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Este post continúa la temática del anterior, que explica el capitalismo:


B. ¿QUÉ ES EL COMUNISMO?




La cuestión que nos planteamos en este punto es ¿qué objetivos, qué programa debería sostener la clase obrera para acabar con la explotación?

Muchos defensores del sistema dicen que es necesario luchar por un capitalismo "humano", que es lo máximo a lo que podemos aspirar. Pero vimos que las leyes de funcionamiento del capital lo hacen imposible. Hemos visto también que las luchas por salarios y otras reivindicaciones, con toda su importancia, tienen un "techo", que es la propiedad privada y el dominio del Estado sobre los explotados. Por eso los revolucionarios planteamos que es necesario elevarse por encima de la pelea meramente sindical, y que es imperioso comenzar a elaborar y defender un programa que vaya al fondo de los males. Es necesario acabar con la propiedad privada de los medios de producción para ponerlos bajo control y administración de los obreros. ESTA ES LA SALIDA DEL COMUNISMO.
Las ideas del comunismo son muy antiguas

La idea de que deberá existir una sociedad en que los medios de producción sean propiedad de toda la comunidad es muy antigua. Ya en la Edad Media, hace más de mil años, hubo movimientos de campesinos que proclamaban el objetivo de una sociedad en que los bienes fueran de todos. Muchas veces formulaban esa demanda bajo formas religiosas. Por ejemplo, cuando se acercaba el año 1.000, decían que llegaba el día del juicio final y Cristo volvía para castigar a los ricos, distribuir las tierras y las riquezas acumuladas, y que los pobres comenzarían a vivir en un paraíso. Esto traducía un anhelo muy hondo, una tendencia a cuestionar la propiedad privada de aquella época y la situación de semi-esclavitud en que estaban los campesinos. O los campesinos decían que si el sol o la lluvia eran dones de dios para todos, la tierra también debería ser de todos. El cristianismo primitivo expresaba de alguna manera ideas favorables a una especie de organización comunista de la propiedad.

Con esto queremos mostrar que las ideas del comunismo no son un invento de algunos intelectuales, sino que estuvieron en la mente de seres humanos que sufrieron la explotación a lo largo de la historia.

Pero sólo con la llegada del capitalismo, de las fábricas modernas y la consiguiente formación de los grandes ejércitos de trabajadores, se pudo pensar en convertir en realidad esta idea. Para ubicarnos en la historia, digamos que el capitalismo se comienza a afirmar en algunos países de Europa hace aproximadamente unos 200 años.

En las primeras décadas del siglo pasado las ideas del comunismo ya se habían difundido entre muchos obreros y artesanos de París (en aquellos tiempos había pocas fábricas, más bien eran talleres). Era todavía un comunismo ingenuo, que no partía de analizar qué era y cómo funcionaba el capitalismo, pero mostraba la voluntad de cuestionar y rebelarse contra la explotación. Luego, Marx y Engels, a partir de 1845, aproximadamente, le dieron una forma científica a esas ideas. El programa del comunismo en absoluto fue un "invento" de dos intelectuales, como lo presenta la burguesía. El comunismo expresa UNA NECESIDAD DE LAS MASAS. Marx y Engels explicaron muchas veces que sus ideas no se originaron por soñar una sociedad mejor, sino estudiando el capitalismo, la lucha de las clases sociales y participando en este movimiento junto al resto de sus compañeros.

Dijimos que con el capitalismo por primera vez surge una clase que puede luchar con éxito por acabar la propiedad privada de los medios de producción, por una sociedad comunista. Esto se debe a que por primera vez en las sociedades humanas la clase productora fundamental será urbana, y no campesina, como había sucedido en las sociedades anteriores al capitalismo. Y esa clase urbana productora serán los obreros.

A diferencia de los campesinos, los obreros están concentrados en grandes ciudades, y en las empresas. Esto les da fuerza y un sentido de pertenecer a una misma clase, con los mismos intereses. Los campesinos, en cambio, están dispersos.

En segundo lugar, el campesino pide, por lo general, ser propietario de un pedazo de tierra; a lo largo de la historia, cuando los campesinos lograban arrebatar la tierra a los señores, la repartían en pequeñas propiedades, y al tiempo volvían a aparecer el egoísmo, el acaparamiento de tierras, las diferencias entre ricos y pobres. En China esto sucedió varias veces a lo largo de la historia.

