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El psicoanálisis ¿una ciencia?

Ciencia Educacion8/17/2018


El psicoanálisis ¿una ciencia?
Joaquín BOCHACA / Nº 97 Mayo de 1981


Cuando un judío vienés, Siegmund Freud, lanzó la idea del Psicoanálisis, en 1896, nadie sospechó que se acababa de inventar la herramienta indispensable para que el parásito biológico obtuviera el control absoluto de la vida de su huésped...

El psicoanálisis se convirtió en el instrumento utilizado por el parásito para husmear en los más recónditos recovecos de la mente del huésped, enterándose así de sus secretos mejor guardados, así como de sus temores ocultos y las dudas que podrían ser explotados por un enemigo listo y astuto deseoso de llegar a ser el amo de aquél.

Tras concluir su carrera de medicina, Freud se concentró en el estudio del sistema nervioso graduándose en neuropatología. Su educación fue estrictamente científica, según los metódicos principios germánicos en boga en la Escuela Médica de Viena. Pero pronto abandonó esos principios, convirtiéndose en un típico aventurero. Su obsesión era tocar la tecla justa, la que le permitiera alcanzar la fama, la riqueza y, sobre todo, el poder sobre el odiado Gentil.

Durante varios años, Freud experimentó con "cocaína-terapia”, o, como diría un agente de la Brigada de Narcóticos, “tráfico de drogas". El único resultado de esa "curación de los desórdenes mentales” mediante el uso de la cocaína fue que él mismo se convirtió en adicto de esa droga hasta el fin de sus días. Hogaño, la cocaína es la droga favorita de los ricos e influyentes judíos de Nueva York y Hollywood que controlan las mentes del pueblo americano a través de la Televisión y los “mass media”. Pero cuando Freud descubrió que el hecho de administrar cocaína a sus pacientes no le conducía a la riqueza con la celeridad por él deseada buscó un medio más rápido para alcanzar la fortuna. Pareció encontrarlo cuando empezó a practicar la hipnosis en sus pacientes. Durante más de un siglo la hipnosis había sido práctica favorita de los más notorios charlatanes de Europa, Cagliostro (a) Joseph Balsamo, Messmer y Charcot. Freud se convirtió en su heredero. Pero ¿cómo lograr escapar a la acusación hecha a sus predecesores, de nigromantes y falsarios? Muy pronto Freud se dio cuenta de que no era imprescindible poner a sus pacientes en estado de control mental mediante el uso de drogas o someterlos a la "hipnosis" para que le revelaran sus más íntimos secretos. Todo lo que debía hacer era establecer una atmósfera adecuada, para provocar las confidencias y la confianza, y los pacientes inmediatamente empezaban a hablar sobre sí mismos.

Thomas Szasz, un húngaro, famoso por sus críticas sobre esta pseudo-ciencia la ha definido perfectamente, en su libro "El mito de la Psicoterapia..." La Psicoterapia consiste simplemente en hablar".

La reputación de Freud como el gran inventor de toda una nueva ciencia descansa solamente en su descubrimiento de que podía conseguir que sus pacientes hablaran sobre sí mismos sin el uso de la hipnosis, Aunque una gran parte del ”atrezzo” de la Psicoterapia fue inventado con objeto de crear una atmósfera hipnótica El descubrimiento de Freud le liberó del estigma común a los charlatanes de la hipnosis, estableciendo una distancia entre él y sus desacreditados predecesores. No obstante, la práctica del Psicoanálisis depende sobre todo de la creación y mantenimiento de una atmósfera pseudo-hipnótica en la oficina del psiquiatra. El paciente debe ser persuadido de que debe abandonarse en un "relax" total, de que se entregue completamente al poder discrecional del psiquiatra y de que revele sus más recónditos secretos. Así la psicoterapia funciona solamente porque es una pseudo-hipnosis.

