Al año 1806, se cumplian casi 30 años del gobierno en bunos aires, el virreinato del rio de la plata. En Gran Bretaña, se habia logrado la revolucion industrial en el siglo XVIII y se manifestó un gran cambio en el comercio y en la economia europea. Trás el monopolio, Francia y Inglaterra se enfrentaban en la cuspide de la economia. Al no tener una gran vuelta, España y Portugal realizaron el contrabando. Estados Unidos habia logrado la independencia de Inglaterra y esta buscaba nuevos territorios en el Nuevo Mundo Colonial. España se concentraba en sus puntos pero de vez en cuando se descuidaban. Entre los años 1804, los ingleses hizieron unas expediciones al África donde tambien se encontraba Napoleon Bonaparte.
Los ingleses tomaron Sudáfrica y se presentaron en el año 1806 en las costas del rio de la plata. Habian navegado todo el oceano atlantico hasta llegar a las costas Argentinas, dando lugar a las invasiones inglesas.
Primera Invasion Junio/Agosto 1806
"A las costas españolas los ingleses desembarcaban" Fragmento del libro Historia Argentina 1940
"En las costas Argentinas, los ingleses desembarcan. Un montonar se agrupaba. Las lavanderas se preocupaban. Salieron corriendo. FUEGO en ingles. Llegaron a Quilmes"
El 26 de Junio de 1806, desembarcaron en Quilmes 1.200 soldados al mando de Sir home Popham y William Car Beresford haciendo una entrada en estrategia.
En el Fuerte truenan los cañones, dando la alarma, y una extrema confusión se extiende por toda la ciudad. Centenares de hombres acuden desde todos los barrios hacia los cuarteles, donde se ha comenzado ya a repartir, en medio de un terrible desorden, las armas y equipos.
Poco después de las 11, y ante la sorpresa de Sobre Monte, las naves enemigas se hacen nuevamente a la vela y ponen rumbo hacia el sudeste. El Virrey cree que los ingleses han renunciado al ataque.
Pronto, sin embargo, sale de su engaño. Desde Quilmes resuena el cañón de alarma, anunciando que allí se ha iniciado el desembarco. Al mediodía del 25 de Junio, ponen pie en tierra, en la playa de Quilmes, los primeros soldados británicos. Desde la azotea de sus habitaciones, en el Fuerte, seguía con un telescopio lo que ocurría. Sobre Monte cobró ánimo y arengó a los allí reunidos: "No hay que tener cuidado, los ingleses saldrán bien escarmentados". Por última vez en su vida, las palabras del Virrey fueron rubricadas por una aclamación.
La operación de desembarco continúa sin oposición alguna durante el resto de la jornada. Al llegar la noche, Beresford pasa revista a sus hombres bajo una fría llovizna que no tarda en convertirse en fuerte aguacero. Son sólo 1.600 soldados y oficiales, y cuentan, como único armamento pesado, con ocho piezas de artillería. Sin embargo, esa reducida fuerza está integrada por combatientes profesionales, para los cuales la guerra no es más que un oficio.
Al amanecer, Beresford ordena a sus tropas aprestarse para el ataque. Los tambores inician su redoble, y las banderas son desplegadas al viento. Desde la barranca que enfrenta la playa el Coronel Pedro de Arce, enviado por Sobre Monte a contener a los ingleses, observa el desplazamiento de las fuerzas enemigas. Con paso acompasado, y acompañados por los aires marciales de los gaiteros, los británicos avanzan hacia el bañado que los separa de Arce y sus 600 milicianos. Estos últimos, armados con unas pocas carabinas, espadas y chuzas, se agrupan detrás de los tres cañones con los cuales se proponen rechazar el asalto británico.
El choque, en esas condiciones, no puede tener más que un resultado. Marchando a través de los pajonales, las compañías del regimiento 71 escalan resueltamente la barranca y, a pesar de las descargas de los defensores, ganan la cresta y los arrollan, poniéndolos en fuga.
A partir de ese momento el caos se desencadena en las fuerzas de la defensa de Buenos Aires, Integradas en su casi totalidad por unidades de milicianos carentes de toda instrucción militar. Falla la conducción, en la persona de Sobre Monte, quien, abrumado por la derrota de sus vanguardias, sólo atina a amagar un débil intento de resistencia en las márgenes del Riachuelo. Concentra allí tropas y hace quemar el Puente de Gálvez (actual puente Pueyrredón) que, por el sur, da acceso directo a la ciudad. Esa posición, sin embargo, no será sostenida. Ya en la tarde del mismo día 26 de Junio, Sobre Monte se entrevista con el Coronel Arce, y le manifiesta claramente que ha resuelto emprender la retirada hacia el interior.
Beresford no logra llegar a tiempo para impedir la destrucción del Puente de Gálvez, pero, el 27 de Junio, somete las posición de los defensores en la otra orilla a un violento cañoneo, y los obliga a retirarse. Se arrojan entonces al agua varios marineros y traen de la margen opuesta botes y balsas, en los cuales cruza la corriente una primera fuerza de asalto.
