
La decisión del Gobierno nacional de entregar una mensualidad de 600 pesos a jóvenes que no estudian ni trabajan, con el objeto de que se comprometan a formarse, ha sido saludada por una parte del espectro político y cuestionada por la parte restante (siempre y cuando se considere que existe algo llamado “espectro político” y que está dividido en dos). Pero lo que no se esperaba es que esta medida, que beneficiaría a un millón y medio de los llamados ni-ni, sería criticada por los propios destinatarios. “Todo bien, gato, con que nos regalen guita, pero los 600 pesitos de la mensualidad no dan ni para cinco dosis de paco berreta”, afirma un habitante del Conurbano que prefiere no revelar su nombre y, mucho menos, su número de documento. “Así no vamos a ningún lado”, agrega, visiblemente molesto y con los ojos rojos por el encono. “Con esa plata te podés empedar una semanita, no más; ¿qué hacés durante el resto del mes, papá?”, inquiere otro ni-ni. El senador radical Ernesto Sanz, por su parte, se mostró de acuerdo con el testimonio del joven ni-ni aunque, aclaró, “es probable que de tanto darle a la canaleta de la droga y el juego, estos pibes terminen diciendo cualquier cosa”.