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Rol de los intelectuales del Kirchnerismo

Offtopic4/12/2010
Intelectuales a la carta

Reproducimos un artículo que nos hizo llegar Pablo Quiroga, lector de nuestro sitio web, sobre la filosofía, economía y política de los intelectuales K.

La pareja presidencial y los funcionarios kirchneristas han adoptado una serie de consignas diseñadas por un grupo de intelectuales funcionales al gobierno. Estos intelectuales son los que constituyen el grupo de Carta Abierta. He analizado las cartas publicadas y algunos artículos de su principal mentor, el filósofo Ricardo Forster1 y de su colega Rubén Dri2 para evaluar críticamente las ideas de este grupo, que tiene cierta influencia en algunos sectores de las capas medias seducidos por la política de derechos humanos del gobierno y temerosos de que el desprestigio creciente de los Kirchner conduzca al país a un escenario propicio a un supuesto “golpe de estado conservador”.

1. Democracia y derechos humanos

Desde ya que, con respecto al tema de los derechos humanos, sobre el cual el gobierno cuenta con el apoyo abierto de Hebe de Bonafini, quien se ha plegado a la retórica “antigolpista” y se ha constituido, lamentablemente, en una vocera de la política gubernamental, emitiendo opiniones que oscurecen su legendario prestigio, ganado en la lucha antidictatorial por la aparición con vida de millares de desaparecidos y el juicio y castigo a los genocidas.
Quizás la señora Bonafini no haya advertido que la biografía de la pareja presidencial no registra grandes antecedentes de militancia antidictatorial, más bien una prudente retirada a la provincia de Santa Cruz, donde se dedicaron a enriquecerse y transformarse en los principales rentistas de la Patagonia, un grupo más de los que integran la gran burguesía intermediaria que gobierna la Argentina desde hace más de medio siglo. No ha reparado seguramente la señora Bonafini que, en tren de comparaciones, el mayor mérito le corresponde al difunto Raúl Alfonsín, quien –amén del juicio que nos merezca como político- tuvo el valor de ser el primer mandatario del mundo occidental de la postguerra que se atrevió a poner a una dictadura militar en el banquillo de los acusados.3
El grupo de Carta Abierta soslaya que una parte de nuestra intelectualidad, incluidos dirigentes de organizaciones como montoneros y el ERP, autocritican tardíamente haber contribuído a acelerar el proceso que culminó con el derrocamiento del gobierno de Isabel Perón, a pocos meses de las elecciones, y la instauración de la dictadura de Videla. El candidato que Carta Abierta apoyó en las elecciones de junio en la capital Federal fue Carlos Heller, hombre del riñon del PC argentino, cuyos principales dirigentes apoyaron desembozadamente a Videla, enviando una delegación a EEUU para explicar que en la Argentina se respetaban… los derechos humanos. Entonces, señor Forster, en qué quedamos? ¿No le parece un poco flexible esa defensa de la democracia kirchnerista, llamando a votar a uno de los destacados defensores del gobierno de Videla? Usted, señor Forster, es profesor de historia de las ideas. ¿Cuáles ideas? ¿Las que flotan en la estratosfera de la filosofía de la “ética y la moral”, como su amigo Dri, o el conjunto de representaciones que se desprenden del comportamiento de las clases sociales y los partidos que las expresan en un momento históricamente determinado?

2. Con la democracia se come

El debate sobre la cuestión agraria movilizó fuertemente a la sociedad argentina. También al señor Forster, que dijo: “Los ámbitos académicos, que antes tendían a discusiones encriptadas, técnicas y autorreferenciales, se involucraron. Y en una maniobra no habitual, esta discusión de ideas interpeló a la sociedad.” En los ámbitos académicos concurridos por RF, es altamente probable que las discusiones fueran encriptadas, etc. No en todos los ámbitos académicos pasaba (ni pasa) lo mismo, salvo que los limitemos a algunas soporíferas jornadas de filo o socio y excluyamos a los centenares de investigadores que producen valiosos trabajos sobre economía, historia, c histórica, ciencias “duras”, medicina, tecnología al servicio de la producción, etc., o centenares docentes volcados a una enseñanza basada en la búsqueda de la verdad científica, y no a la verborragia enciclopedista.
Pero en fin, RF se involucró en el debate político, lo cual, last but not least, no está mal. El problema es que también se involucró en el debate económico, y en ese terreno es evidente que le faltaban varios jugadores, con perdón de la expresión. Es que la economía discurre por el árido terreno de las relaciones materiales, y éstas, forzoso es reconocerlo, son complejas. Tampoco se le puede exigir a nuestros intelectuales el conocimiento teórico de la economía, (aunque algunos recitan El Capital, si bien creen que la obra termina al final del primer capítulo, y la verdad es que –como el compañero José Pablo Feinmann, cuando se mete con el problema del valor y su forma- suelen embrollarse de lo lindo. Sería suficiente que leyeran textos y artículos de sencilla comprensión, producidos tanto en los ámbitos académicos como en algunos partidos políticos, sindicatos y organizaciones agrarias . Por cierto, un intelectual K no puede tocar una melodía que suene mal a los oídos del Supremo, quien, ¡Oh, Hércules enloquecido!, decidió eliminar el Ministerio de Economía cuando lo despidió a Lavagna. No es necesario abundar en detalles, la relación entre las sucesivas personas que ocuparon ese cargo es la misma que existía entre Chirolita y Fassman, como es de público conocimiento. De paso eliminó también la estadística económica. De alguna manera Forster reconoció que su Presidente tiene vocación de Único cuando se vanaglorió de haberlo hecho participar de una asamblea de Intelectuales de Karta Abierta y haberlo podido “sacar…de su rol mediático, de ese papel de histérico e hiperquinético que lo hace parecer un Hércules enloquecido.” Claro, con un auditorio seductor, el Pingüino se habrá pavoneado de lo lindo. Pero en la función pública es un hombre poco acostumbrado a que lo contradigan, a tal punto que no se necesitó disentir mucho para echar al único economista que tuvo al costado y después reemplazar a varios chirolitas que cumplieron, en ese Ministerio, un papel vergonzoso. Una economía dirigida por Kirchner, Moreno, el simpático De Vido y Aníbal Fernández. Lindo equipo. Y que nadie diga que este equipo no es funcional a Kirchner. Bueno, a este estilo de dirección no se lo puede llamar democrático, en sentido estricto. Mejor dicho, no se lo puede llamar así en ningún sentido. Con una excepción: en las asambleas de Carta Abierta el doctor K es democrático.