Sobre Monte ha presenciado, desde la retaguardia, las acciones que culminan con el abandono de la posición del Puente de Gálvez. En ese momento se encuentra al frente de las fuerzas de caballería que, con la llegada de refuerzos provenientes de Olivos, San Isidro y Las Conchas, suman cerca de 2.000 hombres. Rehuye, sin embargo, el combate, y emprende la retirada hacia la ciudad por la "calle larga de Barracas" (actual avenida Montes de Oca).
Los que no están al tanto de los planes del Virrey suponen que ese movimiento tiene por fin organizar una última resistencia en el centro de Buenos Aires. No obstante, al llegar a la "calle de las Torres" (actual Rivadavia), en vez de dirigirse hacia el Fuerte, Sobre Monte dobla en sentido contrario y abandona la capital. Su apresurada marcha, a la que no tarda en incorporarse su familia y los tesoros reales, continuará en sucesivas etapas. El cacique Carripilún reconocido como líder principal en las naciones de las pampas, puso a disposición del Virrey Sobre Monte 3000 lanceros para la defensa de la Ciudad de Buenos Aires frente a los ingleses, aunque el Virrey prefirió seguir a Córdoba.
Mientras tanto, en Buenos Aires reina una espantosa confusión. Desde el Riachuelo afluyen, en grupos desordenados, las unidades de milicianos que, sin disparar prácticamente un solo tiro, han sido obligadas a replegarse, después de la retirada del Virrey.
El Fuerte se convierte entonces en centro de los acontecimientos que culminarán con la capitulación. Allí se encuentran reunidos los jefes militares, los funcionarios de la Audiencia, los miembros del Cabildo y el Obispo Lué. Totalmente abatidos, después de recibir la noticia de la retirada de Sobre Monte, los funcionarios españoles aguardan la llegada de Beresford para rendir la plaza. Tienen la impresión de que, en la hora más difícil, el jefe del Virreinato y representante del monarca los ha abandonado.
Poco después de mediodía arriba al Fuerte, con bandera de parlamento, un oficial británico enviado por Beresford, éste expresa que su jefe exige la entrega inmediata de la ciudad y que cese la resistencia, comprometiéndose a respetar la religión y las propiedades de los habitantes.
Los españoles no vacilan en aceptar la intimación, limitándose a exponer una serie de condiciones mínimas en un documento de capitulación que envían a Beresford sin tardanza. Así, Buenos Aires y sus 40.000 habitantes son entregados a 1.600 Ingleses que sólo han disparado unos pocos tiros.
A las 4 de la tarde desembocan en la Plaza Mayor (actual Plaza de Mayo) las tropas británicas, mientras cae sobre la ciudad una fuerte lluvia. Los soldados ingleses, a pesar de su agotamiento, desfilan marcialmente, acompañados por la música de su banda y sus gaiteros. El general Beresford trata de dar la máxima impresión de fuerza y ha dispuesto que sus hombres marchen en columnas espaciadas. La improvisada artimaña, empero, no puede ocultar a la vista de la población el reducido número de las tropas invasoras que se presentan ante el Fuerte.
El General británico, acompañado por sus ofíciales, hace entonces entrada en la fortaleza, y recibe la rendición formal de la capital del Virreinato. Al día siguiente, flamea ya sobre el edificio la bandera inglesa. Durante cuarenta y seis jornadas, la enseña permanecerá allí como símbolo de un intento de dominación que, sin embargo, no llegará a concretarse.
La famosa Reconquista
Los vecinos de Buenos Aires estaban indignados por la actuación de sus autoridades. La resistencia comenzaba a gestarse y comenzaron a juntarse secretamente; numerosos grupos surgieron y se reclutaron en Perdriel al mando del Juan Martín de Pueyrredón. Martín Rodríguez anunció, el 1º de agosto, el avance hacia Perdriel del regimiento N° 71 al mando de Beresford. Pueyrredón encabezó el combate, herido su caballo por una bala de cañón, se salva en el anca de un caballo de su compañero. Por la tarde, triunfador, Beresford regresa al fuerte con 200 cañoncitos secuestrados a los amotinados.
Montevideo otorga 1000 hombres que los pone al mando de Santiago de Liniers quien desembarca en Las Cochas el 4 de agosto y el día 10, con 2000 hombres, llega a la ciudad a los corrales de Miserere exigiendo en 15 minutos la rendición de los ingleses. Avanza y luego ocupa el Retiro. Por esos momentos ya estaba Sobre Monte camino a Buenos Aires y en una carta le pide a Liniers que le espere para tener mayor poder ofensivo, pero la nota llega tarde.
El 12 de agosto con ahora 4000 hombres, ataca por la calle hoy Reconquista y la hoy San Martín y sobre las colaterales, retrocediendo los ingleses quienes disparaban desde las azoteas de la Recova. La caballería de J. M. de Pueyrredón arrebata una banderola del regimiento N° 71. A las 12 hs se agitaban los pañuelos blancos de los ingleses. Liniers los recibió en sus brazos, concediéndoles los honores de la guerra por su bizarra defensa.
Neutralizado el peligro externo, el Cabildo designó como jefe militar de la ciudad a Liniers.
El Marqués de Sobre Monte acampa con sus tropas del interior a las afueras de Buenos Aires y para tratar de mantener su poder nombró él mismo a Liniers a cargo de Buenos Aires.
