Érase la noche del viernes y Juan Carlos Prepucci entretenia a la audiencia con su mega show televisivo: "Cantando sobre penes de goma", en el que se introducía a participantes con destrezas por demás asombrosas en lo que al equilibrio corporal respecta.
Los participantes posabanse sobre los artilugios complementarios del coito anal/vaginal y entonaban la más maravillosa música peruana. Porque ese era el género que correspondía los viernes.
Llegó finalmente el turno de Eleonora, una mujer algo excedida de peso, pero que pudo balancearse con exacta presición sobre las gelatinosas siliconas con molde de falo. La ovación sacudió el predio en el cual la productora montaba tan multitudinario espectáculo.
Podría decirse que ese fue el climax orgásmico de la noche. El rating disparose a tal velocidad que la programación tuvo que posponer "Pelelas de amor" para dar unos minutos más a la sentencia del jurado.
Esta podría haber sido la emisión más ambiciosa de los últimos tres meses, en la que un participante que afirmaba sin miedo su condición de humano homosexual, canto de "culipatín" sobre las abundantes réplicas en Hule de intercontinentales miembros viriles.
Juan Carlos Prepucci se preparaba para embolsarse cinco palos verdes, encanutando una enérgica publicidad de famosos alfajores de reconocida marca. Ese momento marcará un antes y un después en la noche de oro.
Su camarógrafo y compañero de "noches ajetreadas", Darío Glandinetti, irrumpe en medio del espacio publicitario con una misteriosa botella, la cual contenía un líquido negruzco y una etiqueta rojo punzó tapada con su mano izquierda. Sí, la famosa y polémica "zurda".
Inmediatamente, el staff entró en pánico, los productores empezaron a agolparse para detenerlo, pero era inútil... El show debía continuar.
Darío tomó el microfono personalizado del conductor, el cual tenía adosado dos escrotos esculpidos en arcilla cocida, y exclamó lo siguiente: "Si no aumentan mi sueldo, me veré obligado a exponer la identidad marcaria que contiene esta etiqueta y gritaré tan fuerte su nombre como sea posible".
El pánico era irrefutable. Juan Carlos Prepucci transpiraba como nunca en su vida. Su exitosa tanda publicitaria se vería reducida a ruinas, y junto con ella, su carrera.
Glandinetti no solo tenía la famosa botella, también sacó un famoso chocolate con envoltorio de un color patentado, símil índigo y unas famosas galletitas que representan la mueca que el rostro ejerce cuando se tiene felicidad, entre muchos otros productos.
Uno de los participantes resbaló sobre las aborbotonadas pinchilas, bálanos, cipotes, tronchatoros o como sea la nomenclatura que se le quiera atribuir, finalizando con una fractura expuesta de coxis.
El programa ya había excedido su límite de tiempo y la tensión en el canal era de una anomalía abrumadora. Juan Carlos Prepucci en un intento arrebatado por salvar la noche, encarrilo unos exagerados ademanes con un humor y carisma sin igual:
"Querido Dareeeeo, cómo no vamos a tirarte unos palitos más, sabés que este programa es el olimpo de los compratítulos de periodismo, mira si no vamos a poder embucharte el chanchito".
El público orinó de risa. El medidor de Rating se desbordó como una eyaculación precoz y todo era tertulia y fulgor. Prepucci se acercó a Glandinetti y realizó una última pregunta: "¿Que vas a hacer con esa platusqui extra ruiseñor?
Glandinetti se metió un pito de goma en el orto y respondió: "Comprarme una Coca, un milka y unas sonrisas".
Los participantes posabanse sobre los artilugios complementarios del coito anal/vaginal y entonaban la más maravillosa música peruana. Porque ese era el género que correspondía los viernes.
Llegó finalmente el turno de Eleonora, una mujer algo excedida de peso, pero que pudo balancearse con exacta presición sobre las gelatinosas siliconas con molde de falo. La ovación sacudió el predio en el cual la productora montaba tan multitudinario espectáculo.
Podría decirse que ese fue el climax orgásmico de la noche. El rating disparose a tal velocidad que la programación tuvo que posponer "Pelelas de amor" para dar unos minutos más a la sentencia del jurado.
Esta podría haber sido la emisión más ambiciosa de los últimos tres meses, en la que un participante que afirmaba sin miedo su condición de humano homosexual, canto de "culipatín" sobre las abundantes réplicas en Hule de intercontinentales miembros viriles.
Juan Carlos Prepucci se preparaba para embolsarse cinco palos verdes, encanutando una enérgica publicidad de famosos alfajores de reconocida marca. Ese momento marcará un antes y un después en la noche de oro.
Su camarógrafo y compañero de "noches ajetreadas", Darío Glandinetti, irrumpe en medio del espacio publicitario con una misteriosa botella, la cual contenía un líquido negruzco y una etiqueta rojo punzó tapada con su mano izquierda. Sí, la famosa y polémica "zurda".
Inmediatamente, el staff entró en pánico, los productores empezaron a agolparse para detenerlo, pero era inútil... El show debía continuar.
Darío tomó el microfono personalizado del conductor, el cual tenía adosado dos escrotos esculpidos en arcilla cocida, y exclamó lo siguiente: "Si no aumentan mi sueldo, me veré obligado a exponer la identidad marcaria que contiene esta etiqueta y gritaré tan fuerte su nombre como sea posible".
El pánico era irrefutable. Juan Carlos Prepucci transpiraba como nunca en su vida. Su exitosa tanda publicitaria se vería reducida a ruinas, y junto con ella, su carrera.
Glandinetti no solo tenía la famosa botella, también sacó un famoso chocolate con envoltorio de un color patentado, símil índigo y unas famosas galletitas que representan la mueca que el rostro ejerce cuando se tiene felicidad, entre muchos otros productos.
Uno de los participantes resbaló sobre las aborbotonadas pinchilas, bálanos, cipotes, tronchatoros o como sea la nomenclatura que se le quiera atribuir, finalizando con una fractura expuesta de coxis.
El programa ya había excedido su límite de tiempo y la tensión en el canal era de una anomalía abrumadora. Juan Carlos Prepucci en un intento arrebatado por salvar la noche, encarrilo unos exagerados ademanes con un humor y carisma sin igual:
"Querido Dareeeeo, cómo no vamos a tirarte unos palitos más, sabés que este programa es el olimpo de los compratítulos de periodismo, mira si no vamos a poder embucharte el chanchito".
El público orinó de risa. El medidor de Rating se desbordó como una eyaculación precoz y todo era tertulia y fulgor. Prepucci se acercó a Glandinetti y realizó una última pregunta: "¿Que vas a hacer con esa platusqui extra ruiseñor?
Glandinetti se metió un pito de goma en el orto y respondió: "Comprarme una Coca, un milka y unas sonrisas".