3. El campo no es liso
RF y sus amigos resolvieron, con el desparpajo propio de los que no saben de qué se trata, que todo propietario de más de cinco hectáreas es un terrateniente, como dijo mi amigo Nicolás. Dado que campo = oligarquía, la conclusión es que la Sociedad Rural dirigió para su provecho la embestida contra esa resolución. Por ejemplo, Rubén Dri sentencia que “Cuando se trató de la votación de la 125, sólo había dos opciones, votar por la positiva, es decir por las retenciones móviles, o por la negativa, es decir estar en contra de las mismas y, en consecuencia, estar de acuerdo con la Mesa de Enlace y en especial con la Sociedad Rural.” O sea, el vasto movimiento agrario, que movilizó a centenares de miles de productores, produciendo la rebelión agraria más profunda desde el grito de Alcorta, fue dirigido por la Sociedad Rural. No recuerdo que la oligarquía terrateniente haya movilizado per se a más de un centenar de personas bien trajeadas por los alrededores de la Plaza de Mayo y en los barrios paquetes.
Lo que hay que preguntarse es: ¿Por qué centenares de miles de productores representados en la Federación Agraria, en las ligas agrarias, en las federaciones de campesinos, en las asociaciones de pueblos originarios, etc., participaron de un movimiento que solamente favorecería a los terratenientes? ¿Por qué el gobierno no pudo utilizar la gran popularidad que había adquirido en los primeros años, y su influencia en el movimiento popular y sindical, más el enorme peso del aparato del Estado, para atraerse a los pobres del campo y a la burguesía rural no monopolista? Forster nos dice que el gobierno fue derrotado porque no se supo explicar, fue una cuestión, digamos, de semántica lógico-lingüística. Tendría que haber sabido “anticipar el sentido de las medidas a tomar, incorporar y movilizar a quienes deberían inscribirse en un amplio frente democrático y popular. Entusiasmar renovando los lenguajes de la política.” Eso, una cuestión de lenguaje. Esa imprevisión condujo a que el mensaje mediático restauracionista se instalara en un conjunto vacío de argumentos. Pero, ¿Cómo se puede sostener la ausencia de argumentos si la pareja presidencial y su entorno emitían un discurso cada cinco minutos? ¿No argumentaron bien porque no lo conocían a Forster o porque sus argumentos no convencían a nadie? Salvo que Forster y sus muchachos pretendan que Kirchner piense lo que ellos quieren que piense. Sin embargo, el gobierno ensayó los mismos argumentos que defiende Carta Abierta para justificar las retenciones. Le endilgan a Claudio Lozano hacerle el juego a las “corporaciones agrarias” por pretender segmentar el régimen de retenciones, cuando, en realidad, la mafia de los grandes acopiadores, que concentran la comercialización externa, los grandes pools de siembra y los terratenientes, son los menos perjudicados por el régimen. En cambio, estas retenciones eran expropiatorias para los pequeños y medianos productores, que tienen que “morir” vendiendo a los precios que impone el acopiador. Estos productores constituyeron la gran masa de la protesta agraria. A Kirchner le preocupa la Caja, no el frente democrático popular. En pocas palabras, se puede tratar de imponer una resolución expropiatoria en nombre de la democracia y calificar de destituyente a todo el que se atreva a contradecir al gobierno. Por supuesto que es imprescindible la intervención del Estado para imponer retenciones a la renta extraordinaria de los grandes terratenientes y acopiadores. Por lo tanto, la imposición de retenciones tendría, efectivamente, que ser segmentada, afectar especialmente a los grandes propietarios y los pooles de siembra. O sea, una política que imponga a los monopolios y defienda a los pequeños y medianos productores, y redistribuya la renta en beneficio del desarrollo industrial. Claro está que se trataría de una medida intermedia, en el camino de realizar lo que en su momento hizo el Presidente Perón, de quien la familia kirchnerista lo único que ha conservado es el cuadro encima del escritorio y el busto en el pasillo. La nacionalización del comercio exterior de productos agropecuarios y la intervención en el mercado de una Junta Nacional de productos agropecuarios, es una condición imprescindible para una solución democrática y popular a los graves problemas que padece nuestro pueblo. Entonces, si se trata de enfrentar a los terratenientes y acopiadores, hay que aplicar una política diferenciada que conduzca a su derrota y a la redistribución de la renta, y no a su apropiación por la familia kirchnerista, los monopolios amigos, intendentes y gobernadores que acepten sin chistar su política. ¿Dónde han ido a parar los cuantiosísimos fondos recaudados? ¿Qué industria autóctona se ha desarrollado por impulso del Estado? ¿Qué proporción de la renta se ha transformado en créditos blandos para la industria nacional y para el campo, para construir viviendas y hacer obras de infraestructura? Las tasas de interés vigentes en la Argentina son las más altas del mundo, sólo consiguen financiamiento crediticio los grandes monopolios, que recurren al mercado internacional. En este juego de monopolios amigos y monopolios enemigos, el debate entre los que sustentan al democrático-popular Kirchner y los que motorizan a la oposición conservadora reposa en un principio lógicamente irresoluble: la culpa la tiene el otro.

4. La verdad de la milanesa sobre las retenciones
En el artículo que citamos más arriba. el señor Forster dice que lo que se oculta detrás de la discusión sobre la coyuntura es “la disputa central alrededor de la cuestión de la igualdad de los incontables, que es lo mismo que decir, con otras palabras, que lo central en la Argentina de 2010 sigue siendo la disputa por la renta y su distribución.”
Reproduzco íntegramente a continuación un artículo de mi amigo Eugenio Gastiazoro, a mi modo de ver lo mejor que se escribió sobre la cuestión de las retenciones, que reúne tres condiciones infrecuentes en la literatura económica: es simple, breve y exacto.
Muchos amigos de izquierda ponen reparos en apoyar la protesta agraria, porque dicen que la misma está presidida por el programa de los terratenientes. Que la lucha contra el aumento de las retenciones, que fue su detonante, es una lucha que interesa fundamentalmente a los oligarcas y pools de siembra; que es una lucha ajena o secundaria a los chacareros, contratistas y obreros rurales.
El error parte de considerar a las retenciones como un impuesto progresista, que solo afecta a las rentas extraordinarias formadas por los mejores precios de los productos en relación a los costos. Esto sería cierto si se tratara de un impuesto directo a la renta de la tierra o a las ganancias extraordinarias. Pero como se trata de un impuesto a la producción, opera tanto sobre quien es propietario de la tierra como sobre quien trabaja en tierra ajena, que sufre igual retención aunque tenga que pagar arrendamiento o reciba como pago un porcentaje de la cosecha, por lo que resulta un impuesto claramente regresivo para el productor arrendatario o contratista, y también para los obreros rurales. Además es un impuesto regresivo para los pequeños y medianos productores que pagan un porcentaje igual de retención que los grandes, aunque tengan mayores costos y una rentabilidad menor que ellos. Lo mismo ocurre con quienes producen en tierras de menor calidad con un rendimiento menor, por lo que no tienen rentas extraordinarias y tienen que pagar retenciones igual que los que las tienen.
Así el aumento de las retenciones golpea con mayor fuerza a los pequeños y medianos productores en general, acelerando su expulsión del campo, y a la producción en tierras menos fértiles que las de la llanura pampeana, que también quedarían fuera del mercado. Por eso fueron los chacareros, contratistas y obreros rurales quienes se volcaron masivamente a las rutas e impusieron sus métodos de lucha.

