El jardín de flores
01
Maureen no quizo prender la luz. Le dolían los ojos de tanto llorar. Afuera la tormenta era intensa. La lluvia azotaba con crueldad el vidrio de las ventanas. Cruzó descalza la oscura sala y cerró la cortina. No quiería ni siquera que entrara la luz lunar.
La enfermedad se había llevado rápidamente a Chloe, su novia. Parecía mentira que ya había pasado un mes. Un mes sin ella. Ahora estaba sola, sin nadie que la protegiera. Una se respaldaba a la otra. Chloe era segura de sí misa, fuerte. Maureen, dulce y delicada.
Maureen se controló para no llorar. La lluvia la hizo recordar cómo se conocieron. Frutas de distintos colores rodando bajo la lluvia. Había empezado a llover y Maurren se chocó con Chloe. Ambas estaban dentro de una tienda de abarrotes esperando a que pasara la lluvia. Chloe tenía una bolsa con las cosas que había comprado. El golpe hizo que el interior caiga a la calle ya que la puerta estaba abierta. Cuando las miradas se cruzaron se reconocieron en ese recuerdo que no está en la memoria, sino en el corazón que espera por dar y recibir afecto. ¿Dónde estás Chloe? Estoy esperando porque vuelvas. Formuló su imposible deseo en medio de las tinieblas. Una nueva lagrima corrió por su mejilla, pero logró contener el estallido del llanto.
Lunes. Volvía al trabajo después de un mes. A pesar de que la depresión era aún muy fuerte, la voluntad ya estaba lo suficientmente formada como para salir de casa. Su jefe, muy atento, le preguntó si ya estaba bien, que estaba muy pálida. Maureen dijo que ya todo estaba bien, que podía trabajar. Aunque no era verdad, no podía darse el lujo de perder su trabajo.
Tomó la cámara de fotos y comenzó a fotografiar a los modelos. Aquello que tanto le gustaba ahora le provocaba asco. Gente contorneándose para ser mostrada en folletines de venta de ropa. Tan superficial. Toda la gente en su trabajo le asqueaba. Tomaban todo a la ligera. Todo era cuestión de apariencia. Nadie se involucraba emocionalmente; a nadie parecía interesarle nada más que lo evidente. A veces se sentía sucia por no ser así. Distinta. El sentimiento de alienación siempre la había perseguido. Solo se detuvo cuando Chloe llegó a su vida. Ahora que se había ido, la única verdadera conexión que sentía era con algo que ya no estaba. Con una permanente auscencia. Imágenes, fotos, ropa. Maureen se sentía ausente del mundo.
Esa noche, como un intento de reconectarse con el mundo, conversó vía internet con su hermano menor, quien vivía en Europa hace 3 años. Él le habló vanalidades. Nunca llegó la pregunta esperada: ¿estás bien? La falta de empatía la desesperaba. El mundo se presentaba ante ella como algo frío y cruel, como la muerte en un momento no adecuado.
Desconectó el teléfono diciéndose a sí misma que no quería saber nada de nadie. Pero no era verdad. La realidad era que sabía que nadie llamaría. Probablemente algún vendedor o una voz programada dando un anuncio promocional. Una burla peor que a la auscencia de cualquier voz. Nuevamente, no quizo prender las luces.
Encendió la ducha. Se bañó en las tinieblas. Le hubiera resultado terrible verse en el espejo. Atractiva de buen cuerpo, rubia de pelo lacio, ojos verdes grandes. Reconocerse, encontrarse consigo misma en el exterior a través de una imagen, verse fuera de sí misma, desnuda, como los ojos Chloe la miraban. Ver a través de los ojos de Chloe. Insoportable. Le dolía respirar. Le dolía cada momento. Como en su adolescencia la idea de suicidio cruzaba como una ventisca que solo era calmada calmándose a sí misma, con la esperanza que sobrevivirá. De que vendrán mejores momentos. Tal vez momentos en donde era posible la felcidad. Chloe había muerto.
Tras secarse se puso una amplia bata de seda blanca llena de imágenes de flores. Se envlovió bien en ella y se acostó quedándose rápidamente dormida.
El abrazo de las flores.
