El Problema de las pseudociencias.
Por Wilfredo pomares Angel,
estudiante de tercer año de Filosofía, UH. La Habana Cuba
dec/08/2010 5am
Desde hace un tiempo en adelante las epistemologías han tenido que tomar partido sobre un
fenómeno cultural llamado pseudociencia. Se trata de un conjunto de hipótesis que intentan
explicar diversas realidades, y quienes las erigen las defienden en calidad de de verdad, de
teoría, en fin: de ciencia. Ese es el motivo de que se le bautice como pseudociencia, pero
las características esenciales que hacen de ella algo distinto de la ciencia son, en suma, casi
la definición de ciencia en negativo: no utiliza un método cuya validez pueda aceptarse
independientemente de las expectativas del observador, por tanto no pueden aportar datos
o pruebas empíricas que justifiquen sus hipótesis; en consecuencia, para preservarse, realiza
una defensa-legitimación mediante la proclamación de su carácter científico al público general
pero renunciando a poner a prueba sus explicaciones ante la comunidad o las comunidades
científicas establecidas; por tanto son dogmáticas, no admiten refutación, y como corolario no
han evolucionado, son inmutables.
Definir a la pseudociencia por negación a la definición de ciencia nos obliga a que,
lógicamente, relacionemos ambos términos a la hora de realizar una crítica (entendida como
análisis de la condiciones de posibilidad) a uno de ellos. Por lo que no sería tan peregrina la
idea de que la posibilidad de la pseudociencia como fenómeno cultural depende del lugar y las
funciones que ocupa la ciencia en la cultura.
Lugar de la ciencia en la cultura.
El desarrollo histórico ha hecho que en ciertas épocas convergieran revoluciones sociales
con las científicas y tecnológicas (1). Estas revoluciones, sin duda intervinculadas, condujeron a
una aproximación necesaria de las dos últimas hasta confundirse en La Revolución científica
y tecnológica durante la segunda mitad del siglo XX. El ascenso y la mundialización del
capitalismo, con todas las pautas de consumo que promueve, más el aumento de las fuerzas
productivas y el rendimiento de las relaciones de producción (posibles gracias a los tres tipos
de revoluciones antes mencionadas) provoca que el desarrollo tecnológico nos afecte en todos
los ámbitos: tanto en lo económico como en lo psicosocial, la higiene, la vida intima, el nivel y
la esperanza de vida, la reproducción humana, y hasta los patrones de conducta y de consumo.
Todo lo anterior la hace perfecta como institución social para la legitimación, si hay que
demostrar la veracidad de una proposición hay que valerse de la ciencia, basta que un
científico diga en televisión que el huevo de gallina aumenta el colesterol para que el público
en general se haga eco de tal afirmación, y quiebre alguna que otra granja avícola en Estados
Unidos. La idea de la ciencia como legitimadora de situaciones que incluso van más allá de lo
científico no es nueva, el propio surgimiento de la ciencia moderna responde a cierto interés
de la clase revolucionaria que enfrenta al feudalismo también ideológicamente, verdad contra
fe. Lo que sí es característico de esta época es lo especialmente intenso que se ha vuelto el
consumo de conocimientos, así como su impacto social en los últimos 40 años.
El impacto social del conocimiento depende tanto de los factores antes mencionados como
de una cultura preparada para soportarlo, en este sentido la llamada cultura de la “mass
media” ha funcionado hasta cierto punto como buen receptor. Pero al mismo tiempo es un
tipo de cultura manipulada por enormes corporaciones cuyas principales preocupaciones son
acumular ganancias y asegurar la conservación de todo el sistema corporativo de obtención de
beneficios. Bernal solía repetir en sus obras la idea de que las sociedades clasistas(básicamente
todas) tienen muy buenas cosas, pero muy malas formas de adquirirlas y utilizarlas.
Institución, legitimación, censura, obediencia. La pseudociencia en la lógica de la industria.
