Y, quien dice en el segmento tablets, dice su futuro como empresa dominadora en los sistemas operativos.
Hace años que vengo escuchando el mismo vaticinio: Windows tiene los días contados como sistema operativo hegemónico para los desktop; la revolución Linux ya llega. Y, no obstante, a día de hoy, el dominio de Microsoft se alarga a más de nueve de cada diez computadoras empleadas por los usuarios finales por apenas una de cada cien gobernada por Linux*. Esto es culpa de la estructura de pensamiento de los usuarios, que podría cambiar con los tablets.
Cuando un usuario se acostumbra a un entorno de trabajo, busca este mismo entorno en máquinas similares -y esto lo sé por experiencia propia-. Para él, un sobremesa y un portátil son dos manifestaciones distintas del mismo tipo de máquina, como dos coches de marcas diferentes pero cuyos pedales y palancas para la conducción son muy similares (un volante, freno de mano, cambio de marchas,...). Si un icono está fuera de lugar o es diferente, ello confunde al usuario, que se bloquea y no admite la diferencia. Esto me ha pasado mucho en usuarios a los que se les ha instalado Microsoft Office en una máquina y OpenOffice en otra: aunque las interfaces de usuario sean muy parecidas, el cambio no es bien recibido, y el usuario solicita insistentemente que se le instale el programa que emplea de forma habitual en la máquina que no dispone de él, negándose a aprender las escasas diferencias del otro. Mentalmente, se bloquea.
El éxito inicial de los smartphones con plataformas diferentes de la de Microsoft viene del hecho que, mentalmente, estas máquinas poco o nada tienen que ver con las computadoras de sobremesa y portátiles en el imaginario colectivo de los usuarios. Son mundos aparte y, como tales, no se influencian de estos prejuicios**. También el éxito limitado inicial de los netbooks con GNU/Linux puede deberse en buena parte a esta rotura con los conceptos existentes, pero la evolución de estos aparatos que los han hecho asemejarse simplemente a “laptops en miniatura” (con la consecuente equivocación de los usuarios sobre lo que puede y no pueden hacer estas máquinas) también han ayudado al éxito de Windows y a la anulación de GNU/Linux como un rival a la altura. El sistema operativo del pingüino perdió con ello una gran oportunidad.
Con los modernos tablets a imagen y semejanza del iPad ha pasado lo mismo que con los smartphones: al sentar las bases de su formato, Apple ha marcado un prototipo de dispositivo más próximo a un smartphone que a una computadora, esquema que ha reforzado la irrupción de Android con fuerza en el panorama de las plataformas empleadas en estos gádgets, con lo que a su vez el esquema mental que los consumidores se han hecho de estas máquinas las acerca más a un smartphone que a una computadora, con todo lo que ello comporta.
Un usuario medio no ve la necesidad de que un tablet funcione igual que su sobremesa o su portátil; lo ve como algo diferente aunque se parezca más de lo que pueda admitir a un netbook que a un teléfono, por lo que no ve imprescindible tener la misma interfaz de usuario que en estos aparatos, factor que juega contra el Windows.
Es por ello que Microsoft necesita actuar con rapidez, presentando una plataforma para tablets que dé la sensación a los usuarios de que es necesario contar con ella instalada para trabajar como lo hace en otros entornos, para que su tablet sea compatible con el resto de sus computadoras. Sí, es justamente por esto por lo que se ha criticado tanto a Microsoft, pero no nos engañemos: si hoy en día la compañía de Redmond tiene tanto éxito es precisamente por aplicar esta táctica.
Un Windows 7 recortado y adaptado pero más parecido a su homólogo de sobremesa que a Windows Phone debería ser lo ideal para cierto tipo de usuario de dispositivos tablet, mientras que un Windows Phone 7 adaptado sería el ideal para tablets más pequeños tipo Dell Streak.
Sea como fuere, Microsoft debe actuar rápidamente, antes de navidades y antes de que Android se convierta en la referencia de plataforma informática para tablets, creando esta necesidad de la que hablaba antes.
Los tablets podrían constituir un 25% del parque informático existente a dos o tres años vista, y un dominio claro de otro sistema operativo que no sea Windows en estos dispositivos podría redundar en un factor de inversión en el segmento de los PC's de escritorio: que usuarios empezaran a migrar a otras plataformas para que su computadora sea “estándar” con su tablet. Un panorama al que Microsoft, a buen seguro, no querrá enfrentarse.
* En comparación, Apple detenta un 5% del mercado desktop con su Mac OS X, cinco veces mayor que todo el ecosistema de distribuciones GNU/Linux.
** Obviamente, esto no es lo único que explica el triunfo de Apple con su iPhone, Android o BlackBerry, existen otros factores pero este también tiene su peso.
