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Para Muestra basta un Botón

Humor4/13/2016
Coser y Cantar es la expresión que se usa para aludir a una tarea fácil de realizar. Que digamos podría hacer cualquier bobo o inepto. O sea, yo.
Eso pensé cuando se me desprendió el botón de la manga de mi camisa. Mi primera duda fue adivinar porque se me había salido. Que acción hará uno con esa remota parte del cuerpo como para que el botón emprenda la dificultad de desatarse de su entramado de hilo que lo sujeta al puño de la camisa. Que vaya a saberse porque se llama puño, si no requiere de ninguna mano cerrada para usarse. Mi siguiente barruntación fue intuir para que pueda servir dicho botón. Dirán para que al desabotonarlo, y uno pueda arremangarse la camisa. Pero en tal caso, ¿no es preferible usar directamente manga corta? O mejor aún, ¿porque entonces los pulóveres, poleras, sacos o remeras de manga larga no disponen de la opción para acortar o enrollar las mangas? ¿Solo la camisa da calor o incomodidad que requieran una modificación de su estado de longitud original?

Tras estas divagaciones, decidí emprender la tarea asignada a todo varón soltero o divorciado. La primera, no sencilla, encontrar aguja e hilo. Le pedí permiso a mi vaca para hurgar en su comestible pajar pero obviamente la tarea fue infructuosa. Tanto como encontrar dichos implementos en un cajón o estante o cualquier lugar de la casa. Entonces surgió la opción de ir y comprar en uno de esos negocios de extraño nombre Mercería y tratar de no avergonzarme ante tanta exposición de soutiens y fotos sugerentes de su vidriera. Pero tuve cierto pudor de entrar a un negocio por tan poca cosa como pedir un clavo en la Ferretería. Sospechaba que el vendedor se molestaría por los 3 minutos malgastados en una transacción comercial de tan exiguo valor. Por lo que opté por conseguir los adminículos minúsculos en una casa amiga.

Para Muestra basta un Botón

Listo. Ya tenía aguja e hilo, e inclusive logré encontrar el botón rebelde, del cual logré acordarme donde lo había guardado tras 3 semanas. Una vez enhebrada la aguja, me sería fácil repetir el cosido que recordaba vagamente haber visto hacer a mi abuela hace tantos años. Tan fácil lo escribí, pero no es lo mismo hacerlo. ¿Enhebrar o enervar? La primera dificultad fue poder dilucidar en que extremo de la aguja estaba su diminuto ojo, que debería estar durmiendo porque aparentaba estar cerrado. Lo determiné fácilmente sintiendo de qué extremo me pinchaba la aguja. Una vez encontrado, procedí a chupar el extremo del hilo para darle cierta rigidez, y no se porqué pensé en la palabra Fellatio. Con el hilo rígido y erecto, intenté consumar insertándolo en el diminuto orificio de la aguja, Tras varios intentos de introducir el hilo, recordé la técnica inversa. Llevar la aguja hacia el hilo. En este punto, hacer rato me había trasladado a mi cama, para accionar sobre la bombilla de mi velador de la mesa de luz, dado que hacia falta una extrema luminosidad. Previamente había procedido a cortar el hilo con una tijera, para proporcionarle una terminación limpia de hilachas. Inclusive hice el corte en forma transversal, no perpendicular, intuyendo así un hilo terminado en punta más incisiva.



La mayoría de los intentos no acertaban al blanco. Pero el problema es que cuando lograba apoyar la punta del hilo en el ojo de la aguja, no lograba que lo traspase. Dado que el diámetro del hilo parecía exceder el del orificio. Y al empujar el hilo, su precaria rigidez mutaba a arrugado acordeón.
Pensé alguna estrategia ingeniosa para superar el escollo. Fui al baño, y tras pocos intentos logré ensartar la aguja en una cerda del cepillo de dientes. Tenemos un avance. ¿Cómo traslado este logro parcial al hilo? Pensé, arranco una cerda del cepillo, le ato el hilo, repito el procedimiento de enhebrar la porcina cerda y luego tiro de la misma hasta traspasar la aguja y así el hilo pasará junto con la cerda a la que está atado. La teoría prometía, pero las dificultades prácticas eran variadas. Una cerda apiñada con sus compañeras en el cepillo es visible y tangible. Pero aislada del resto es minúscula e invisible. Y aunque lograra la destreza para anudarle el hilo. ¿El grosor del nudo le permitiría atravesar el ojo de la ajuga? Además, lo previsible es que el nudo se desplazara por la patinosa cerda negándose a pasar al mas allá. La figura me parecía divertida. Sería como coser una aguja con una cerda.
Bueno, decidí volver al método tradicional y tras varios intentos, inexplicablemente logré cruzar el Rubicón. Exclamé para mi “Tarea Cumplida” ignorando que los escollos no habían concluido.

problemas

Enhestada mi enhebrada aguja con satisfacción, ahora podía proceder a la costura. Primero tuve que decidir en que punto debía cortar el hilo del carretel, debiendo calcular que cantidad iba a necesitar con una nula experiencia previa que me permitiera dicha estimación. Intenté el corte en el punto exacto de “ni mucho, ni poco”. Listo. Solo falta hacer un nudo en los extremos del hilo de cada lado de la aguja. No parece muy difícil, pero el problema es que el grosor de un solo nudo no supera el diámetro de los orificios del botón, por lo que se requiere más de uno. El primero no resulta difícil (ni fácil) de realizar. Pero el segundo y subsiguientes deben realizarse en el mismo punto del inicial para que realmente se produzca un engrose notorio en el hilo. Entonces antes de ajustar cada nudo sucesivo, uno debe con cuidado, excelente vista y destreza digital; acercarse a los nudos previos y ajustar exactamente cuando se está sobre ellos.
Cumplida esta nueva tarea de Sísifo, ya todo estaba dispuesto para la tarea central. Coser el botón.
Se apoya el botón sobre el sector de la camisa que permanece indicado por resto de hilachas de la costura anterior , se traspasa la camisa con la aguja (y su correspondiente hilo) desde el lado opuesto al botón, se atraviesa un orificio del botón con la aguja (se agujerea el agujero) . Luego se elige otro orificio del botón, y se procede en forma inversa. Atravieso el botón y luego la camisa. Pero al realizar el tercer atravesamiento, surge la dificultad de acertar a uno de los orificios del botón que quedo en el lado opuesto de la camisa. No es muy difícil, pero no deja de ser un nuevo obstáculo.
Después de repetir estas acciones un numero indeterminado de veces, quedando la aguja del lado opuesto del botón, se procede a pasar la aguja entre las costuras previas (redundantemente cosemos las costuras) y luego se corta el hilo sobrante. Para mayor seguridad de que el hilo no se escabulla y pretenda volver a su punto de partida, opcionalmente se puede anudar el hilo sobrante o bien cortarlo para que no ande bailoteando sobre la camisa.
Finalizada la hérculea tarea, procedí a planchar la camisa ajada por tanta manipulación. Luego me la calcé victorioso cual petral de cruzado. Ya en mi trabajo, cuando una compañera me preguntó si yo era diestro en las tareas domésticas, alcé mi brazo hasta apoyarlo en mi pecho mostrando mi orgullosa costura y le contesté: “Para muestra, basta un Botón”.
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