Luego se traslada a Montevideo desde donde gobierna el Virreinato y prepara la ciudad para defenderla de los probables refuerzos sajones que se esperaban.
2 Invasion
Los primeros días de marzo salió de Inglaterra la nave Thisbe llevando al general John Whitelocke y su segundo el mayor general Levison Gower para Montevideo. Además partió un convoy con refuerzos al mando del general Ackland que por temporales en alta mar arribó a las costas rioplatenses cuando los ingleses ya habían caído y no participaron en las batallas.
La Thisbe llegó al río de la Plata a principios de mayo y, desde El Cabo, llegó poco tiempo después un contingente de unos 5000 hombres al mando del general Craufurd para reforzar Montevideo pero solo pudieron arrimarse a las costas a mediados de junio.
Sin esperar a Ackland reunió entonces Whitelocke las fuerzas de Craufurd y Auchmuty sumando poco más de 9000 soldados y desembarcó en Ensenada el domingo 28 de junio. Organizó una fuerza de vanguardia con 2500 al mando del general Gower, el grueso quedó a su cargo con 4400 hombres y la retaguardia, con todo el parque y bagaje sumaron 2100, comandada por el teniente coronel Mahon.
Los ingleses nos caricaturaron al darse la noticia de que habian triunfado
Liniers había logrado reunir cerca de 8000 hombres por lo que dejó un millar en distintos puntos de la ciudad y marchó el 29 con el resto para presentar una batalla campal cerca del Riachuelo. Ese día llegó la orden de España promoviendo a Liniers como brigadier y designando a Ruiz Huidobro virrey interino (reemplazando a Sobre Monte) o quien tuviera el mayor rango militar. Ruiz estaba preso en Inglaterra luego de la caída de Montevideo, por lo que la Audiencia inmediatamente nombró virrey a Liniers.
La marcha de los ingleses fue muy pesada dadas las dificultades del terreno. Tuvieron que atravesar desde la Ensenada unos bañados de unos seis kilómetros hasta el primer campamento en lo que hoy es La Plata. De allí atravesando varios arroyos hasta llegar a la reducción de los Quilmes y luego intentar cruzar el Riachuelo sumaban unos 50 kilómetros. Como la intención era tomar primero los cuarteles de Retiro por las afueras de la ciudad lo que significaba otros 10 kilómetros. La falta de alimentos, agua y leña les impedía alimentar bien a la tropa.
Órdenes mal impartidas o mal interpretadas hicieron que la vanguardia cruzara el 2 de julio por el paso Burgos hacia la quinta de White. Liniers los estaba esperando cerca de puente Gálvez pero teniendo a su espalda el Riachuelo. Cuando vio que el enemigo se encontraba lejos de sus hombres marchó hacia Miserere para cortarle el paso. Allí los ingleses lograron dividir las fuerzas españolas y hacerlas retroceder. La mayoría de los soldados se dispersaron y fueron a dormir a sus casas. Según análisis posteriores de Liniers y Álzaga si esa pequeña fuerza de la vanguardia al mando de Craufurd hubiera embestido hacia la ciudad a pesar de la noche, seguramente Buenos Aires hubiera caído.
El grueso del ejército inglés se desvió mucho más al oeste y el 3 cruzó por La Noria y avanzando hasta el camino real (actual avenida Rivadavia). Mientras tanto durante la noche del 2 al 3 varios grupos de soldados que no tomaron parte de la batalla de Miserere y vecinos de la ciudad fueron agrupados por Álzaga y otros cabildantes; comenzaron a montar barricadas con tercios de yerba y cuero en algunas de las calles por donde podían ingresar los ingleses. En otras se acomodaron las piezas de artillería traídas del Retiro y otros puntos tratando de resguardar la plaza y el fuerte. Además se formaron algunas barricadas en varias calles a modo de defensa exterior. Durante el día se reforzaron las barricadas y se destacaron algunos soldados en las azoteas. En los pórticos de las iglesias también se montaron cantones para evitar que el enemigo las ocupara y se encargó al capitán Concha defender el Retiro con unos 1000 hombres.
Cuando finalmente el grueso del ejercito inglés se reunió con la vanguardia en Miserere se definió avanzar en columnas a punta de bayoneta por doce calles hacia la plaza y el fuerte mientras un cuerpo tomaría el Retiro. Juzgando por las calles que se dispuso el asalto, es evidente que solo se tenía noticias de la defensa interior y no de la exterior que se preparó luego. Por otro lado el plano con que contaba Whitelocke estaba mal confeccionado por lo que las columnas avanzarían por calles cortadas o más alejadas de la plaza. Durante el 3 y el 4 se hicieron en ambos bandos los aprestos para el enfrentamiento, incluso en varias oportunidades se pidió la rendición a Liniers.
