Comparto con ustedes la cuarta entrega de este breve ensayo sobre la sociedad actual y sus problemas, tiene gran hincapié en el ámbito argentino, espero tengan tiempo de leerlo.
4 - El ser de consumo.
Es imposible no hablar de las pestes atrofiantes que recorren la sociedad sin hablar del sistema socio-económico con las que esta se organiza. Y eso es sin más hablar del capitalismo y de las consecuencias que tiene a nivel individual para pasar luego a tratar de abordar los resultados en el mundo, intentaremos pasar del uno al todo.
¿Cómo fue que llegamos a organizar nuestra sociedad de esta manera? Esa pregunta es importantísima, porque al responderla vamos a responder si es posible cambiarla o si viene incorporada en nuestra naturaleza. Podría ser el punto de partida, pero en este caso quizá sea nuestro punto de llegada.
El ser humano esta perturbado, se siente atemorizado, solo, incapaz, insuficiente a las exigencias del mundo, continua sin poder darle respuesta al sentido de su existencia, y en medio de todo este mar revuelto no encuentra salida posible para encontrar el sentido inmediato a seguir respirando. O, para no ser tan extremo, prefiere no pensar en el motivo de ser. Prefiere abocarse a lo banal, a lo efímero. En una manera de desplegarse que sacude cada vez más a su incapacidad para llenar su espiritualidad, recurre a lo vació para sentirse completo.
Así podemos vislumbrar los primeros pasos del hombre de consumo. Del hombre que comprende que el dinero mueve al mundo. Y en su paso por la tierra se verá incapaz de separar este amor que tiene por el consumo. Todo es una mercancía, todo tiene precio, ya no existen cosas que el dinero no pueda, si no comprar, atraer. Y en su camino de vida llegara hasta a tratar de evitar darse cuenta de eso, de que el dinero lo conduce, y que el dinero maneja el mundo, o bien el mundo es manejado por los que tienen dinero.
El ser de consumo vive una realidad tan cruel que la única manera que tiene de sobrevivir es ignorándola. Ya sea ignorándola sabiendo de su inminencia, o ignorándola desde la más pura ignorancia. Bienaventurados sean los cortos de mente, que no lidiaran con los problemas del mundo, que no cargaran ese peso en su espalda. En su desconocimiento de los motivos para no sonreír no harán más que sonreír. Así no me queda más que disculparme por escribir esto.
“Dios ha muerto” sentencio firme Nietzche, pero en los vacíos que va dejando su podrido cadáver nace un nuevo manantial apestoso de espiritualidad y con tufillo a falsa felicidad: el dinero.
Martín Heidegger describe la vida del humano como nacer, trabajar, pensar y morir. Cuando nacemos nos llenamos de vida, dejamos la nada para pasar a la existencia. El trabajo debería ser nuestra vocación, nuestra parte más importante de la vida, nuestro cincelado artístico en la piedra de la existencia universal. Luego pensamos, pues de otro modo no existiríamos. Para finalmente dejar este universo y volver al estado en el que estábamos antes de nacer.
El ser de consumo de a poco se va convirtiendo en una herramienta, es solo un tornillo más de este enorme maquinaria capitalista, ya no trabaja para él, trabaja para alguien más, alguien que quizá ni conoce. Los pocos que tienen la suerte de trabajar para ellos, de ser su propio jefe, recién ascienden unos cuantos peldaños más en una pirámide de la cual no tienen ni la más mínima noción de cómo esta estructurada.
El hombre no solo tiene que vivir toda su vida sabiendo que es finito en un universo infinito, ahora tendrá que acostumbrarse a vivir una existencia finita en un orden social infinito a sus ojos. Es que si no puede vislumbrar sus límites, entonces es infinito.
Y eso lo desespera, lo vuelve loco, lo deprime, lo hunde. Por eso decide no pensarlo y deja pasar así su vida, día tras día, haciendo lo que hay que hacer para ser feliz, lo que todos hacen, consumiendo para llenar sus espacios vacíos, hasta el día que muere y su legado en el mundo se pierde en la infinitud de todos los otros legados.
No está mal consumir, si no consumiríamos nos moriríamos de hambre, o de frió. Lo que es imperdonable, lo que es asombrosamente espeluznante y terrorífico, es la manera en la que el hombre consume mercancías intentando buscar la felicidad. No consume para subsistir, consume para sentirse bien. Es ahí donde le ha robado lugar a cualquiera de los dioses que son adorados hoy en día.
