InicioOfftopicHistorias de Terror/Miedo/Como quieran llamarle: Parte 3.

Historias de Terror/Miedo/Como quieran llamarle: Parte 3.

Offtopic7/22/2010
Bueno, no tengo mas nada que explicar, solo que esta es la parte 3.




1. El Chat Prohibído.


Un día me dijo que era vidente, y no es que no le creyera, pero me muestro generalmente bastante incrédulo respecto a estos temas. Lo que no veo, no existe para mí. No digo que debiera haberle creído sólo porque le estimaba ya que en mi opinión la amistad y la confianza son muy importantes, pero simplemente hice un esfuerzo y le di el beneficio de la duda. ¿Y si era yo el que estaba equivocado?. No volvimos a hablar del tema hasta que un día volvió a aparecer en el chat donde estábamos hablando y me envió un privado. Era una de esas ventanitas que sólo podíamos ver ella y yo. Absolutamente privado.

ELLA - Hola, ¿seguimos el tema?
YO - ¡Dale! Pero no creo que puedas convencerme, ya sabes... me cuesta creer estas
cosas.

ELLA - No pretendo convencerte de nada, pero nací con ciertos dones y tampoco tengo
intención de ocultarlos al mundo.

YO - Eso debe estar bien.

En realidad no sabía qué decirle. ¿Estaba bien? En fin... poco podía decir yo al
respecto.

ELLA - Está bien, pero no siempre. Cuando tengo una visión acabo agotada.
YO - ¿Te supone un esfuerzo?

ELLA - Sí, bastante esfuerzo.

YO -¿Y por qué lo haces?

ELLA - No es algo que se elija, se nace con ello.

Hubo un silencio en el que ninguno de los dos parecía saber qué decir. Miré el canal
donde nos habíamos conocido siete meses atrás. Estaban hablando de las próximas
vacaciones de verano.

ELLA - ¿Sigues ahí?
YO - Sí, ¿no puedes verlo? .-Bromeé.

Entonces dijo algo que me asustó.

ELLA - Sí, puedo verte.

Tragué saliva y pensé, vaya, me está tomando el pelo y yo caigo como un tonto.
Sentí un escalofrío pero decidí presionarla.

YO - ¿Ah, sí? Pues dime... ¿con quién estoy?
ELLA - Sola

Bueno, eso podía haberlo comentado antes en el chat y que ella lo hubiese leído.
Decidí seguir con aquello como si se tratara de un juego.

YO - Dime algo que me sorprenda. Algo que veas en mi habitación.
ELLA - Veo que tienes algunas de las teclas de tu ordenador borradas. Tecleas rápido.

YO - Ya, pero eso puede pasarle a cualquiera. Las letras de los teclados se borran.

ELLA - Tú tienes borrada la A, la S, la L y la M.

Miré mi teclado más curioso que horrorizado, pero de la curiosidad a la ansiedad
hubo tan sólo un instante. Ya no me hacía tanta gracia el juego. Mi condición de
incrédulo, no obstante, me hizo ir más allá.

YO - Amiga... estoy segura de que casi todos tenemos las mismas letras borradas. Dime
algo que sorprenda de verdad.
ELLA - ¿Por qué quieres seguir con esto si no me crees?

Buena pregunta, pensé.

YO - Igual para conocerte un poquito más, o para experimentar algo que no haya
experimentado antes.

En ese momento supe que ella sonreía desde su lado del monitor. Internet es un sitio curioso. Estás en tu casa, en camiseta y pantalón corto, descalzo y con el ventilador puesto cuando al otro lado de la pantalla alguien te habla abrigado hasta el cuello, con un par de calcetines y la estufa puesta porque tú estás disfrutando del inminente verano y ellos aún están pasando el clima del invierno.

Mi amiga se había mostrado siempre amable, abierta, simpática y con un buen sentido del humor. Se podía decir que coincidíamos en todo menos en este tema. No nos gustaba el fútbol, adorábamos las comedias, nos encantaba Oscar Wilde, ambas habíamos visitado Orlando, a las dos se nos había muerto el padre... ¡eran tantas cosas las que nos acercaron y nos hicieron grandes amigas!.

ELLA - ¿Cómo llevas el libro? –Preguntó de pronto.
YO - ¿Qué libro?

ELLA - El que tienes encima de la mesa... déjame ver... La fuerza bruta, de John
Steinbeck.

Miré a mi derecha con los ojos como platos. ¿Se lo había dicho? ¿Le había dicho que lo había empezado o que iba a leerlo? ¿Le había dicho que solía poner los libros en mi mesa porque me encantaba mirar una y mil veces las portadas de los libros que me estaba leyendo? Evidentemente, la respuesta debía ser sí.

YO - Acabo de empezarlo.

Lo escribí sin dejar notar nada sobre mi –todavía- sorpresa.

ELLA - Yo no lo he leído.
YO - Ya te diré qué me parece.

En el chat general el tema de conversación giraba en torno a las lanchas motoras. No me pareció más interesante que mi conversación en privado y me puse a pensar qué podía preguntarle para descubrirla o rendirme a sus pies definitivamente. Pero habló ella.

ELLA - Alguien va a llamar a la puerta.
YO - Ah, pues ve, te espero.

ELLA - No. Es en tu casa.

