YanaHc
Usuario (Argentina)
LA AGENDA Librería “Source d'énergie Magique”. Pasillo de libros de ciencia ficción. Pasillo de novelas varias. Autoayuda. Infantiles. Agendas. Objetivo, agenda y/o cuaderno, con muchas hojas para escribir. Caja. -Llevo esta. -Como no, son cuarenticinco pesos; acá tiene su ticket. Que lo disfrute. -muchas gracias, hasta luego. Lluvia. Calle mojada, poca gente. Tiempo, sábado, cuatro de la tarde, aprox. Tres cuadras. Edificio. Piso tres, departamento “A”. Deja el paraguas en un tacho al lado de la puerta, se seca los pies en el felpudo, va a la cocina y se prepara una sopa instantánea. Va al comedor, prende la radio. Rock’n’pop, por supuesto. Se sienta en su mesita redonda del comedor, apoya la tasa al tiempo que se sienta. Abre la agenda. La mira toda. Le agrada. Es lo que buscaba. Se dispone a llenar la primer hoja, con los datos personales, cuando se da cuenta que, para lo que iba a contener ese libro, era preferible que no llevase sus datos, amén de que si por esas putas casualidades alguna vez, en algún momento, de lo que no esperaba que fuera su tiempo de vida, alguien llegase a encontrarlo sabría que pertenecía a él y que era secreto, porque tendría su letra y estaría escondido entre sus cosas. No sabía cómo, pero los deseos de llenar esas hojas en blanco eran inmensos, le daban dolores de panza, pero que ya eran más parecidos a la acidez, que a un simple revoloteo. Se paso las manos por la cara, se aclaro la garganta y empezó. “La verdad no me acuerdo exactamente cuándo empezó, pero fue hace más de dos años. Yo empezaba en un trabajo nuevo con mi gran amigo y hermano Andrés Bó. Éramos inseparables, las familias de ambos se conocían, mejores amigos desde la primaria. En la oficina habían tomado una gran cantidad de empleados nuevos, entre los que estábamos nosotros dos, y Ana. Ana. Ana era una mina de las que son diferentes. Había un grupo chiquito de chicas en la oficina, pero Ana siempre estaba con nosotros. Era polvorita, un cago de risa, y a decir verdad, nos tenía a todos como quería. No paso mucho tiempo hasta que empezó a salir con Andy, y yo estaba contento, porque la verdad, hasta ese momento no me había dado cuenta de nada. Salí a almorzar un medio día con ella, Andy tenía franco porque se le había muerto un pariente, que la verdad ni le importaba, pero lo aprovecho para dormir, seguramente después pasaría a buscar a Ana por la office y yo me tendría que volver en bondi como desde hacía algún tiempo ya. -Bueno, por fin un día que podemos estar solos… -Jajajaja, sos mala Anita eh!, pobre Andy, ¿que va a pensar?, sabe que todos “te arrastran el ala”, y que a pesar de eso vos no sos ninguna santa, ¿y no puede confiar ni de su propio amigo? -jajaja, callate nene, ¿ahora te haces el moralista?, ¿Qué me vas a decir que nunca compartieron una minita? -no, no te voy a decir eso, pero nunca ninguna como vos, Anita,¡mi amorrrr! -jajaj, ¿ves que no se te puede hablar en serio?, bueh, igual el muerto se asusta del degollado… -¡es verdad!, jajajaja, la maldad la tenes en la sangre chiquita. -sí, eso es cierto, pero a lo que voy, yo me la paso jodiendo, y bueh, a veces te tenés que aguantar que lo que decís no saben cómo tomarlo, si de posta o en joda, pero, ¿nunca te pusiste a pensar si no te estaba diciendo algo en serio? -¿a qué te réferis? -a que si nunca pensaste que… de ser yo hombre y vos mujer te arrinconaría contra la pared y te tocaría todo el culo… - jajajaja!, ¡vos me haces reír el culo con lo que decís! -ves, por ahí es la forma de decir las cosas… es bueno para meditarlo, por ahí tendría que decirte las cosas mas así… ¿Qué haces mañana a la noche? -bueno negra, vamos a comer, me está matando el dolor de