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El negocio del miedo permanente (Para pensar un poco)

Offtopic6/19/2009


El negocio del miedo permanente




En el frente interno, la guerra contra el terrorismo lleva a una acumulación sin límites de datos sobre las personas, sus ocupaciones, sus amistades, sus compras, sus lecturas. El fracaso de cada tecnología justifica el despliegue de un arsenal cada vez más complejo e igualmente ineficaz respecto de los objetivos declarados. Pero la expansión del mercado del miedo tiene otros resortes, más clandestinos.
Los trágicos atentados del pasado 7 de julio en Londres se inscriben en una sucesión de actos que apuntan sobre todo a las naciones implicadas en la ocupación militar en Medio Oriente. Son producto de una guerra asimétrica 1 que deja un estrecho margen de elección a quienes -religiosos o no- se proponen combatir una "cruzada" emprendida más para controlar recursos que para exportar la democracia.

Dicho esto, sea resistencia o terrorismo ciego, los países atacados deben proteger a sus ciudadanos. Y como lo admitieron finalmente los dirigentes del G8, la solución definitiva para eliminar la violencia es la erradicación de la opresión y la pobreza 2. A más corto plazo, tras el terrible atentado que el 11-3-04 causó 186 muertos en Madrid, los españoles eligieron una eficaz defensa: la retirada de sus tropas de ocupación de Irak, unida a una diligente investigación policial.

No es el camino que emprendieron los otros grandes países afectados, que priorizaron más bien una respuesta "tecnocentrada" en una gran cantidad de extranjeros considerados "indeseables" por razones indepedientes del terrorismo, así como en el conjunto de las poblaciones 3.

Los espectaculares ataques del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos dieron lugar a un incremento de los dispositivos tendientes a acumular un saber preciso acerca de millones de personas, con el fin de obtener información sobre la potencial peligrosidad de algunos individuos. Cuatro años más tarde, la máquina tecno-securitaria funciona a toda marcha. Se radiografía a los viajeros y el contenido de sus equipajes, se archivan los datos biométricos, se vigilan los teléfonos celulares, se registra una miríada de números telefónicos, se digitalizan las impresiones dactilares, se cruzan los gigantescos archivos de administraciones o empresas.

Esta escalada ya no resulta justificada por la búsqueda de la (mala) aguja en el (buen) pajar: mientras el FBI sigue ignorando la identidad de la mitad de los autores del ataque a las Torres Gemelas, los analistas de los archivos Matrix le enviaron los nombres de 120.000 simples ciudadanos estadounidenses etiquetados como "de alto cociente terrorista". Decenas de miles de falsos "positivos" -y otros tantos cuasi errores judiciales- surgieron de relevamientos biométricos realizados en las fronteras del imperio: merece citarse el caso de mujeres embarazadas, detenidas por los detectores de calor corporal que, se suponía, traicionaba al terrorista emotivo.

Desde 2001 muchas municipalidades, empresas y aeropuertos reeditan con perseverancia la desastrosa experiencia de Tampa: las empresas Graphco, Raytheon y Viisage habían ofrecido gratuitamente a esta ciudad el estudio comparado de 24.000 fotos de criminales con el rostro de los 100.000 espectadores de su célebre campeonato de fútbol americano. Apenas obtuvieron la inculpación de algunos pobres diablos...

Ejército mundial de la seguridad
Incongruente con la persecución del kamikaze que la motivó, la vigilancia masiva no abarca los flujos migratorios clandestinos, por naturaleza irreductibles a las verificaciones... ¿Cómo explicar entonces este encarnizamiento, que la mayoría de los especialistas en la lucha antiterrorista critica? ¿Por qué, a pesar de su comprobada ineficacia y su desproporción con respecto al objetivo, subsiste ese frenético afán de procesamiento, informatización de datos personales y descripciones físicas, de seguimiento táctil, visual, térmico, olfativo y radiofrecuencial de los seres humanos, por todas partes? ¿Por qué fotografiar a los londinenses 300 veces por día y filmarlos continuamente con las 2,5 millones de cámaras diseminadas, cuando se sabe que eso no impidió que los terroristas hicieran estallar sus bombas? ¿Por qué querer volver a las cédulas de identidad obligatorias y abandonar los principios de la privacy 4 y del anonimato de cada uno frente a los poderes públicos y privados?