Sonreí incrédula. Iba a poner una risa (jajajaja) cuando sonó el timbre. Miré hacia la puerta de la habitación. Mis ojos volvieron a la frase premonitoria de mi amiga.

YO - Ahora vengo.
ELLA - Ok.

Llegué hasta la puerta y miré por la mirilla. Un vendedor de alfombras.
- No me interesa. –Dije para no tener que abrir.
El chico dijo algo que sonó despectivo y se marchó a otro piso.
Volví al chat.

YO - ¿Cómo lo sabías? Era un vendedor de alfombras.
ELLA - Te he dicho que puedo verte.

Sopesé la posibilidad de que tuviera razón pero mi sensatez lo negaba una y otra vez. No había nacido yo para creérmelo todo, y menos aún aquello que escapaba a la lógica. Mi amiga no sólo estaba en su casa, sino que estaba en otro país y teníamos distinta franja horaria.

ELLA - ¿Sabes? Algo me dice que debo seguir mirándote. No te asustes pero...
YO - Pero???????

ELLA - Es que no sabría explicártelo. Generalmente tengo visiones premonitorias, otras veces, como hoy, puedo provocar el verte. Aparecen imágenes frente a mí y te veo, veo tu habitación, pero esto supone un gran esfuerzo. Me duele la cabeza.

YO - Ya, pero... ¿y el “pero” que decías?

ELLA - Es que no quiero asustarte pero presiento algo raro.

YO - Ahora sí que me estás asustando.

¡Pero qué poca firmeza tenía, por Dios! ¡Ahora estaba asustándome de verdad! Yo, el
incrédulo, el que si no ve, no cree. Me sentía agitado. Quizás se debía a que eran
pasadas las diez de la noche ya, estaba solo en casa y la última persona que había
visto había sido un desconocido poco amable desde una mirilla. Al menos aún podía
escuchar el volumen alto de un televisor. Era mi vecina, una viejecita que estaba
algo sorda.

YO - No sé pero... quizás deberíamos cambiar de tema.
YO - No es que me hayas convencido pero...

ELLA - No te preocupes, te entiendo. ¿Tengo tu permiso para seguir observando?

YO - Claro, pero que conste que no tengo tan claro que puedes verme. Mi sesera me
impide creerte.

Miré de nuevo el chat para ver si surgía algún tema en el que pudiera involucrarme
pero estaba parado. Había unos siete miembros en el chat y ninguno de ellos hablaba.
Todos estaban en privados. Miré la ventanita del privado de mi amiga.

Iba a escribir algo cuando ví que ella se me había adelantado.

ELLA - Amigo, ahora te asustes pero, no estás solo.

Sentí un escalofrío en mis piernas y mis brazos. Tanto se erizó el vello que me
dolió. ¿Cómo se podía calificar a uno de "amigo" para luego decirle que no estabas
sola en la habitación?.

YO - ¿Qué quieres decir? Me estás poniendo nervioso.
ELLA - No puedo identificarle pero está detrás de ti

YO - Por favor para.

ELLA - No se mueve casi, no te asustes, déjame observarle.

YO - Estoy asustado.

Ahora sí que lo estaba. Miraba la ventana. Oscuridad total. No me atrevía a girarme
hacia atrás. ¿Y si veía algo que no quería ver? ¿Y si allí estaba mi amiga? ¡u otra
persona! Eso aún era peor... comencé a notar un nudo en la garganta. Hubiera querido
ser más valiente o más cobarde y llorar, pero estaba estancado en mi propia lucha
para creer o no creer.

ELLA - ¿Notas frío a tu alrededor?

Su pregunta me llegó casi cuando estaba a punto de apagar el ordenador y encender la
luz del techo para meterme rápidamente en la cama y olvidarme del tema.

YO - Estamos a más de 30 grados.- Le informé.
ELLA - Ok. Es que no consigo entrar en él.

YO - ¿¿¿EL??? ¿entrar??

ELLA - Se muestra como una estatua por eso no me deja descubrirle. No sé si es bueno
o tiene malas intenciones. Sólo sé que está ahí, estático.

YO - Yo no veo a nadie... esto no me gusta.

ELLA - Ya te dije que no te asustarás, amigo. Además, yo estoy contigo.

YO - Sí, a miles de kilómetros de distancia.

Entonces lo noté. Una especie de roce helado, como si hubieran puesto una mano sobre
mi brazo. En la zona donde la sentí el pelo de mi brazo se erizó. Completamente en
alto. El resto de mi cuerpo no notó nada.

YO - ¡Está pasando algo!
ELLA - ¿Qué??

YO - He sentido un frío helado en mi brazo.

ELLA - Tranquilízate.

YO - Se me ha erizado el pelo, tengo una extraña sensación.

Comenzaba a ser pánico.

ELLA - Amigo, tranquilo, hazme caso.
YO - Esto es muy raro

YO - Estoy asustado

YO - Necesito tranquilizarme, estoy.... Cagado!

YO - carajo carajo carajo carajo

ELLA - ¿Quieres dejar de escribir?

YO - carajo carajo carajo carajo carajo

ELLA - Te va a dar una taquicardia, tranquilízate.

Y entonces noté un soplo frío en un mi cuello, como si me hubieran tirado el aliento.

