El pasado miercoles en la urbe halógena de Pernambuco, caminaba beligerante por las veredas cándidas, cuando de repente algo llamo desopilantemente mi atención.
Yacía tendida sobre el suelo, en un autismo cuasi perfecto, una alpaca parda cruza con rottweiler aleman. La tomé en mis brazos de lince y la lleve a mi casa, en donde le brinde cobijo y cobijas.
Pasaron los días, pero no los meses, y la hermosa alpaca, ahora llamada Carmona Loana, retosaba en el jardín, corriendo incesantemente, buscando ese pasto abundante con el cual se alimentaría por horas, hasta quedar panza arriba de tanto morfi.
Si vivimos felices por siempre, eso aún no podré saberlo, pero el lazo de amistad forjado entre los dos es un hecho pseudoastral.
A continuación, LA REINA!
Yacía tendida sobre el suelo, en un autismo cuasi perfecto, una alpaca parda cruza con rottweiler aleman. La tomé en mis brazos de lince y la lleve a mi casa, en donde le brinde cobijo y cobijas.
Pasaron los días, pero no los meses, y la hermosa alpaca, ahora llamada Carmona Loana, retosaba en el jardín, corriendo incesantemente, buscando ese pasto abundante con el cual se alimentaría por horas, hasta quedar panza arriba de tanto morfi.
Si vivimos felices por siempre, eso aún no podré saberlo, pero el lazo de amistad forjado entre los dos es un hecho pseudoastral.
A continuación, LA REINA!