Los últimos resultados trimestrales de Apple revelan un dato que, para mi, anuncia el principio del fin de la era de los reproductores MP3, pese a que a estos aún les quedan algunos estertores para tareas muy concretas.
El iPod se encuentra camino de urgencias. No ha ingresado ya pero lo hará pronto. Y, con él, el resto de reproductores del mercado de cualquier marca. El fin de sus días se acerca y no se trata de un castigo divino, si no simplemente que su función de permitir la escucha de música pasa a integrarse en el smartphone, cada vez con mayor asiduidad.
No lo digo porque sí (aunque esta es una columna de opinión y, por ello, podría decir lo que me plazca), si no sobre una idea que he tenido basándome en los últimos resultados trimestrales presentados por Apple, en los cuales la compañía de Cupertino revela que las ventas de sus iPod bajaron, mientras el resto subía.
Rápidamente, una pregunta me asaltó: ¿por qué el público dejaba de comprar iPods? y lo comparé con mi situación. Yo antes tenía uno de estos gádgets, de hecho varios a lo largo de estos últimos años, pero ahora he suplido mi reproductor MP3 por mi smartphone, que también puede reproducir música. Total, es simplemente añadirle unos cascos o conectarlo a unos altavoces y listo.
Y no creo que yo sea el único que sigue esta tendencia; es más, vaticino que a lo largo de los próximos años el reproductor MP3 autónomo irá muriendo poco a poco en favor del smartphone, el tablet y la computadora, conectados a Internet y con servicios de música online tipo Spotify, que serán cada vez más utilizados en estos dispositivos a medida que la Red de redes vaya siendo cada vez realmente más “omnipresente” gracias a tecnologías como la 4G.
No va a ser una defunción total y absoluta -y tampoco va a ser inmediata, aún “arrastraremos” esta tecnología durante unos cuantos años-, puesto que siempre habrá nichos para los que se venderán. Por ejemplo, para niños cuyos padres son reacios a comprarles un smartphone pero deben calmar su “sed” de aparatos electrónicos, para quien quiere escuchar música en la piscina (para lo cual los MP3 sumergibles pueden tener sus partidarios en el futuro) o para aquellas personas que quieren aderezar con una banda sonora sus ejercicios en el gimnasio sin exponer su smartphone a golpes que puedan romperlo o estropearlo. Personalmente, esto último lo he arreglado comprándome unos auriculares inalámbricos (por Bluetooth), con lo cual ya no llevo el teléfono encima, si no que lo dejo en mi bolsa de deportes, a la entrada del gimnasio.
Las tecnologías nacen, crecen y se transforman. Realmente, el reproductor de música no morirá del todo, si no que continuará viviendo en todos y cada uno de los teléfonos móviles que puedan reproducir canciones y podcasts, independientemente de que puedan considerarse o no smartphones, además de en sus sucesores pensados para un público menos generalista y más adaptados para tareas concretas como el sumergible para ir a la playa o la piscina.
Copyleft 2011 www.imatica.org
Esta obra se encuentra sujeta a la siguiente licencia:
La difusión, reproducción y traducción de este texto se permite libremente en cualquier medio o soporte con las únicas obligaciones de mantener la presente licencia e incluir un enlace o referencia a la página en la que se encuentra el original dentro del servidor www.imatica.org . En medios audiovisuales se requiere la cita al medio www.imatica.org
El iPod se encuentra camino de urgencias. No ha ingresado ya pero lo hará pronto. Y, con él, el resto de reproductores del mercado de cualquier marca. El fin de sus días se acerca y no se trata de un castigo divino, si no simplemente que su función de permitir la escucha de música pasa a integrarse en el smartphone, cada vez con mayor asiduidad.
No lo digo porque sí (aunque esta es una columna de opinión y, por ello, podría decir lo que me plazca), si no sobre una idea que he tenido basándome en los últimos resultados trimestrales presentados por Apple, en los cuales la compañía de Cupertino revela que las ventas de sus iPod bajaron, mientras el resto subía.
Rápidamente, una pregunta me asaltó: ¿por qué el público dejaba de comprar iPods? y lo comparé con mi situación. Yo antes tenía uno de estos gádgets, de hecho varios a lo largo de estos últimos años, pero ahora he suplido mi reproductor MP3 por mi smartphone, que también puede reproducir música. Total, es simplemente añadirle unos cascos o conectarlo a unos altavoces y listo.
Y no creo que yo sea el único que sigue esta tendencia; es más, vaticino que a lo largo de los próximos años el reproductor MP3 autónomo irá muriendo poco a poco en favor del smartphone, el tablet y la computadora, conectados a Internet y con servicios de música online tipo Spotify, que serán cada vez más utilizados en estos dispositivos a medida que la Red de redes vaya siendo cada vez realmente más “omnipresente” gracias a tecnologías como la 4G.
No va a ser una defunción total y absoluta -y tampoco va a ser inmediata, aún “arrastraremos” esta tecnología durante unos cuantos años-, puesto que siempre habrá nichos para los que se venderán. Por ejemplo, para niños cuyos padres son reacios a comprarles un smartphone pero deben calmar su “sed” de aparatos electrónicos, para quien quiere escuchar música en la piscina (para lo cual los MP3 sumergibles pueden tener sus partidarios en el futuro) o para aquellas personas que quieren aderezar con una banda sonora sus ejercicios en el gimnasio sin exponer su smartphone a golpes que puedan romperlo o estropearlo. Personalmente, esto último lo he arreglado comprándome unos auriculares inalámbricos (por Bluetooth), con lo cual ya no llevo el teléfono encima, si no que lo dejo en mi bolsa de deportes, a la entrada del gimnasio.
Las tecnologías nacen, crecen y se transforman. Realmente, el reproductor de música no morirá del todo, si no que continuará viviendo en todos y cada uno de los teléfonos móviles que puedan reproducir canciones y podcasts, independientemente de que puedan considerarse o no smartphones, además de en sus sucesores pensados para un público menos generalista y más adaptados para tareas concretas como el sumergible para ir a la playa o la piscina.
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