panza, y saldría con vos mañana si no lastimase a nadie con el acto, ¿no te parece?, jajaja -si vamos, es verdad, good point. Y así me di cuenta de que lo que sentía por Ana no era lo mismo que yo había pensado siempre. No la quería exactamente como mi cuñadita. El tiempo paso, Ana y Andy se pusieron de novios. Por incidentes en el trabajo, o más bien, diferencia de ideas, Anita y Andy abandonaron la oficina y se fueron a trabajar a otro lugar. Yo me quede. Me construí un nuevo ambiente en el que moverme, conocí gente nueva, muchas chicas pasaron por mi lado, y junto con todos esos cambios, la relación con Andy también cambio, ya no era la de antes. Debido a las incompatibilidades en los horarios y obligaciones de los diferentes trabajos, las parejas, y demás, ya no estábamos tan juntos. El tiempo siguió pasando y ya parecían marido y mujer, aunque a ninguno de los dos le gustaba la idea de los papeles, eran una pareja ya firme, bien establecida, y habiendo olvidado el pasado episodio, yo me sentía muy feliz por ellos, amén de estar en pareja yo también, con Juli, esas ex que nunca van a ser ex, y a quien le tengo un gran cariño. Ya nos veíamos poco para estos momentos, cálculo que tres, cuatro veces por año. A mediados del corriente Andy me invito a una reunión familiar a la que no podía faltar, y sin duda le prometí que ahí iba a estar. Juli no me pudo acompañar, tenía unos asuntos familiares que atender, así que me fui solo. Llegue y nos sentamos a tomar mate y a ponernos al tanto de todo lo que nos había pasado, hasta que la vi. Venía con una sonrisa picara y con algo en sus ojos que no supe ver. Siempre tan sencilla, bonita y misteriosa. La velada paso muy agradable, me senté con su familia, que hacia tanto que no veía, como si fuese la mía. Recordamos viejas historias, comimos y nos bajamos dos botellas de cerveza cada uno, mas algunos traguitos de por ahí. Como no podía ser de otra manera me quede hasta lo último, con algunos primos y ellos dos. Nos pusimos a jugar con los chicos a las cartas, pero estaba medio mamado y me fui al patio a fumar un cigarro. -¿ya te pusiste en pedo Dari?, que flojito mi amor… -jajaja, viste como es esto Anita, Juli no me deja tomar nada, acá me tome hasta el agua del inodoro… -pobrecita esa chica, también, con la vergüenza que le hiciste pasar el año pasado en la costa, yo tampoco te dejaría… -se… me cuida la gorda… es un amor. (sonrisas) -vení, te voy a enseñar el saludo que me hizo aprenderme mi sobrinito el otro día,¡ jajaja! - huu dios!, bueh, a ver … -jajaja, dale tarado, te vas a divertir… - me tenes que dar la mano arriba, abajo, yo doy la vuelta y golpeamos atrás… ¿entendés? -sí, dale Lo hicimos una, dos, tres, cuatro, mil veces, hasta que no aguantamos, y por algún lado tenía que salir… -che para nene, ¡así me vas a tocar el culo!, jajaja -también con semejante traste, ¿¿que querés que haga?? -jajaja, ¡hijo de puta!... che… te acordás aquella vez en el laburo?? -ja…si… -bueno perdóname… -está todo bien, igual… lo pensé… -ah,... ¿sí?, mira vos… -jajaja, igual te prometo que alguna vez eso se va a concretar… - bueno, dale, te tomo la palabra, trato hecho… dale practiquemos otra vez… Sabía que no me aguantaba porque estábamos los dos medio en pedo, y me lo hacía a propósito, hay dios, como hubiese querido que fuera otra persona… -¡ves!, ¡ahí esta!, ¡me tocaste el culo! -¡shhhhhhh!, jajajaja, ¡perdón! -bueno, dale, si me tocas no te digo nada, pero me das el lugar a mi también… -jajaja, como no… La joda siguió hasta que salieron los chicos. -¡hey mi amor, mira lo que hacemos con Dari! ¡Dale, mostrémosle! Nos seguimos cagando de risa un rato más. A eso de las cinco de la mañana uno de los primos nos ofrece llevarnos