02
Maureen ya se encontraba mucho mejor después de dos meses. Comenzó a disfrutar un poco más de su trabajo. Hasta presentaba algo de inciativa, con ideas para la campaña de primavera. Probablemente parte importante de su mejoría se debía a que también se estaba dedicando a una nueva actividad.
Algún día esto va a estar lleno flores. Me encantan. Flores de diferentes colores. Yo las cuidaría.
Chloe había hablado muchas veces sobre que le hubiera gustado tener un jardín lleno de flores en el jardín en la parte delantera de la casa. Ahora por fin esto se transmitía como un hecho. Maureen había comenzado a construir esa idea en la tierra.
Poco a poco las flores estaban apareciendo. Amarillas, anarajandas, violetas. Una armonía que iba perfecta con el perfume de los pétalos. Ahora cada vez que Maureen entraba en casa, cruzaba la pequeña baradilla negra de hierro y pasaba por el corto camino que tenía a ambos lados el progresivo florecimiento. Llegaba a la puerta con una sensación de ser bien recibida.
Durante ese periodo de tiempo 2 modelos se le acercaron. Una de ellas era notoriamente lesbiana. La otra entre conversaciones y conversaciones fue desmostrándolo. Maureen quedó primero para salir con una de ellas, y luego canceló. Lo mismo ocurrió con la segunda.
Las modelos suelen ser promiscuas, y una de ellas era aparentemente drogadicta. Aunque ellas le intersaban un poco, realmente no se sentía cómoda dejando que ellas se acerquen. Probablemente quedó para salir solo para sentir que le prestaban atención, pero en el fondo sabía que esos encuentros no se iban a realizar. El mundo se alzaba ante ella como una broma cruel. Sus necesidades eran más hondas e intensas de lo que las posibilidades ofrecían. Sentía asco de sí misma.
Con la primavera en su apogeo la campaña de modas en su empresa había sido aceptada. Los modelos estaban envueltos en flores, delante de enredaderas de rosas rojas. A todos le encantaban. Las flores tienen un poder especial en la psiquis de las personas. Activa emociones. Crecen en su color lentamente hasta por fin abrirse. Como el corazón de las personas.
Ya encedía las luces durante las noches y soportaba mirarse en el espejo. Ahora incluso, a veces, reía. Hasta, en algunas ocasiones, cuando algo agradable sucedía, se sentía contenta.
Y entonces, las flores se manifestaron.
03
Después de una larga jornada de trabajo y de conducir a casa por un pesado tráfico, llegó muy cansada. Se preparó rápidamente un jugo de naranja. Lo bebió observando las ligeras gotas de afuera que caían contra la ventana. Un roció suave.
La casa se sentía vacía. Pero ella no tanto. Se sentía más fuerte. Como un capullo en proceso de apertura, tal vez. Despertar, desayunar, ir al trabajo, trabajar, almorazar, trabajar, ir a casa, dormir. Una y otra vez. A veces algo de televisón. A veces vistas solitarias a un cine. Libros dejados a la mitad. Temas que compartir sin tener con quien conversar. Un hermano distante. Acabó el contenido del vaso. No podía dejarse llevar por el pensamiento negativo. Pero la tristeza siempre susrruaba, y necesitaba algo que se la lleve lejos. Lejos como ella estaba. Lejos.
Repetinamente una ventana se abrió debido al poder de una fuerte ventisca. El fuerte viento hizo ondear su cabello. Rápidamente corrió a cerrar las ventanas. Unas cuantas gotas cayeron sobre sus mejillas. La tenue luz de distantes faroles y la luz del interior de la casa permitía ver el jardín de flores en medio de la oscuridad. Se quedó mirando por un momento y sintió cierto alivio.
Después de bañarse se puso su bata de seda con flores. Camino a la habitación pudo jurar que sintió cierto perfume. Un extraño perfume que la hizo ir a la sala para buscar con la mirada el origen, pero solo había muebles vacíos. Caminó hasta su cama y se dispuso a dormir.
A las 3:45 am se despertó en medio de las tinieblas. Abrió los ojos muy suavemente. Encongió las piernas y se sentó en su lugar, envuelta con las sábanas. Poco a poco sus ojos se fueron acostumbrando a la oscuridad. No sentía sueño. Se sentía calmada. Serena, preparada.