¿Qué pasa entonces si los medios de difusión de ideas (incluso los de comunidades científicas)
están controlados por este tipo de corporaciones? ¿Si ahora los criterios de censura no tienen
por qué tener un compromiso con la verdad, sin embargo sí con las ventas, con el consumo, y
por tanto con el espectáculo? Las lecturas del asunto Sokal son variadas, una de ellas es que
el alcance justo de los resultados científicos no siempre los manipula otro científico, sino que
puede ser desde un burócrata de poca monta o un editor(literario, televisivo,etc.) hasta un
ejecutivo de una empresa. Lo que deja brechas abiertas a la utilización de estos espacios a
cualquiera que con un lenguaje muy parecido al científico exponga ideas de cualquier tipo.
¿Acaso es posible que la ciencia sea expresión de una ideología dominante que se divorcia de
la verdad para casarse con el espectáculo?
Quizás haya que sopesar con cuidado no sólo el daño que las pseudociencias provocan a
las personas o las instituciones, sino el lugar que ocupan dentro de la industria. ¿Quiénes
legitiman, por ejemplo, la Cienciología o Dianética financiando la publicación de sagas
de libros, programas televisivos, DVDs interactivos, etc.? Los que pueden sacarle partido
económico.
La pseudociencia no es sólo un problema, sino que es manifestación de uno aún mayor
que reside en la ideología de una sociedad diseñada para el consumo como soporte de una
economía industrial avanzada.
1.- John. D Bernal en su HISTORIA SOCIAL DE LA CIENCIA en dos tomos, hace un análisis sobre esto y llega
a la conclusión de que esas convergencias, que se han dado desde la Grecia clásica hasta nuestros días,
tiene que ver con el carácter clasista de las sociedades, y por tanto de la ciencia que producen.
Bibliografía
Bernal, John D. HISTORIA SOCIAL DE LA CIENCIA, I y II.__EDITORIAL DE CIENCIAS SOCIALES, La
Habana, 1986.
Núñez Jover, Jorge. LA CIENCIA Y LA TECNOLOGÍA COMO PROCESOS SOCIALES.__EDITORIAL
FÉLIX VARELA, La Habana, 1999.
Parenti, Michael, LA BATALLA DE LA CULTURA.__EDITORIAL DE CIENCIAS SOCIALES, La
Habana,2009.
WikiTaxi 1.0.6, The PHP Group, 1999-2008.
Por Wilfredo pomares Angel,
estudiante de tercer año de Filosofía, UH. La Habana Cuba
dec/08/2010 5am
Desde hace un tiempo en adelante las epistemologías han tenido que tomar partido sobre un
fenómeno cultural llamado pseudociencia. Se trata de un conjunto de hipótesis que intentan
explicar diversas realidades, y quienes las erigen las defienden en calidad de de verdad, de
teoría, en fin: de ciencia. Ese es el motivo de que se le bautice como pseudociencia, pero
las características esenciales que hacen de ella algo distinto de la ciencia son, en suma, casi
la definición de ciencia en negativo: no utiliza un método cuya validez pueda aceptarse
independientemente de las expectativas del observador, por tanto no pueden aportar datos
o pruebas empíricas que justifiquen sus hipótesis; en consecuencia, para preservarse, realiza
una defensa-legitimación mediante la proclamación de su carácter científico al público general
pero renunciando a poner a prueba sus explicaciones ante la comunidad o las comunidades
científicas establecidas; por tanto son dogmáticas, no admiten refutación, y como corolario no
han evolucionado, son inmutables.
Definir a la pseudociencia por negación a la definición de ciencia nos obliga a que,
lógicamente, relacionemos ambos términos a la hora de realizar una crítica (entendida como
análisis de la condiciones de posibilidad) a uno de ellos. Por lo que no sería tan peregrina la
idea de que la posibilidad de la pseudociencia como fenómeno cultural depende del lugar y las
funciones que ocupa la ciencia en la cultura.
Lugar de la ciencia en la cultura.
El desarrollo histórico ha hecho que en ciertas épocas convergieran revoluciones sociales
con las científicas y tecnológicas (1). Estas revoluciones, sin duda intervinculadas, condujeron a
una aproximación necesaria de las dos últimas hasta confundirse en La Revolución científica
y tecnológica durante la segunda mitad del siglo XX. El ascenso y la mundialización del
capitalismo, con todas las pautas de consumo que promueve, más el aumento de las fuerzas
productivas y el rendimiento de las relaciones de producción (posibles gracias a los tres tipos
de revoluciones antes mencionadas) provoca que el desarrollo tecnológico nos afecte en todos
los ámbitos: tanto en lo económico como en lo psicosocial, la higiene, la vida intima, el nivel y
la esperanza de vida, la reproducción humana, y hasta los patrones de conducta y de consumo.
