En todo laburo hay personajes claramente identificables, que se repiten de manera asombrosa, como si una ley universal obligara a que todos estén presentes en ámbitos de trabajo de más de 10 personas.
Son éstos:
El chupaortos: No hace falta decir demasiado de él. Le celebra al jefe sus chistes repelotudos, se ofrece a resolver cualquier problema y cuando el hijo de puta se retira le dice "saludos a su señora, señor". El resto celebra cuando el chupaortos sufre desgracias familiares o amputaciones de miembros por alguna enfermedad.
El eficiente: No llega a la categoría de chupaortos, pero su eficiencia sobrehumana caga a todos los demás, ya que los jefes lo usan como "ejemplo claro de que se puede rendir más". No se mezclan en las jodas del resto, y nunca se conectan clandestinamente al cable de TV. Pero con frecuencia son inimaginables asesinos seriales. La única que queda es sabotearlo permanentemente, borrándole laburos o infectándole su máquina.
El conchudo: Es, por razones a veces inescrutables, un protegido de los jefes. No necesariamente es un chupaortos. Las llegadas tarde que a otros les cuestan soberanas puteadas a la vista de todos, a él le significan apenas un reprochecito de abuela buena. Se borra cuando quiere y es el primero en irse. Es el único al que siempre le dejan elegir cuándo tomarse vacaciones. Es el más inútil de todos, y lo que hace mal lo deben arreglar los otros. Lo único que paga a cambio es ser un guampudo crónico, hasta cuando vive solo. Pero nos queda la duda del porqué de su posición laboral. ¿Los jefes lo empoman a escondidas?
El gamba full: Por fortuna, la vida también produce a estos tipos. Solidarios y alegres, nos hacen cagar de risa con sus chistes sobre la rutina diaria. Pero mueren en accidentes de tránsito o son los primeros en ser despedidos cuando hay "ajuste" en la empresa.
El rata: Pariente del chupaortos, aunque lo suyo no es la sobada de pija, sino que apuestan todo a la intrascendencia. Buscan pasar inadvertidos, ayudados por una personalidad menos interesante que la biografía de Macri. Generalmente, uno se acuerda de que los tiene de compañeros sólo cuando te avisan que lo asesinaron para robarle la bici.
La atorranta camuflada: En todo ámbito de laburo de más de 15 integrantes hay una mina a la que se cogen todos, pero todos creen que fueron los únicos. Cuando termina de cogerse al elenco de compañeros, arranca de nuevo, siempre con un discurso onda "qué bien nos hace esto para imponer la vida sobre la muerte diaria de la oficina". Si prestás atención, en su habitación están todos los regalos que alguna vez viste comprar misteriosamente a tus compañeros.
La maricona: Mina que enarbola una permanente y multitemática fragilidad para obtener una suerte de inmunidad diplomática que la protege de todo. Si le reprochás que te cagó en algo, llora. Si por inútil tuviste que hacer su laburo y se lo sacás en cara, llora. Si no hace una mierda y vos planteás que eso recarga al resto, llora. Y, obvio, en todos los casos quedás como un hijo de puta. La única que te queda es tratar de enamorarla, empomarla bien y dejarla al día siguiente.
El/la histérico/a: Va cada día con la idea de laburar poco y rápido. Todo lo que implique conferirle obligaciones por encima de eso lo/la lleva a sobreactuar ataques de nervios y gritos contra la explotación inhumana de la que dice ser víctima. Además, se autoerigen en divos/as que "no están para las pequeñas cosas". Resultado, para ahorrarse discusiones, los jefes terminan enchufándole todo lo extra a los giles que no se quejan. Éstos se permiten la módica venganza de imitarlos en los asados (a los que no van, porque tampoco están "para esas reuniones de negros"
.
El langa decadente: En su tiempo, unos 20 años atrás, tuvo su pinta y su arrastre. Ahora es una patética caricatura de aquello, pero todos los demás se enteraron y él no. Resultado: provoca vergüenza ajena al querer seducir a reverendos pedazos de hembras que entran a la oficina por distintas razones, y que piensan que tooooodos los que están ahí son tan pajeros como él.
Uno tiene ganas de pararse y explicar, pero no da. En la versión femenina, este personaje ya se volvió un bagre irrecuperable, pero sigue usando vestiditos y accesorios que hasta a Luisana Lopilato ya le quedan fuera de edad. Sólo podrían levantarse algo si existiera Jurassic Park.
El enmierdador: Hay que reconocerle su entrega, porque además de hacer su laburo, tiene que dedicar bastante tiempo a ir escritorio por escritorio contando a cada uno las mierdas que de él dijeron los demás en alguna conversación. Después, cuando ya todos se odian en silencio, se va, se sienta y hace lo suyo.