El origen de las retenciones
La izquierda del kirchnerismo defiende sus posiciones diciendo que “apuntan a un reformismo capitalista de centroizquierda redistributivo de la renta”, como escribe Nicolás Casullo en Página 12. Sin embargo las retenciones no pueden calificarse siquiera como un instrumento impositivo reformista burgués, ni por su origen histórico ni por cómo gravan a los distintos actores en la producción agropecuaria: más a los que trabajan en el campo (chacareros, contratistas y obreros rurales) y menos a los que viven de ese trabajo (terratenientes y pools).
Cuando hubo en el país políticas reformistas burguesas, como en los primeros gobiernos peronistas, la renta terrateniente fue recortada con la rebaja y congelación de los arrendamientos, la extensión de los contratos y el estímulo a la producción con precios sostén en origen y créditos accesibles a los chacareros. Esto se garantizó con la nacionalización de los bancos y del comercio exterior, manejando éste a través del IAPI (Instituto Argentino de Promoción del Intercambio). Derrocado Perón se logró mantener la prórroga de los arrendamientos y cierta protección a través de las juntas reguladoras, hasta que vino la dictadura de Onganía en 1966. Fue esta dictadura, con Krieger Vasena como ministro, la que recurrió a las retenciones junto a la devaluación del peso y la imposición de la “libertad de contratación”, con la ley Raggio que expulsó de los campos a los miles de chacareros en los que se originan los modernos contratistas.

Una mecánica oligárquica
La dictadura de Onganía, como ahora los gobiernos de Duhalde y Kirchner, recurrió a las retenciones para hacerse de recursos y sostener un “dólar competitivo”, tomando parte del mayor precio de los productos que se derivaba de la devaluación del peso. Era la forma, como lo es también ahora, de obtener más recursos para el Estado oligárquico sin confrontar con los grandes terratenientes rentistas ni tener que repartir esos fondos con las provincias, con un impuesto supuestamente parejo “a todos los productores”, en contraposición a las propuestas reformistas burguesas de entonces, que planteaban imposiciones directas a los terratenientes, sea aumentando el impuesto inmobiliario rural o con un impuesto a la renta potencial de la tierra.
No es que las retenciones hayan sido regresivas cuando las aplicaba Onganía porque era una dictadura oligárquica, y que ahora son progresivas porque las aplica un gobierno democrático. No es cierto que las retenciones solo “operan sobre rentas extraordinarias” como dice Osvaldo Barsky (Página 12, 16/3/08), pues al ser un porcentaje sobre todo lo que se produce no distinguen entre los que obtienen rentas extraordinarias y los que no las obtienen, dejando por tanto fuera del mercado a los productores que tienen mayores costos, a los no propietarios y a los que trabajan tierras de menor rendimiento.
Es decir que las retenciones, como tales, no tienen en si mismas un carácter progresivo sino regresivo. Por eso la oligárquica Sociedad Rural Argentina (SRA) es la más propensa “al diálogo” con el gobierno kirchnerista, y por eso también Pagina 12 y Nuestra Propuesta (ver hoy N° 1211) pueden coincidir con Osvaldo Barsky, de que “ni Macri las sacaría”. Si la política del gobierno de Kirchner fuera realmente reformista burguesa, la redistribución de las rentas y beneficios extraordinarios (de los grandes terratenientes y pools) tendría que ser a través de los impuestos a la tierra y a las ganancias, formando un fondo para garantizar insumos baratos, créditos accesibles y precios mínimos sostén en origen para los pequeños y medianos productores, complementado con una nueva ley de arrendamientos que facilite el acceso y permanencia en más y mejores tierras a los chacareros y contratistas, sus hijos y todos los que quieran trabajarlas.


