Al modelo se lo nota lastimado, herido por un golpe que no se vio venir. El “nosotros” vs “ellos” les jugó en contra, no sólo porque fue ampliando la famosa grieta, sino porque parece ser que más de uno ya sospecha que les rompieron la grieta.
Sin haber perdido pero ante la duda, algunos se encuentran huyendo despavoridos para ver, a última hora, de qué teta se pueden prender.
El candidato oficialista (al parecer hoy indigno de ser nombrado por la jefa) ya no les parece tan perfecto y hermoso como hasta hace poco. Tal vez, después del 25 de octubre volvieron a notar que le faltaba un brazo.
Las puñaladas van y vienen, la orgía de despechos, resentimientos, facturas y fracturas no pasa inadvertida en la pornografía mediática de cada día… y todavía falta.
Del otro lado un muchachito nacido en cuna de oro con unos poquitos procesos judiciales, (juego de niños, comparado con sus detractores) qué solía leer sólo la sección deportiva del diario y que se dio cuenta o le avisaron, que con el bigote era mucho más fácil asociar algunas de sus ideas con Videla o Hitler y por eso se lo sacó.
El que se encargó de llenar la ciudad de cemento, plazas enrejadas, globitos de colores y su gabinete de compañeros del High school Musical, hoy por hoy es consumidor de choripanes; muy amigo de Perón y, junto a su equipo de campaña se les dio por convertirse en carmelitas descalzas que aman el diálogo y las sonrisas ¡Alabado sea el marketing! Pero la realidad es que también está lleno de promesas incumplidas… como todos.
El milagro de la batalla electoral parece haber sido la palabra cambiemos (usada en el peor momento de desgaste del oficialismo, aunque tal vez en sí no signifique nada) para denominar a un conjunto de unidades en donde cada uno tiene sus propias razones para la “venganza” después de doce años de ser, muchos de ellos, testigos y oradores de lo banal más que parte de la política de peso.
Los tiempos cambian. Anaranjado o amarillo antes solían correr para la tan preciada foto con Menem, que por cierto todos tienen. Hoy se pisan los zapatos en carrera al Vaticano en busca de bendiciones, o van a visitar a los Qom, para ver si son parecidos a como los muestran en la tele.
Mientras tanto lo que parece no cambiar (como es costumbre en tiempo de elecciones) es que la tensión y la incertidumbre se acrecienten, y el pueblo siempre se encuentre tragando saliva justo debajo de la grieta, rogando que nada caiga.
Guillermo Collini
www.facebook.com: El Bohémio Express
Sin haber perdido pero ante la duda, algunos se encuentran huyendo despavoridos para ver, a última hora, de qué teta se pueden prender.
El candidato oficialista (al parecer hoy indigno de ser nombrado por la jefa) ya no les parece tan perfecto y hermoso como hasta hace poco. Tal vez, después del 25 de octubre volvieron a notar que le faltaba un brazo.
Las puñaladas van y vienen, la orgía de despechos, resentimientos, facturas y fracturas no pasa inadvertida en la pornografía mediática de cada día… y todavía falta.
Del otro lado un muchachito nacido en cuna de oro con unos poquitos procesos judiciales, (juego de niños, comparado con sus detractores) qué solía leer sólo la sección deportiva del diario y que se dio cuenta o le avisaron, que con el bigote era mucho más fácil asociar algunas de sus ideas con Videla o Hitler y por eso se lo sacó.
El que se encargó de llenar la ciudad de cemento, plazas enrejadas, globitos de colores y su gabinete de compañeros del High school Musical, hoy por hoy es consumidor de choripanes; muy amigo de Perón y, junto a su equipo de campaña se les dio por convertirse en carmelitas descalzas que aman el diálogo y las sonrisas ¡Alabado sea el marketing! Pero la realidad es que también está lleno de promesas incumplidas… como todos.
El milagro de la batalla electoral parece haber sido la palabra cambiemos (usada en el peor momento de desgaste del oficialismo, aunque tal vez en sí no signifique nada) para denominar a un conjunto de unidades en donde cada uno tiene sus propias razones para la “venganza” después de doce años de ser, muchos de ellos, testigos y oradores de lo banal más que parte de la política de peso.
Los tiempos cambian. Anaranjado o amarillo antes solían correr para la tan preciada foto con Menem, que por cierto todos tienen. Hoy se pisan los zapatos en carrera al Vaticano en busca de bendiciones, o van a visitar a los Qom, para ver si son parecidos a como los muestran en la tele.
Mientras tanto lo que parece no cambiar (como es costumbre en tiempo de elecciones) es que la tensión y la incertidumbre se acrecienten, y el pueblo siempre se encuentre tragando saliva justo debajo de la grieta, rogando que nada caiga.
Guillermo Collini
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