Una casita pequeñita
Las cosas se nos exceden en algún momento por no hablar. Y por eso, a veces, uno toma las decisiones equivocadas.
Volví después de un tiempo a aquella vieja casa donde había dejado mi vida.
Estaba igual que siempre pero triste, porque yo no estaba.
El aire de aquella casa inhóspita me besaba la cara, mordiéndome los labios, para demostrarme su necesidad de mí.
Las plantas que colgaban del balcón estaban secas. El polvo que se levantaba con cada uno de mis pasos inundaba mis fosas nasales hasta el estornudo.
Estaba oscura. Había vuelto a caer. Había humedad en sus paredes, pero de esa que llega a agujerearlas.
No había señales de vida. Mi cara se deformaba de la angustia. Del dolor masoquista que me provocaba mi orgullo, de no querer volver.
Ella y yo éramos una. Pero hacia un tiempo la había herido, le dije cosas que no le gustaron.
Abrí las ventanas y seguía sin responder a mis estímulos. Pero adoraba mi presencia, y esperaba ansiosa observar cada uno de mis movimientos. Y sabía que ahora iba a poner el tocadiscos. Y amaba el soul tanto como yo.
Abrí la puerta de mi habitación, y comencé a limpiar. En realidad no quería hacerlo, pero lo hacia igual, porque no era una cuestión de querer, era involuntario, la quería ver bien, porque la amaba, y ella me esperaba, porque su corazón se detuvo el día que me fui. Y el mío había vuelto a latir con ella. Aunque mi cara no cambiaba, porque no quería demostrarle que me moría al sentir su calor, siempre era calentita, en invierno y verano. Las lagrimas no salían de mi porque ya no las tenia, ya tenia los lagrimales secos.
Me escuchaba cantar y sus paredes transpiraban, estaba nerviosa. Yo sabia que se había destruido muy rápido, y ella también. Y tenia vergüenza, de ser humana, no hubiese podido mirarme a los ojos. Pero actuaba como si no me importara.
Era la casa más pequeña, pero más fuerte del mundo… pero compartíamos el alma, y no accionábamos separadas. Ella sin mi se desmoronaba, y mi vida sin ella simplemente no era nada. En lo absoluto, nada. Eso se sentía, así tal cual.
Se moría de ganas de saber si había habitado otras casas en este tiempo, pero no se animaba a decir una palabra.
Alce la cabeza echándole una mirada de desaprobación; me la había pasado de viaje, sola conmigo.
Se sorprendió, pero era lo que quería escuchar. Y no mentía, nunca.
Estaba triste y enojada porque la había abandonado, pero yo aparte de mi orgullo, viendo su estado, ahora tenía una buena razón para enojarme.
Con un esfuerzo agotador, la deje reluciente, y debería ocuparme de los daños mas profundos al día siguiente. No quería que volviera a pasar un día más de esa manera.
Pase la noche ahí. Y al acostarme en mi cama podía escucharla quejarse. Sus ruidos expresaban sentimientos encontrados, reproches, culpas, y tantas cosas que se quedan en el tintero al cortar algo tan repentinamente.
Y llore hasta quedarme dormida.
Al día siguiente hice reparar todos los agujeros y baches, y la pinte, de colores calidos, y estaba hermosa, mas que nunca, reluciente. Era oscura por fuera, pero por dentro era el único lugar en el mundo en el que podría querer estar.
Al llegar la noche, pensé que había hecho mi trabajo, y que debía irme, pero no me abrió la puerta. Yo sabía que quería explicaciones, pero no me animaba a dárselas. Y ambas sabíamos que aquel lugar era muy pequeño para que también lo habitara otra persona. Y en ese momento el silencio se hizo absoluto. Pero quizás me había expresado mal… yo me había ido porque ya no era yo sola, es decir, ahora alguien mas necesitaba de mi… y las persianas crujían, sin entender… pero luego de un momento me dejo ir… quería estar sola.
A la mañana siguiente, no me esperaba, pero volví con mis petates, y suavemente tome el picaporte y aferrándolo firmemente abrí la puerta… y al verla quedo inmóvil, ni una mosca voló en ese instante… y mi pequeñita Bernice que descansaba en mis brazos abrió sus inmensos ojos azules.
No podía creer que me hubiera ido por eso, pero ahora que había vuelto no le importaba, y no quería que me fuera, y éramos felices las tres ahora, y fuimos una para siempre, porque nos entendimos y nos amamos hasta el ultimo de los días, porque no había otra cosa que se le asemeje, ni que quisiera mas en el mundo.
YANA
