¿PODRÍA SER LA COMPASIÓN EL ANTÍDOTO DEFINITIVO CONTRA LA DEPRESIÓN?
Nuestro estado mental, la forma en la que interpretamos lo que nos sucede, es lo que realmente determina nuestro estado de felicidad y bienestar interno.
Pensamos que ese tumulto de pensamientos y emociones que nos acosan a diario nos son propios, que son la naturaleza misma de la mente. Cada imagen es un estado mental, que se sucede uno a otro de manera casi ininterrumpida.
Creemos que esa sucesión de imágenes, hermosas, dolorosas o diabólicas, forman parte de nuestra naturaleza intrínseca.
Sin embargo para los Budistas, esas imágenes, las emociones y los pensamientos, son proyectados en nuestra pantalla cerebral, pero no pertenecen a la mente no son parte suya.
Los meditadores son capaces de percibir y enfocar su atención en lo que hay detrás del flujo continuo de pensamiento. Es decir, a la claridad de la pantalla a esto lo denominan el aspecto luminoso de la mente o conciencia pura. Aquí, yace la capacidad de conocer.
Subestimamos la capacidad que tenemos de transformar nuestra mente. Sin embargo, entrenarnos en enfocar nuestra atención en dicha claridad, nos ayuda a logar un estado de ecuanimidad o imparcialidad interna. Esto evitará que nuestras emociones y pensamientos nos arrasen.
Si conseguimos modificar nuestra mente, podemos cambiar nuestro mundo interior. Una tarea más fácil y mas a nuestro alcance, que el cambiar las circunstancias externas del mundo en el que vivimos.
Tal vez sea la compasión que nos hace más humanos. No podemos experimentar la compasión por nosotros mismos como seres aislados, sino que esta surge en relación con el otro. Nuestra individualidad de algún modo, se suaviza al entrar en relación con el dolor y la necesidad de los demás. Promoviendo en nuestro interior el deseo de ayudarlos.
Algunas filosofías como la Budista, considera que la naturaleza real del hombre, es compasiva. Parte de su entrenamiento mental está dirigido a fomentar esa compleja emoción.
Durante el entrenamiento la parte emocional que nos conmueve y abruma. Cuando, por vez primera observamos el dolor ajeno, deja paso a una compasión más sosegada aunque igualmente profunda.
Un punto de vista este, bien distinto al de occidente. Donde tradicionalmente nos hemos reconocido, especiales y distintos al resto de la naturaleza.
En los inicios de la vida humana, la idea de la supervivencia del más apto, fue llevada a extremos por algunos filósofos del siglo XIX.
Herbert Spencer, declaro;
“Al débil y al estúpido de la raza, se le ha dejar morir, de modo que el fuerte pueda sobrevivir y la raza humana en su conjunto, pueda progresar hacia mayores perfecciones”.
Afortunadamente pronto se tomo el sentido común. Nadie duda ahora, de que el hombre pueda alzarse por encima de esa lucha por sobrevivir. Los comportamientos altruistas tienen cabida en la naturaleza.
Gracias a los avances científicos, vivimos más y en mejores condiciones. A pesar que algunas aplicaciones de la ciencia hayan tenido fines menos nobles.
EL EXPERIMENTO DE LAS EMOCIONES POSITIVAS.
El estudio de las emociones positivas como la compasión es muy reciente, cada día va en aumento. Tal vez sea hora de dar una vuelta más de tuerca e incorporar la compasión. No solo como objeto de estudio, si no como la conciencia de la ciencia que vele por el bien común en todas sus aplicaciones.
Expertos meditadores de extensa experiencia, fueron sometidos a un exhaustivo experimento, con escáneres cerebrales. En el se median las consecuencias de un tipo de meditación concreto. En el que se genera un estado de amor y compasión pura, no enfocada hacia nada ni nadie en particular.
Los resultados mostraron niveles por encima de lo conocido de emoción positiva, en el cortex pre frontal izquierdo del cerebro. Mientras que en el área del lóbulo derecho, justo en el área relacionado con la depresión disminuía. Como si la compasión fuera un buen antídoto contra la depresión. También disminuía la actividad de la amígdala, relacionada con el miedo y la ira.
Otros estudios similares, han demostrado que el nivel de atención de estos meditadores, es mucho mayor que el del resto de población y pueden mantenerla durante mucho más tiempo.
QUE OCURRE CON LOS MEDITADORES NOVATOS? HAY ALGÚN BENEFICIO PARA ELLOS?
Para comprobarlo un grupo de trabajadores de una empresa realizaron 30 minutos de meditación diarios durante 3 meses.
A lo largo del estudio los empleados reportaron un descenso en sus niveles de ansiedad. Se pudo ver que se incrementaba la actividad de su cortex pre frontal izquierdo, es decir, sus emociones positivas.
Con un poco de disciplina es suficiente para lograr cierto control mental. Con este control, mejoraremos el nivel de felicidad en nuestras vidas.
Fuentes, Reflexiones propias, Redes.