en el auto a cada uno hasta su casa, Anita les dijo que si, y me guiño el ojo… -vos también venís, ¿no? -eh, si, si, voy. Habíamos quedado cuatro solos para esa altura de la madrugada. Nos subimos al auto, dos adelante… y Anita y yo atrás. -¿tenés frio petisa?, ¡vení acá! En ese momento ya no veía más nada, Anita me tocaba la espalda y me besaba el cuello, sin que los dos boludos que nos llevaban se dieran cuenta, ya que iban tan en pedo como nosotros, y no nos daban pelota. Yo la apretaba fuerte contra mi cuerpo, tan chiquita… me la podía raptar y llevármela al departamento…los dos solos… ¡hay Anita!… La dejamos a ella primero, una cuadra antes dijo… -Bueno me voy… Y me dio el beso que hasta el día de hoy no puedo dejar de recordar y de sentir unas ganas locas de besarla. Después de ella me dejaron a mí, ya que era el que vivía más cerca. Entre a casa y me tire directo a la cama y le mande un mensaje. “te prometo que en el momento que pueda te mato.” Respuesta. “jajaja, ¿qué paso?, ¿te quedaste con ganas?...yo también…” Eso fue el principio del fin… la charla de mensajes subió tanto de tono al mismo nivel que las cosas eran más prohibidas cada vez. Arreglamos vernos en un mes, y al otro día no podía dejar de pensar en ella, y en las ganas que tenia de que fuera mía; pero los efectos del remordimiento no tardan en llegar, y automáticamente al día siguiente me empezaron a atacar las dudas. Yo sabía que ella estaba segura, y que quería, pero, ¿y si empezaba a dudar como yo? A pesar de que ella misma me había avanzado antes yo sabía que había sido yo quién había avanzado ahora, y que le había abierto las puertas que ella no sabía que estaban abiertas. Si me hubiera callado… Empezaba a pensar en que me sentía un traidor… pero un traidor que se volvía loco por concretar esa traición… esa sensación de culpa que de alguna manera me hacía sentir tan bien… No podía dejar de querer que este entre mis brazos, de hacerla toda mía… ¡Dios! habiendo tantas mujeres… vengo a querer a la equivocada… Claramente habíamos acordado que arreglaríamos sobre la semana en que nos veríamos para no levantar sospechas, y no nos hablamos más. Luego de una semana empecé a pensar en mi amigo, mi hermano, su familia, mi familia, y me dije que tal vez, con todo el tiempo que pasaría nos olvidaríamos, o más bien ella se olvidaría, y no pasaría nada, así que me quede tranquilo. Jamás me arrepiento de lo que hago, y un error lo comete cualquiera, hasta ese momento yo, me había tropezado, pero erguí la cabeza y seguí, tal vez intentando restarle importancia. Habiendo pasado un mes lo sentí y lo supe, y también lo espere, pero no apareció el mensaje. Gracias a Dios. Habiendo pasado un mes y un día, el mensaje apareció. “perdón por el atraso, ¿me querès pasar a buscar por la plaza?, se de un lugar copado” Lo primero que pensé fue, “tragame tierra”, y lo segundo, “Dios perdoname, no sé lo que hago”, y le conteste que si la pasaría a buscar. Acordamos el horario. Me sentía tan raro. Por momentos sentía una incontrolable adrenalina, y se me dibujaba en la cara una sonrisa enorme, y unos deseos de saciar esa sed que tenia de Ana, que eran enormes. No me dejaba pensar las cosas, no me daba lugar al raciocinio, me inundaba la cabeza, y me sentía en el éxtasis, y en ese momento nada me importaba. Pero después venia la otra parte, en la que me acordaba de Andy, y si bien yo sabía de todas las trampas que había tenido él estando con ella, yo, definitivamente, no era la persona indicada para darle su merecido a mi pobre amigo. En ese momento me sentía merecedor de lo peor, una persona que no es sincero con su mejor amigo no es sincero consigo mismo, me sentía potencialmente un traidor, un falso, un