En cambio, el obrero no puede hacer lo mismo con la industria. El trabajador de una moderna acería no puede aspirar a ser dueño de una parte del alto horno o del tren de laminado. El de una fábrica de autos no puede llevarse a su casa un pedazo de la línea de montaje. Por consiguiente, la solución de los obreros ante la explotación capitalista no es volver a la pequeña propiedad privada de los medios de producción, sino convertirlos en propiedad de todos.

En tercer término, las mismas tendencias del sistema capitalista están mostrando que la salida debe ser el comunismo. En un polo se concentra la riqueza; en el otro polo cada vez más seres humanos trabajan para el capital. O sea, la producción cada vez más es social. Pero la apropiación de esa riqueza es privada

Para acabar con esta situación, para que la riqueza sea apropiada por la sociedad, hay que acabar con la propiedad privada.

Por último, la situación de los millones de marginados, la creación de enormes ejércitos de desocupados, muestra a los trabajadores que no hay esperanzas de que se acaben sus males bajo el capitalismo. Por supuesto, algunos individuos se "salvan", se convierten en capataces, o incluso ahorran y se convierten en explotadores. Los capitalistas utilizan estos ejemplos para decir que con esfuerzo los obreros pueden salir de su situación, y que todo es cuestión de sacrificarse. Pero lo cierto es que como clase, es decir, como grupo social, los obreros no pueden pasar a ser todos capitalistas. Como grupo social están condenados a seguir siendo obreros, y cada vez más atados al capital por la desocupación.



Las grandes experiencias históricas de la clase obrera

Los trabajadores han realizado intentos de acabar con el capitalismo, de construir una nueva sociedad, sin explotadores ni explotados. Fueron los primeros pasos, aún débiles, pero que nos muestran que es posible que en un futuro los trabajadores puedan organizar la sociedad de una forma nueva. Los capitalistas basan gran parte de su propaganda contra el comunismo en denigrar y burlarse de estos intentos, diciendo que fueron utopías. Observemos que muchas veces ni siquiera se preocupan por demostrar que nuestra crítica a la explotación es incorrecta; simplemente responden que la historia "ya probó" que toda sociedad distinta a la capitalista está destinada al fracaso. Pero esto es una mentira.

1) La Comuna de París de 1871

La primera gran experiencia se hizo en París, y duró unos pocos meses, de marzo a fines de mayo de 1871. A partir de la derrota de Francia en una guerra con Alemania, los obreros tomaron el control de la ciudad, el 18 de marzo, y proclamaron la Comuna.

La Comuna estaba formada por consejeros municipales, elegidos por sufragio universal en los distritos de la ciudad; la mayoría de los consejeros eran obreros, o representantes reconocidos de los obreros. Algo muy importante, estos consejeros eran responsables por lo que hacían ante sus electores, y éstos los podían revocar. De esta manera se impedía que sucediera lo que pasa en los regímenes burgueses, en los que el pueblo elige a representantes y éstos hacen lo que quieren, sin que se los pueda quitar.

La Comuna no era un Parlamento, donde se discute y discute indefinidamente, mientras las resoluciones que importan se toman en los pasillos del poder ejecutivo y en los ministerios, porque reunía los poderes ejecutivo y legislativo. Además, todo funcionario o consejero ganaba lo mismo que un obrero. Para garantizar el poder de la clase obrera, el primer decreto de la Comuna fue suprimir el ejército permanente de la burguesía, para reemplazarlo por el pueblo en armas. También suprimió la independencia de los jueces. A igual que los demás funcionarios públicos, pasaban a ser electivos, responsables ante sus electores y revocables. Además, la Comuna decretó la separación de la iglesia del Estado, y expropió los bienes del clero.

La Comuna tomó medidas como suprimir el trabajo nocturno, prohibió la rebaja de los salarios -una práctica muy común entonces- y entregó a las asociaciones obreras todos los talleres y fábricas que habían abandonado o cerrado los patrones. El proyecto de la Comuna fue organizar a todo Francia sobre la base de otras Comunas, pero esto no pudo efectivizarse, porque quedó aislada y cercada por las fuerzas burguesas; en esos tiempos las condiciones no estaban maduras en el conjunto del país para seguir su ejemplo. Además, la Comuna cometió el error de ser demasiado blanda con sus enemigos, los burgueses, que se habían fugado de París, pero conspiraban para derribarla.