Más allá de los pretextos de mantenimiento del orden, sólo existe una explicación pertinente: las instituciones y empresas descubren en la gestión del miedo un rico yacimiento de poder, control y ganancias. Desde el 11-9-01 la política de George W. Bush propone una solución plausible: movilizar a todo el planeta en torno al objetivo securitario. Un hallazgo. Contrariamente a lo que ocurre con el petróleo, el yacimiento de angustia, alimentado por la crisis económica, el recalentamiento climático y el boom demográfico, no se está agotando. En todo momento es posible que la provocación sobrecoja de indignado espanto a los pueblos. La urgencia legitima la acción sin garantía democrática, y las empresas e instituciones que venden "securización" pueden comprometerse a fondo en el negocio del miedo 5, seguras del respaldo que brinda el Estado.

Así se construye, bajo pretexto de un peligro proteiforme, un ejército mundial de la seguridad, cuyas convergencias rápidas y funcionales hacen pensar que se trata del núcleo de un nuevo capitalismo en gestación: un capitalismo del miedo.

Cuatro movimientos entrelazados estructuran esta mutación:

1-una aceleración de la conexión entre innovaciones en los diferentes segmentos del mercado del miedo: identificación, vigilancia, protección, detención, encarcelamiento;

2-una fusión entre la reconversión de las industrias bélicas y de las organizaciones militares en la formación y equipamiento de fuerzas de represión, y la concomitante militarización de las fuerzas de seguridad civil;

3-una creciente articulación entre poderes públicos y poderes privados, tanto en materia de control de la identidad como de capacidad para coaccionar y prohibir;

4-un empuje ideológico que funciona conjuntamente en las esferas jurídica, política, administrativa, económica y mediática, tendiente a hacer que la angustia "securizable" sea permanente y se acepte el control preventivo generalizado como nueva normalidad de la existencia humana.

En la actualidad la mayoría de los grandes grupos industriales y tecnológicos proponen de manera cuasi militante servicios o productos "de seguridad" a partir de sus orientaciones clásicas. Cada sigla profesional denota un mercado en alza: se trate del AFIS (Automatic Finger Imaging System -comparación de una huella con las que contienen los bancos de datos informatizados-), o la clásica CCTV (Closed Circuit Television -vigilancia video-), o del EM (Electronic Monitoring -control de individuos a distancia-), o de la EMHA (Electronic Monitoring of People under House Arrest -pulseras identificatorias electrónicas-); del universal GPS (Global Positioning System, adaptado al seguimiento de personas), de la RFID (Radio Frequency Identification -etiqueta electrónica que memoriza informaciones y las transfiere a un lector por radiofrecuencia-), o todo tipo de "X-Ray Systems" adaptados a la radiografía de pasajeros, para no hablar de muchos softwares destinados a procesar información. Los ofrecimientos tecnológicos proliferan por todas partes.

Oferta de servicios
Algunos ejemplos al azar. En Francia, una filial de la cadena de televisión TF1, Visiowave, utiliza su competencia para detectar los comportamientos sospechosos en lugares públicos (gracias a softwares de interpretación de gestos) y producir infomerciales en las pantallas del subterráneo y de los autobuses. Thales (ex Thomson CSF) produce panoplias de video-vigilancia que vende sin vacilaciones a Estados autoritarios. Los grandes de la informática y electrónica no se quedan atrás, tal como Microsoft y su famoso chip Palladium, capaz de controlar desde el exterior la gestión de archivos de computadoras personales (PC), o Sony, que en 2009 piensa difundir en todo el mundo -con un volumen de ventas estimado en 3.000 millones de dólares- su etiqueta "sin contacto", detectable por radiofrecuencia (RFID) y capaz de identificar productos marcados en el domicilio de sus compradores... o de sus ladrones.

Ya existen varios grupos que recurren a procedimientos similares, como la cadena británica TESCO (2.000 comercios en el mundo), que experimenta un seguimiento radiofrecuencial de sus embalajes.