Por la mañana del 5 comenzó la marcha inglesa hasta el camino de las Tunas (hoy avenidas Callao y Entre Ríos) donde se organizaron las columnas. Tronaron los cañones, a las 6 y media, señal a amigos y enemigos que comenzaba el duelo. Metralla, fusilería, y ferocidad del lado español; bayoneta y experiencia del lado ingles. Las columnas tuvieron diferentes dificultades. Una se desvió para reforzar la toma del Retiro, otras apenas pudieron avanzar. Algunos tomaron casas pero por los fondos los Húsares los apresaron y enviaron al fuerte. Las columnas que llegaron a las barrancas tuvieron fuego permanente desde las casas y por los regimientos que cabalgaban por las costas. Algunos documentos de los capitanes ingleses mencionan que, como en el bajo las casas eran pulperías y los oficiales para impedir que los soldados se emborracharan rompieron todas las botellas y barricas a sablazos y culatazos. La mayoría de estas columnas se fueron rindiendo hacia el medio día.
Las columnas al sur de la plaza comandadas por Craufurd y Pack son las que libraron las más cruentas batallas ya que tenían mal copiadas las órdenes de Whitelocke y se fijaron como objetivo tomar algunas iglesias para desde la altura dominar la plaza. Esos eran justamente los lugares más defendidos por lo que las pérdidas de ambas partes fueron muchas y notables los esfuerzos por mantener posiciones. Por otro lado cada vez que una columna inglesa caía los vecinos y soldados españoles se corrían a las calles siguientes para reforzar a sus compañeros
Pasada las doce Liniers pidió la rendición de estas columnas a Craufurd pero este se negó por lo que se decidió bombardear la iglesia de Santo Domingo donde se había atrincherado. Se rindió pasadas las tres de la tarde y al entrar al fuerte junto a unos 50 oficiales y 600 soldados Liniers lo recibió con honores por su valiente actuación.
Las condiciones de rendición se le enviaron a Whitelocke el mismo 5 alrededor de las 6 de la tarde pero pidió una tregua. Recién el 7 de julio y luego de consultar al almirante y sus oficiales aceptó la propuesta de Liniers que incluía dejar Montevideo. Ese punto fue el que, en el consejo de guerra que le realizaron en Londres, le valió la destitución y se lo declarara incapaz de servir a la Corona Inglesa.
Defensa de Buenos Aires
Destitucion de Sobremonte
En 1806, después de la reconquista, el pueblo en general hubiera deseado deshacerse de Sobre Monte, pero el Cabildo no se animó a tanto y se contentó con insistir ante el virrey para que Liniers mandara el ejército en Buenos Aires de manera autónoma; pero el nuevo Cabildo de 1807, al mando de Álzaga, no titubeó. Convocó a un congreso poco después de la caida de Montevideo, compuesto por la Audiencia, el Cabildo, el Obispo, el Consulado, Liniers, los jefes militares y algunos vecinos principales que resolvió suspender a Sobre Monte de todos los cargos y retenerlo arrestado.
Se designó a una comisión con escolta militar para cumplir esta resolución que viajó especialmente a la campaña de la Banda Oriental.
El campamento del Virrey se encontraba en Posta de Durán y cuando llegaron casi no tenía milicias por lo que Rafael de Sobre Monte no opuso resistencia.
En Buenos Aires se le fijó residencia en la casa de convalecencia de los belermos (cerca de la actual Plaza Constitución) donde quedó hasta el 8 de noviembre de 1809, cuando el Virrey Cisneros lo envió a España.
Después de un largo proceso, Sobre Monte fue absuelto, el 12 de noviembre de 1813, por una corte especial en Cádiz. Más tarde se lo nombró consejero de Indias. Murió en 1827 a los 84 años en la misma Sevilla que lo vió nacer.
Virreinato de Liniers
Durante su gobierno, ocurrió el llamado “Motín de Álzaga”, organizado por Álzaga, que había sido elegido alcalde el 1 de enero de 1807, y tropas españolas, con el fin de terminar con su mandato, ya que no les convenía a los comerciantes españoles, de los cuáles Álzaga era un fiel exponente, ya que era uno de los monopolistas privilegiados del sistema español. Las milicias, a cargo de Cornelio Saavedra repelieron el levantamiento.
Álzaga conducía el partido republicano, también llamado de las Juntas o del Cabildo, formado en su mayoría por españoles europeos, aunque también lo conformaban algunos criollos. El centro de poder era el Cabildo de Buenos Aires. Su propósito era la independencia del Río de la Plata, pero el nuevo gobierno que proponían estaría formado, si bien independiente de España, por comerciantes, españoles europeos, en defensa de sus intereses. Por lo tanto, en ideas de emancipación era idéntico al movimiento de los criollos, pero no en quien gobernaría el nuevo estado, ya que este último grupo, quedaría excluido.
Para mantenerse en el poder, debió en ciertas circunstancias tomar actitudes demagógicas, mientras el estado perdía fuerza antes las ideas revolucionarias que crecían.
Fue sospechado por su origen francés de apoyar a las tropas napoleónicas que habían intervenido España. Fue reemplazado en su cargo por Cisneros, en 1808, recibiendo el título de conde de Buenos aires para sí y sus descendientes por el rey de España. Sin embargo sus sucesores lograron mutar ese título por el de “Condes de la lealtad”.