YO - ¿Qué significa el frío del que me hablabas?
ELLA - El frío lo transmiten los muertos cuando se acercan, generalmente algo
enfadados o...

YO - ¿OOOOOO??????????

ELLA - violentos

YO - ¿VIOLENTOS?????

YO - Ayúdame, qué hagooooooooo?????

ELLA - Tranquilízate, yo no lo he visto moverse.

YO - ¡Haz algo!

ELLA - Amigo,¿quieres tranquilizarte?

YO - ¡Hay alguien conmigo entendés?! Tengo un muerto tirándome su aliento en mi espalda,
estoy acojonado estoy asustado estoy llorando.

ELLA - Amigo.... ¿te importaría escucharme? Deja de escribir y lee esto.

Hice un esfuerzo. Para mí escribir suponía no mirar atrás y leer palabras, ya fueran
suyas o mías, sentirme menos sola en mi habitación.

ELLA - No hay nadie, amigo.
YO - Lo dices para tranquilizarme.

ELLA - NO HAY NADIE

YO - Está aquí, lo siento, lo presiento lo notooooooo

ELLA - Ok. Escúchame. Era broma.

YO - ¿Broma????

ELLA - Quería demostrarte que no existen los incrédulos, cálmate por favor. Yo no veo
nada, es cierto que a veces tengo visiones premonitorias, como cuando han llamado a
la puerta, pero no puedo obligarme a ver a nadie.

YO - Pero yo siento algo

Esto último lo escribí con lágrimas en los ojos y más asustado que nunca.
Sus palabras no me tranquilizaban. Las lágrimas a veces me impedían leer bien pero
me las quitaba restregándome en segundos los ojos o apretando los párpardos para que
salieran disparadas y dejaran de molestarme.

ELLA - Voy a llamarte por teléfono.

Pocos segundos después sonaba el timbre del teléfono. ¿Había hecho ella misma una
conferencia para convencerme de que no existían las videntes ahora que ya me lo
había creído?. Fui a descolgar pero ocurrió algo que congeló mi mano en el aire.

ELLA - Amigo, no puedo llamarte sin desconectar esto. Sólo tengo una línea. ¿Puedo
llamarte o prefieres que sigamos aquí?

Cuando ya tenía puesta la mano en el auricular ví su privado. ¿Cómo podía escribirme
y llamarme a la vez? Miré el identificador de llamadas antes de descolgar. No había
número, era anónimo. No era ella. Eso lo tenía claro después de haber visto el
privado.

Respiré hondo y dudé entre contestar al privado o descolgar el teléfono. Me decidí
por la llamada.
- Dígame.
- Tu amiga va a a morir mientras tú escuchas este mensaje.

Jamás había sentido tanto miedo y jamás en mi vida mi corazón había dado un vuelco
tan grande ni mis piernas –aún sentado- me habían fallado con tal rapidez. Me hice
de mantequilla. Comenzó a darme vueltas la habitación y luché por recuperar el
aliento.

De pronto la línea se cortó y comenzó el molesto pitido de “comunicando”.
Solté el auricular como si me quemara en las manos.
Volví rápidamente al chat, al privado. Tecleé tan rápido que lo escribí todo mal.

YO - ?ESta`s ahí´?
YO - respondeeee!!!!
YO - responde por favvor!!!!
YO - ¿no me lees¿¿¿
YO - DI ALGOOOOOOOO

Histérico, cogí mi agenda y marqué su número de teléfono. Yo sí tenía dos líneas y
podía permitirme permanecer en internet mientras le llamaba. Conseguí comunicación
con el extranjero y esperé... esperé nervioso, mordiéndome el labio, más agitado que
entera, más asustado que nunca... prácticamente bailaba en mi asiento.

Pero no contestaba.

Colgué furioso pegándole tal golpe al auricular que pensé que me habría cargado el
teléfono. Volví al privado y traté de que mi amiga respondiera. No lo hacía. Al
final apareció un mensaje en mi privado. En su ventana.

ELLA - Ahora sí te veo. No tengas miedo. Sólo me quedaré un momento.

Sentí un escalofrío que me recorrió la espina dorsal. El chat me indicó que tras
escribir esa última frase, mi amiga había salido del chat. Ya no estaba allí. No se
había despedido de nadie, ni de mí, ni del resto de los miembros del chat. Había
desconectado.

Miré fijamente la pantalla que sólo se movía ahora en el chat general. Ni siquiera
sé de qué estaban hablando. Para mí todas las líneas no tenían significado, sólo
podía mirar su último comentario del privado. “Ahora sí te veo. No tengas miedo.
Sólo me quedaré un momento”.

Entonces lo entendí.
Comencé a llorar desesperado.

Mis manos corrieron a mis ojos y lloré sofocado, entendiendo que mi amiga había
muerto, que era yo la que había tenido el presentimiento y la premonición, y que
ahora ella estaba a mi lado. Esta extraña comprensión me hizo girarme y mirar mi
habitación vacía. No quería creer que no estuviera allí. No podía, no después de
todo....

Una caricia, tan suave que apenas era como un suspiro, acarició mi cabeza.
Transmitió tal cantidad de paz que lejos de asustarme me relajó. Mis lágrimas
continuaron cayendo por las mejillas. Ya no las secaba. Miraba al vacío sabiendo que
ella estaba frente a mí.