Y toda la sociedad esta sufriendo la misma enfermedad, lo que retroalimenta la agonía, pues un individuo no puede salir por su cuenta tan fácil si toda la manada corre en la misma dirección, pues estaría vulnerable a los depredadores. Usted puede decidir alejarse y decir “¡Basta, hoy voy a pensar por mi solo, no voy a seguir lo que hace todo el mundo!” pero eso si, yo se lo advierto, en ese mismo instante usted esta solo.Si a la sociedad la rige la codicia, el deseo de lo material por sobre cualquier cosa, los individuos serán fiel reflejo de eso. A menos que los individuos sean así por naturaleza. Y volvemos al interrogante del principio. Y para intentar responderlo quizá deberíamos abordar uno de los últimos temas primero, el del “hombre desnaturalizado”. Pues resulta que hoy en día el hombre y la naturaleza han emprendido un proceso de separación, ¿Dije “han”?, me equivoque, pues solo el hombre es el que toma esta iniciativa, para poder ser libre el hombre no puede responder a la naturaleza, no se siente cómodo siendo parte de ella, no se codea con el resto de los animales y las plantas así que se auto posiciona en un nivel superior. Pero bueno, esos temas los trataremos más adelante.
El capitalismo para triunfar tiene que desnaturalizar al hombre. Y esta poderosa oración dice más de lo que le gustaría a muchos. Para poder funcionar el capitalismo tiene que hacer de la existencia del hombre solo una mercancía más. Y eso deja vació al alma (si existiese el alma) del hombre, y para evitar que se sienta triste por eso, porque si se siente triste trabajaría menos y peor, es necesario entretenerlo. Entretenerlo con publicidades que lo inciten a consumir productos para sentirse bien, entreteniéndolo con televisión basura, con vulgaridades aceptadas. Pero no es posible, no es aceptable, que el hombre delegue la responsabilidad de conseguir la felicidad en cosas materiales. La sociedad de consumo se está consumiendo.
El ser de consumo ha juntado dos verbos y les ha dado el mismo significado “ser” y “tener”. Usted puede optar aun por usted mismo (¿acaso puede?) y no dejar que su corazón, en el sentido más romántico que se le puede dar al corazón, se convierta en otra mercancía más.
En esta entrega no analizamos el malestar en la sociedad propiamente dicha, sino que nos avocamos al individuo, pues es preciso entender que si todos los individuos sufren un malestar, es la sociedad misma la que sufre esa pesadez, y viceversa.
Entregas anteriores:
Próximas entregas:
5) Pobreza y hambre
6) Violencia.
7) Guerra.
8) Religión.
9) Tecnología encapsulante.
10) EL sujeto sujetado.
11) Desnaturalización del ser humano.
12) Consideraciones finales.
4 - El ser de consumo.
Es imposible no hablar de las pestes atrofiantes que recorren la sociedad sin hablar del sistema socio-económico con las que esta se organiza. Y eso es sin más hablar del capitalismo y de las consecuencias que tiene a nivel individual para pasar luego a tratar de abordar los resultados en el mundo, intentaremos pasar del uno al todo.
¿Cómo fue que llegamos a organizar nuestra sociedad de esta manera? Esa pregunta es importantísima, porque al responderla vamos a responder si es posible cambiarla o si viene incorporada en nuestra naturaleza. Podría ser el punto de partida, pero en este caso quizá sea nuestro punto de llegada.
El ser humano esta perturbado, se siente atemorizado, solo, incapaz, insuficiente a las exigencias del mundo, continua sin poder darle respuesta al sentido de su existencia, y en medio de todo este mar revuelto no encuentra salida posible para encontrar el sentido inmediato a seguir respirando. O, para no ser tan extremo, prefiere no pensar en el motivo de ser. Prefiere abocarse a lo banal, a lo efímero. En una manera de desplegarse que sacude cada vez más a su incapacidad para llenar su espiritualidad, recurre a lo vació para sentirse completo.
Así podemos vislumbrar los primeros pasos del hombre de consumo. Del hombre que comprende que el dinero mueve al mundo. Y en su paso por la tierra se verá incapaz de separar este amor que tiene por el consumo. Todo es una mercancía, todo tiene precio, ya no existen cosas que el dinero no pueda, si no comprar, atraer. Y en su camino de vida llegara hasta a tratar de evitar darse cuenta de eso, de que el dinero lo conduce, y que el dinero maneja el mundo, o bien el mundo es manejado por los que tienen dinero.
El ser de consumo vive una realidad tan cruel que la única manera que tiene de sobrevivir es ignorándola. Ya sea ignorándola sabiendo de su inminencia, o ignorándola desde la más pura ignorancia. Bienaventurados sean los cortos de mente, que no lidiaran con los problemas del mundo, que no cargaran ese peso en su espalda. En su desconocimiento de los motivos para no sonreír no harán más que sonreír. Así no me queda más que disculparme por escribir esto.