Se dirigió en 1810 a Alta Gracia (Córdoba) donde luchó contra la emancipación americana. Fue vencido en cabeza de Tigre y fusilado en un paraje cercano, el 26 de agosto de 1810, por orden de la Primera Junta de gobierno. Pocos días antes de su derrota, su suegro, Martín de Sarratea, le había escrito desde Buenos Aires para que depusiera su actitud de enfrentamiento a la causa revolucionaria, pensando en sus hijos. Sin embargo fue más fiel su sentimiento de fidelidad hacia la corona española.
Eso ha sido todo chau NO TE OLVIDES DE COMENTARRRRR
Los ingleses tomaron Sudáfrica y se presentaron en el año 1806 en las costas del rio de la plata. Habian navegado todo el oceano atlantico hasta llegar a las costas Argentinas, dando lugar a las invasiones inglesas.
Primera Invasion Junio/Agosto 1806
"A las costas españolas los ingleses desembarcaban" Fragmento del libro Historia Argentina 1940
"En las costas Argentinas, los ingleses desembarcan. Un montonar se agrupaba. Las lavanderas se preocupaban. Salieron corriendo. FUEGO en ingles. Llegaron a Quilmes"
El 26 de Junio de 1806, desembarcaron en Quilmes 1.200 soldados al mando de Sir home Popham y William Car Beresford haciendo una entrada en estrategia.
En el Fuerte truenan los cañones, dando la alarma, y una extrema confusión se extiende por toda la ciudad. Centenares de hombres acuden desde todos los barrios hacia los cuarteles, donde se ha comenzado ya a repartir, en medio de un terrible desorden, las armas y equipos.
Poco después de las 11, y ante la sorpresa de Sobre Monte, las naves enemigas se hacen nuevamente a la vela y ponen rumbo hacia el sudeste. El Virrey cree que los ingleses han renunciado al ataque.
Pronto, sin embargo, sale de su engaño. Desde Quilmes resuena el cañón de alarma, anunciando que allí se ha iniciado el desembarco. Al mediodía del 25 de Junio, ponen pie en tierra, en la playa de Quilmes, los primeros soldados británicos. Desde la azotea de sus habitaciones, en el Fuerte, seguía con un telescopio lo que ocurría. Sobre Monte cobró ánimo y arengó a los allí reunidos: "No hay que tener cuidado, los ingleses saldrán bien escarmentados". Por última vez en su vida, las palabras del Virrey fueron rubricadas por una aclamación.
La operación de desembarco continúa sin oposición alguna durante el resto de la jornada. Al llegar la noche, Beresford pasa revista a sus hombres bajo una fría llovizna que no tarda en convertirse en fuerte aguacero. Son sólo 1.600 soldados y oficiales, y cuentan, como único armamento pesado, con ocho piezas de artillería. Sin embargo, esa reducida fuerza está integrada por combatientes profesionales, para los cuales la guerra no es más que un oficio.
Al amanecer, Beresford ordena a sus tropas aprestarse para el ataque. Los tambores inician su redoble, y las banderas son desplegadas al viento. Desde la barranca que enfrenta la playa el Coronel Pedro de Arce, enviado por Sobre Monte a contener a los ingleses, observa el desplazamiento de las fuerzas enemigas. Con paso acompasado, y acompañados por los aires marciales de los gaiteros, los británicos avanzan hacia el bañado que los separa de Arce y sus 600 milicianos. Estos últimos, armados con unas pocas carabinas, espadas y chuzas, se agrupan detrás de los tres cañones con los cuales se proponen rechazar el asalto británico.
El choque, en esas condiciones, no puede tener más que un resultado. Marchando a través de los pajonales, las compañías del regimiento 71 escalan resueltamente la barranca y, a pesar de las descargas de los defensores, ganan la cresta y los arrollan, poniéndolos en fuga.
A partir de ese momento el caos se desencadena en las fuerzas de la defensa de Buenos Aires, Integradas en su casi totalidad por unidades de milicianos carentes de toda instrucción militar. Falla la conducción, en la persona de Sobre Monte, quien, abrumado por la derrota de sus vanguardias, sólo atina a amagar un débil intento de resistencia en las márgenes del Riachuelo. Concentra allí tropas y hace quemar el Puente de Gálvez (actual puente Pueyrredón) que, por el sur, da acceso directo a la ciudad. Esa posición, sin embargo, no será sostenida. Ya en la tarde del mismo día 26 de Junio, Sobre Monte se entrevista con el Coronel Arce, y le manifiesta claramente que ha resuelto emprender la retirada hacia el interior.
Beresford no logra llegar a tiempo para impedir la destrucción del Puente de Gálvez, pero, el 27 de Junio, somete las posición de los defensores en la otra orilla a un violento cañoneo, y los obliga a retirarse. Se arrojan entonces al agua varios marineros y traen de la margen opuesta botes y balsas, en los cuales cruza la corriente una primera fuerza de asalto.
Sobre Monte ha presenciado, desde la retaguardia, las acciones que culminan con el abandono de la posición del Puente de Gálvez. En ese momento se encuentra al frente de las fuerzas de caballería que, con la llegada de refuerzos provenientes de Olivos, San Isidro y Las Conchas, suman cerca de 2.000 hombres. Rehuye, sin embargo, el combate, y emprende la retirada hacia la ciudad por la "calle larga de Barracas" (actual avenida Montes de Oca).