- ¿Qué te han hecho? . –Pregunté al aire.
- Pssss.
Respiré hondo al escuchar ese sonido. Era como cuando era pequeña, tenía miedo y mi
madre ponía su dedo en la boca y soplaba para que olvidara el tema y pensara en
cosas bonitas.

Ladeé triste la cabeza. La paz de su caricia no me abandonaba pero sabía que éste
sería nuestro primer y último encuentro sin el ordenador de por medio. Me tembló el
labio.

- Te echaré de menos.

En ese momento en el ordenador hubo un movimiento general. Se minimizó el chat, se
abrió solo un tratamiento de textos, y apareció una corta frase en una página en
blanco:

Y YO A TI.




2. No excaves en la tierra: Esto le paso a mi tía que vivía en España


-Esta es una historia completamente verdadera.

-Era noviembre. Mi amiga Clara y yo, vivíamos en el mismo pueblo, y esa tarde habíamos quedado para coger muestras de tierra para un trabajo que debíamos hacer en clase de Biología. Nos entretuvimos mucho hablando y jugando sin darnos cuenta de que empezaba a caer la noche sobre los solitarios campos de Montejícar. Dándonos prisa excavamos por diferentes lugares para coger tierra. En un inesperado instante mi amiga gritó:¡mira lo que hay aquí! y efectivamente, había algo. Era una muñeca. Era aterradora, todo hay que decirlo: pelo rojo, ojos casi desencajados, y lo más chocante era su profunda seriedad, algo extraño en muñecas para niñas. Allí se hallaba semienterrada y vestida de blanco.

-Pero en fin, allí se quedó. Al emprender de nuevo el camino a casa, Clara, empezó a sentirse mal. Yo la cogí de la mano y nos fuimos al pueblo hasta llegar a su casa. Fue la última vez que la vi viva. Esa misma noche,1 hora después más o menos su madre llamó muy tarde a casa llorando diciendo que Clara se estaba muriendo en la UVI del hospital. Yo me enteré de la horrible desgracia al día siguiente. Efectivamente, Clara, había muerto esa noche, sin ni el más mínimo previo aviso de falta de salud en sus días anteriores.'Una niña de 9 años muere en Montejícar sin causa aparente' decía la prensa un día después del suceso. El pueblo entero acudió a darle el último adiós.

-4 ó 5 años después de dicho acontecimiento leí algo que me heló la sangre. Fue escalofriante y de hecho me tuvo 8 meses bajo tratamiento psicológico. Leí que la persona que tenga una enfermedad en fase terminal y no tenga cura, enterrará una muñeca vestida de blanco, y en el momento que otra persona encuentre dicha muñeca, pasará a ésta el mal y padecerá la enfermedad a partir de dónde se quedó la persona que entierra la muñeca, la cuál, quedará sana y totalmente curada. Entonces, pienso yo: si en vez de ir a coger la tierra esa noche, hubiésemos ido al día siguiente, ya no hubiera tenido efecto, y Clara no hubiera muerto, porque la persona enferma que la enterró, habría muerto en el mismo momento que Clara.

-Ya han pasado 10 años desde aquello.

-En memoria de Clara (1984-1994).Te queremos, Clara.




3. Bridgeville: Está historia salió en el diario The New York Times.


Martes 13 de abril, 2004

-Andrew leyó la noticia en el periódico con sumo interés.

-Un pequeño pueblo al norte de California ha sido puesto a la venta en Internet.

-Bill Krall, quien compró Bridgeville, hace cuatro años, ahora lo ha puesto en venta en el sitio web de subastas eBay, con un precio base de 1,75 millones de dólares.

-Krall, un asesor financiero del sur de California, compró por 600.000 dólares la pequeña villa, que consta de una docena de residencias, un café-restaurante, una escuela, una iglesia, un pequeño supermercado y una oficina postal. Según Krall, sus compromisos familiares le impidieron siquiera habitar en Bridgeville, ubicado a 50 kilómetros del Océano Pacífico, de acuerdo a la información suministrada por eBay.

-El pueblo, situado en una zona boscosa al noroeste de San Francisco, tiene una extensión de 33 hectáreas. Según Krall, él invirtió "mucho dinero y esfuerzo" en acondicionar el área. Krall dice haber recibido correos electrónicos y llamadas de gente interesada desde China y Alemania. La subasta, que comenzó el martes, terminará el 4 de mayo.

-"Puedes venir y escoger el nombre, e incluso ser al mismo tiempo alcalde, jefe de policía y ministro del interior", dijo Krall al enumerar los beneficios potenciales de comprar la propiedad. “Un pueblo de ensueño esperando ser restaurado y habitado por nuevos inquilinos”.

-Andrew lo tuvo claro. Era un sueño hecho realidad. Llevaría allí a toda su familia y a aquellos amigos que quisieran compartir con el aquella aventura. Afortunadamente, el dinero no era un problema para él. Vivirían de lo que produjesen. La agricultura, la ramadería, la artesanía y el turismo rural eran los recursos más evidentes. Andrew entró en ebay e hizo efectiva su puja.