5. ¿Inflación? ¿Qué inflación?
Según Buenos Aires City (UBA) que dirige Graciela Bevacqua, destacada profesional segregada del INDEC por Kirchner –no por Moreno, sino por Kirchner a través de Moreno-, la inflación está actualmente creciendo a un ritmo superior al 35% anual. Se ha abierto una época de alta inflación, en la cual la tasa se ubicará, probablemente, entre un piso de 30% anual y un techo más alto, aunque acotado.
Todos sabemos que el problema inflacionario en la Argentina no es un accidente: desde Krieger Vasena (ministro de Economía de la dictadura de Onganía) para acá, la inflación ha sido un fenómeno recurrente, con picos de descontrol que fueron un ingrediente necesario del derrumbamiento de todos los gobiernos que se sucedieron hasta el de Menem inclusive, desde hace ¡cuarenta años! Las tasas de inflación comparadas de los países latinoamericanos muestran a la Argentina como el país que ha soportado las más altas tasas de inflación del continente.
¿Qué hizo el gobierno K para suavizar la inflación? Varias cosas. La primera, intervino el INDEC y convirtiéndolo, de un organismo respetable para todos los analistas, en un instituto que oculta los aumentos de precios, reduciéndolos a menos de la mitad de los precios reales. La segunda, argumentando que no se trata de inflación sino, como dijo la flamante presidenta del Banco Central, un “reacomodamiento de precios”, que el precio de la carne “ya va a bajar”, o como aconsejó la presidente, sustituir la carne vacuna por el pollo, el pescado y el cerdo, dicho lo cual, ante el aumento de la demanda, también el pollo, el pescado y el cerdo comenzaron a encarecerse en forma acelerada. La tercera consiste en lo siguiente: el gobierno cuenta a su favor la asignación universal por hijo, el aumento a los jubilados (el 80% cobra mil pesos por mes) o el Plan Argentina Trabaja, discrecionalmente manejado por los intendentes del conurbano, medidas cuyo alcance, a estas alturas, ha sido minimizado por el alza de los precios. Y en cuanto a la inflación, los responsables son los “grupos económicos concentrados.” O sea, como dijimos, la culpa la tiene el otro. Casualmente, hasta el 2006 los grupos económicos concentrados, tan concentrados como en la actualidad, no eran los responsables de nada. Claro, el crecimiento del PBI durante cinco años era el más alto de Latinoamérica y las tasas de inflación eran bajas. La supuesta responsabilidad de estos grupos, que, obviamente, como formadores de precios que son, reaccionan inmediatamente aumentando los precios frente a alteraciones fuertes de la demanda, coincidió con un fenomenal incremento del gasto público a un ritmo del 30% anual. Lo peor del caso es que la inflación está liderada por el aumento de los alimentos, cuya influencia en el consumo golpea principalmente a los trabajadores de menores ingresos (informaciones de los sindicatos coinciden en declarar que el salario promedio equivale a la mitad del costo de la canasta), que invierten prácticamente la totalidad de su ingreso en alimentación, y centenares de miles de trabajadores no alcanzan siquiera a satisfacer sus necesidades básicas. ¿Qué dice a todo esto la intelectualidad K? Nada. Simplemente porque la política económica gubernamental es indefendible. Un profesor de Macroeconomía de la Universidad de Buenos Aires e investigador de Buenos Aires City sentenciaba, que, a la postre, el impuesto inflacionario condena al desempleo a una importante sector de los trabajadores de menores ingresos, particularmente a aquellos no sindicalizados y que trabajan en negro, tanto en la industria como en el agro. Entonces, ¿Quiénes son los progresistas, y quiénes de derecha? “Quienes defiendan políticas que en el corto plazo, ya sea por afán de poder (Kirchner) o por ignorancia (Marcó del Pont y afines), aviven el fuego inflacionario y, por ende, lleven a millones de argentinos al hambre, son de derecha. Quienes pretendan implementar de inmediato un plan antiinflacionario secuencial, que no signifique una medida de ajuste y, por ende, contribuyan a combatir el hambre, son progresistas.” Concluye este investigador que a este proceso de empobrecimiento de los trabajadores Karl Marx lo denominó “formación del ejército industrial de reserva” mientras que “Kirchner -y los intelectuales de Carta Abierta, agrego yo- lo bautizó, en cambio, de un modo muy ocurrente: distribución del ingreso.”

6. El debate sobre el DNU y la deuda ilegítima
Si estuviera enmarcado en una política económica progresista, que alentara la inversión y el empleo, y estuviera encaminada a reducir secuencialmente la tasa de inflación hasta regresarla en un par de años a un manejable 10 o 12 por ciento anual, la utilización de parte de las reservas del Banco Central para dinamizar y sostener el éxito de este plan, no sería un problema. El problema es que, como hay un agujero presupuestario que se estima en casi 80.000 millones de pesos, el DNU se dicta como una medida desesperada para amortizar los vencimientos de la deuda. ¿Qué deuda? El filósofo Dri, metido a economista, le echa en cara a la derecha (es decir, la otra derecha) refiriéndose a las reservas, “que ellos, cuando fueron gobierno, (las) habían liquidado”. El hecho de que sus predecores despilfarraran los ahorros no justifica que los sucesores revoleen “solamente” una parte. En cuanto a la ilegitimidad de la deuda, el señor Dri las emprende contra la centroizquierda (por supuesto que Kirchner y sus “intelectuales orgánicos” de Carta abierta serían la izquierda a secas), porque “Proyecto Sur también se opone, pero lo hace para sostener la pura convicción de que no se pague la deuda ilegítima. Saben bien que en este contexto tal posición es puramente principista, con la nefasta consecuencia de que, si triunfa, la deuda se pagará con el presupuesto, es decir, con el salario, las jubilaciones, en una palabra, con el ajuste”. Tanto tiempo estudiando filosofía, lógica, ética y moral hegelianas, para elaborar un razonamiento lógico circular, estilo señor Porcel. O sea, yo produje un descalabro tal que si pago deuda con recursos presupuestarios van a perder los jubilados y los asalariados. El pago de esa deuda estaba previsto en el presupuesto. Algo pasó para que hoy descubran que no se lo puede utilizar. No se entiende, por un lado, por qué tienen que pagar el pato los pobres, por qué no pagar la deuda aplicando un impuesto a las grandes fortunas de la “oligarquía” contra la cual se declama pero no se actúa, o las empresas monopolistas que se han enriquecido estos años a costa de los trabajadores y el pueblo, o a los concesionarios de las empresas privatizadas, que prestan un pésimo servicio y son subsidiados por el Estado…? Quiere decir que el mismo poder que aumentó exponencialmente el gasto público, para pagar la deuda tendría que hacerla recaer sobre los trabajadores, algo de lo que no se dan cuenta los “principistas” de Proyecto Sur. Ahora bien, la deuda, ¿es o no ilegítima? Los responsables no son los ladrones, son los que lo denuncian. Flor de ética, moral, etc. ¿Y los que la quieren pagan sin siquiera discutir su procedencia? Esos son las fuerzas de izquierda, comandadas por Kirchner, Moreno, Aníbal Fernández, Verbitzky, Bulgheroni, los Braun Menéndez, los imperialistas chinos e tanti altri. La verdad de la milanesa es ésta: se pague o no se pague, pierde el pueblo, como siempre. De paso, la payasesca discusión sobre la legalidad de los DNU, de Redrado (antes niño mimado del kirchnerismo), los votos a favor y en contra de un parlamento controlado por las clases dominantes (kirchneristas y antikirchneristas), le viene de perillas al gobierno porque lo que no se discute es la crítica situación económica por la que atraviesan centenares de miles de argentinos y la creciente evolución del despilfarro presupuestario y de la tasa de inflación.
Lo paradójico del caso es que el resultado final de la Caja del Banco Central, altamente superavitaria, podría aportarle al gobierno no menos de 7.000 millones de dolares. (un 59% nás que el Fondo de Desendeudamiento. Además, por otro DNU que no se ha discutido, el gobierno tomará 2.200 millones de dolares de reservas para pagarle a los organismos internacionales. Si se agregan los recursos de la ANSeS, el banco nación y otras fuentes, el Gobierno podría cubrir el agujero financiero del 2010. Ergo, si de todas maneras insisten en los DNU es porque tienen previsto aumentar la brecha del ya incontenible gasto público y disponer fondos para seguir comprando voluntades. A todo esto, el centralismo financiero de este gobierno es de una gravedad inusitada, porque es el arma de que dispone el gobierno para ahogar la oposición en las provincias. Esa es la razón por la que se evita provincializar el impuesto al cheque. Un periodista “destituyente” recordaba que cuando era convencional por Santa Cruz, Cristina K hablaba de “un país macrocefálico, injusto en la distribución del ingreso.” Para muchos políticos burgueses, la cercanía del poder es inversamente proporcional a la defensa de los principios (efecto Baglini, que le llaman)