garca. ¡YO ERA EL EJEMPLO DE UN SORETE!, el ejemplo exacto de lo que uno debe enseñarle a sus hijos a NO hacer. Pensar en cómo lo vería yo si fuese otra persona me ponía peor, y si pensaba en como estaría Andy si se enterara, bueno, ya eso era pensar en exiliarme del país, porque si la iba a cagar la tenía que hacer bien, tenía que ser un cagador y un cagón, era el combo completo. Cuando volvía de sentirme una mierda reaparecía la carita picara de Ani en mi cabeza, y los ratones venían a tomar mate conmigo a la cocina. Perdóname Andy, te juro que no lo puedo controlar. Me quedaban cinco días justos. Decidí no pensar, lo manejaría en el momento, deseaba poder contar con la ayuda de mi moralidad, y mi cabeza en esa instancia. Le dije a Juli que tenía que encontrarme con los chicos del club de rugby de cuando era pibe. Eran las cinco de la tarde, de un martes nublado y lluvioso de julio. Calculo que sería martes ocho, porque al otro día, el miércoles, era feriado, y otros feriados en julio, obviamente, no hay. Estaba nervioso. Estacione el auto en una esquina de la plaza, y veinte minutos más tarde la vi venir caminando, con un sobretodo negro, y un paraguas rojo. Se subió al auto y tiro el paraguas atrás. -¿Cómo le va señor? -muy bien señorita, que bien se la ve. -ah, muchas gracias, lo mismo digo. -¿querés ir a tomar un café ahí sobre Rivadavia? -bueno… no…mejor no, vamos a donde vos ya sabes…ya te pase la dire. Y… fuimos al telo. En el viaje fuimos hablando de cosas varias, pero dejamos los temas obvios y comprometedores de lado, ni siquiera los mencionamos, éramos dos “viejos amantes”. Cuando llegamos éramos una pareja. Una pareja más en un hotel alojamiento de Buenos Aires. Me encanto fantasear un momento con eso. Una pareja. Ella y yo. Tan iguales, tan diferentes, tan chocantes, tan deseosos uno del otro. Y mientras transcurrían los segundos, me olvidaba de darme cuenta, y perdía con ello, la cabeza, el respeto, el poco moralismo que tenia, la confianza de cualquier persona, y todos los valores que pueda tener una persona medianamente normal, y que no caga a su mejor amigo con su novia. Estaba ciego. Realmente la sensación era que no existía mas nada que nosotros dos. No anhelaba nada más que presionar su cuerpo contra el mío, besarla, tocar su piel suave, delicada, sentir su eterno perfume a almendras que me enloquecía. Apenas entramos en la habitación el deseo se hizo carne. Me beso la boca con fuerza, fue un beso intenso, que había esperado el momento, apasionado, que me hizo doler los labios, pero yo la deseaba de igual manera, con todas las fuerzas y con cada célula de mi cuerpo. Nos quedamos recostados en la cama. Ella apoyaba su cabeza en mi pecho, yo la acariciaba. Es la sensación, el momento, y el recuerdo que jamás quisiera borrar de mi cabeza. El día en que me sentí pleno, lleno, que me dio vida. Nos volvimos a casa. La deje, en la parada del colectivo; si hubiera sido por mí, la hubiese llevado hasta la casa, pero no podía, Andy iba siempre a la misma hora, y ya habría llegado a la casa de sus padres. Nos mandamos mensajes, y hablamos muy poco, pero por ahora no volví a verla. Lo único que sé es que recordarla así, entre mis brazos, me estruja la panza, y me deja migajas de tristeza, y de felicidad, así como también de culpa. Fue hace poco, así que por suerte no tuve que hablar con Andy por ninguna causa, pero cuando lo haga no sé cómo voy a mirarlo. Eso también me da a pensar, que, si yo estuviese con Ana, si la situación fuese al revés, Andy, ¿haría lo mismo?, ¿Ana haría lo mismo?, ¿Quién era el bueno, y quien el malo? Depende del punto de vista… para mí, claro, que soy el “culpable”, me conviene verlo así. Si, se me hubiese dado