo muy simple de lograr con solo ir a mear antes, no hay ningún peligro. Pero como se siente IGUAL que cuando te estás meando, ¿Como no van a frenar? Sumemosle a esto que muchas mujeres, en algún momento de su vida, sufren una infección urinaria. Este “me meo” del punto G, algunas mujeres han reportado, se siente incluso similar a la molestia de cuando tuvieron una IU. ¿A algún hombre le han dicho que frene un toque porque la mina sentía algo así, o incluso fue a mear y mencionó que al final no se meaba? Sep, se perdieron flor de evento.
Entonces, si yo te digo “mirá, vas a sentir MUCHO hambre de repente, mal, pero no es hambre, es que estás por acabar” me vas a decir cosas feas y probablemente te sientas insultado por pretender que conozco algo de tu cuerpo que no sabías. Es por ello que la mayoría de las mujeres que llegan al umbral del orgasmo puntogeano no lo pasan, porque tienen que, al contrario de toda lógica, olvidarse que se están meando y de tamaña molestia, para entregarse por completo a lo que su cuerpo les está diciendo. En este caso es “DEJATE DE JODER HIJA DE PUTA QUE ACÁ ESTÁ TODO JAMÓN”. Las mujeres que logran ese nivel necesario de “me chupa todo un huevo”, luego reportan orgasmos diferentes a todo lo que conocían antes. En algunos, pocos, casos (3% a 10%), logran la “eyaculación femenina”. Es irónico porque muchas de estas pocas mujeres que logran tal acabada, piensan que se mearon, la primera vez que les ocurre. Pero no, es una secreción que sale de las paredes de la vagina y que no se sabe muy bien para que es. Personalmente, creo que es un regalo de dios, no tanto para la mujer, sino para el tipo que está en el lado receptor de tal acabada, que luego va a ir derechito al bar a contarles a los pibes.
En resumen, para que la mujer tenga un orgasmo de punto G, que posiblemente sea el mejor jamás vivido, tiene que tener a alguien que encuentre y sepa estimular su G-Spot, relajarse a tal punto de poder entregarse a lo que viene, suprimir el condicionamiento mental y olvidarse de que en teoría se está meando, e incluso si lo logra, tiene que chuparle un huevo que capaz va a tirar un chorro de algo que ni sabía que podía excretar, cosa que al novio seguramente le fascine, pero va a mojar la cama y total la boluda que lava las sabanas soy yo. Es por eso que muchas mujeres que se inician en esto, primero experimentan a solas, en la ducha o poniendo una toallita en la cama. Cuanto más práctica hay, cuanto mejor se conocen estas sensaciones, más fácil es generarlas y disfrutarlas. Tu hermana practica desde los 8.
En contrapartida el hombre puede tener el mejor orgasmo de su vida un día que vuelve borracho y engancha un recital de Alizée.
"Sale"
En realidad, el hombre tiene un equivalente al orgasmo del Punto G. La estimulación directa de la próstata no solo te hace acabar al toque, se siente como si dinamitaran una represa. Curiosamente, la única manera de llegar a la próstata es por via anal, según estudios: “Porque dios es un forro” [citation needed]. Dado que tengo más de un caso de hemorroides en mi haber, nunca permití que alguien me cole un garfio, aunque increíblemente, han tratado. Pero tengo amigos que dicen que está más bueno que saltar y al caer hacer explotar un mini-tetra de jugo.
Así que la próxima vez que tengas sexo, considerá estas diferencias, respetalas, y gozalas que el asunto es divertido justamente por eso.
Si sos gay, considerá estas diferencias igualdades, respetalas, y gozalas que el asunto es divertido justamente por eso todo lo contrario, o algo así. Fa, soy un genio.