7. El frente filosófico

Ya hemos analizado algunas perlas del rosario filosófico del Profesor Dri. Como vimos, no sólo filosófico, diríamos hasta psicoanalítico, porque descubre detrás de las formas de manifestación del comportamiento, los oscuros laberintos (los intelectuales K se especializan en desentrañar la lógica de los laberintos) que se manifiestan a través de la consecuencia de los actos, aparentemente bien intencionados, de los intelectuales “de centroizquierda”. Siempre, como está claro hasta acá, se refiere a la centroizquierda parlamentaria. Lo pedestre, inorgánico, irresponsable (por qué no llamarlo subversivo?) que se despliega a través de manifestaciones, banderas enarboladas y puños crispados de los proletarios, eso queda fuera del análisis, es, como decirlo, un factor de inestabilidad institucional, porque está directa o indirectamente influenciado por el monopolio mediático y la derecha conservadora. El señor Dri es soldado de la cruzada contra los Golpistas Mediaticos Concentrados, y de los idiotas últiles (la gran mayoría de la población) que se dejan atrapar en sus sutiles redes, porque, obviamente, carecen de la preparación teórica, de la “práctica teórica” devenida a militante, que ilumina más aún las cabezas de los Intelectuales a la Carta.
El señor Dri se apropia del pensamiento de Kant, Max Weber y Hegel, los combina, los bate bien y obtiene el siguiente producto: No se trata solamente de tener buenas intenciones y pensamientos altruistas, una ética y una moral “principista”: antes que eso, hay que medir las consecuencias prácticas de tal principismo. Por ejemplo, el grupo de Pino Solanas, en nombre de los principios, se pronunció por una medida justa, las retenciones segmentadas, y entonces le hizo el juego a la oligarquía. Luego utilizó la tribuna del Congreso Nacional para denunciar el carácter ilegítimo de la deuda, la desastrosa política del gobierno y el ocultamiento del agujero presupuestario. Sin reparar que eso redundaría en un castigo para los asalariados. En definitivo, el gobierno quiere pagar la deuda, legítima e ilegítima, seguir con el despilfarro presupuestario y avivar la espiral inflacionaria, en defensa de los asalariados. Uno no entiende por qué instruye a los líderes sindicales para que negocien aumentos diez puntos inferiores a la inflación real, pagadero en cómodas cuotas cuatrimestrales, como dócilmente ha aceptado, por ejemplo, la dirección nacional de los docentes de CTERA, afines al kirchnerismo, que se avinieron a acordar un aumento miserable.
El señor Dri obvió el pensamiento filosófico de Marx, por supuesto. Lo que pasa es que el materialismo filosófico es el contrario directo de la lógica hegeliana, porque sostiene que el modo de participación de las clases sociales en un sistema de producción históricamente determinado condiciona la representación que estas clases se forman de la realidad y producen una escisión ideológica irreconciliablemente antagónica entre los propietarios de los medios de producción y los desposeídos. Las ideas no andan flotando en el aire, paralelamente al mundo real, el de la “sociedad civil”, sino que son la expresión abstracta de las relaciones materiales entre las clases sociales. No nos hagamos los desentendidos, señor Dri, tanto usted como el señor Forster, o el compañero Feinmann, lo saben bien, aunque se hacen los distraídos. El remate del artículo del señor Dri es patético: atribuye a la izquierda “principista” olvidar que lo que está en juego es el desgaste mediático del gobierno por el grupo Clarín que se opone a la política de los derechos humanos, la vuelta a la AFJP y, ¡resultaría cómico si no fuera siniestro!, propician el fin de la política latinoamericana de la Patria Grande. ¿Con quién, con Lula? Porque con Evo Morales no parece existir tal política, salvo, por supuesto, relaciones amables para que nos venda gas. ¿Con el gobierno uruguayo? El actual presidente no solo dijo, escribió que Kirchner es un ladrón y un mentiroso, de lo cual luego se retractó por razones de diplomacia internacional, no porque haya dejado de pensarlo. ¿Qué esfuerzos concretos realizó el Kirchnerismo para organizar la Patria Grande? ¿Su alianza con el chavismo, que le compró bonos al 15 o 20 % de interés, y del cual últimamente el kirchnerismo ha tomado prudente distancia? La política latinoamericana de Kirchner no existe, porque para edificar la Patria Grande es necesario construir primero la “Patria Chica”, solamente pensable en el marco de un gobierno auténticamente democrático y patriótico, que realice profundas transformaciones de carácter nacional-populares, antioligárquicas y antimonopolistas. Desde ya que los puntos programáticos, específicos, de Pino Solanas, en defensa de la industria y la soberanía nacionales, no merecen ser analizadas, porque vendrían a ser funcionales a la derecha conservadora…Para resumir, o con los monopolios adictos a Kirchner o con los que sustentan a la otra derecha, la “conservadora”.