Los que no están al tanto de los planes del Virrey suponen que ese movimiento tiene por fin organizar una última resistencia en el centro de Buenos Aires. No obstante, al llegar a la "calle de las Torres" (actual Rivadavia), en vez de dirigirse hacia el Fuerte, Sobre Monte dobla en sentido contrario y abandona la capital. Su apresurada marcha, a la que no tarda en incorporarse su familia y los tesoros reales, continuará en sucesivas etapas. El cacique Carripilún reconocido como líder principal en las naciones de las pampas, puso a disposición del Virrey Sobre Monte 3000 lanceros para la defensa de la Ciudad de Buenos Aires frente a los ingleses, aunque el Virrey prefirió seguir a Córdoba.
Mientras tanto, en Buenos Aires reina una espantosa confusión. Desde el Riachuelo afluyen, en grupos desordenados, las unidades de milicianos que, sin disparar prácticamente un solo tiro, han sido obligadas a replegarse, después de la retirada del Virrey.
El Fuerte se convierte entonces en centro de los acontecimientos que culminarán con la capitulación. Allí se encuentran reunidos los jefes militares, los funcionarios de la Audiencia, los miembros del Cabildo y el Obispo Lué. Totalmente abatidos, después de recibir la noticia de la retirada de Sobre Monte, los funcionarios españoles aguardan la llegada de Beresford para rendir la plaza. Tienen la impresión de que, en la hora más difícil, el jefe del Virreinato y representante del monarca los ha abandonado.
Poco después de mediodía arriba al Fuerte, con bandera de parlamento, un oficial británico enviado por Beresford, éste expresa que su jefe exige la entrega inmediata de la ciudad y que cese la resistencia, comprometiéndose a respetar la religión y las propiedades de los habitantes.
Los españoles no vacilan en aceptar la intimación, limitándose a exponer una serie de condiciones mínimas en un documento de capitulación que envían a Beresford sin tardanza. Así, Buenos Aires y sus 40.000 habitantes son entregados a 1.600 Ingleses que sólo han disparado unos pocos tiros.
A las 4 de la tarde desembocan en la Plaza Mayor (actual Plaza de Mayo) las tropas británicas, mientras cae sobre la ciudad una fuerte lluvia. Los soldados ingleses, a pesar de su agotamiento, desfilan marcialmente, acompañados por la música de su banda y sus gaiteros. El general Beresford trata de dar la máxima impresión de fuerza y ha dispuesto que sus hombres marchen en columnas espaciadas. La improvisada artimaña, empero, no puede ocultar a la vista de la población el reducido número de las tropas invasoras que se presentan ante el Fuerte.
El General británico, acompañado por sus ofíciales, hace entonces entrada en la fortaleza, y recibe la rendición formal de la capital del Virreinato. Al día siguiente, flamea ya sobre el edificio la bandera inglesa. Durante cuarenta y seis jornadas, la enseña permanecerá allí como símbolo de un intento de dominación que, sin embargo, no llegará a concretarse.
La famosa Reconquista
Los vecinos de Buenos Aires estaban indignados por la actuación de sus autoridades. La resistencia comenzaba a gestarse y comenzaron a juntarse secretamente; numerosos grupos surgieron y se reclutaron en Perdriel al mando del Juan Martín de Pueyrredón. Martín Rodríguez anunció, el 1º de agosto, el avance hacia Perdriel del regimiento N° 71 al mando de Beresford. Pueyrredón encabezó el combate, herido su caballo por una bala de cañón, se salva en el anca de un caballo de su compañero. Por la tarde, triunfador, Beresford regresa al fuerte con 200 cañoncitos secuestrados a los amotinados.
Montevideo otorga 1000 hombres que los pone al mando de Santiago de Liniers quien desembarca en Las Cochas el 4 de agosto y el día 10, con 2000 hombres, llega a la ciudad a los corrales de Miserere exigiendo en 15 minutos la rendición de los ingleses. Avanza y luego ocupa el Retiro. Por esos momentos ya estaba Sobre Monte camino a Buenos Aires y en una carta le pide a Liniers que le espere para tener mayor poder ofensivo, pero la nota llega tarde.
El 12 de agosto con ahora 4000 hombres, ataca por la calle hoy Reconquista y la hoy San Martín y sobre las colaterales, retrocediendo los ingleses quienes disparaban desde las azoteas de la Recova. La caballería de J. M. de Pueyrredón arrebata una banderola del regimiento N° 71. A las 12 hs se agitaban los pañuelos blancos de los ingleses. Liniers los recibió en sus brazos, concediéndoles los honores de la guerra por su bizarra defensa.
Neutralizado el peligro externo, el Cabildo designó como jefe militar de la ciudad a Liniers.
El Marqués de Sobre Monte acampa con sus tropas del interior a las afueras de Buenos Aires y para tratar de mantener su poder nombró él mismo a Liniers a cargo de Buenos Aires.
Luego se traslada a Montevideo desde donde gobierna el Virreinato y prepara la ciudad para defenderla de los probables refuerzos sajones que se esperaban.