-La primera vez que Andrew vio Bridgeville una extraña sensación se apoderó de él. Pese a que era un pueblo desierto tuvo la impresión de sentirse observado. El viejo restaurante, la oficina de correos, la destartalada iglesia parecían tener ojos y oídos. Había todavía mucho trabajo por hacer antes de que aquel pueblo quedase perfecto, pero sería más fácil controlar las obras una vez instalados en él, pensó. Así que puso todo su empeño en convencer a familiares y amigos.

-Al cabo de un mes todos los familiares y varios de sus amigos cercanos se mudaron a su nuevo hogar; Bridgeville. Los primeros días fueron duros. Hubo que acostumbrarse al medio rural y aprender a prescindir de los lujos de la ciudad. A cambio, los niños podía corretear al aire libre y los mayores disfrutar de la tranquilidad del campo. Simultáneamente, empezaron las obras de reconstrucción. Lo más urgente era dejar a punto las doce casas y luego, poco a poco irían reformando el resto del pueblo. Además, Andrew tenía en mente construir alguna casa más, con el fin de arrendarlas y un pequeño hotel para fomentar el turismo rural. Todo parecía idílico y su sueño iba tomando forma día tras días. Pero en esta vida, todo lo bueno parece que desgraciadamente tiene un fin y Andrew no iba a ser la excepción a esta regla.

- ¿Habéis visto a Paul? Preguntó Sandra entrando en la cafetería claramente alterada.
- No, por aquí no ha pasado. ¿Va todo bien? Dijo Miguel desde detrás de la barra.
- No le encuentro por ningún lado.
- Bueno, los críos ya se sabe…Respondió Carolina desde una de las mesas.
- Pol no suele actuar así. Contestó Sandra mientras salía del local.

-Nadie volvió a ver a Paul; ni vivo, ni muerto. Tras dos meses de una investigación que nunca dio resultados, Sandra, su esposo Mike y su hija Sofía acabaron por irse del pueblo. El resto de habitantes de Bridgeville tenía la completa convicción de que el crío debió caer al río y probablemente el cuerpo estaría cerca del mar.

-No había pasado apenas una semana cuando un nuevo suceso rompió la paz de Bridgeville. Barbara, la encargada del supermercado del pueblo, desapareció sin dejar ni rastro. Aunque era cierto y de todos conocido que bebía demasiado y que su matrimonio no atravesaba el mejor momento, Jerry no la creía capaz de abandonarle. Barbara era una mujer demasiado cobarde y una acción de este tipo, no encajaba con su carácter. Afortunadamente, a los tres días Jerry recibió una carta de ella explicándole que había ido a pasar una temporada a casa de su hermana. Jerry se tranquilizó bastante, pero no dudo ni un instante en hacer su equipaje e irse con ella.

-A los pocos días de que Jerry se fuera, ocurrió lo de Jack. Jack era un hombre fuerte, habituado a los deportes de riesgo y con una preparación física envidiable. De ahí que, cuando su hijo Steven afirmó que su padre había caído a un precipicio mientras hacían escalada, a muchos les extrañase la noticia. Lo peor fue que, debido a la zona tan abrupta en que ocurrió tan desgraciado suceso, nunca se encontró el cuerpo. Cuando se abandonó finalmente la búsqueda, Steven decidió volverse a Boston con su madre y dejar para siempre Bridgeville.

-Llegados a aquel punto, Andrew empezó a preocuparse. De las doce casas ya tan sólo quedaban nueve ocupadas y el pueblo necesitaba un mínimo de personas para funcionar. Así que, vista la situación, Andrew se dispuso a poner varios anuncios en los periódicos nacionales, para buscar nuevos inquilinos. Lamentablemente, tras la última nevada Bridgeville se había quedado sin línea telefónica y los móviles en aquella zona, no tenían prácticamente cobertura. Su iniciativa debería esperar, pensó.

-El día en que Bridgeville dejó de ser su hogar y pasó a ser una amenaza, acababa de empezar, aunque ninguno de ellos era todavía consciente.

- ¿Alguien ha visto a Jackson últimamente? Preguntó Carolina
- ¿No estaba en cama con gripe? Contestó Robin
- ¿Jackson con gripe? Con lo bruto que es seguro que es él quien acaba con la gripe y no al revés. Apuntó Miguel no sin cierta ironía mientras servía un par de cafés.
- ¿Soy yo el que ve fantasmas o algo extraño está pasando en este puto pueblo? Preguntó Carl
- Lo cierto es que últimamente tan sólo pasan desgracias. Dijo Ana, su mujer.
- Yo, si os he de ser sincera, ya le he dicho a Miguel que porqué no volvemos a la ciudad. Respondió Amanda
- ¿Y tú Miguel?, ¿Qué opinas? Preguntó Carla mientras bebía un sorbo de cocacola del vaso de su marido, Robin.
- Que creo que nos vamos a ir. Los niños no se han adaptado como yo pensaba y echamos de menos la locura de la ciudad.

-Otra casa menos, pensó Andrew para sus adentros. Ya tan sólo iban a ser ocho. O peor aún, cuando al cabo de un par de días descubriesen que Jackson no estaba enfermo, sino que también había desaparecido, el número iba a reducirse a siete. Fue a partir de ese preciso instante, en que todos se dieron cuenta de que algo iba realmente mal. Aquella noche, después de cenar y de acostar a los niños, casi todos los habitantes adultos de Bridgeville se reunieron en el Bar de Miguel.