“Dios ha muerto” sentencio firme Nietzche, pero en los vacíos que va dejando su podrido cadáver nace un nuevo manantial apestoso de espiritualidad y con tufillo a falsa felicidad: el dinero.
Martín Heidegger describe la vida del humano como nacer, trabajar, pensar y morir. Cuando nacemos nos llenamos de vida, dejamos la nada para pasar a la existencia. El trabajo debería ser nuestra vocación, nuestra parte más importante de la vida, nuestro cincelado artístico en la piedra de la existencia universal. Luego pensamos, pues de otro modo no existiríamos. Para finalmente dejar este universo y volver al estado en el que estábamos antes de nacer.
El ser de consumo de a poco se va convirtiendo en una herramienta, es solo un tornillo más de este enorme maquinaria capitalista, ya no trabaja para él, trabaja para alguien más, alguien que quizá ni conoce. Los pocos que tienen la suerte de trabajar para ellos, de ser su propio jefe, recién ascienden unos cuantos peldaños más en una pirámide de la cual no tienen ni la más mínima noción de cómo esta estructurada.
El hombre no solo tiene que vivir toda su vida sabiendo que es finito en un universo infinito, ahora tendrá que acostumbrarse a vivir una existencia finita en un orden social infinito a sus ojos. Es que si no puede vislumbrar sus límites, entonces es infinito.
Y eso lo desespera, lo vuelve loco, lo deprime, lo hunde. Por eso decide no pensarlo y deja pasar así su vida, día tras día, haciendo lo que hay que hacer para ser feliz, lo que todos hacen, consumiendo para llenar sus espacios vacíos, hasta el día que muere y su legado en el mundo se pierde en la infinitud de todos los otros legados.
No está mal consumir, si no consumiríamos nos moriríamos de hambre, o de frió. Lo que es imperdonable, lo que es asombrosamente espeluznante y terrorífico, es la manera en la que el hombre consume mercancías intentando buscar la felicidad. No consume para subsistir, consume para sentirse bien. Es ahí donde le ha robado lugar a cualquiera de los dioses que son adorados hoy en día.
Y toda la sociedad esta sufriendo la misma enfermedad, lo que retroalimenta la agonía, pues un individuo no puede salir por su cuenta tan fácil si toda la manada corre en la misma dirección, pues estaría vulnerable a los depredadores. Usted puede decidir alejarse y decir “¡Basta, hoy voy a pensar por mi solo, no voy a seguir lo que hace todo el mundo!” pero eso si, yo se lo advierto, en ese mismo instante usted esta solo.Si a la sociedad la rige la codicia, el deseo de lo material por sobre cualquier cosa, los individuos serán fiel reflejo de eso. A menos que los individuos sean así por naturaleza. Y volvemos al interrogante del principio. Y para intentar responderlo quizá deberíamos abordar uno de los últimos temas primero, el del “hombre desnaturalizado”. Pues resulta que hoy en día el hombre y la naturaleza han emprendido un proceso de separación, ¿Dije “han”?, me equivoque, pues solo el hombre es el que toma esta iniciativa, para poder ser libre el hombre no puede responder a la naturaleza, no se siente cómodo siendo parte de ella, no se codea con el resto de los animales y las plantas así que se auto posiciona en un nivel superior. Pero bueno, esos temas los trataremos más adelante.
El capitalismo para triunfar tiene que desnaturalizar al hombre. Y esta poderosa oración dice más de lo que le gustaría a muchos. Para poder funcionar el capitalismo tiene que hacer de la existencia del hombre solo una mercancía más. Y eso deja vació al alma (si existiese el alma) del hombre, y para evitar que se sienta triste por eso, porque si se siente triste trabajaría menos y peor, es necesario entretenerlo. Entretenerlo con publicidades que lo inciten a consumir productos para sentirse bien, entreteniéndolo con televisión basura, con vulgaridades aceptadas. Pero no es posible, no es aceptable, que el hombre delegue la responsabilidad de conseguir la felicidad en cosas materiales. La sociedad de consumo se está consumiendo.
El ser de consumo ha juntado dos verbos y les ha dado el mismo significado “ser” y “tener”. Usted puede optar aun por usted mismo (¿acaso puede?) y no dejar que su corazón, en el sentido más romántico que se le puede dar al corazón, se convierta en otra mercancía más.
En esta entrega no analizamos el malestar en la sociedad propiamente dicha, sino que nos avocamos al individuo, pues es preciso entender que si todos los individuos sufren un malestar, es la sociedad misma la que sufre esa pesadez, y viceversa.
Entregas anteriores:
Próximas entregas:
5) Pobreza y hambre
6) Violencia.
7) Guerra.
8) Religión.
9) Tecnología encapsulante.
10) EL sujeto sujetado.
11) Desnaturalización del ser humano.
12) Consideraciones finales.