En definitiva, la Comuna terminó aplastada por la reacción, cuyas tropas entraron a París el 21 de mayo, cometieron enormes atrocidades y fusilaron masivamente a obreros y revolucionarios. A pesar de la derrota, la Comuna de París demostró por primera vez que era posible que los trabajadores reemplazaran al Estado burgués por otra organización, que tomaran sus destinos en sus propias manos.

2) La Revolución Rusa de 1917

La otra gran experiencia fue la toma del poder por los obreros rusos, en noviembre de 1917. En el curso de sus luchas contra el régimen dictatorial -el zarismo- los obreros habían encontrado una forma de organización muy importante, a la que llamaron "consejos" (en ruso la palabra es "soviet" ). Los consejos (o soviets) estaban formados por delegados de las empresas, con mandatos y revocables. También hubo consejos de los campesinos, y más tarde de los soldados; surgieron por primera vez en 1905, durante una revolución que fue finalmente aplastada, y resurgieron con mucha fuerza en 1917.

A diferencia de la Comuna de París, los obreros más avanzados de Rusia, junto a intelectuales seguidores de Marx, se habían organizado en un partido revolucionario, que estaba provisto de una teoría científica sobre el capitalismo y la revolución, el marxismo. Lenin fue el dirigente de este partido; Trotski también fue dirigente de la revolución, y del partido a partir de 1917. Este partido, que se conoció en la historia con el nombre de partido bolchevique, adquirió una enorme influencia en los consejos de los obreros, campesinos y soldados en 1917. Su consigna era "Todo el poder a los Soviets" (o sea, a los consejos).

Lo importante es que por segunda vez en la historia los obreros intentaron construir una sociedad dirigida por ellos mismos. Lenin y sus compañeros estudiaron la experiencia de la Comuna de París, aprendiendo de sus virtudes y de sus errores. Por eso, después de tomar el poder, los revolucionarios rusos impusieron una fuerte represión a la burguesía. En general es inevitable que los capitalistas, los funcionarios burgueses del Estado, y toda la masa de gente que se beneficia con la explotación capitalista, traten de retomar el poder y de aplastar a la revolución, y esto debía ser combatido. Un régimen revolucionario debe emplear la violencia y la represión, y en este sentido es una dictadura de la clase obrera sobre los antiguos explotadores y sus aliados. Claro que en lugar de la dictadura de la burguesía sobre la mayoría, ahora es la dictadura de la mayoría sobre una minoría. Es la dictadura de la clase obrera, la única que puede garantizar a los trabajadores el poder suficiente para avanzar en su liberación, incluso para aprender a administrar y dirigir su propio país.

En Rusia, a igual que había sucedido con la Comuna de París, los burgueses se unieron con los imperialistas extranjeros y atacaron a la flamante República de los Consejos de Obreros y Campesinos. Así, desde 1918 hasta fines de 1920, se desarrolló una guerra civil, con intervención de ejércitos extranjeros, en muchos frentes. Los contrarrevolucionarios terminaron derrotados, y esto demuestra la inmensa fuerza que pueden tener las masas obreras y campesinas, cuando toman en sus manos sus destinos, cuando se organizan para acabar con la explotación.

Los obreros intentaron organizar una sociedad sin explotación, aun en medio de las terribles penalidades provocadas por la guerra civil (en un país que ya estaba agotado por su participación en la guerra mundial desde 1914 a 1917). En las fábricas empezaron imponiendo el control sobre la producción, y luego tomaron su administración. En el campo se anularon las propiedades de los terratenientes y se entregó la tierra a los consejos de campesinos, para que las distribuyeran. Se dispuso que todo funcionario del gobierno de los Soviets debía ganar igual que un obrero calificado. Se trató de instalar una milicia, eliminando el ejército y la policía profesionales. Esta medida apuntaba a impedir que se creara un nuevo cuerpo represivo por encima de la sociedad; la idea era que todo ciudadano tuviera periódicamente una instrucción militar, y que los obreros cumplieran las funciones de vigilancia y defensa de la revolución. Lamentablemente, la irrupción de la guerra impidió que este proyecto se concretara.

