La sensual doncella argoniana
Subesu Faldón: ¡Claro que no, señor! Estoy aquí para limpiar sus aposentos.
Funebrio Armo: ¿Es la única razón por la que has venido aquí, pequeña? ¿La limpieza de mis aposentos?
Subesu Faldón: No sé a qué se refiere, señor. Tan solo soy una pobre criada argoniana.
Funebrio Armo: Eso es lo que eres, cariño. Y se te da bien, por cierto. Qué piernas tan fuertes tienes, y qué bien te sienta ese faldón.
Subesu Faldón: ¡Señor, me está avergonzando!
Funebrio Armo: No temas, conmigo estás a salvo.
Subesu Faldón: Tengo que terminar de limpiar, señor. ¡La señora pedirá mi cabeza si no lo hago!
Funebrio Armo: Debes limpiar, ¿eh? Tengo un trabajito para ti. Ven, límpiame la lanza.
Subesu Faldón: ¡Pero es enorme! ¡Podría llevarme toda la noche!
Funebrio Armo: Tenemos mucho tiempo, cariño. Mucho tiempo.
FIN DEL IV ACTO, ESCENA III
ACTO VII, ESCENA II, CONTINÚA Subesu Faldón: Santos dioses, ¡menuda barra de pan! ¿Cómo va a entrar eso en mi horno?
Funebrio Armo: Esta barra no está lista para el horno, cariño. Primero hay que amasarla.
Subesu Faldón: Pues no perdamos más tiempo. ¿Cómo debo hacerlo?
Funebrio Armo: Ah, mi ingenua doncella argoniana, ¿con qué va a ser? Con las manos.
Subesu Faldón: ¿Me tengo que manchar las manos? ¿Aquí?
Funebrio Armo: Por supuesto.
Subesu Faldón: Pero... ¿y si la señora me sorprende? Esa barra está destinada a su boca.
Funebrio Armo: No temas, mi delicada flor. Ya saciaré el hambre de la señora más tarde.
Subesu Faldón: Muy bien, pero me temo que mi horno aún no está caliente. ¡Puede llevar varias horas!
Funebrio Armo: Tenemos mucho tiempo, cariño. Mucho tiempo.
A mi opinión para ser la única cosa de lectura erótica de toda skyrim me parece un poco sosa, pobres nórdicos ni revistas ni libros guarros siquiera . Si quieres un libro en especial ponlo en los comentarios.
Subesu Faldón: ¡Claro que no, señor! Estoy aquí para limpiar sus aposentos.
Funebrio Armo: ¿Es la única razón por la que has venido aquí, pequeña? ¿La limpieza de mis aposentos?
Subesu Faldón: No sé a qué se refiere, señor. Tan solo soy una pobre criada argoniana.
Funebrio Armo: Eso es lo que eres, cariño. Y se te da bien, por cierto. Qué piernas tan fuertes tienes, y qué bien te sienta ese faldón.
Subesu Faldón: ¡Señor, me está avergonzando!
Funebrio Armo: No temas, conmigo estás a salvo.
Subesu Faldón: Tengo que terminar de limpiar, señor. ¡La señora pedirá mi cabeza si no lo hago!
Funebrio Armo: Debes limpiar, ¿eh? Tengo un trabajito para ti. Ven, límpiame la lanza.
Subesu Faldón: ¡Pero es enorme! ¡Podría llevarme toda la noche!
Funebrio Armo: Tenemos mucho tiempo, cariño. Mucho tiempo.
FIN DEL IV ACTO, ESCENA III
ACTO VII, ESCENA II, CONTINÚA Subesu Faldón: Santos dioses, ¡menuda barra de pan! ¿Cómo va a entrar eso en mi horno?
Funebrio Armo: Esta barra no está lista para el horno, cariño. Primero hay que amasarla.
Subesu Faldón: Pues no perdamos más tiempo. ¿Cómo debo hacerlo?
Funebrio Armo: Ah, mi ingenua doncella argoniana, ¿con qué va a ser? Con las manos.
Subesu Faldón: ¿Me tengo que manchar las manos? ¿Aquí?
Funebrio Armo: Por supuesto.
Subesu Faldón: Pero... ¿y si la señora me sorprende? Esa barra está destinada a su boca.
Funebrio Armo: No temas, mi delicada flor. Ya saciaré el hambre de la señora más tarde.
Subesu Faldón: Muy bien, pero me temo que mi horno aún no está caliente. ¡Puede llevar varias horas!
Funebrio Armo: Tenemos mucho tiempo, cariño. Mucho tiempo.
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