- ¿Qué está pasando Andrew? Preguntó Roy claramente alterado.
- Yo y mi familia nos vamos mañana mismo. Dijo David cogiendo a Alicia de la cintura.
- Lo mismo digo. Señaló Victor mirando a Claudia con complicidad.
- No puedo deciros nada que resuelva lo ocurrido. Yo y Julia estamos tan preocupados como vosotros.
- Bien, pues creo que es hora de irnos de aquí. Afirmó Alan tomando entre sus manos la de Carolina.

-Los ánimos estaba crispados y un cierto miedo a lo desconocido había empezado a asentarse entre ellos. De prontó, como si de un tornado se tratase, Susana entró en el bar abriendo bruscamente la puerta:

- ¡Roy! ¡Los niños no están en sus camas! ¡No los encuentro por ninguna parte!

Todos se miraron alarmados. Aquello no había hecho más que empezar.


-Martes 15 de abril, 2008

-Se publica una curiosa noticia en toda la prensa nacional:

-Un pequeño pueblo al norte de California ha sido puesto a la venta en Internet.

-Bill Krall, quien compró por segunda vez Bridgeville, hace ahora cuatro años, lo ha puesto nuevamente en venta en el sitio web de subastas eBay, con un precio base de 2,2 millones de dólares.

-Krall recompró por 800.000 dólares la pequeña villa, que en la actualidad consta de veinte de residencias, una cafetería, un restaurante, una escuela, una iglesia, un gran supermercado, un hotel, un ayuntamiento y una oficina postal. El pueblo, situado en una zona boscosa al noroeste de San Francisco, tiene una extensión de 33 hectáreas. Según Krall, él invirtió "mucho dinero y esfuerzo" en acondicionar el área. Krall dice haber recibido correos y llamadas de gente interesada desde varios lugares del mundo. La subasta, que comenzó el martes, terminará el 4 de mayo.

-"Puedes venir y escoger el nombre, e incluso ser al mismo tiempo alcalde, jefe de policía y ministro del interior", dijo Krall al enumerar los beneficios potenciales de comprar la propiedad. “Un pueblo de ensueño esperando ser restaurado y habitado por nuevos inquilinos”.

-Bill Krall, sentado en el bar de Bridgeville se sonríe y exclama:

- Bueno, no te quejarás viejo pueblo. Ya han pasado cuatro años desde que te llevé a los últimos inquilinos para que te alimentaras y crecieras. Supongo, que ahora ya te va tocando otra pequeña restauración ¿no?




4. La tarotista: Me la contaron en un campamento y se me quedo grabada para siempre.


Llevaba casi toda su vida tirando las cartas. Aprendió de niña, cuando vio por primera vez un tarot en la casa de la tía Aurora. Además, algo dentro de ella siempre le decía que tenía un intuición fuera de lo habitual. Muchas veces era capaz de saber cosas del futuro de los demás y, el tarot la había ayudado a canalizar aquella información.

Como casi toda la gente del instituto, Clara cursó una carrera superior. Se licenció en Económicas y, como la situación del mercado laboral no era la mejor, se vio momentáneamente avocada a ganarse la vida con el tarot. Empezó trabajando por cuenta ajena para un número 800 pero, al cabo de un tiempo, decidió montarse como autónoma. Al principio, tan sólo atendía llamadas telefónicas pero, con el tiempo, se percató de que las consultas personales le reportaban una ganancia mayor. No tardó mucho tiempo en generar una gran clientela y su nombre empezó a ser conocido en los círculos más selectos. Llegó un momento que hasta la policía empezó a pedirle ayuda en algunos casos complejos. Sabían que Clara era capaz de ver cosas que se escapaban al sentido común, pero que rara vez se equivocaba. Su lista de espera empezaba a ser notable y sus clientes eran cada vez más famosos. Fue una de aquellas tardes en la que una consulta cambiaría su vida para siempre.

Era pleno mes de diciembre y los arreglos navideños decoraban ya las calles de la ciudad. El frío era intenso y aunque aquel jueves no nevaba, el suelo estaba completamente blanco debido a las nevadas de los días anteriores. Llamaron a la puerta y Clara abrió. Un hombre de apariencia extraña acompañado por una mujer mayor entraron en la casa. Cada vez que abría la puerta de la calle, una ráfaga de viento helado se colaba en el salón. Afortunadamente, el efecto era corto y las brasas del hogar conseguían caldear el ambiente en poco tiempo. Sin embargo, aquella vez no fue así. El frío polar que había entrado por la puerta parecía no remitir de ninguna manera y un extraño olor a podrido invadió la estancia. Era un hombre alto y moreno, de tez oscura y ojos penetrantes envuelto en una larga capa negra. A su lado, una mujer enjuta y bastante mayor guiaba sus pasos. Se sentó sin mediar palabra y sin sacarse el abrigo. El hombre se esforzaba por ocultar su rostro tras la capucha de la capa y una enorme bufanda oscura que envolvía todo su cuello. La mujer miró a Clara y con voz temblorosa dijo:

- Esta visita es en nombre de Guillomard Brieux, el hombre que me acompaña. Por motivos que de momento no le puedo revelar hablaré yo en su nombre.