Pero si bien los contrarrevolucionarios fueron derrotados militarmente, su acción fue lo suficientemente fuerte como para llevar al país al borde de la bancarrota total. En 1921, en la República de los Soviets de Obreros y Campesinos, las masas pasaban hambre, había desocupación, las fábricas no producían, no había equipos industriales, ni técnicos o ingenieros, el analfabetismo era masivo; a veces las fábricas no podían ponerse a producir porque ni siquiera existían los materiales básicos para hacerlo, los transportes estaban desorganizados; los elementos de la pequeña burguesía o de la vieja burguesía expropiada acaparaban comida y bienes y especulaban. Además, el país se vio sometido al acoso económico de todas las potencias capitalistas.

La única posibilidad de salir de esa situación era con la ayuda de la revolución mundial. Los obreros y campesinos rusos habían tomado el poder con la esperanza de que la revolución se extendiera a Europa, pero entre 1918 y 1923 fracasaron intentos de toma del poder en varios países. En esto, la burguesía contó con la activa colaboración de los partidos socialistas, cuyos dirigentes se habían adaptado al régimen capitalista.

La República de los Consejos, por consiguiente, no fue derrotada directamente por la burguesía, pero sí de manera indirecta. La dictadura de los obreros y campesinos quedó aislada, hambrienta, sin recursos. Muchos obreros que dirigieron la revolución fueron muertos durante la guerra civil; otros debieron dejar las ciudades, por el hambre y la miseria. La clase obrera en Rusia no era numerosa, comparada con las masas de campesinos, y esto también debilitó a la fuerza más importante de la revolución. Todavía después de terminada la guerra, se intentó reorganizar la economía de manera democrática, y avanzar hacia la propiedad común y administrada por los obreros y campesinos. Poco antes de morir Lenin proyectó organizar a las pequeñas producciones campesinas en cooperativas, para ir educando en las ideas del socialismo, de la propiedad de todos.

Sin embargo, estos proyectos, y otros sobre la planificación de la economía, no pudieron concretarse. El agotamiento era tan grande que muchos obreros no concurrían siquiera a las reuniones de los soviets o de sus sindicatos. Finalmente, la revolución fue vencida "desde adentro": la miseria, el hambre, la desocupación, las derrotas de la revolución en Europa, desalentaron y agotaron las fuerzas de la clase obrera. Sobre la base de esta situación, una capa de funcionarios y dirigentes, encabezados por Stalin, pudo hacerse cargo del Estado, derrotando a la vanguardia revolucionaria, e imponiendo una dictadura sobre las masas. El partido, los soviets y los sindicatos, y el ejército de los obreros, fueron desorganizados, se anuló la democracia y se impuso el dominio de funcionarios, de burócratas. Stalin le prometía a los trabajadores que construiría el socialismo en Rusia, sin la ayuda de la revolución internacional; con el tiempo, se fue inclinando a una política de pactos con la burguesía de las grandes potencias, y ahogó todos los intentos revolucionarios. Los funcionarios comenzaron a tener salarios mucho más altos que los trabajadores, y se separaron definitivamente de las masas.

Hacia mediados de los años veinte, la revolución estaba siendo derrotada. Lenin había muerto en 1924, y Trotski fue expulsado unos años más tarde. En los treinta las persecuciones contra los viejos revolucionarios se intensificaron. Miles de ellos fueron encarcelados, sufrieron juicios infamantes y fueron fusilados. Trotski fue asesinado por un partidario de Stalin en México, en 1940.

Cuando la Unión Soviética cayó en 1989-91, hacía mucho tiempo que no quedaba nada del viejo proyecto socialista. Pero los medios de prensa y los políticos burgueses ponen todo el empeño en decirle que la Unión Soviética era "socialista" para "demostrar" que los obreros no pueden dirigir y que el proyecto socialista es una ilusión.

El futuro del comunismo

Vimos cómo los capitalistas combatieron y ahogaron por todos los medios los dos intentos más extraordinarios realizados por los trabajadores de construir sociedades nuevas. Ahora se burlan de estas experiencias, y dicen que los obreros no pueden dirigir ni organizar una sociedad. Se empeñan en confundir las cosas, diciendo que la dictadura de los burócratas de la Unión Soviética fue socialismo, y acusan a los revolucionarios de "no tener los pies sobre la tierra", de "no reconocer que el comunismo fracasó", de querer "imponer una utopía".

