InicioOfftopicMatar la muerte, por Abelardo Castillo

Matar la muerte, por Abelardo Castillo

Offtopic10/25/2009

Esta es la editorial de Castillo que formó parte de la revista El escarabajo de Oro de noviembre de 1967, en la que habla sobre el asesinato del comandante Ernesto Che Guevara.



Señor, concede a cada cual su propia muerte.
Rilke.

Le cortaron las manos y aún golpea con ellas.
Lo enterraron y hoy viene cantando con nosotros

Neruda



El 8 de octubre, en Vallegrande, mataron al Che. Los generales bolivianos lo dicen, y debe de ser cierto. La muerte, al fin de cuentas, es la menos inesperada anécdota de la vida: la cuestión es no morir de muerte ajena, y el guerrillero que murió, murió de la que había elegido. A eso, los que creen en Dios, por un malentendido lo llaman Salvación. Los que no creemos, también. Y yo hasta lo llamo no morirse, abolir la muerte: matarla. Hay un cadáver, es verdad. Todos los diarios del mundo mostraron un muerto que se le parece, que seguramente es el Che. Una fotografía, sobre todo, impresiona: está de perfil, el grabado repite fríamente unos superciliares que sin duda no son de otro hombre (le daban ese aire de fauno joven; los que lo vieron reírse no pueden haber dejado de pensar que esa frente se contradecía un poco con su risa, y de ahí la cara de estar tramando una incomunicable travesura, ese gesto que no le pudieron borrar los generales), tiene los ojos abiertos y la cabeza medio alzada, tiene los brazos en la actitud del que va a incorporarse, tiene un balazo en el corazón. Nadie, sin embargo, aceptó que ese cadáver fuera el suyo. Nadie, ni los que lo odiaban y diez veces antes fraguaron miserablemente su muerte, a manos de Fidel Castro, o en Santo Domingo, o por suicidio. Los mismos generales que lo mataron, estoy seguro, ya han comenzado a dudarlo. Y yo creo que hacen bien.

[/align


Voy a escribirlo, voy a tratar de escribirlo sin caer en la trampa de las palabras, de las frases que aluden a los muertos que pese a la muerte siguen vivos. Voy a decir que el guerrillero muerto de Vallegrande no era el Che. Ya no lo era. Balearon un cuerpo, lo enterraron en algún sitio o incineraron una corruptible arcilla. Y hasta ahí operó la muerte. Y a partir de ese momento, a partir de sus diseminadas cenizas, de un cadáver que nunca se hallará, el Che volvió a ser libre de ir y venir por América pero sin cambiar su nombre y sin ocultar su cara.
Ustedes no han matado a nadie: han resucitado a un hombre. Y a algo más. Hasta el 8 de octubre se podía dudar que haya seres capaces de pelear por los otros, hacer una revolución, alcanzar el poder, abandonarlo todo y comenzar de nuevo: renunciar a lo temporal, que es lo mismo que negar el tiempo. Elegir y acatar un destino. Quién, con qué argumentos y sobre todo con qué ejemplo, puede hoy destruir esa mística. Digo mística y quiero decir mística. Hasta el 8 de octubre cualquiera podía pensar: es mentira, es Cuba que necesita inventar un fantasma para sobrevivir. Ahora se sabe que el Che está. Y no precisamente enterrado en la selva. Está. Hermoso e invulnerable como un héroe de novela, y frío y lúcido como una inexorable máquina de hacer justicia.

No toda muerte mata. Los diarios, sin querer, lo sabían. "Encontró la muerte en Vallegrande", dijeron. Y es así. Hay hombres que encuentran su muerte, la que los merece, como si debieran morir para quitarse la inquietud de ser mortales. Y el que mataron tenía una cuestión personal con la muerte ("si no vuelvo dentro de dos meses", le escribió a sus padres la primera vez que salió a la aventura, "vayan a buscar mi cabeza reducida por los jíbaros al museo de Nueva York", y el desafío se repite en todos sus escritos, en todas sus cartas hasta la última, ya en Bolivia: "de aquí no me salgo si no es con los pies para arriba", le había perdido el respeto y se reía socarronamente de la muerte.

Un hombre, un poeta, se dejó morir de la muerte con que lo iba matando la espina de una rosa: él le había cantado a las rosas y a la muerte. Otro hombre se hizo crucificar porque ya era tiempo. El que crea que comparar a Rilke con Jesús es una herejía, el que imagine que esas muertes no son también la muerte de la que hablo, hará bien en preguntarse qué pobre cosa ha entendido, hasta hoy, de la vida.



Me olvidaba: la muerte del Che no me duele. No tengo ganas de conmover, ni de conmoverme, con retóricas de cementerio. No quiero que este editorial sea patético o solemne, ni tiene porqué. Rebajar la muerte de Guevara a la intimidad del dolor no está en su estilo. Las muchachas argentinas ya lloraron lo suyo ante los aparatos de televisión cuando los generales mostraron su cadáver, ya hemos pegado su foto en la pared -entre Beatles y banderines-, y a lo mejor está bien. Ya empezaron los poetas a mandar elegías alusivas a las revistas. Así que no hace falta lagrimear más. ¿Qué es lo que hice para que no lo mataran?, esa, en cambio, me parece una buena manera de encarar la cosa: una buena pregunta. Evita las emociones fáciles.

Y hecha esta aclaración, puedo terminar. Desde ese asesinato, desde esa inmolación, los generales tienen miedo. O deberían tenerlo. Porque una vez que un hombre así dio con su muerte, ya no hay balas, ni rangers, ni marines que valgan. No "se sale" más de la vida. No tiene más que vida. Es pura y múltiple y violenta vida que no se mata.

Abelardo Castillo


Poema de Julio Cortzazar al Che:

Datos archivados del Taringa! original
35puntos
1,764visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
4visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

Autor del Post

P
PigmeaBu🇦🇷
Usuario
Puntos0
Posts7
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.