antes con Ana, ¿habríamos hecho buena pareja?, o ¿habría seguido sin darme cuenta de lo que sentía por ella si no se hubiese puesto de novia con Andy? Todo eso no lo sé, lo que si se es que tengo un gran secreto que me condena, y que debo tratar de esconderlo, y olvidarlo todo lo que pueda… por lo menos en estas hojas…” Cerró el libro. Se levantó, llevo la tasa a la cocina, la dejo adentro de la pileta para lavar. Llevo la agenda y la guardo debajo de una maderita suelta del armario. Se acostó en la cama. Se quedo dormido, y soñó con Ana. Espero que les guste, es mio... "Yana"

Una casita pequeñita Las cosas se nos exceden en algún momento por no hablar. Y por eso, a veces, uno toma las decisiones equivocadas. Volví después de un tiempo a aquella vieja casa donde había dejado mi vida. Estaba igual que siempre pero triste, porque yo no estaba. El aire de aquella casa inhóspita me besaba la cara, mordiéndome los labios, para demostrarme su necesidad de mí. Las plantas que colgaban del balcón estaban secas. El polvo que se levantaba con cada uno de mis pasos inundaba mis fosas nasales hasta el estornudo. Estaba oscura. Había vuelto a caer. Había humedad en sus paredes, pero de esa que llega a agujerearlas. No había señales de vida. Mi cara se deformaba de la angustia. Del dolor masoquista que me provocaba mi orgullo, de no querer volver. Ella y yo éramos una. Pero hacia un tiempo la había herido, le dije cosas que no le gustaron. Abrí las ventanas y seguía sin responder a mis estímulos. Pero adoraba mi presencia, y esperaba ansiosa observar cada uno de mis movimientos. Y sabía que ahora iba a poner el tocadiscos. Y amaba el soul tanto como yo. Abrí la puerta de mi habitación, y comencé a limpiar. En realidad no quería hacerlo, pero lo hacia igual, porque no era una cuestión de querer, era involuntario, la quería ver bien, porque la amaba, y ella me esperaba, porque su corazón se detuvo el día que me fui. Y el mío había vuelto a latir con ella. Aunque mi cara no cambiaba, porque no quería demostrarle que me moría al sentir su calor, siempre era calentita, en invierno y verano. Las lagrimas no salían de mi porque ya no las tenia, ya tenia los lagrimales secos. Me escuchaba cantar y sus paredes transpiraban, estaba nerviosa. Yo sabia que se había destruido muy rápido, y ella también. Y tenia vergüenza, de ser humana, no hubiese podido mirarme a los ojos. Pero actuaba como si no me importara. Era la casa más pequeña, pero más fuerte del mundo… pero compartíamos el alma, y no accionábamos separadas. Ella sin mi se desmoronaba, y mi vida sin ella simplemente no era nada. En lo absoluto, nada. Eso se sentía, así tal cual. Se moría de ganas de saber si había habitado otras casas en este tiempo, pero no se animaba a decir una palabra. Alce la cabeza echándole una mirada de desaprobación; me la había pasado de viaje, sola conmigo. Se sorprendió, pero era lo que quería escuchar. Y no mentía, nunca. Estaba triste y enojada porque la había abandonado, pero yo aparte de mi orgullo, viendo su estado, ahora tenía una buena razón para enojarme. Con un esfuerzo agotador, la deje reluciente, y debería ocuparme de los daños mas profundos al día siguiente. No quería que volviera a pasar un día más de esa manera. Pase la noche ahí. Y al acostarme en mi cama podía escucharla quejarse. Sus ruidos expresaban sentimientos encontrados, reproches, culpas, y tantas cosas que se quedan en el tintero al cortar algo tan repentinamente. Y llore hasta quedarme dormida. Al día siguiente hice reparar todos los agujeros y baches, y la pinte, de colores calidos, y estaba hermosa, mas que nunca, reluciente. Era oscura por fuera, pero por dentro era el único lugar en el mundo en el que podría