Afortunadamente, de a poco las cosas se van arreglando en el fútbol argentino: los goles dudosos de equipos chicos no se cobran en la Bombostera. Hasta un metro habilitado, se considera offside en cancha de Decreto Juniors, equipo ascendido de prepo a la Primera hace más de un siglo. Entiéndanlo, muchachos: ustedes son un simple partenaire, el equipo apenas necesario para sostener el show. Da lo mismo que sean Defensa, Olimpo o Temperley. Todos tienen algo en común: no existen. Lo saben incluso los propios protagonistas. Por eso es tan meritoria la actuación de Darío Franco, gritando al borde del campo casi como si tuviera sangre, el pingüi. Impresionante.
Una pena, la alegría no puede ser completa porque un complot entre FIFA y Conmebol está tirando al bombo a Riber. Le armaron el grupo de la muerte, con los poderosos Juan Aurich y San José de Oruro. Está bien que tuvieron esa desgracia hace unos años, pero ¿toda la vida los van a cargar? Alguna vez fueron grandes, eh. Encima la cancha donde lo hicieron jugar: un potrero, impresentable. Es incomprensible que autoricen un campo así, desparejo, maltratatado: ¡arreglen el Mudomental de una vez!