Todo lo anterior la hace perfecta como institución social para la legitimación, si hay que
demostrar la veracidad de una proposición hay que valerse de la ciencia, basta que un
científico diga en televisión que el huevo de gallina aumenta el colesterol para que el público
en general se haga eco de tal afirmación, y quiebre alguna que otra granja avícola en Estados
Unidos. La idea de la ciencia como legitimadora de situaciones que incluso van más allá de lo
científico no es nueva, el propio surgimiento de la ciencia moderna responde a cierto interés
de la clase revolucionaria que enfrenta al feudalismo también ideológicamente, verdad contra
fe. Lo que sí es característico de esta época es lo especialmente intenso que se ha vuelto el
consumo de conocimientos, así como su impacto social en los últimos 40 años.
El impacto social del conocimiento depende tanto de los factores antes mencionados como
de una cultura preparada para soportarlo, en este sentido la llamada cultura de la “mass
media” ha funcionado hasta cierto punto como buen receptor. Pero al mismo tiempo es un
tipo de cultura manipulada por enormes corporaciones cuyas principales preocupaciones son
acumular ganancias y asegurar la conservación de todo el sistema corporativo de obtención de
beneficios. Bernal solía repetir en sus obras la idea de que las sociedades clasistas(básicamente
todas) tienen muy buenas cosas, pero muy malas formas de adquirirlas y utilizarlas.
Institución, legitimación, censura, obediencia. La pseudociencia en la lógica de la industria.
¿Qué pasa entonces si los medios de difusión de ideas (incluso los de comunidades científicas)
están controlados por este tipo de corporaciones? ¿Si ahora los criterios de censura no tienen
por qué tener un compromiso con la verdad, sin embargo sí con las ventas, con el consumo, y
por tanto con el espectáculo? Las lecturas del asunto Sokal son variadas, una de ellas es que
el alcance justo de los resultados científicos no siempre los manipula otro científico, sino que
puede ser desde un burócrata de poca monta o un editor(literario, televisivo,etc.) hasta un
ejecutivo de una empresa. Lo que deja brechas abiertas a la utilización de estos espacios a
cualquiera que con un lenguaje muy parecido al científico exponga ideas de cualquier tipo.
¿Acaso es posible que la ciencia sea expresión de una ideología dominante que se divorcia de
la verdad para casarse con el espectáculo?
Quizás haya que sopesar con cuidado no sólo el daño que las pseudociencias provocan a
las personas o las instituciones, sino el lugar que ocupan dentro de la industria. ¿Quiénes
legitiman, por ejemplo, la Cienciología o Dianética financiando la publicación de sagas
de libros, programas televisivos, DVDs interactivos, etc.? Los que pueden sacarle partido
económico.
La pseudociencia no es sólo un problema, sino que es manifestación de uno aún mayor
que reside en la ideología de una sociedad diseñada para el consumo como soporte de una
economía industrial avanzada.
1.- John. D Bernal en su HISTORIA SOCIAL DE LA CIENCIA en dos tomos, hace un análisis sobre esto y llega
a la conclusión de que esas convergencias, que se han dado desde la Grecia clásica hasta nuestros días,
tiene que ver con el carácter clasista de las sociedades, y por tanto de la ciencia que producen.
Bibliografía
Bernal, John D. HISTORIA SOCIAL DE LA CIENCIA, I y II.__EDITORIAL DE CIENCIAS SOCIALES, La
Habana, 1986.
Núñez Jover, Jorge. LA CIENCIA Y LA TECNOLOGÍA COMO PROCESOS SOCIALES.__EDITORIAL
FÉLIX VARELA, La Habana, 1999.
Parenti, Michael, LA BATALLA DE LA CULTURA.__EDITORIAL DE CIENCIAS SOCIALES, La
Habana,2009.
WikiTaxi 1.0.6, The PHP Group, 1999-2008.