- Maureen…
Fue como un distante susurro. Había escuchado algo. Una voz suave y lejana que la llamaba. Posiblemente era que aún no estaba del todo despierta. Tenía que dormir para estar bien descansada para su trabajo. Pero se levantó. Caminó entre las sombras, nuevamente después de muchas semanas.
El aroma había aparecido otra vez. No sintió miedo. Paso por el pasadizo deslizando la llema de los dedos por las paredes. Se acomodó el cabello y avanzó lentamente. El perfume en la sala ahora era más fuerte. Los muebles vacíos parecían comunicarle un mensaje en el idioma de las emociones. Instintivamente se acercó a la ventana que daba a la entrada. Observó el jardín de flores.
Maureen…, dijo nuevamente el susurro. Maureen volteó ligeramente, sabía que no iba a encontrar a nadie.
04
Tras volverse a acostar y dormir un poco, con dificultad, se fue a trabajar sin desayunar. Sus compañeros la notaron como ida, como si su cabeza estuviera en otro lugar. Algunos pensaron que estaba siento arrogante, otros que estaba deprimida, y otros no lo notaron.
Ese día almorzó con un compañero y una compañera del trabajo, él era fotografó también y ella diseñadora gráfica. Almorzaron en una pequeña cafetería que quedaba a la vuelta de ambientación bastante cuidada y bien decorada.
Durante el almuerzo el tema de conversación se dirigió hacia los sueños. Ella no contó lo de anoche. Pero la hizo pensar que todo había sido un sueño. Entre ellos se bromeaban. Ella se rió un poco.
Se pasó la tarde en la computadora, escogiendo las mejores fotos de la temporada. Se llevó la cámara fotográfica digital a casa. Y la puso sobre la mesa de café de la sala.
Se puso a ver televisión, hace mucho que no lo hacía. No vio nada en particular solo pasaba los canales. Probablemente, solo hacía tiempo. Después de una media hora apagó el aparato. Y se quedó sentanda, inmóvil. Tras pensar en ciertas cosas tomó la cámara.
Fotografió al sofá vacío. A la cocina vacía. A su cama vacía. Había algo allí que tenía que capturar, pero no sabía qué. Caminó por el pasadizo tomando una foto con cada paso que daba. No sabía lo que estaba haciendo. Solo se dejaba llevar hasta que se detuvo. Le entró mucha ansiedad. Dejó la cámara en el estante de su habitación y se tiró en la cama intentado de calmarse. Se sentía fuera de sí misma. Se levantó a apagar la luz. Al cruzar de su cama hasta la pared cruzó frente al espejo del aparador.
- Maureen..
El llamado la puso en un estado distinto. Más alerta. Interrumpió la corriente de pensamientos para ponerla en contacto con el momento. ¿Qué sucede?, se preguntó. Se le comenzó a acelerar el corazón. Se metió al baño y se enjuagó la cara. Puta vida de mierda, ya no aguanto más, se dijo. La idea de suicidarse apareció de nuevo. Solo tenía que golpear el espejo, tomar uno de los trozos rotos y cortarse las venas. Alli mismo. Ya.
- Maureen…
Salió del baño. ¿Qué sucede, qué pasa?, repitió una y otra vez. Había alguien allí. Salió a la sala. Dio vueltas y vueltas. Su corazón comenzó a acelerarse más y más. Cayó arrodillada en medio de esa sinfonía de desesperación y dolor. Se dijo a sí misma que no era nada más que una lesbiana de mierda sola.
- Maureen…
¿De donde venía esa voz? Y ese olor… ese perfume… ese perfume, a flores.
Lentamente la puerta se abrió. Entró Chloe corriendo a abrazarla. Maureen lloró en el piso, en sus brazos. Chloe, porque tuviste que morir. No puedo sola. No puedo. No puedo, le dijo. Chloe la abrazó más fuerte y le susurró unas palabras de amor al oído. El cobijo de los largos risos negros. La piel blanca. El calor de su cuerpo. Sus senos presionadose contra ella. Sus labios suaves contra los suyos. Su delciada cintura. Sus brazos alrededor de ella, calmando su espíritu. Y las lagrimas cesaron. Cuando se dio cuenta de lo que sucedía, Maureen se descubrió en medio de la sala, sola, rodeada de pétalos.