Freud tuvo el acierto de construir una elaborada fachada de soportes "intelectuales” para su nueva “ciencia". No debió ser nada fácil erigir una vasta superestructura de teorías y procedimientos supuestamente científicos en derredor del principio básico de un paciente con manías y problemas mentales, cansado y nervioso, tumbado en un diván y charlando sobre sí mismo a un psiquiatra. Pero Freud, exhibiendo todo el indiscutible talento heredado por su memoria genética, consiguió ese auténtico "tour de force”. Así, construyó un sistema basado sobre teorías incorrectas y casi siempre obscenas, utilizando, además, esas teorías para atacar la base de la vida familiar con adefesios mentales tan inconcebibles como el demasiado famoso "Complejo de Edipo”. Y el caso es que tal "Complejo de Edipo" no solamente nunca ha existido -excepto, tal vez, en algunos seres marginales y depravados- sino que también Freud, además, comprendió mal o, más probablemente presentó mal toda la base de tal “complejo". Lo basó en un antiguo mito griego, la historia de Edipo, inmortalizado por Sófocles. Freud adelantó la teoría de ese “complejo” en 1910, pero no fue hasta 1920 cuando publicó tres ensayos estableciendo los fundamentos de esta teoría como proyección de la “sexualidad infantil". Se ha dicho que el complejo de Edipo es el núcleo de todas las neurosis y constituye la parte más importante de su contenido, porque ese complejo, al aparecer en el comienzo de la vida, crea la base para todas las demás neurosis que irán apareciendo. Pero el caso es que no existe la más mínima prueba, la más débil evidencia de la existencia de esa supuesta "sexualidad infantil” que Freud sitúa en el primer año de vida. Pero eso no preocupa a Freud, Si la "sexualidad infantil” no existía, se inventaba. Construyó el Complejo de Edipo al transferir sus propias obsesiones sexuales favoritas sobre el mito de un viejo rey griego, Layo de Tebas Cuando Layo consultó al Oráculo de Delfos, éste le profetizó que un hijo que tendría con su esposa Yocasta le daría muerte. Cuando nació el hijo, Layo se lo arrebató a Yocasta y mandó que lo abandonaran en el Monte Citero para que muriera de hambre y de frío Un pastor encontró al niño y le cuidó y educó. Un día, Layo encontró a Edipo, con el que tuvo una absurda discusión sobre quién debía pasar primero por un estrecho desfiladero, y Edipo le dio muerte. Este se fue a Tebas, donde conoció a la viuda de Edipo y se casó con ella. Entonces apareció el pastor que reveló el verdadero origen de Edipo. Este, desesperado, se pinchó los ojos mientras Yocasta se colgaba de un árbol. Esta leyenda, convertida luego en un clásico de la tragedia griega, tiene profundas implicaciones, subrayadas por Sófocles, en el sentido de que debemos ser conscientes de nuestra propia identidad si queremos desarrollar nuestra vida satisfactoriamente, pero Freud pareció no comprender esto, al contrario, lo que hizo fue distorsionar completamente la leyenda al pretender que todo niño de sexo masculino, en su primer año de infancia, mientras se debate en los tormentos de la sexualidad infantil, enloquece de celos contra su padre, a quien desearía matar con objeto de poder fornicar con su madre. Thomas Szasz asegura que sólo un judío podía aportar a un mito tradicional tal perversión y tal distorsión, y, por nuestra parte, nos limitaremos a hacer notar que Edipo, que nunca conoció a su padre, difícilmente podía tener celos de él, como tampoco podía tener deseos de yacer con su madre, de la que le separaron instantes después del parto.

Pero Freud, impasible, pretendió que gran parte de las neurosis se debían a la ”frustración" del niño, que no podía ni yacer con su madre ni matar a su padre; así el niño padecía una "represión" que le afectaba mentalmente, bajo diversas formas, en el resto de su vida. En realidad, todas las teorías de Freud, injertadas de sexo ad nauseam, no sobrepasaron nunca el estado de la pura e indemostrable teoría. Tal, por ejemplo, el pseudo-dogma de la "homosexualidad reprimida según la cual en casi todo hombre existe, latente, un deseo homosexual Es famoso el "estudio" que Freud hizo de Leonardo Da Vinci, "demostrando" que era un invertido, como -según él- la mayoría de genios de la Cultura Occidental.

Lo que debiera tenerse muy presente al estudiar el caso de Freud es que, en todo caso, sus teorías sólo podían fundamentarse, prácticamente, en sus pacientes que, durante muchos años y en su gran mayoría, fueron judíos. Desde Belloc, hasta Mullins, todos los especialistas del tema, incluyendo otros numerosos judíos, han afirmado que la etnia judía es muy propensa a las enfermedades y desórdenes mentales.

En sus libros, Freud se queja a menudo del hecho de que los pacientes Gentiles le evitaran. Pero aun admitiendo el hecho de que el judío, en general, es un individuo obsesionado por el sexo, se hace difícil creer que las teorías freudianas tengan una contrapartida en la realidad, judía o gentil.
Según el ya aludido Szasz “la pseudo-ciencia de la Psicoterapia es un instrumento del judío utilizado para obtener poder sobre el Gentil”. (Szasz: "Siegmund Freud, the Jewish Avenger" Freud fue nieto de un rabino, sionista de la primera hora y amigo personal de Herzl, padre del Sionismo moderno.
Naturalmente, hay psiquiatras que, más correctamente, deberíamos llamar psicólogos que no pueden en modo alguno, ser englobados en la categoría de farsantes encabezada por Freud. Tal, por ejemplo, Jung, que se separó de Freud, harto de sus obsesiones sexuales: "para Freud todo son símbolos sexuales; ¿un anciano se apoya en un bastón? En su subconsciente está empuñando un falo. Un contable coge una pluma ¿para anotar una cifra en una cuenta? Ese es el pretexto, pues, en su subconsciente otra vez es el falo ¿Una obra de arte, una ex presión de espiritualidad? Se trata de expresiones sexuales”. (Jung: "Memorias, Sueños y Reflexiones".

La Psiquiatría, como “ciencia” fue promocionada por judíos, y judíos fueron y son la inmensa mayoría de sus practicantes en Occidente y de manera especial en los países anglosajones, donde es de buen tono psicoanalizarse a menudo. Una buena fuente de ingreso (una sesión de dos horas de charla sobre el diván, se factura entre trescientos y quinientos dólares) y, además, una fuente de informaciones vitales si no para el propio psiquiatra, sí tal vez para su correligionarios. Y además, "last but not least", excelente recurso “legal” y “humanitario", para deshacerse de adversarios peligrosos, acusados de padecer síndromes mentales, tal como le sucediera al Secretario de Marina Forrestal, y a tantos otros, o tal como les sucede a los "detenidos de marca" en el Gulag soviético.

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