8. La metamorfosis

El grupo de Carta Abierta es el reflejo ideológico de los cambios producidos en el comportamiento de un sector de las capas medias5. Estos pensadores, que alguna vez manifestaron su afinidad por el marxismo (de cátedra, por supuesto) con el correr del tiempo sustituyeron la lucha de clases por la más moderna e inocua “distribución del ingreso”. Sería inútil buscar la causa de estos cambios en el mundo de las ideas, de cuya historia se nutren estos filósofos. La causa está en su ubicación en el entramado sistema de relaciones sociales, en las características del sector al que pertenecen los intelectuales peueñoburgueses, siempre oscilantes entre los proletarios y los burgueses, partidarios de la revolución a la vuelta de la esquina cuando los obreros luchan, defensores del “orden” cuando los obreros son derrotados, y, finalmente, aduladores de la democracia parlamentaria, primero con Alfonsín, después con el Frepaso, finalmente con Kirchner. Es sabido que Kirchner no es el Mesías, no los conducirá a la tierra prometida, así que, por las dudas, ¿hacia donde marcha este grupo? ¿Cuál será su próximo nicho? Si se sabe leer bajo el agua, está claro que los Forster y Cía, como otra gente de la onda de Alberto Fernández y actuales miembros de ministerios “distribucionistas”, ya aparecen abiertamente como “Kirchneristas críticos” que mantienen el pie dentro del plato como en su época hizo Kirchner con Duhalde”, y empiezan a conspirar por la sucesión. Les falta atraerse a los que ellos llaman “principistas” del partido de Pino Solanas, convencerlos que recorten un poco esis principios, sean más realistas y se preparen para una nueva experiencia demócrata (antes era socialdemócrata). Mientras defienden al “hiperkinético e histérico”, concepto que inmediatamente nos conduce, aunque no está más que sugerido, a “arbitrario y despótico”, no dejan de señalar que efectivmente es hiperkinético e histérico. Mientras le sugieren mejore su discurso para explicar por qué diablos lo mantuvo a Redrado durante seis años, sugieren que no tendría que haberlo hecho, etc. Todo esto, por supuesto, en el marco de la distribución de la riqueza.
A estas alturas es necesario aclarar que “la riqueza”, o sea la envoltura material del valor creado por el trabajo humano, está distribuída. Consiste en la apropiación de la tierra y el conjunto de los medios de producción por los terratenientes y capitalistas, en un largo proceso de desapropiación de los dueños originales de la tierra por los grandes terratenientes y la inserción del capital monopolista extranjero junto a esos terratenientes en los ferrocarriles, los frigoríficos, el sistema bancario, el acopio y comercio internacional de carnes y granos. Desde fines del siglo XIX, la estructura económica argentina, en lo que se refiere a las clases que personificaan esa diferenciación, está definida por la dominación de la oligarquía terrateniente y los monopolios imperialistas por un lado. Por otro lado, la burguesía urbana y rural y los campesinos ricos. Luego, la pequeña burguesía urbana y rural y el campesinado. Finalmente, el proletariado urbano y rural. La distribución originaria de la riqueza dio lugar a la actual distribución del ingreso (o del valor creado) entre las distintas clases de la sociedad: la renta terrateniente, la ganancia burguesa y el salario de los obreros. Debido a eso, desde la apropiación privada del suelo y la aparición del capital, el obrero debió “compartir” el producto de su trabajo con el terrateniente y el capitalista. Esto lo dijo Adam Smith, fundador de la Economía Política clásica, mucho antes que Carlos Marx formulara científicamente las leyes de funcionamiento del capitalismo.
Al revés de lo que pregonan los intelectuales representantes de la burguesía ilustrada, y sus exponentes socialdemocráticos, la distribución originaria de la riqueza es un presupuesto, y no un resultado de la dominación del modo capitalista de producción, distribución e intercambio, caracterizada por la expropiación de los verdaderos productores, constantemente reproducida por este sistema.
¡Obreros: cuando vosotros entráis a trabajar el sol todavía no ha salido, y cuando salís ya se ha puesto! ¡Salís igual que entrasteis, mientras que el patrón, que vive a costa de vuestro trabajo, es más rico que antes!6
Vale decir que la “distribución” o expropiación se ha producido antes de que el obrero sea contratado como tal, es un prerrequisito de la explotación capitalista: productores jurídicamente “libres e independientes”, según la terminología burguesa. Libres de otra propiedad y relación social que no sea su capacidad para trabajar.
Dada la apropiación privada de los medios de producción, la distribución del ingreso entre las clases de la sociedad es inmodificable, hasta tanto dicha propiedad no sea abolida. Es decir, las relaciones de distribución y cambio están determinadas por las relaciones de producción y estas por las relaciones de propiedad. Por eso, la interminable pugna por aumentos de salarios que luego son compensados por aumentos en la tasa de explotación de los trabajadores, el alza inflacionaria y la desocupación creciente, no va a liberar a la clase obrera de la explotación capitalista
En cuanto a los “logros” del gobierno:
La proclamada reestructuración de los montos jubilatorios oculta el hecho de que el 80% de los jubilados percibe la jubilación mínima, que ni siquiera alcanza a cubrir medicamentos, gastos de transporte, servicios e impuestos. Los aumentos se realizan teniendo en cuenta los ridículos índices de inflación inventados por Moyano. Mientras tanto, se echa mano a los fondos del Anses para aumentar la Caja del gobierno, motivo por el cual las jubilaciones fueron estatizadas. Ahora se ha echado mano al bolsillo de centenares de miles de autónomos que pertenecen a las dos categorías más bajas, muchísimos de ellos obreros disfrazados, duplicándoles el aporte. O sea, finalmente son los trabajadores los que financian a los jubilados, mientras que los fondos del ANSES se utilizan para cubrir deuda. En cuanto al supuesto “desendeudamiento” de la Argentina, tres años después de la reducción de su monto, los números actuales sobre su volumen varían entre 120 y 170.000 millones de dólares. Entre tanto, se calcula que los fondos de argentinos en el exterior superan los 150.000 millones, de los cuales el blanqueo impositivo repatrió un monto insignificante.
En equilibrio competitivo, los capitalistas, productos de esa misma competencia, obtienen una ganancia igual, a paridad de inversión de capital. La ganancia social se reparte entre todos los capitalistas tal que, invirtiendo el mismo monto obtienen una ganancia pareja, por ejemplo el 10% del capital invertido. A medida que avanza la concentración de capital, mayor es la tasa de ganancia, por el ahorro de costos que supone la economía de escala
La conquista del mercado mundial por el capital inauguró la época del moderno imperialismo, cuyo rasgos principales están constituidos por la dominación de la economía del mundo por los monopolios, la creación del capital financiero, o sea la fusión del capital bancario y el industrial, el reparto del mercado mundial por un puñado de países imperialistas y la permanente tendencia a la guerra interimperialista en pos de nuevos repartos originados por la acumulación desigual del capital a escala mundial, que viene sacudiendo al mundo desde 1914. La aparición de los monopolios y el surgimiento del imperialismo distorsionan el proceso de nivelación de la tasa de ganancia. Los grandes se comen a los chicos, la ganancia monopolista expropia plusvalía a las franjas no monopolizadas del capital, impone precios a los países dependientes que parecen fruto de mayor intensidad de trabajo pero que deberían ser, por resultar de mayor productividad del trabajo, más baratos.7
La presencia del imperialismo ha producido en la Argentina una enorme distorsión en la conformación del mercado interior y de la distribución del valor. La opresión imperialista se da principalmente a través del entrelazamiento y la subordinación a sus intereses, de los terratenientes y la burguesía intermediaria (es decir, las clases dominantes nativas), y mediante sus propios grupos económicos y financieros (directos o por medio de testaferros) y sus personeros en el aparato estatal Distintas potencias imperialistas, directamente o a través de testaferros, son dueños de ramas enteras de la producción, de los servicios públicos esenciales, de centenares de miles de hectáreas de tierra y de gran parte de las finanzas. El imperialismo se ha convertido en un factor interno de nuestra formación económico-social.
El gobierno de Menem aceleró ese proceso al privatizar y entregar al capital imperialista y los capitalistas locales a ellos ligados, prácticamente la totalidad de las empresas del estado. La convertibilidad produjo un rápido proceso de desaparición o venta de gran parte de las industrias nacionales. El superficial análisis de los economistas de carta abierta saltea esta caracterización y oculta la circunstancia de que este domino se ejerce desde fuera y dentro del gobierno, que los roces son los que se producen entre representantes de distintas fracciones de la oligarquía y el gran capital.