Clara se limitó a asentir con la cabeza.

- Hace exactamente seis meses, mi cliente se vio expuesto a un extraño ritual tras el cual, cayó enfermo víctima de una especie de catalepsia que le tuvo postrado en estado inconsciente, casi de muerte clínica durante algo más de un mes.
- Comprendo
- No, usted aún no comprende nada. Desde entonces Guillomard perdió prácticamente el habla, le cuesta mucho recordar quien es y su aspecto físico empezó a deteriorarse. Por las noches no consigue dormir y, cada día que pasa, su estado mental y físico empeora.
- ¿Y yo que tengo que ver en esto?
- A usted le toca averiguar quién y por qué le hizo esto a mi cliente y, lo más importante, cómo acabar con este calvario.
- Pero...yo...
- Sabemos por la policía que es usted la mejor.
- ¿La mejor? Creo que se equivocan de persona, Yo soy tarotista, vidente...no soy del CSI ni nada parecido.
- Lo sabemos. Pero dado el tipo de caso que nos ocupa y su más que merecida fama, creemos que es usted la persona idónea.
- Me temo...

Sin mediar más palabra, aquella mujer puso sobre la mesa un gran fajo de billetes de 100 Euros. Clara no había visto tanto dinero junto en su vida.

- Está bien, veremos que dicen las cartas. Dígale a su cliente que baraje el mazo.

Mientras aquel extraño personaje barajaba, Clara no podía evitar pensar que aquella no era una buena idea. Algo dentro de su ser le decía que el camino que iba a empezar era muy peligroso. Cuando Guillomard acabó de barajar Clara empezó su trabajo.

- El loco, la torre, el as de espadas, más espadas, el diablo,...ufffff
- ¿Qué ve?
- Destrucción, venganza, miedo, fuerzas de otro mundo, venenos...

Clara estaba asustada. No recordaba una tirada de cartas tan intensa y negativa.

- Siga por favor.
- El tres de oros y los amantes, la reina de corazones,...la muerte.
- ¿Qué significa eso?
- Veo un pago, tres personas contándole a él involucradas en la acción, una mujer de mediana edad, rubia, una venganza amorosa, despecho, celos, asesinato encubierto...

Guillomard soltó un alarido y se llevó las manos a la cara en un claro gesto de desesperación. Se inclino ligeramente hacia aquella mujer y escribió algo en una pequeña libreta roja.

- El Sr Brieux cree saber quien es esa mujer y el motivo de todo lo sucedido. Ahora sólo queda saber qué le pasa y como solucionarlo.
- Pero...esto no va a funcionar así.
- ¿Cómo?
- Para saber qué le pasa necesito que me cuenten todo. Sino es como ir encontrando agujas en un pajar y no saber para qué sirven o de dónde vienen.
- Comprendo. Está bien, le contaré lo que hasta la fecha sabemos.
- Adelante, estoy impaciente.
- Hace seis meses, Guillomard Brieux se fue de supuesto viaje de negocios a Haiti con una mujer que no era su esposa. Hacia el final de la estancia, ambos asistieron a un ritual zombie; algo típico de la zona. Durante ese ritual, un hombre nativo se acercó a él y, abriendo la palma de su mano, sopló sobre su rostro alguna extraña sustancia que le hizo enfermar rápidamente.
- ¿Y?
- La mujer rubia es sin lugar a dudas su ex mujer. Cuando Guillomard volvió del viaje ella le pidió el divorcio. Llevaba tiempo sospechando que su marido le era infiel.
- Comprendo. ¿Y qué creen que era el polvo que le arrojaron encima?
- Probablemente polvo zombie.
- ¿Polvo qué? No me diga que creen en ese tipo de...eso no puede ser real...
- A usted le pagamos para investigar y no para opinar. De todos modos, no desestime a los brujos y chamanes de esa zona. Conocen y tienen acceso a productos naturales que son la base de muchos medicamentos y venenos.
- ¿Y ahora? ¿Qué se supone que debo hacer?
- Queremos saber todo sobre zombies y cómo acabar con ese estado. Tiene usted una semana para investigar y darnos respuestas.
- Entiendo.
- El próximo viernes a esta misma hora estaremos aquí
- De acuerdo.

Al día siguiente Clara pasó toda la mañana entre antiguos libros de brujería, rituales y similares. Después de varias horas dio con un texto bastante revelador.