Para proponer una contribución "patriótica" se puede partir de un oficio preciso: un gran productor de tecnología de conectores electrónicos propone un Sticky Shocker (un arma eléctrica de "pacificación" 6. La pequeña empresa estadounidense Applied Digital, no hace mucho especializada en la fabricación de inocentes cajitas para controlar la humedad, llaves de autos o de garajes, creó el chip Verichip, que se puede implantar bajo la piel y permite rastrear personas...

Cabe citar también al gran trust farmacéutico Lilly, inventor entre otras cosas del Prozac, que desarrolla investigaciones sobre el control a distancia de prisioneros a domicilio y perfecciona por ejemplo una pulsera-sensor que delata el consumo de alcohol y marihuana, acompañada de un disparador de sustancias inhibidoras o de shocks eléctricos....

El apresuramiento de muchos Estados por identificar electrónicamente a extranjeros, a criminales, pero también a sus propios nacionales, se revela decisivo. Los encargos del "Estado securitario" son tan masivos como los del antiguo "Estado de bienestar". Los presupuestos públicos respaldan el mercado de la biometría, estimado para 2007 en varias decenas de miles de millones de dólares. Así, la administración de Estados Unidos encargó a Anteon 1.000 lectores para el US Visit 7, que controla a 13 millones de extranjeros, residentes permanentes o fronterizos.

La recolección de información previa de los pasajeros, el marcado de indicadores personales por las aduanas, el registro de impresiones dactilares digitalizadas -tales como el Sistema Automatizado de Identificación Dactiloscópica (SAID) de la gendarmería real de Canadá, o el que se prevé para los no residentes de los países del espacio Schengen (SIS)- representan un jugosísimo mercado del que las empresas quieren apoderarse.

El Estado es también indispensable para desbrozar las bases de una nueva organización socio-técnica de la sociedad. Así, desde el Reino Unido a Estonia, pasando por Italia y Bélgica, los países europeos se movilizan para reflexionar sobre los contenidos de un nuevo soporte universal de identificación: el registro de estado civil, pero también una foto identificatoria, una huella dactilar y la configuración del iris ocular, digitalizados. E incluso la de firmas informáticas que se utilizan en las transacciones privadas, convirtiendo así a los Estados en certificadores automáticos de contratos.

Fusión militar-policial
En Francia el proyecto de Cédula Nacional de Identidad Electrónica (CNIE), obligatoria y paga, fue rechazado por la Comisión Nacional de Informática y Libertad (CNIL) y considerada como "infame" por la Liga de Derechos Humanos. El CNIE reúne cuatro elementos habitualmente separados: la presencia física del portador, la huella que deja ese cuerpo, la cédula que combina huellas e información personales y el exhaustivo archivo central que administra la emisión y referencia de las cédulas auténticas.

Al vincular los datos biométricos (nuevo nombre de la antropometría de Alphonse Bertillon) con los datos sociales, el proyecto facilita la realización e interconexión de los grandes archivos centralizados (que de haber existido en 1943 habrían impedido toda escapatoria a las redadas). Por otra parte, al combinar el chip electrónico instalado y la obligación -como bajo el régimen de Vichy- de llevar consigo la cédula, evoca el chip subcutáneo, real equivalente civil del marcado con hierro candente de los criminales reincidentes -vigente en Francia hasta 1832- o la tinta indeleble en la Gran Bretaña del siglo XIX.

Aún no llegamos al implante obligatorio y la introducción subcutánea probablemente no se realice nunca. Pero, aliviados por haber evitado este horror gracias a un rechazo masivo, corremos el riesgo de no ver que la CNIE funcionará "como si" el cuerpo hubiera sido por fin alcanzado. Por ejemplo, podría permitir el seguimiento de nuestros desplazamientos en el territorio nacional. A fortiori, semejante cédula "sin contacto" podría permitir que las autoridades de terceros países impusieran su ley (como es el caso de Estados Unidos bajo Bush) para saber en todo momento dónde se encuentra un visitante extranjero. Esta evolución está en curso: los agentes gubernamentales estadounidenses ya hicieron fabricar millones de tarjetas de identificación para su personal, capaces de elaborar un "historial" de sus desplazamientos, de indicar cómo utilizan sus computadoras y de conservar datos personales como el nivel salarial, etc.