Las estatizaciones realizadas por el gobierno (Aerolíneas, Aguas y Correos) no afectan este predominio. En el caso de Aerolíneas, como dijimos, el gobierno se hizo cargo del pasivo de la empresa, en lugar de dejar que quebrara y crear una empresa de bandera argentina absorbiendo el personal de la anterior. No sólo eso, se nombró presidente de la firma al abogado de Moyano, y los obreros y empleados no ejercen sobre la aerolínea ningún tipo de control. No se trata, solamente, de estatizar, sino de que los trabajadores ejerzan el control de de la producción y administración de las empresas. De lo contrario se corre el peligro de que los sucesivos gobiernos produzcan el vaciamiento virtual de las empresas. Hay decenas de casos en que el control o la dirección obrera han demostrado ser eficientes, como por ejemplo la Cooperativa Renacer de Ushuaia (ex Aurora) Astilleros de Río Santiago, Zanón, y más de un centenar de empresas recuperadas por los trabajadores. Por supuesto que cuando se habla de control obrero no nos referimos a que lo ejerzan los socios de las clases dominantes, como Moyano, Lezcano, Daer, los dirigentes de la UTA, etc., traidores declarados de la clase obrera. Mientras tanto, la riqueza petrolífera, los transportes por ferrocarril, la energía, la industria automotriz, la producción de acero, el transporte marítimo, los teléfonos, las finanzas, el comercio exterior de granos, etc., están en manos del capital extranjero asociado a la oligarquía y sus testaferros locales.

Todos los apelativos de Carta Abierta para que se construya un modelo populista caen en agua de borraja, por eso mismo, porque pretenden ilusionar a las capas medias de la sociedad8 que este gobierno puede hacerlo, porque, deliran, “no está mellada la capacidad… hay un núcleo de valores fundamentales de este proceso que es necesario no sólo defender sino expandir en los próximos años”. Esta idea de “apoyar lo positivo y criticar lo negativo”, sin entender qué es lo que predomina, ha sido una bandera levantada por el revisionismo durante décadas y con distintos ropajes, con los resultados conocidos.
Por otra parte, aún introduciéndonos en la lógica de estos personajes, para distribuir el ingreso hay que generarlo. El gobierno tendría que hacer importantes inversiones en infraestructura e impulsar la importación de bienes de capital, lanzar un ambicioso programa de préstamos a las pymes para planes de expansión monitoreadas por el estado, restablecer el Banco de Desarrollo, que en su momento realizó préstamos que en la mayoría de los casos se utilizaron para el desarrollo tecnológico sino para enjugar pérdidas, porque la política económica de los gobiernos desprotegía la producción autóctona, establecer tasas diferenciadas de IVA según el patrimonio de las empresas, incrementar las tasas de impuestos a los grandes patrimonios y a la propiedad inculta de la tierra, etc. Para esto, el predominio los capitales imperialistas incorpora sus inversiones en el país a su ciclo de reproducción ampliada, cuyo centro está en el extranjero. Los monopolios enjugan las pérdidas de sus casas matrices con las superganancias que obtienen en la Argentina y que pueden remitir libremente al exterior. Lo único que ha hecho el gobierno es dilapidar los fondos públicos y volver al déficit fiscal, sin haber solucionado ningún problema de los tantos que impiden el crecimiento de la economía. Dicho sea de paso, el gobierno de Kirchner no inventó la rueda, el crecimiento de la Argentina comenzó en el año 2002, como consecuencia de la caída brutal del salario real, el aumento de la desocupación a niveles de la crisis del 30 y la devaluación del peso en el marco de una profunda recesión que frenó por completo las tendencias inflacionarias. El kirchnerismo no descubrió la rueda, siguió rodando por la misma huella y luego echó a Lavagna, presuntamente para no tener que moderar las tasas de crecimiento. La economía se “enfrió” igual, o peor, los resultados de las idas y vueltas del equipo económico constituído por Kirchner, De Vido, Aníbal Fernández y Moreno han dado los resultados por todos conocidos. Ahora bien, los chicos de Carta Abierta quieren distribuir: insertos en el interior de la lógica popular-kirchnerista no hay nada que distribuir, a no ser que redistribuyan a los desocupados y millones de pobres los impuestos que le cobran… a los trabajadores ocupados, vía monotributo, los impuestos al consumo popular y la inflación, una de las más altas del mundo.

