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Usuario (Argentina)
“Todos tenemos algún tipo de hobby, y el mío es coleccionar ventiladores”, dice Norberto Oyarbide, juez federal de la Ciudad de Buenos Aires desde 1994. “No sé a qué atribuirlo, me gusta”, explica. Y agrega: “Tengo decenas, de todas las épocas”, informa. Y aclara: “Y todos funcionan a la perfección, sé que los puedo prender en cualquier momento”. Relacionado a casos de fuerte repercusión mediática en los que se vieron involucrados funcionarios políticos, Oyarbide investigó a Carlos Menem, le revocó la prisión domiciliaria a Jorge Rafael Videla, encabezó la causa de la mafia de los medicamentos, el caso Skanska, estuvo a cargo de la denuncia hacia Martín Redrado “por incumplimiento de funcionario público” y también del espionaje en el gobierno de Mauricio Macri. “Sí, pero igual mi hobby no tiene necesariamente que ver con mi profesión”, advierte el magistrado. Cuestionado por su aparente oficialismo con cada gobierno de turno y con varias denuncias ante el Consejo de la Magistratura, Oyarbide ha vuelto a protagonizar otro escándalo tras admitir que decidió interrumpir un allanamiento que había ordenado porque recibió una llamada de un alto funcionario del Poder Ejecutivo. Se trata del allanamiento a la mutual Propyme, que habría sido suspendido luego de que el subsecretario de Legal y Técnica de la Presidencia de la Nación, Carlos Liuzzi, el segundo de Carlos Zannini, lo llamara para informarle que los policías exigían coimas durante el procedimiento para frenarlo. Pero junto con el allanamiento, el magistrado habría cancelado también, sin aparentes razones, otros operativos. “Sí, bueno, todo eso puede ser o no, lo tendrá que investigar la Justicia, en la que creo fervientemente”, dice el juez. “Lo que importa acá es mi colección de ventiladores; la quise presentar a la prensa porque estoy orgulloso de ella”, sostiene. Y se pregunta: “¿Qué vínculo tiene Oyarbide con Liuzzi? ¿Qué vínculo tiene el Gobierno con esa financiera? ¿Qué valor y confiabilidad puede haber en una resolución que lleve la firma de alguien que tanto ha bastardeado el ejercicio de la magistratura? ¿Cuánto sabe Oyarbide de todos los funcionarios de este gobierno y de los anteriores? Todo eso no importa ahora, lo que importa es que todos vean mi colección”. “¿Quieren ver cómo los prendo?”, ríe, amenazante.

La decisión del Gobierno nacional de entregar una mensualidad de 600 pesos a jóvenes que no estudian ni trabajan, con el objeto de que se comprometan a formarse, ha sido saludada por una parte del espectro político y cuestionada por la parte restante (siempre y cuando se considere que existe algo llamado “espectro político” y que está dividido en dos). Pero lo que no se esperaba es que esta medida, que beneficiaría a un millón y medio de los llamados ni-ni, sería criticada por los propios destinatarios. “Todo bien, gato, con que nos regalen guita, pero los 600 pesitos de la mensualidad no dan ni para cinco dosis de paco berreta”, afirma un habitante del Conurbano que prefiere no revelar su nombre y, mucho menos, su número de documento. “Así no vamos a ningún lado”, agrega, visiblemente molesto y con los ojos rojos por el encono. “Con esa plata te podés empedar una semanita, no más; ¿qué hacés durante el resto del mes, papá?”, inquiere otro ni-ni. El senador radical Ernesto Sanz, por su parte, se mostró de acuerdo con el testimonio del joven ni-ni aunque, aclaró, “es probable que de tanto darle a la canaleta de la droga y el juego, estos pibes terminen diciendo cualquier cosa”.

El kirchnerismo cerró sus filas, Carta Abierta convocó a los intelectuales “que están con el Modelo”, La Cámpora y el Movimiento Evita preparan sus pecheras y hasta volvería Guillermo Moreno desde Roma; todo para hacer eficaz el nuevo plan gubernamental Sueldos Cuidados, que consiste en “convocar a la militancia para cuidar que los salarios no se vayan más a la m... que los precios”. El plan, que contaría con la adhesión de la CGT oficialista liderada por Antonio Caló, sería anunciado por el propio ministro de Trabajo, Carlos Tomada, en las próximas horas, luego de que, desde varios frentes, el Gobierno intentara contener las ambiciones sindicales en las paritarias que se vienen; intentos que el titular de la bancada oficialista en el Senado, Miguel Ángel Pichetto, hizo explícitos al pedir que los reclamos por subas en los salarios “no superen el 20 por ciento”. Una fuente cercana a la jefatura de Gabinete explicó los fundamentos de Salarios Cuidados: “Una vez que el dólar se fue a la m... y los precios al c..., vamos viendo si podemos cuidar que no suban tanto los sueldos”. La militancia, mientras tanto, se prepara para “ponerle el pecho al modelo nacional y popular y poner lo que haga falta para que no suban los sueldos, si es necesario”.