“Muchas de las personas que ha vivido para contarlo relatan experiencias coincidentes: de pronto enferman y perfectamente conscientes sienten que su cuerpo comienza a helarse hasta quedar completamente inmóvil, con el corazón paralizado. El efecto es similar a la catalepsia y, dependiendo de la cantidad de “polvo zombie” aspirado su efecto será mayor o menor.
Lo más aterrador de esta experiencia es el haber escuchado, sin poder hacer nada para demostrar lo contrario, la voz del médico que anunciaba su muerte y firmaba el acta de defunción mientras les cubrían la cabeza con una sábana. En el cementerio, asimismo, oían los lamentos de la gente y el ruido de la tierra que cubría el ataúd. El siguiente recuerdo es que estaban de pie junto a la tumba en un estado semejante al trance. Uno de los efectos de las drogas que utilizan los brujos practicantes del Vudú es aparentar la muerte a la perfección.
Las víctimas pasan por este período de inconsciencia que termina cuando son sacadas de su sepulcro. Cuando el hechicero profana la tumba del "muerto" después del sepelio, le da otro brebaje para sacarlo de su catatonia, aunque la víctima ya jamás será la misma, pues queda reducida al nivel mental de una persona parcialmente lobotomizada, es decir, de alguien a quien le han extirpado parte del cerebro. Esto último debido a la privación de oxígeno que sufre este órgano a consecuencia del ambiente cerrado del ataúd. Además, su sistema locomotor también se ve seriamente dañado.
El polvo zombi, en realidad, es un compuesto elaborado a partir de un sin fin de productos de origen vegetal, animal y humano que, mezclados en su exacta proporción, producen el veneno más fascinante de la brujería afroamericana. Extractos de plantas, huesos humanos, tarántulas, sapos venenosos, gusanos, y otros ingredientes no menos pintorescos, forman parte de ese polvo zombi, cuyo principal elemento radica en la tetradotoxina contenida en el Pez-globo.
En sus principios, la principal finalidad de convertir a alguien en zombie era la esclavización de esa persona pero en la actualidad el principal móvil suele ser la venganza.
El zombie posee la capacidad de contagiar su condición a través de la sangre por lo que es altamente peligroso el contacto con heridas o mucosas. La única forma de acabar con un zombie es disparle en mitad de la frente y posteriormente seccionar el cuerpo en varios trozos. “

Aquello parecía sacado de una novela barata de ciencia ficción, pensó. Pero quien paga manda. Probablemente, aquel hombre debió aspirar una cantidad moderada del polvo, cantidad que le dejó casi al borde de la muerte pero no lo suficientemente grande como para darle por muerto. Si hubiese sido así, su mujer se habría deshecho de él y heredado todo sin que nadie sospechase de ella. Buscó en otros libros y halló textos parecido, fotos de supuestos zombies y de rituales. Tras recopilar un buen fajo de información realizó un informe que resumiera todas sus pesquisas. Después, puso el informe dentro de un sobre y espero al siguiente viernes.

Ese viernes la visita no se hizo esperar. Sonó la puerta y era él, pero esta vez venía solo. Clara abrió la puerta no sin un cierto recelo.

- Buenos días.

El hombre asintió con la cabeza.

Clara le dio el sobre con la información para que el mismo la leyera. Aquel hombre agarró el sobre y sacó el papel a toda prisa. Leyó de forma voraz mientras de aquellos maltrechos ojos afloraban un sin fin de lágrimas.

- Necesita más información sobre algo? Pregunto Clara al ver que Guillomard había terminado de leer aquello.

De pronto, aquel hombre sacó su cuaderno y escribió en él de forma agitada. Luego acercó el cuaderno a Clara.

- ¿Que quiere otra cosa?

El hombre volvió a escribir en aquel cuaderno y nuevamente se lo acercó a Clara. Clara leyó para sí: “Necesito que alguien me ayude a acabar con tan mísera existencia.”

- A ver...esto se está saliendo de madre. Yo ni soy investigadora, ni entiendo de muertos vivientes, ni nada de nada. Dijo Clara especialmente alterada.

El hombre volvió a escribir por tercera vez y Clara leyó la nota esta vez en voz alta.

- “Mis bienes ascienden a una auténtica fortuna, fortuna que sería suya si usted..”.¡No!, ¡He dicho que no! ¡Usted no puede entrar aquí y pedirme eso!, ¡Salga de mi casa ahora mismo!

Ciertamente nervioso aquel extraño ser escribió una nueva nota sobre el papel. Clara volvió a leerla en voz alta.

- “Lo puede hacer por las buenas o por las malas. Puede heredar una fortuna o convertirse en un zombie más...”¿Qué mierda está diciendo?

Por última vez, Guillomard agarró la libreta y escribió. Clara la tomó en sus manos y con voz entrecortada leyó lo que estaba escrito en ella.

- Nada que no ponga en su informe. ¿Recuerda el apartado del contagio? En este sobre que le adjunto está la llave y dirección de una caja de seguridad en cuyo interior hay más de 600.000 Euros. Sólo tiene que matarme y todo será suyo. Piénselo, nadie sospechará de usted, no hay ninguna relación entre usted y yo.

Clara era incapaz de pensar. Aquello no podía estarle pasando. O se convertía en una asesina o acababa sus días como un zombie. El hombre abrió el abrigo y sacó de debajo del mismo un hacha y una pistola del bolsillo interior. Un hedor insoportable llenó la instancia. Con un gesto claro y contundente le ofreció ambas cosas a Clara. En ese instante, Clara se dio cuenta de que él ya sabía que lo suyo no tenía remedio y tan sólo buscaba a alguien que le ayudase a morir.

Hace dos años desde que Guillomard Brieux irrumpió en la vida de Clara. Hace casi dos años que Clara fue ingresada en una unidad especial de un hospital del ejercito, víctima de una afección desconocida para la ciencia médica actual. Clara, está médicamente muerta y en un avanzado estado de descomposición pero, las actuales leyes sobre eutanasia, no permiten que ninguna intervención humana acabe con su mísera existencia.


Esto es todo y en la próxima les contare unas en la cuales me inspire mucho es una saga.


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