En lo que respecta a la crisis internacional CA hace un análisis bastante correcto sobre su contenido y perspectivas. Pero todo tiene su “no obstante”, porque luego agregan; “… el funcionamiento del G20 ha significado un avance respecto de su predecesor G7, el traslado de cuestiones cruciales a un ámbito en el que participan algunos países del Sur amplía el espacio del debate… (…) así, Argentina y los BRICS [¿para qué explicar qué diablos son los BRICS, total entre los miembros del exclusivo club de sabihondos se entienden, verdad?] han introducido discusiones sobre cuestiones sustanciales como la reversión de presiones favorables a la cuestión laboral…” Para traducirlo al lenguaje corriente, los BRICS son Brasil, la India, China y Rusia. Estos países se han pronunciado en contra de la flexibilización laboral… ¿es un chiste? Probablemente eligieron los cuatro países del planeta donde el crecimiento económico se ha hecho descargando sobre la clase obrera y los campesinos la opresión más brutal del mundo capitalista, con enormes bolsones de miseria y salarios que, como el caso de China, el más “desarrollado” de los cuatro, no llegan a doscientos dólares por mes, donde a medida que avanzan las grandes ciudades industriales se van desalojando de su tierra a centenares de miles de campesinos, donde hay decenas de miles de levantamientos campesinos por año, silenciados por la dictadura imperialista de los nuevos mandarines. ¡Lindos aliados, la de los desarrollistas de CA, cuyos escritos Cepalistas están destinados al sector “keynesiano”… de las clases dominantes! Y esto no es todo: “está pendiente lo principal: la restitución a las Naciones Unidas del rol de ámbito de cooperación del conjunto de la comunidad internacional…” ¿La restitución? ¿Cuándo las Naciones Unidas fueron ese ámbito? ¿Antes de la caída del muro, época en que las superpotencias se repartían esferas de influencia? Las Naciones Unidas nunca han servido para nada, salvo para cristalizar ese reparto del mundo. Pero nuestros muchachos no pierden las esperanza de “reconstruir unas Naciones Unidas democratizadas”. Si, claro, con los BRICS. No, no, un momento, también con el MERCOSUR, el UNASUR y el Banco del Sur. En pocas palabras, con Brasil, con quien no podemos competir ni en la fabricación de clavos. Bravo. Pero no sólo eso: es sabido que las uniones entre países agigantan las desigualdades vigentes en su interior, y son una brutal extorsión de la fuerza de trabajo, que homogeneiza el salario hacia abajo y permite una mayor explotación de la clase obrera. Esa desigualdad entre países se ha hecho patente en la presente crisis, donde España, seguramente el país más frágil de la Unión, registra un desocupación de por lo menos el 20% de la población activa, y el mismo gobierno reconoce que no ha de mejorar ni en el próximo año ni en el siguiente. Se ha demostrado además que las contradicciones entre los estados no ha disminuído pese a la existencia del Mercado Común. Mientras tanto, millones de proletarios africanos, rumanos, ucranianos, ecuatorianos, colombianos y dominicanos, recorren Europa sobreviviendo con trabajos serviles, el narcotráfico y la prostitución callejera.
Por supuesto que entre los enemigos neoliberales, nuevamente están los “propietarios rurales”, uniendo CA a los grandes terratenientes y acopiadores con los campesinos pobres y medios, de esos que desaparecen cuatro o cinco mil por año. Y de los obreros rurales ni hablemos, esos no están contemplados en ningún plan de “distribución de la riqueza”, y son los más débiles, dada su dispersión geográfica, su escasa agremiación y el carácter traidor de los dirigentes del sindicato de trabajadores rurales.
Nuevamente señalan con la mano izquierda que “la ausencia de equidad es la esencia de las desgarrantes situaciones seculares de pobreza”. Y otra vez el “sin embargo”: sucede que la derecha eclesiástica y laica cabalga sobre la indigencia… escuchen bien: “para acometer contra un proyecto político que es único que ha puesto en debate la cuestión estructural de fondo para resolver la pobreza: la redistribución.” El gobierno lo es desde 2003: ¿Dónde están los resultados de la redistribución? ¿Cómo es que un gobierno decididamente empeñado en la redistribución perdió tan vergonzosamente las elecciones. Los intelectuales K por allí proponen el financiamiento de la burguesía nacional, los pequeños productores campesinos, las cooperativas y fábricas recuperadas, aumentar los impuestos a los ricos. Y agregan: “Reclamar lo que falta no puede hacerse sino apoyando la defensa de lo construido.” En fin, la pata izquierda de los BRICS y el gobierno argentino. Mientras tanto, despotriquemos contra los neoliberales… yanquis. ¡Cristina, coraje, a los yanquis dales el raje! A los monopolios rusos, los chinos, los hindúes, los brasileños y los españoles, en cambio, como dijo Di Tella, dales el patio trasero de las “relaciones carnales.”
¿Qué hacer, entonces, por qué derecha optamos, por la derecha Kirchnerista o la derecha “conservadora”, ya que, por lo que parece, ambos quieren conservar el orden de cosas tal cual está?
La consigna del 2001 fue ¡que se vayan todos! y no alcanzó. No se trata solamente de que se vayan, porque ellos no son todos. Se trata de que los que, por abajo, luchan con desesperación por el pan, el trabajo, la tierra y la libertad, se unan de una vez por todas e impongan un gobierno auténticamente democrático, nacional-popular, que enfrente seriamente a la oligarquía y el imperialismo.
Pablo Quiroga, marzo de 2010


Notas
1 Ricardo Forster, “El Banco Central, Redrado y la disputa por el relato” , La gaceta del Cielo, 2 de febrero 2010
2 Rubén Dri, “Las buenas intenciones y la política”, Página/12, 11 de febrero 2010
3 La transición en España, luego de la muerte de Franco, por ejemplo, se basó en el Pacto de la Moncloa, que resolvió no juzgar al franquismo y, por lo tanto, evitar un debate que homogeneizara a la sociedad en el desenmascaramiento de las atrocidades del régimen fascista.
4 Por ejemplo, léase el texto de Eugenio Gastiazoro sobre las retenciones, en el acápite 4 de este trabajo. Compárase con los argumentos de Carta Abierta, que se agotan en sí mismos al señalar, sin fundamento alguno, que la redistribución de la renta = a la resolución 125.
5 Una minoría, por cierto, ya que, como se pudo apreciar en las últimas elecciones de la Capital Federal, la mayor parte votaron por Pino Solanas, votaron en blanco o se abstuvieron de participar en la elección. A Heller, como se ha dicho, lo votó la familia, lo que queda del PC y los intelectuales K, que hicieron público su apoyo, como si estuvieran votando, no a un banquero revisionista y servidor de la gran potencia de turno, sino a un intrépido defensor de causas nobles.
6 Así quedaron grabados en mi depreciada memoria algunos párrafos de la gran película “La clase obrera va al paraíso” de Elio Petri, un testimonio imborrable de la sociedad italiana en la época de la dominación del capital monopolista.
7 Si, dada la más alta tecnología, en lugar de producirse una zapatilla por hora se producen dos, cada una de ellas, al tener la mitad de trabajo humano incorporado que antes, tendría que reducir su precio también a la mitad.
8 Nunca a los trabajadores, por supuesto, que tienen permiso para movilizarse solamente cuando apoyan al kirchnerismo.

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