En 2007 Alexandre Bustillo y Julien Maury alcanzaban el beneplácito de crítica y público en diversos festivales especializados gracias a su ópera prima A l’Interieur. Seguidamente experimentaron una larga e improductiva travesía por el desierto de Hollywood, donde perdieron la ocasión de ponerse al frente de proyectos tan, a priori, apetitosos como H2, la secuela del Halloween de Rob Zombie (que finalmente dirigiría el propio Zombie), y el remake de Hellraiser. En cuanto a la revisión del universo cenobita, por lo visto ya existía el borrador de un primer guión que fue rechazado por los productores del proyecto, quienes solicitaron a los directores galos que redujeran el contenido de violencia y adecuran su propuesta a un publico objetivo más joven (aughhhh…).
Todo este ir i venir por despachos de Hollywood derivó en un nuevo proyecto filmado en casa - Francia – y sobre el que volvían a tener control absoluto. Su título: Livide (Livid).
En su primer día como cuidadora, Lucie visita la mansión de la Sra. Jessel, una célebre bailarina de ballet clásico que agoniza, en sus últimos días de vida, postrada en una cama y conectada a una máquina de ventilación asistida. Sobre la mansión existe la leyenda de un tesoro escondido. Lucie, en compañía de su novio y el hermano de éste, deciden irrumpir en el edificio en mitad de la noche para apoderarse de dicho tesoro.
Bustillo y Maury abandonan el realismo sucio e hiperviolento de A l’Interieur (y por extensión de los principales títulos de la denominada Nouvelle Horreur Vague: Frontiere(s), Martyrs…) y se adentran de lleno en el terreno puramente fantástico con una película que ellos mismos se han cansado de repetir, sirve de homenaje a referentes míticos del género como son el giallo italiano (especialmente el cine de Dario Argento) o la escuela de la Hammer británica (soberbia la ambientación gótica de Livide, sobre todo en el tercio final de la película).
Y para llevar a cabo este particular homenaje los directores franceses han construido una película susceptible de llegar a ser una experiencia fascinante para los sentidos. Un poema visual y sonoro con capacidad hipnótica. Livide vuelve a poner de manifiesto que sus creadores son un par de superdotados a la hora crear una atmósfera de tensión y mal rollo absoluto con capacidad (sobrada) para colocar al espectador en una situación incómoda.
Secuencias sublimes como la de la joven bailarina abandonando la soledad de la mansión para dar un paseo por el jardín a plena luz del sol, o cada una de las apariciones - escalofriantes – de la bailarina sobre una caja de música; corroboran el inmenso poderío visual de este par de genios franceses.
Además no olvidan la que se ha convertido en su seña de identidad, en su imágen de marca a raiz de la que, hasta la llegada de Livide, era su única película: la violencia. Omnipresente en A l’Interieur, la violencia sigue siendo un factor importante en Livide. A pesar de no tener el peso específico que tuvo en A l’Interieur, la nueva película de Bustillo y Maury sabe explotar a la perfección los calculadísimos estallidos de violencia que adornan la trama de Livide. Una violencia nuevamente descarnada, cruel, implacable. Incluso, en ocasiones, poco acorde con el tono general de la película.
Pero (arrrghhh… un pero), desgraciadamente no todo en Livide me pareció digno de elogio. La película tiene un problema. Y en esta ocasión es un problema grave… susceptible de poner en tela de jucio el resultado final.
El guión de Livide es complicado, impreciso. Vampiros, casas encantadas, fantasmas, transmutación de almas ¿¿??… Livide es un poco de todo esto, y un mucho de nada. Cierto que resulta obvio que estamos ante una historia ligada al vampirismo (aunque nunca se mencione expresamente en la película), pero todo está contado de una forma tan vaga, tan repleta de piruetas narrativas de difícil comprensión (sobre todo en su tramo final… hubo una imagen de la casa que provocó la carcajada general del público congregado en Sitges) que, inevitablemente, el espectador (o al menos quien suscribe esta reseña) se siente, por momentos, perdido y desorientado.
No quiero engañaros. Como ya dije antes creo que es un defecto grave. El guión es la base de una buena película. Si el guión tiembla, presenta defectos, toda la estructura se tambalea y corre peligro de desmorarse. Por esa razón Livide exige al espectador un esfuerzo extra que éste no tiene porqué verse obligado a realizar. Yo lo hice… hice ese esfuerzo extra. Pude, supe o, sencillamente quise dejarme llevar por una película que, visualmente, me fascinó. Me dejé llevar por una película que, en determinados momentos, me asustó, me suscitó malestar. Me dejé llevar por una película que, en definitiva, me provocó sensaciones y me llevó a lugares a los que pocas películas logran llevarme. Me dejé llevar… y finalmente la película me encantó.
Estoy convencido de que no todos sereis tan indulgentes con Livide. Muchos, de manera comprensible, no pasareis por alto sus errores. Pero para quiénes todavía no la hayais visto os animo a que le deis una oportunidad… creo, sinceramente, que vale la pena correr el riesgo.
No es una película fácil. Livide no es A l’Interieur; no tiene nada que ver. Livide es más compleja, menos directa, más exigente con el espectador, y más arriesgada. Pero la recompensa puede ser enorme…
link: http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=fbCj05goNv8
LO MEJOR: Su capacidad para sugestionar al espectador a través de sus imágenes.
LO PEOR: Lagunas en el guión
No pongo mas imágenes porque la mayoría son gore.