José Antonio Rodríguez
www.reescribiendotuhistoria.com
Nuestro estado mental, la forma en la que interpretamos lo que nos sucede, es lo que realmente determina nuestro estado de felicidad y bienestar interno.
Pensamos que ese tumulto de pensamientos y emociones que nos acosan a diario nos son propios, que son la naturaleza misma de la mente. Cada imagen es un estado mental, que se sucede uno a otro de manera casi ininterrumpida.
Creemos que esa sucesión de imágenes, hermosas, dolorosas o diabólicas, forman parte de nuestra naturaleza intrínseca.
Sin embargo para los Budistas, esas imágenes, las emociones y los pensamientos, son proyectados en nuestra pantalla cerebral, pero no pertenecen a la mente no son parte suya.
Los meditadores son capaces de percibir y enfocar su atención en lo que hay detrás del flujo continuo de pensamiento. Es decir, a la claridad de la pantalla a esto lo denominan el aspecto luminoso de la mente o conciencia pura. Aquí, yace la capacidad de conocer.
Subestimamos la capacidad que tenemos de transformar nuestra mente. Sin embargo, entrenarnos en enfocar nuestra atención en dicha claridad, nos ayuda a logar un estado de ecuanimidad o imparcialidad interna. Esto evitará que nuestras emociones y pensamientos nos arrasen.
Si conseguimos modificar nuestra mente, podemos cambiar nuestro mundo interior. Una tarea más fácil y mas a nuestro alcance, que el cambiar las circunstancias externas del mundo en el que vivimos.
Tal vez sea la compasión que nos hace más humanos. No podemos experimentar la compasión por nosotros mismos como seres aislados, sino que esta surge en relación con el otro. Nuestra individualidad de algún modo, se suaviza al entrar en relación con el dolor y la necesidad de los demás. Promoviendo en nuestro interior el deseo de ayudarlos.
Algunas filosofías como la Budista, considera que la naturaleza real del hombre, es compasiva. Parte de su entrenamiento mental está dirigido a fomentar esa compleja emoción.
Durante el entrenamiento la parte emocional que nos conmueve y abruma. Cuando, por vez primera observamos el dolor ajeno, deja paso a una compasión más sosegada aunque igualmente profunda.
Un punto de vista este, bien distinto al de occidente. Donde tradicionalmente nos hemos reconocido, especiales y distintos al resto de la naturaleza.
En los inicios de la vida humana, la idea de la supervivencia del más apto, fue llevada a extremos por algunos filósofos del siglo XIX.
Herbert Spencer, declaro;
“Al débil y al estúpido de la raza, se le ha dejar morir, de modo que el fuerte pueda sobrevivir y la raza humana en su conjunto, pueda progresar hacia mayores perfecciones”.
Afortunadamente pronto se tomo el sentido común. Nadie duda ahora, de que el hombre pueda alzarse por encima de esa lucha por sobrevivir. Los comportamientos altruistas tienen cabida en la naturaleza.
Gracias a los avances científicos, vivimos más y en mejores condiciones. A pesar que algunas aplicaciones de la ciencia hayan tenido fines menos nobles.
EL EXPERIMENTO DE LAS EMOCIONES POSITIVAS.
El estudio de las emociones positivas como la compasión es muy reciente, cada día va en aumento. Tal vez sea hora de dar una vuelta más de tuerca e incorporar la compasión. No solo como objeto de estudio, si no como la conciencia de la ciencia que vele por el bien común en todas sus aplicaciones.
Expertos meditadores de extensa experiencia, fueron sometidos a un exhaustivo experimento, con escáneres cerebrales. En el se median las consecuencias de un tipo de meditación concreto. En el que se genera un estado de amor y compasión pura, no enfocada hacia nada ni nadie en particular.
Los resultados mostraron niveles por encima de lo conocido de emoción positiva, en el cortex pre frontal izquierdo del cerebro. Mientras que en el área del lóbulo derecho, justo en el área relacionado con la depresión disminuía. Como si la compasión fuera un buen antídoto contra la depresión. También disminuía la actividad de la amígdala, relacionada con el miedo y la ira.
Otros estudios similares, han demostrado que el nivel de atención de estos meditadores, es mucho mayor que el del resto de población y pueden mantenerla durante mucho más tiempo.
QUE OCURRE CON LOS MEDITADORES NOVATOS? HAY ALGÚN BENEFICIO PARA ELLOS?
Para comprobarlo un grupo de trabajadores de una empresa realizaron 30 minutos de meditación diarios durante 3 meses.
A lo largo del estudio los empleados reportaron un descenso en sus niveles de ansiedad. Se pudo ver que se incrementaba la actividad de su cortex pre frontal izquierdo, es decir, sus emociones positivas.
Con un poco de disciplina es suficiente para lograr cierto control mental. Con este control, mejoraremos el nivel de felicidad en nuestras vidas.
Fuentes, Reflexiones propias, Redes.
José Antonio Rodríguez
www.reescribiendotuhistoria.com