Sin embargo, el comunismo está lejos de ser un invento surgido de las mentes de soñadores. Como decía Marx, no se trata de establecer por decreto una utopía previamente preparada, ni un "plan" de una futura sociedad. Los comunistas revolucionarios no esperamos milagros; simplemente sabemos que la misma sociedad capitalista y la lucha de clases generan las condiciones para superar la explotación. Ni Marx ni Lenin "inventaron" los Consejos obreros, ni los sindicatos, ni las organizaciones políticas de los trabajadores; fueron los obreros quienes los crearon en el curso de sus luchas esos organismos. Tampoco Marx, Engels, Lenin o Trotski provocaron las revoluciones; éstas fueron la rebelión de millones contra situaciones intolerables.

Después de la experiencia de Rusia, en otros países resurgieron Consejos de trabajadores, al calor de las luchas: en Alemania, en Italia, incluso en Chile en los años setenta. La historia demuestra que los trabajadores pueden organizar otro tipo de Estado, poner en funcionamiento las empresas y dirigirlas de manera democrática. Esto permitirá orientar las inversiones no de acuerdo a las ganancias de los capitalistas, como sucede en la actualidad, sino de acuerdo a las necesidades de la población. Y estas necesidades surgirán de la discusión democrática de los organismos públicos, a niveles locales, provinciales o nacionales.

Además, los avances de la tecnología, de las comunicaciones, amplían las posibilidades de organizar formas de democracia y de administración directas de los obreros. A diferencia de lo que pasaba a comienzos de siglo en Rusia, actualmente hay enormes masas de técnicos y de profesionales que están incorporadas a la clase obrera, y que pueden poner sus conocimientos al servicio de la organización de una nueva sociedad. Pero lo más importante es que por primera vez la clase obrera pasa a ser mayoritaria a nivel de todo el planeta. A comienzos de siglo, cuando los obreros tomaron el poder en París, eran una minoría en Francia. Cuando tomaron el poder en Rusia, también eran una minoría en Rusia, y perdieron la revolución cuando ésta no se extendió a Europa. En ese tiempo, en América Latina, en Asia, en África, la clase obrera era muy pequeña, o casi no existía. Hoy sucede lo opuesto.

Pero a pesar de estas condiciones para el socialismo, nunca como hasta ahora se había difundido tanto la idea de que los obreros no pueden aspirar a cambiar la sociedad. En este sentido, debemos reconocer que las fuerzas del capitalismo han obtenido un gran triunfo, porque lograron que los trabajadores piensen que la caída de la Unión Soviética "demuestra" el fracaso del socialismo. Es una paradoja que cuando el capitalismo agudiza los males de la población, cuando además se produce una inmensa riqueza gracias a los más maravillosos avances de la técnica y de la ciencia, cuando por todos lados se extienden los ejércitos de asalariados bajo el mando del capital, al mismo tiempo las ideas del comunismo parecen más desacreditadas.

Para combatir esta situación, necesitamos organizarnos y realizar una paciente tarea de esclarecimiento, mostrando qué es el capital y por qué hay que acabar con su dominio. A partir de las mismas experiencias de los trabajadores, de sus luchas, de sus victorias o derrotas, tenemos que avanzar, alentando la resistencia a la explotación terrible del capital, a la miseria, al hambre. Tenemos que reconstruir las bases del proyecto socialista, pero en una situación de mayor fuerza de la clase obrera a nivel mundial. Para esto, necesitamos construir un partido revolucionario mundial de trabajadores, que agrupe a todos los compañeros y compañeras que quieran sumarse a esta tarea.

APÉNDICE

Sobre el socialismo y el comunismo
En este trabajo hablamos a veces del objetivo o del programa del "socialismo", y a veces del "comunismo". Muchas veces se usan en forma indistinta, y así lo hicimos nosotros, porque ambas designan la sociedad sin clases y porque políticamente hoy esta diferencia no es tan importante, dado que no están planteados como objetivos inmediatos. De todas maneras vamos a explicar las diferencias, para poner en claro el objetivo final de nuestro movimiento.