2 Invasion
Los primeros días de marzo salió de Inglaterra la nave Thisbe llevando al general John Whitelocke y su segundo el mayor general Levison Gower para Montevideo. Además partió un convoy con refuerzos al mando del general Ackland que por temporales en alta mar arribó a las costas rioplatenses cuando los ingleses ya habían caído y no participaron en las batallas.
La Thisbe llegó al río de la Plata a principios de mayo y, desde El Cabo, llegó poco tiempo después un contingente de unos 5000 hombres al mando del general Craufurd para reforzar Montevideo pero solo pudieron arrimarse a las costas a mediados de junio.
Sin esperar a Ackland reunió entonces Whitelocke las fuerzas de Craufurd y Auchmuty sumando poco más de 9000 soldados y desembarcó en Ensenada el domingo 28 de junio. Organizó una fuerza de vanguardia con 2500 al mando del general Gower, el grueso quedó a su cargo con 4400 hombres y la retaguardia, con todo el parque y bagaje sumaron 2100, comandada por el teniente coronel Mahon.
Los ingleses nos caricaturaron al darse la noticia de que habian triunfado
Liniers había logrado reunir cerca de 8000 hombres por lo que dejó un millar en distintos puntos de la ciudad y marchó el 29 con el resto para presentar una batalla campal cerca del Riachuelo. Ese día llegó la orden de España promoviendo a Liniers como brigadier y designando a Ruiz Huidobro virrey interino (reemplazando a Sobre Monte) o quien tuviera el mayor rango militar. Ruiz estaba preso en Inglaterra luego de la caída de Montevideo, por lo que la Audiencia inmediatamente nombró virrey a Liniers.
La marcha de los ingleses fue muy pesada dadas las dificultades del terreno. Tuvieron que atravesar desde la Ensenada unos bañados de unos seis kilómetros hasta el primer campamento en lo que hoy es La Plata. De allí atravesando varios arroyos hasta llegar a la reducción de los Quilmes y luego intentar cruzar el Riachuelo sumaban unos 50 kilómetros. Como la intención era tomar primero los cuarteles de Retiro por las afueras de la ciudad lo que significaba otros 10 kilómetros. La falta de alimentos, agua y leña les impedía alimentar bien a la tropa.
Órdenes mal impartidas o mal interpretadas hicieron que la vanguardia cruzara el 2 de julio por el paso Burgos hacia la quinta de White. Liniers los estaba esperando cerca de puente Gálvez pero teniendo a su espalda el Riachuelo. Cuando vio que el enemigo se encontraba lejos de sus hombres marchó hacia Miserere para cortarle el paso. Allí los ingleses lograron dividir las fuerzas españolas y hacerlas retroceder. La mayoría de los soldados se dispersaron y fueron a dormir a sus casas. Según análisis posteriores de Liniers y Álzaga si esa pequeña fuerza de la vanguardia al mando de Craufurd hubiera embestido hacia la ciudad a pesar de la noche, seguramente Buenos Aires hubiera caído.
El grueso del ejército inglés se desvió mucho más al oeste y el 3 cruzó por La Noria y avanzando hasta el camino real (actual avenida Rivadavia). Mientras tanto durante la noche del 2 al 3 varios grupos de soldados que no tomaron parte de la batalla de Miserere y vecinos de la ciudad fueron agrupados por Álzaga y otros cabildantes; comenzaron a montar barricadas con tercios de yerba y cuero en algunas de las calles por donde podían ingresar los ingleses. En otras se acomodaron las piezas de artillería traídas del Retiro y otros puntos tratando de resguardar la plaza y el fuerte. Además se formaron algunas barricadas en varias calles a modo de defensa exterior. Durante el día se reforzaron las barricadas y se destacaron algunos soldados en las azoteas. En los pórticos de las iglesias también se montaron cantones para evitar que el enemigo las ocupara y se encargó al capitán Concha defender el Retiro con unos 1000 hombres.
Cuando finalmente el grueso del ejercito inglés se reunió con la vanguardia en Miserere se definió avanzar en columnas a punta de bayoneta por doce calles hacia la plaza y el fuerte mientras un cuerpo tomaría el Retiro. Juzgando por las calles que se dispuso el asalto, es evidente que solo se tenía noticias de la defensa interior y no de la exterior que se preparó luego. Por otro lado el plano con que contaba Whitelocke estaba mal confeccionado por lo que las columnas avanzarían por calles cortadas o más alejadas de la plaza. Durante el 3 y el 4 se hicieron en ambos bandos los aprestos para el enfrentamiento, incluso en varias oportunidades se pidió la rendición a Liniers.
Por la mañana del 5 comenzó la marcha inglesa hasta el camino de las Tunas (hoy avenidas Callao y Entre Ríos) donde se organizaron las columnas. Tronaron los cañones, a las 6 y media, señal a amigos y enemigos que comenzaba el duelo. Metralla, fusilería, y ferocidad del lado español; bayoneta y experiencia del lado ingles. Las columnas tuvieron diferentes dificultades. Una se desvió para reforzar la toma del Retiro, otras apenas pudieron avanzar. Algunos tomaron casas pero por los fondos los Húsares los apresaron y enviaron al fuerte. Las columnas que llegaron a las barrancas tuvieron fuego permanente desde las casas y por los regimientos que cabalgaban por las costas. Algunos documentos de los capitanes ingleses mencionan que, como en el bajo las casas eran pulperías y los oficiales para impedir que los soldados se emborracharan rompieron todas las botellas y barricas a sablazos y culatazos. La mayoría de estas columnas se fueron rindiendo hacia el medio día.
