MI MAMA ES UN BARRABRAVA
Es a partir de nuestra experiencia de lo cotidiano que se da forma a nuestra vida, nuestro proceder y el pensar. Las interpretaciones que hagamos del pesado y las expectativas que pongamos en el futuro.
Es asi, como quienes poseen un padre cirujano y están condenados a soportar que en todas las cenas se hable del páncreas, el apéndice o del transplante de cornea. O como aquel otro, que es hijo de un abogado, convive con historias de señoras mayores que se caen en los colectivos, de peatones que pisan una baldosa floja y se sacan la cadera de lugar, o de referís que demandan a sus jueces de línea. A todos, mas allá de la profesión que tengan sus padres, consideren dichosos, pues quien les habla cuenta con la peor de las historias familiares. Mi vieja es un barrabrava.
Desde los primeros recuerdos que poseo de mi existencia, es que convivo con situaciones que se caracterizan por tu alto octanaje traumático. Todo gracias a que mi mamá Silvia, supo ser en su juventud parte de la barrabrava de Almirante Brown. Afianzándose como numero dos en el podio de los líderes de la misma, solamente por debajo del negro "molleja", capo indiscutible de la barra, recordado por su proeza de haber golpeado a un granadero con un teléfono semi publico. Mi infancia fue escenario de incontables situaciones que tuvieron a mi vieja, y su violencia verborragica como protagonista.
Y si de profesionalismo se habla, Silvia era de ese tipo de personas que llevan el trabajo a su casa. Simplemente no pueden desconectarse.
De mis primeros meses de vida tengo recuerdos como imágenes nebulosas e inestables, pero sin embargo me parece estar viendo hoy mismo aquella damajuana con la que mi mama me daba la leche todas las tardes mientras en el televisor veíamos la campaña de Ferrocarril Oeste campeón en 1983. Oh, ¿Qué habrá sido de esa damajuana de 5 lts? ¿Y que habrá sido de Ferrocarril Oeste? Creo que nunca mas campeonó.
Pareciese que mi niñez hubiese llegado en un pestañeo, el colegio primario, mis primeros amigos, tres puntos de sutura en la frente por saltar de un colectivo que iba a 40km por hora y un tatuaje que me hizo mi mama en la pierna que dice "banfield tira tiro".
Parece ayer cuando me despertaba, con tan solo 7 años e iba a la cocina a desayunar y ahí estaba mi vieja, abriendo la mermelada con una 45 y untándola en el pan de salvado con una alpargata.
Muy pronto es que en mi vida me acostumbre a convivir con ella, a quererla como era. Al fin de cuentas es mi mamá, la que me abrigó en su vientre, me amamantó desde bebé y una vez fue a apretar a un compañerito que me robó 15 figuritas de "Brigada Cola", obligándolo a comerse una caja de 28 crayones.
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Es a partir de nuestra experiencia de lo cotidiano que se da forma a nuestra vida, nuestro proceder y el pensar. Las interpretaciones que hagamos del pesado y las expectativas que pongamos en el futuro.
Es asi, como quienes poseen un padre cirujano y están condenados a soportar que en todas las cenas se hable del páncreas, el apéndice o del transplante de cornea. O como aquel otro, que es hijo de un abogado, convive con historias de señoras mayores que se caen en los colectivos, de peatones que pisan una baldosa floja y se sacan la cadera de lugar, o de referís que demandan a sus jueces de línea. A todos, mas allá de la profesión que tengan sus padres, consideren dichosos, pues quien les habla cuenta con la peor de las historias familiares. Mi vieja es un barrabrava.
Desde los primeros recuerdos que poseo de mi existencia, es que convivo con situaciones que se caracterizan por tu alto octanaje traumático. Todo gracias a que mi mamá Silvia, supo ser en su juventud parte de la barrabrava de Almirante Brown. Afianzándose como numero dos en el podio de los líderes de la misma, solamente por debajo del negro "molleja", capo indiscutible de la barra, recordado por su proeza de haber golpeado a un granadero con un teléfono semi publico. Mi infancia fue escenario de incontables situaciones que tuvieron a mi vieja, y su violencia verborragica como protagonista.
Y si de profesionalismo se habla, Silvia era de ese tipo de personas que llevan el trabajo a su casa. Simplemente no pueden desconectarse.
De mis primeros meses de vida tengo recuerdos como imágenes nebulosas e inestables, pero sin embargo me parece estar viendo hoy mismo aquella damajuana con la que mi mama me daba la leche todas las tardes mientras en el televisor veíamos la campaña de Ferrocarril Oeste campeón en 1983. Oh, ¿Qué habrá sido de esa damajuana de 5 lts? ¿Y que habrá sido de Ferrocarril Oeste? Creo que nunca mas campeonó.
Pareciese que mi niñez hubiese llegado en un pestañeo, el colegio primario, mis primeros amigos, tres puntos de sutura en la frente por saltar de un colectivo que iba a 40km por hora y un tatuaje que me hizo mi mama en la pierna que dice "banfield tira tiro".
Parece ayer cuando me despertaba, con tan solo 7 años e iba a la cocina a desayunar y ahí estaba mi vieja, abriendo la mermelada con una 45 y untándola en el pan de salvado con una alpargata.
Muy pronto es que en mi vida me acostumbre a convivir con ella, a quererla como era. Al fin de cuentas es mi mamá, la que me abrigó en su vientre, me amamantó desde bebé y una vez fue a apretar a un compañerito que me robó 15 figuritas de "Brigada Cola", obligándolo a comerse una caja de 28 crayones.
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