Por último, una vez asegurada la conexión con los otros sistemas informatizados (libretas sanitarias o tarjetas de crédito con o sin "contacto", firmas electrónicas en internet, etc.) la fusión radio-informática de informaciones, huellas y cuerpo crea un nuevo modelo social donde Estado y empresas se confunden creando un efecto de omnipotencia sobre la gente. De ese modo, el encadenamiento de innovaciones securitarias nos revela, como una línea de puntos cada vez más próximos, un proyecto de sociedad administrado por la desenfrenada colaboración de poderes privados e instituciones públicas.

Después de ese despliegue tecnológico que prepara la "sociedad de control", el segundo rasgo sorprendente de este nuevo capitalismo reside en la progresiva fusión entre el miedo al enemigo y la desconfianza hacia el ciudadano, entre lo militar y lo policial... El fenómeno alcanza a la mayoría de los países occidentales que reorientan en parte su carrera armamentista hacia la escalada de seguridad civil. Lo demuestran a porfía los salones de la industria de la seguridad (como el bien llamado Milipol) 8, que aceleran la combinación de una "civilianización" de los ejércitos y una militarización de las policías públicas y privadas.

Profesionalismo y barbarie
Actualmente la mayoría de los grupos especializados en seguridad distribuyen casi indistintamente a su personal entre la vigilancia de locales, las guardias en las cárceles, el oficio de guardaespaldas y el de "oficial de seguridad" que ofrecen a los ejércitos oficiales. Lo atestigua la alianza de las multinaciones Wackenhut, Serco, Group 4-Falk (con bases en Estados Unidos, Gran Bretaña, Canadá y Suecia), que mueve anualmente 5.000 millones de dólares, emplea a 360.000 personas y cubre 100 países. Los servicios que presta van desde la gestión de prisiones privadas (63 cárceles y 67.000 prisioneros en Estados Unidos), las distintas policías privadas, hasta el entrenamiento de compañías enteras de seguridad militar, pasando por la investigación-desarrollo del control a distancia de los condenados y la puesta a punto de sistemas de identificación y rastreo.

Este profesionalismo no impide la barbarie: Wackenhut fue objeto de cuestionamientos por el trato dado a prisioneros estadounidenses; otro ejemplo es el de CACI International o la Titan Corporation, muy comprometidos en la "Homeland Security" 9 y que fueron citados en ocasión de los escándalos de las torturas infligidas por contratistas civiles a las órdenes de la CIA en los centros penitenciarios administrados por el ejército estadounidense en Irak (Abu Ghraib) o en la prisión de Guantánamo 10. ¿Es casual que Titan realice también investigaciones sobre las huellas biométricas? En el plano tecnológico las aplicaciones científicas, militares y policiales se mezclan de manera igualmente inextricable.

Así, en Francia la Sagem (Sociedad de Aplicaciones Generales de Electricidad y Mecánica), produce helicópteros, repuestos, visores, simuladores, terminales securizadas de juego o de tarjetas de crédito. Pero también se convirtió en el líder mundial del control de impresiones dactilares y por último propone "soluciones gubernamentales" a temas difíciles, como la gestión de crisis.

Otro ejemplo es American Science and Engineering (AS&E), que embarcaba aparatos de radiografía en los misiles y que trabaja detectando narcóticos en las aduanas. La empresa está también orgullosa de su dispositivo "Mobile Search", que permitió detener a cientos de inmigrantes mejicanos clandestinos.

Los laboratorios Sandia -asociados clásicos del complejo militar-industrial estadounidense- ponen a punto, mediante sistemas de localización por satélite (GPS), la persecusión de personas y fabrican "husmeadores" de explosivos. La ecléctica empresa estadounidense Foster-Miller construye máquinas para acondicionar caramelos o Pepsi... y también una red para capturar a un enemigo a quien no se desea matar. Participa en la fabricación del robot TALON, capaz de maniobrar armas de asalto en la guerrilla urbana. Así, la nueva noción de "arma no letal" 11 ayuda a combinar actividades industriales muy diferentes.