Comentar no cuesta nada ! !
www.angaunoticias.com.ar
Son éstos:
El chupaortos: No hace falta decir demasiado de él. Le celebra al jefe sus chistes repelotudos, se ofrece a resolver cualquier problema y cuando el hijo de puta se retira le dice "saludos a su señora, señor". El resto celebra cuando el chupaortos sufre desgracias familiares o amputaciones de miembros por alguna enfermedad.
El eficiente: No llega a la categoría de chupaortos, pero su eficiencia sobrehumana caga a todos los demás, ya que los jefes lo usan como "ejemplo claro de que se puede rendir más". No se mezclan en las jodas del resto, y nunca se conectan clandestinamente al cable de TV. Pero con frecuencia son inimaginables asesinos seriales. La única que queda es sabotearlo permanentemente, borrándole laburos o infectándole su máquina.
El conchudo: Es, por razones a veces inescrutables, un protegido de los jefes. No necesariamente es un chupaortos. Las llegadas tarde que a otros les cuestan soberanas puteadas a la vista de todos, a él le significan apenas un reprochecito de abuela buena. Se borra cuando quiere y es el primero en irse. Es el único al que siempre le dejan elegir cuándo tomarse vacaciones. Es el más inútil de todos, y lo que hace mal lo deben arreglar los otros. Lo único que paga a cambio es ser un guampudo crónico, hasta cuando vive solo. Pero nos queda la duda del porqué de su posición laboral. ¿Los jefes lo empoman a escondidas?
El gamba full: Por fortuna, la vida también produce a estos tipos. Solidarios y alegres, nos hacen cagar de risa con sus chistes sobre la rutina diaria. Pero mueren en accidentes de tránsito o son los primeros en ser despedidos cuando hay "ajuste" en la empresa.
El rata: Pariente del chupaortos, aunque lo suyo no es la sobada de pija, sino que apuestan todo a la intrascendencia. Buscan pasar inadvertidos, ayudados por una personalidad menos interesante que la biografía de Macri. Generalmente, uno se acuerda de que los tiene de compañeros sólo cuando te avisan que lo asesinaron para robarle la bici.
La atorranta camuflada: En todo ámbito de laburo de más de 15 integrantes hay una mina a la que se cogen todos, pero todos creen que fueron los únicos. Cuando termina de cogerse al elenco de compañeros, arranca de nuevo, siempre con un discurso onda "qué bien nos hace esto para imponer la vida sobre la muerte diaria de la oficina". Si prestás atención, en su habitación están todos los regalos que alguna vez viste comprar misteriosamente a tus compañeros.
La maricona: Mina que enarbola una permanente y multitemática fragilidad para obtener una suerte de inmunidad diplomática que la protege de todo. Si le reprochás que te cagó en algo, llora. Si por inútil tuviste que hacer su laburo y se lo sacás en cara, llora. Si no hace una mierda y vos planteás que eso recarga al resto, llora. Y, obvio, en todos los casos quedás como un hijo de puta. La única que te queda es tratar de enamorarla, empomarla bien y dejarla al día siguiente.
El/la histérico/a: Va cada día con la idea de laburar poco y rápido. Todo lo que implique conferirle obligaciones por encima de eso lo/la lleva a sobreactuar ataques de nervios y gritos contra la explotación inhumana de la que dice ser víctima. Además, se autoerigen en divos/as que "no están para las pequeñas cosas". Resultado, para ahorrarse discusiones, los jefes terminan enchufándole todo lo extra a los giles que no se quejan. Éstos se permiten la módica venganza de imitarlos en los asados (a los que no van, porque tampoco están "para esas reuniones de negros"

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El langa decadente: En su tiempo, unos 20 años atrás, tuvo su pinta y su arrastre. Ahora es una patética caricatura de aquello, pero todos los demás se enteraron y él no. Resultado: provoca vergüenza ajena al querer seducir a reverendos pedazos de hembras que entran a la oficina por distintas razones, y que piensan que tooooodos los que están ahí son tan pajeros como él.
Uno tiene ganas de pararse y explicar, pero no da. En la versión femenina, este personaje ya se volvió un bagre irrecuperable, pero sigue usando vestiditos y accesorios que hasta a Luisana Lopilato ya le quedan fuera de edad. Sólo podrían levantarse algo si existiera Jurassic Park.
El enmierdador: Hay que reconocerle su entrega, porque además de hacer su laburo, tiene que dedicar bastante tiempo a ir escritorio por escritorio contando a cada uno las mierdas que de él dijeron los demás en alguna conversación. Después, cuando ya todos se odian en silencio, se va, se sienta y hace lo suyo.
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