Taringueros, comparto con ustedes este relato de mi autoría. (Aclaración: NO es un chiste escrito, es un cuento o relato humorístico)Que lo disfruten!
El capitán Sören McKagan estaba nervioso.Esa noche no durmió, porque estaba nervioso. Llenó, encendió y quemó cinco veces su pipa, porque estaba nervioso. Maltrataba a su loro, porque estaba nervioso. Estaba muy nervioso.
Tenía que tomar una decisión urgente. Para ello, estuvo toda la noche con el compás, las cartas de navegación, la brújula y los sensores meteorológicos, midiendo, calculando, hablando por el radio y rumiando. Por la mañana, salió de su camarote y fué a cubierta, donde reunió a la tripulación del "S.S.Chaggart".
Fuertes vientos provenían del norte, pero la ruda tropa no se amilanó.
-Marineros, se viene una tormenta muy fuerte...
-Mala suerte -interrumpió el grumete Kirk- y yo no traje mi paraguas.
-Lo que quiero decir -continuó el Capitán mientras abofeteaba al grumete Kirk- es que debemos tomar medidas urgentes para que no nos tome desprevenidos. Necesito que uno de ustedes suba al palo mayor y me diga qué es lo que ve. Pero no puede ser cualquiera. Debe tratarse de alguien de contextura fuerte y resistente.
El marinero O´brien, fornido y bravo, fué el primero en ofrecerse. McKagan sonrió satisfecho.
O´Brien subió al palo mayor y gritó:
-¡No veo nada en especial, Capitán McKagan!
-¡Sigue mirando, muchacho! ¡Sube más!
O´Brien subió más. Pero el fuerte viento del norte hizo que el barco se balanceara violentamente. Esto, sumado al peso del tripulante en la punta del palo mayor, provocó una peligrosa inclinación del navío. O´Brien quiso sostenerse, pero el palo estaba más engrasado que de costumbre en su cúspide.
El fortachón no resistió, sus manos resbalaron y cayó al mar.
No alcanzaron a gritar "Hombre al agua", que se lo comió un tiburón que por allí pasaba. Casi podría decirse que lo cazó en el aire al pobre O Brien.
-No os preocupeis -tranquilizó el Capitán a la desesperada tripulación- que ya está resuelto. Para la tormenta estamos bien preparados. Lo que me preocupaba era el sobrepeso del barco. Y las provisiones. Y la solución era sacarnos de encima a este animal que comía como una lima de estreno. Por suerte, lo que teía de grandote, lo tenía de mastuerzo.
Luego de esta hazaña, y de otras similares, el Capitán Sören McKagan fue nombrado Jefe de Personal en esa misma companía pesquera...