querer estar. Al llegar la noche, pensé que había hecho mi trabajo, y que debía irme, pero no me abrió la puerta. Yo sabía que quería explicaciones, pero no me animaba a dárselas. Y ambas sabíamos que aquel lugar era muy pequeño para que también lo habitara otra persona. Y en ese momento el silencio se hizo absoluto. Pero quizás me había expresado mal… yo me había ido porque ya no era yo sola, es decir, ahora alguien mas necesitaba de mi… y las persianas crujían, sin entender… pero luego de un momento me dejo ir… quería estar sola. A la mañana siguiente, no me esperaba, pero volví con mis petates, y suavemente tome el picaporte y aferrándolo firmemente abrí la puerta… y al verla quedo inmóvil, ni una mosca voló en ese instante… y mi pequeñita Bernice que descansaba en mis brazos abrió sus inmensos ojos azules. No podía creer que me hubiera ido por eso, pero ahora que había vuelto no le importaba, y no quería que me fuera, y éramos felices las tres ahora, y fuimos una para siempre, porque nos entendimos y nos amamos hasta el ultimo de los días, porque no había otra cosa que se le asemeje, ni que quisiera mas en el mundo. YANA

Los Mundos de Bahiana por Yana Bahiana tiene lugares especiales. Son como mundos personales. Cada situación la traslada a uno diferente. Pero ella no lo puede diferenciar, porque cada sentimiento la introduce en un lugar que está ligado directamente con sus sensaciones y sus emociones. Tiene periodos en los que frecuenta más ciertos lugares, y después van cambiando. A veces atraviesa instantes incómodos, en los cuales ella descubre nuevos momentos, y esferas diferentes, que no conoce, y la ponen mal, y simplemente no se encuentra ella misma en su mundo; pero es solo hasta que se relaja. ¿Muy difícil? Bahiana tiene un álbum de momentos en su cabeza, esos momentos se transformaron en lugares, que están atados a sus cambios de humor, sensaciones, emociones. A veces cuando está feliz viaja a una tarde rosa del verano de 1998, en la habitación de su antigua casa, en el piso de arriba, con una ventana con rejas que da a un parque con una palmera y un hermoso césped. Otras, viaja a una tarde en sepia, otra tarde del mismo año, tomando té en el living de su abuela, en un gran sillón junto a la ventana, con una extraña lluvia que teñía el cielo de color café… En invierno, el final de la tarde, entre las seis y las ocho, es el eterno momento con un cielo gris, con mucha comida en la cama, y con una película de más de veinte años; o tal vez viajando en un colectivo hacia algún lugar, con el cabello mojado. Cuando tiene miedo sus momentos se pintan de negro, y ella no puede sentir nada más que pura adrenalina y terror, sus ojos se nublan y pierde el coraje. Bahiana esta en un hospital hace un año, pero ella no vive ahí, ella vive en sus mundos. Ella simplemente despertó un día y viajo a uno de sus lugares, el primero fue la playa de Puerto Madryn, a la mañana temprano. Mientras ella disfrutaba sentada en la arena, jugando con las pinzas de algún cangrejo, su madre llamaba a la ambulancia, y su padre la sostenía en el piso con la cabeza rota. Ella viajo cuando bajaba las escaleras. Bahiana padece de narcolepsia con alucinaciones onirógenas, lo que significa que tiene incontrolables accesos de somnolencia durante el día, conservando el estado de conciencia y creando la posibilidad de experimentar el subconsciente de manera asombrosamente conciente. Ella hace un año que se desvaneció en medio de un incendio, en la casa de su amiga, nadie la vio, y tardaron quince minutos en acordarse de ella, y subir a sacarla, por la adrenalina y la tensión. Pero ella nunca se entero, porque desde ese día no salió más de sus mundos. Espero q les haya gustado