Entre los inventos en ese campo que media entre la captura y la condena a muerte se encuentra el generador de ondas de 7 hertz, construido en Francia a partir de 1972, que ponía enferma a la gente durante horas. Desde entonces, se dieron muchos progresos: por ejemplo, el "sonido de deferencia", la voz en el cráneo (voice to skull o v2K), utilizado para alejar los pájaros en los aeropuertos, pero que puede reorientarse.... hacia cráneos humanos. El shock térmico por radiofrecuencia interfiere también en la actividad de las sinapsis, inmoviliza a distancia y provoca fiebre antes de literalmente cocinar o asar al adversario persistente. El láser de rayos ultravioletas afecta el tejido óseo y, a elección, induce una crisis cardíaca o provoca ceguera...

Por otra parte, se sistematiza la distribución del trabajo ideológico entre lobbies industriales, administraciones policiales y el filón mediático del miedo permanente. Sin él sería imposible la reorganización de nuestras sociedades en torno al "control sobre todos".

Erosión de las libertades
Por cierto, el programa Total Information Awareness (Sistema de Vigilancia Total de las Informaciones), que inmediatamente después del 11 de septiembre pretendía reunir por cuenta del Departamento de Defensa estadounidense toda la información disponible acerca de los 6.500 millones de habitantes del planeta, era un delirio 12. Pero lo que inauguraba era más duradero y peligroso: un proselitismo securitario de alcance planetario tendiente a desmarcarse de los principios democráticos y liberales sobre los que se fundan nuestras sociedades.

Ratificando ese cambio de paradigma, los agentes del FBI promueven la vigilancia general como valor central de un mundo incierto. Y Hollywood les sigue los pasos: un film como La Intérprete 13, pesado e improbable (¿quién intentaría asesinar en la sede de la ONU a un viejo dictador africano?), es un catálogo de los dispositivos ingeniosos con los cuales los buenos policías patriotas tienden trampas a los malvados...

Frente al peligro, el consorcio electrónico Gixel propone en su "libro azul" generalizar el rastreo electrónico desde el jardín de infantes a fin de educar a las mentes jóvenes en las ventajas de la biometría. Por su parte, los videojuegos producidos por la mayoría de los grandes productores estadounidenses, asiáticos o europeos hacen que los adolescentes acepten un universo de pasajes que sólo se abren con la presentación del sésamo adecuado, mientras que en el Acuario de Lyon se multiplican iniciativas tales como la "tarjeta con chip incorporado", que generaliza entre los niños la idea de que la huella dactilar es un medio normal de identificación.

Este clima alienta los ataques cada vez menos escrupulosos a los principios de confidencialidad establecidos por la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. Así, la Federación Francesa de Aseguradores pretende actualmente acceder a los datos personales de los legajos médicos electrónicos, intentando con toda tranquilidad poner fin al secreto médico. El Parlamento australiano adoptó leyes que permiten a la policía espiar los correos electrónicos. El Estado suizo escucha los teléfonos celulares, los políticos alemanes son cada vez más sensibles al proverbio "Datenschutz ist täterschutz" (proteger los datos es proteger a los criminales).

En Dinamarca la virtud democrática no impide votar una ley antiterrorista que restringe las libertades. En Estados Unidos la Foreing Intelligence Surveillance Act (FISA) permite al gobierno vigilar lo que se lee en las bibliotecas. Más grave aun, un juez federal decidió que colocar un detector GPS en el auto de un sospechoso "no es un atentado a la vida privada".

En conjunto, estos indicios ilustran la erosión del "antiguo" modelo de las libertades civiles. Es verdad que se manifiestan algunas resistencias: la de la cumbre de Madrid contra el terrorismo 14, cuyos participantes reafirmaron lo "absurdo" de combatir el terror mediante la limitación de las libertades; o en el Parlamento Europeo, donde se depositó un recurso contra el acuerdo Estados Unidos-Unión Europea a propósito de los datos de los pasajeros aéreos; o en España y Gran Bretaña, cuyos pueblos oponen a la provocación una notable sangre fría cívica. Pero en otras partes, especialmente en Francia, cada acontecimiento trágico es un pretexto para reclamar la adopción de más biometría y represión visible.

¿Llegará a imponerse la política del miedo? En tal caso, los legendarios terroristas habrán alcanzado su objetivo: las grandes democracias se habrán transformado en fortalezas paranoicas capaces de asfixiar a sus propios ciudadanos.



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