Marx planteó que luego que los medios de producción dejen de ser propiedad privada y pertenezcan a toda la sociedad, se entrará en la primera fase de la sociedad comunista; posteriormente, en el movimiento obrero europeo, a esta primera fase del comunismo se le llamó socialismo.

En el socialismo cada individuo deberá realizar una parte del trabajo que demande la sociedad, y obtendrá un certificado que acreditará que lo ha hecho. Con ese certificado, y deducida una parte para el fondo social, podrá obtener los bienes que necesite. Es decir, se distribuirán los bienes de consumo según el trabajo aportado. En esta fase, por lo tanto, ya no existirán las clases sociales ni la explotación, pero sí deberá subsistir alguna forma de control de la sociedad sobre los productores, para llevar la contabilidad de las horas trabajadas y distribuir lo producido.

Esto nos puede parecer muy igualitario, pero Marx explicaba que aún no debería ser el objetivo último. Es que no todos los hombres son iguales, unos son más fuertes que otros, tienen distintas necesidades y aptitudes. Por lo tanto en el socialismo aún subsistirán las diferencias de riqueza, que no vendrán de la explotación, pero sí de la distribución de los artículos según el trabajo de cada uno.

Por este motivo, Marx planteó que deberá llegarse a un estadio superior, en que la distribución de los bienes de consumo no se haga según el trabajo sino según las necesidades de cada uno. A esta etapa Marx le llamó la fase superior del comunismo, y hoy la conocemos bajo el nombre de comunismo. Bajo el comunismo, cada cual aportará a la sociedad el trabajo que pueda brindar, y tomará de la sociedad lo que necesite para vivir. Esto parece inaplicable, pero en muchas familias sucede algo que se le puede asemejar: cuando todos los miembros trabajan y aportan lo que pueden a un fondo común, y toman de ese fondo lo que necesitan para vivir. La idea del comunismo es llegar a una sociedad donde por primera vez sea real la solidaridad y la igualdad entre los seres humanos, que respetaría las desigualdades de gustos, aptitudes y necesidades de cada uno.

Esto nos está demostrando, por otra parte, que no es cierto lo que dicen los capitalistas, que los comunistas queremos cortar a todo el mundo por la misma tijera. Por el contrario, es el capital el que obliga a todos los trabajadores a hacer las mismas tareas, aburridas y repetidas; es el capital el que produce artículos en masa, todos iguales, o el que nos inunda con programas de televisión que parecen unos calcados de los otros, o de música o literatura "enlatadas". El programa del comunismo, en cambio, busca el pleno despliegue de las capacidades de los seres humanos. Por otro lado, esta distinción que hicimos nos permite refutar otra tontería que dicen los ideólogos burgueses, cuando se burlan de los comunistas diciendo que buscamos un mundo de sueños, que no podrá existir. Nuestro programa no prevé instalar la igualdad plena de golpe; sabemos que la sociedad que saldrá del capitalismo estará integrada por seres humanos con una educación egoísta, propia de un mundo donde reina el interés individual. Por eso, no sólo existirá una etapa de dictadura del proletariado, sino que luego de la desaparición de las clases habrá un largo período de control sobre el trabajo y la distribución, de desarrollo de la producción y de la riqueza y de elevación de la cultura general. Pero que éste sea un objetivo lejano, no quita validez al planteo de nuestro programa.

En tercer lugar, esta explicación de qué es socialismo y qué es comunismo nos permite medir qué lejos estuvo la Unión Soviética de haberse aproximado siquiera al socialismo, no digamos ya el comunismo. El socialismo, la desaparición de las clases, exige acabar con toda explotación, con las clases, con las jerarquías de mandatarios, con la represión; sólo es concebible sobre la base de que la revolución se haya extendido a nivel mundial. Se comprende por eso el interés de la burguesía en que los trabajadores no conozcan el programa de los comunistas, y en que identifiquen a la Unión Soviética, o a regímenes parecidos, con el comunismo o el socialismo.

Por lo tanto, nosotros nos definimos, antes que nada, como comunistas revolucionarios. Es cierto que los dirigentes burocráticos de la Unión Soviética, y de los partidos comunistas, han desprestigiado este término. Pero es hora de limpiar la bandera del comunismo, que es la bandera de una sociedad distinta, en que los hombres administren la producción y los bienes, y no exploten unos a otros.

FUENTE


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