ENTRADA 38: Vivir juntos, Morir Solos I 3 Horas después de entrar: Han parado los golpes contra la trampilla. Tal vez se hayan cansado o quizá algo ha llamado la atención de esas cosas. No se la razón pero lo importante es que ya no nos buscan… al menos de momento. He recorrido toda la sala, con la ayuda de la tímida luz de la pantalla. Esto parece un viejo almacén subterráneo. Hemos encontrado todo tipo de cosas, desde herramientas y muebles antiguos a cajas llenas de ropa usada, seguramente donada para actos benéficos. Aunque sin duda el hallazgo que más me ha alegrado han sido unas cajas con comida. Quesos, dulces, harinas y aceites, supongo que los monjes preparaban sus propios alimentos a lo largo del día a día, como antiguamente, y las condiciones de oscuridad y frescor naturales que aquí hay parecen perfectas para su conservación. La comida nos ha tranquilizado un poco, hemos decidido que lo más sensato es esperar un tiempo en la seguridad de nuestro nuevo refugio. Mientras tanto esperaremos ayuda del exterior. Coletilla y Capoira están convencidos de que el ejército volverá y nos rescatarán a todos… Las italianas opinan que la ayuda internacional pronto llegará y la pesadilla terminará si conseguimos aguantar el tiempo suficiente… Quiero creerles, pero en el fondo, y por mucho que me duela admitirlo, me da la impresión de que nada de eso sucederá. Para mantenernos ocupados, los chicos hemos asegurado la trampilla de la entrada desde dentro, atando unas cuerdas que impiden que se abran. Todo en el más escrupuloso silencio, no queremos atraer su atención de nuevo, si vuelven quizás no se marchen. 8 Horas después: -Según reloj del teléfono ya son las diez de la noche, aquí sólo sirve como reloj y como fuente de luz.- Dice Coletilla resignado ya al hecho de que la cobertura parece haber dejado de existir. Como si la idea de dormir resultara una eficaz forma de evadirse nos dirigimos todos hacia nuestras improvisadas camas, unos cartones extendidos y ropa de las cajas encima. Es algo precario pero al fin y al cabo no estamos en un hotel. Dormimos en círculo, como si estuviéramos en un campamento bajo las estrellas, alrededor de una hoguera crepitante, la diferencia es que las caras de mis amigos son todo un poema, y con tan poca luz todavía hay más ambiente tétrico. Coletilla espera a que estemos todos en nuestros “lugares de descanso” y entonces deja el teléfono en el centro del círculo y va a tumbarse a su respectivo. En unos segundos la luz del teléfono se extingue y nos sumimos de nuevo en una densa y negra oscuridad. Nadie habla. Me remuevo y me tiro por encima un par de camisetas XXL a modo de sábana. Es pleno verano pero bajo tierra hace casi fresco, lo último que querría ahora es constiparme, me incorporo y me pongo encima otra camiseta que tomo aleatoriamente del montón que me hace las veces de colchón. No es mi talla, me queda algo corta de mangas pero me da igual. Tengo sed, aunque hemos llenado el estómago con varias latas de conserva y queso, no hemos encontrado ni rastro de agua. Es lógico, para que iban a guardar agua en un sótano. El cuerpo obtiene líquidos también de la comida, pero necesitaremos agua pronto, no quiero ni pensar que haremos si no encontramos una solución. Oigo llorar a Coletilla, se le ha escapado un gimoteo cargado de amargura, tiene la respiración acelerada, supongo que debe haberse acordado de alguien. No me quedan palabras de ánimo, me doy la vuelta y me sumerjo en mis propias lamentaciones. 18 Horas después: Una discusión me despierta. Al parecer se ha terminado la última botella de agua y Capoira y Coletilla se echan las culpas el uno al otro. No tengo ni idea de la hora que es… ni un solo rallo de luz da testimonio de que el sol haya vuelto a salir, podría haberse apagado y no notaríamos la diferencia. La discusión termina con una pelea a oscuras. Las chicas intervienen y yo me apresuro en ir hacia la fuente del escándalo. Al final, y no sin grandes esfuerzos conseguimos separarlos. Les echo la bronca por ponernos a todos en peligro pero no me hacen ni caso, al contrario Capo me provoca, como si deseara una nueva discusión. - ¡Maldita sea si no nos tenemos los unos a los otros no nos queda nada!- Grito enfadado por el cariz que estaba tomando el asunto, olvidando mi propio consejo de no llamar la atención. Cada uno se va hacia un extremo de la sala y no se dignan ni a contestarme. 24 Horas después: El silencio y el aburrimiento me están trastornando. La ansiedad nos ha calado a todos y sólo las italianas se atreven a murmurar palabras que no entiendo. Todo el mundo está muy susceptible, tratar de conversar es casi una discusión garantizada. 25 Horas después: Un ruido de tuberías sustituye al hasta ahora inquebrantable silencio. Parece agua bajando por el interior de una de las paredes. Por fin algo nos llama la atención y hablamos como personas, tal vez podamos sacar algo de todo esto. En cuestión de minutos comenzamos a picar la pared en dirección a la supuesta tubería. Usamos un pequeño martillo envuelto en varias prendas de tela para minimizar el ruido. Poco a poco sacamos bloques de piedra de la pared. 28 Horas después: Afuera debe estar cayendo una buena porque la tubería que escuchábamos baja llena de agua. Hemos conseguido llegar a ella y hacer un agujero. Estela ha encontrado un par de cubetas y las estamos llenando. Coletilla ha bebido del primero sin pensárselo demasiado, yo pensaba esperar un poco para que se decantara la suciedad y cayera al fondo del recipiente… pero la sed es demasiado grande. Por fin nos ha pasado algo bueno, es un enorme alivio tener agua y todos están más contentos. Hemos tenido que poner una madera porque estaba entrando agua. Los nubarrones de la sed se alejan de momento, hemos llenado de agua todos los recipientes que hemos podido encontrar. Además, el aire parece ahora menos viciado. 36 Horas Después: -¿Estás dormido? El sobresalto que me llevo es espectacular y me incorporo de repente. Hace días que no duermo bien, me despierto muy a menudo, sudo y tengo pesadillas. Además no dejo de pensar en mi familia, en los amigos que no sabemos si aún viven y en otras mil cosas que me rondan la cabeza. Supongo que con todo lo que estamos pasando lo extraño sería que durmiera a pierna suelta. - Joder estaba… no, ya no… dime. –Murmuro por lo bajo mientras vuelvo a la realidad. - Shhhh, no hagas ruido, quiero enseñarte algo.- Me dice la italiana con cierto tono optimista que me causa una gran curiosidad. Me levanto intrigado y trato de seguirla, no veo nada y ando muy despacio, con las manos por delante, como si fuera un ciego perdido. Ella se da cuenta de que me resulta difícil seguirla y me coge de la mano. Al momento llegamos justo delante de una especie de estantería, duda unos segundos y termina poniéndome una botella de vidrio en la mano. - ¡Es vino! – Susurra emocionada cerca de mi oído, como quién encuentra un tesoro pirata en una playa desierta. El primer impulso que tengo es quejarme por despertarme para esta tontería, pero enseguida cambio de idea y me dejo llevar por la alegría de la voz de mi saqueadora amiga. Nos merecemos olvidarnos de este infierno aunque sea sólo por un rato.
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