Copyleft 2010 www.imatica.org
Esta obra se encuentra sujeta a la siguiente licencia:
La difusión, reproducción y traducción de este texto se permite libremente en cualquier medio o soporte con las únicas obligaciones de mantener la presente licencia e incluir un enlace o referencia a la página en la que se encuentra el original dentro del servidor www.imatica.org . En medios audiovisuales se requiere la cita al medio www.imatica.org
Hace años que vengo escuchando el mismo vaticinio: Windows tiene los días contados como sistema operativo hegemónico para los desktop; la revolución Linux ya llega. Y, no obstante, a día de hoy, el dominio de Microsoft se alarga a más de nueve de cada diez computadoras empleadas por los usuarios finales por apenas una de cada cien gobernada por Linux*. Esto es culpa de la estructura de pensamiento de los usuarios, que podría cambiar con los tablets.
Cuando un usuario se acostumbra a un entorno de trabajo, busca este mismo entorno en máquinas similares -y esto lo sé por experiencia propia-. Para él, un sobremesa y un portátil son dos manifestaciones distintas del mismo tipo de máquina, como dos coches de marcas diferentes pero cuyos pedales y palancas para la conducción son muy similares (un volante, freno de mano, cambio de marchas,...). Si un icono está fuera de lugar o es diferente, ello confunde al usuario, que se bloquea y no admite la diferencia. Esto me ha pasado mucho en usuarios a los que se les ha instalado Microsoft Office en una máquina y OpenOffice en otra: aunque las interfaces de usuario sean muy parecidas, el cambio no es bien recibido, y el usuario solicita insistentemente que se le instale el programa que emplea de forma habitual en la máquina que no dispone de él, negándose a aprender las escasas diferencias del otro. Mentalmente, se bloquea.
El éxito inicial de los smartphones con plataformas diferentes de la de Microsoft viene del hecho que, mentalmente, estas máquinas poco o nada tienen que ver con las computadoras de sobremesa y portátiles en el imaginario colectivo de los usuarios. Son mundos aparte y, como tales, no se influencian de estos prejuicios**. También el éxito limitado inicial de los netbooks con GNU/Linux puede deberse en buena parte a esta rotura con los conceptos existentes, pero la evolución de estos aparatos que los han hecho asemejarse simplemente a “laptops en miniatura” (con la consecuente equivocación de los usuarios sobre lo que puede y no pueden hacer estas máquinas) también han ayudado al éxito de Windows y a la anulación de GNU/Linux como un rival a la altura. El sistema operativo del pingüino perdió con ello una gran oportunidad.
Con los modernos tablets a imagen y semejanza del iPad ha pasado lo mismo que con los smartphones: al sentar las bases de su formato, Apple ha marcado un prototipo de dispositivo más próximo a un smartphone que a una computadora, esquema que ha reforzado la irrupción de Android con fuerza en el panorama de las plataformas empleadas en estos gádgets, con lo que a su vez el esquema mental que los consumidores se han hecho de estas máquinas las acerca más a un smartphone que a una computadora, con todo lo que ello comporta.
Un usuario medio no ve la necesidad de que un tablet funcione igual que su sobremesa o su portátil; lo ve como algo diferente aunque se parezca más de lo que pueda admitir a un netbook que a un teléfono, por lo que no ve imprescindible tener la misma interfaz de usuario que en estos aparatos, factor que juega contra el Windows.
Es por ello que Microsoft necesita actuar con rapidez, presentando una plataforma para tablets que dé la sensación a los usuarios de que es necesario contar con ella instalada para trabajar como lo hace en otros entornos, para que su tablet sea compatible con el resto de sus computadoras. Sí, es justamente por esto por lo que se ha criticado tanto a Microsoft, pero no nos engañemos: si hoy en día la compañía de Redmond tiene tanto éxito es precisamente por aplicar esta táctica.
Un Windows 7 recortado y adaptado pero más parecido a su homólogo de sobremesa que a Windows Phone debería ser lo ideal para cierto tipo de usuario de dispositivos tablet, mientras que un Windows Phone 7 adaptado sería el ideal para tablets más pequeños tipo Dell Streak.
Sea como fuere, Microsoft debe actuar rápidamente, antes de navidades y antes de que Android se convierta en la referencia de plataforma informática para tablets, creando esta necesidad de la que hablaba antes.
Los tablets podrían constituir un 25% del parque informático existente a dos o tres años vista, y un dominio claro de otro sistema operativo que no sea Windows en estos dispositivos podría redundar en un factor de inversión en el segmento de los PC's de escritorio: que usuarios empezaran a migrar a otras plataformas para que su computadora sea “estándar” con su tablet. Un panorama al que Microsoft, a buen seguro, no querrá enfrentarse.
* En comparación, Apple detenta un 5% del mercado desktop con su Mac OS X, cinco veces mayor que todo el ecosistema de distribuciones GNU/Linux.
** Obviamente, esto no es lo único que explica el triunfo de Apple con su iPhone, Android o BlackBerry, existen otros factores pero este también tiene su peso.
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