Las columnas al sur de la plaza comandadas por Craufurd y Pack son las que libraron las más cruentas batallas ya que tenían mal copiadas las órdenes de Whitelocke y se fijaron como objetivo tomar algunas iglesias para desde la altura dominar la plaza. Esos eran justamente los lugares más defendidos por lo que las pérdidas de ambas partes fueron muchas y notables los esfuerzos por mantener posiciones. Por otro lado cada vez que una columna inglesa caía los vecinos y soldados españoles se corrían a las calles siguientes para reforzar a sus compañeros
Pasada las doce Liniers pidió la rendición de estas columnas a Craufurd pero este se negó por lo que se decidió bombardear la iglesia de Santo Domingo donde se había atrincherado. Se rindió pasadas las tres de la tarde y al entrar al fuerte junto a unos 50 oficiales y 600 soldados Liniers lo recibió con honores por su valiente actuación.
Las condiciones de rendición se le enviaron a Whitelocke el mismo 5 alrededor de las 6 de la tarde pero pidió una tregua. Recién el 7 de julio y luego de consultar al almirante y sus oficiales aceptó la propuesta de Liniers que incluía dejar Montevideo. Ese punto fue el que, en el consejo de guerra que le realizaron en Londres, le valió la destitución y se lo declarara incapaz de servir a la Corona Inglesa.
Defensa de Buenos Aires
Destitucion de Sobremonte
En 1806, después de la reconquista, el pueblo en general hubiera deseado deshacerse de Sobre Monte, pero el Cabildo no se animó a tanto y se contentó con insistir ante el virrey para que Liniers mandara el ejército en Buenos Aires de manera autónoma; pero el nuevo Cabildo de 1807, al mando de Álzaga, no titubeó. Convocó a un congreso poco después de la caida de Montevideo, compuesto por la Audiencia, el Cabildo, el Obispo, el Consulado, Liniers, los jefes militares y algunos vecinos principales que resolvió suspender a Sobre Monte de todos los cargos y retenerlo arrestado.
Se designó a una comisión con escolta militar para cumplir esta resolución que viajó especialmente a la campaña de la Banda Oriental.
El campamento del Virrey se encontraba en Posta de Durán y cuando llegaron casi no tenía milicias por lo que Rafael de Sobre Monte no opuso resistencia.
En Buenos Aires se le fijó residencia en la casa de convalecencia de los belermos (cerca de la actual Plaza Constitución) donde quedó hasta el 8 de noviembre de 1809, cuando el Virrey Cisneros lo envió a España.
Después de un largo proceso, Sobre Monte fue absuelto, el 12 de noviembre de 1813, por una corte especial en Cádiz. Más tarde se lo nombró consejero de Indias. Murió en 1827 a los 84 años en la misma Sevilla que lo vió nacer.
Virreinato de Liniers
Durante su gobierno, ocurrió el llamado “Motín de Álzaga”, organizado por Álzaga, que había sido elegido alcalde el 1 de enero de 1807, y tropas españolas, con el fin de terminar con su mandato, ya que no les convenía a los comerciantes españoles, de los cuáles Álzaga era un fiel exponente, ya que era uno de los monopolistas privilegiados del sistema español. Las milicias, a cargo de Cornelio Saavedra repelieron el levantamiento.
Álzaga conducía el partido republicano, también llamado de las Juntas o del Cabildo, formado en su mayoría por españoles europeos, aunque también lo conformaban algunos criollos. El centro de poder era el Cabildo de Buenos Aires. Su propósito era la independencia del Río de la Plata, pero el nuevo gobierno que proponían estaría formado, si bien independiente de España, por comerciantes, españoles europeos, en defensa de sus intereses. Por lo tanto, en ideas de emancipación era idéntico al movimiento de los criollos, pero no en quien gobernaría el nuevo estado, ya que este último grupo, quedaría excluido.
Para mantenerse en el poder, debió en ciertas circunstancias tomar actitudes demagógicas, mientras el estado perdía fuerza antes las ideas revolucionarias que crecían.
Fue sospechado por su origen francés de apoyar a las tropas napoleónicas que habían intervenido España. Fue reemplazado en su cargo por Cisneros, en 1808, recibiendo el título de conde de Buenos aires para sí y sus descendientes por el rey de España. Sin embargo sus sucesores lograron mutar ese título por el de “Condes de la lealtad”.
Se dirigió en 1810 a Alta Gracia (Córdoba) donde luchó contra la emancipación americana. Fue vencido en cabeza de Tigre y fusilado en un paraje cercano, el 26 de agosto de 1810, por orden de la Primera Junta de gobierno. Pocos días antes de su derrota, su suegro, Martín de Sarratea, le había escrito desde Buenos Aires para que depusiera su actitud de enfrentamiento a la causa revolucionaria, pensando en sus hijos. Sin embargo fue más fiel su sentimiento de fidelidad hacia la corona española.
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