InicioOfftopicEl hombre prueba (cuento de mi autoría)
El hombre prueba

Roger fumaba mirando el monitor. Estaba fascinado de la manera más voyeruista posible. Era poco ético, pero necesario. El gobierno necesitaba saber qué sucedería, en caso de una guerra nuclear, con la gente escondida en bunkers. La verdad todo esto era muy cruel, pero el sujeto sería recompensado luego, y de gran manera.
Roger era un psicólogo delgado, de pelo corto, silencioso, sentimental, y apasionado por sus obsesiones. Y estaba obsesionado con el trabajo que le habían encargado. El otro psicólogo asignado al trabajo, Crowley, entró y se sentó al lado. “Ha pasado algo?” “Nada nuevo, se la ha pasado dando vueltas. Está hablando solo”.
Crowley había dado la idea como broma. Pero Roger la llevó a cabo y le pidió a este que participara. Durante la noche un montón de militares entran a la casa de un civil. Este que estaba dormido en su cama es despertado e informado a empezado la guerra nuclear. Entonces, se le dice que será llevado a un bunker , donde estará protegido de la radiación. A esto se le agregara, para que no haya dudas, que fue escogido al azar. Para que no haya mayores problemas este individuo debe ser alguien no casado y sin hijos. También, le aseguraron que iba a estar allí al menos 2 años.
Crowley se acarició la barba. Dio una mirada al poster de un mandala tibetano, pegado en la pared, para decorar. Pensó por unos minutos. Probablemente pensaba lo mismo que Roger: que sucedería. Al “hombre prueba”, así lo llamaban ellos, se le había puesto comida suficiente para años, luz y agua, servicios sanitarios, máquina para lavar y secar ropa, unos cuantos muebles, incluyendo una cama, varias prendas de ropa, medicamentos y algunas cosas más. Sin libros, sin televisión y sin internet. Y sin ventanas, por lo que había un buen sistema de ventilación y aire acondicionado. Todo pintado de blanco. Era peor que la cárcel. Tras los 2 primeros días había empezado a caminar ansioso, dando vueltas y hablando cosas de su vida privada y sobre su situación, y llorar un poco. Roger y Crowley, al ser psicólogos, sabían que el hablar a solas en voz alta se manifestaba en alguien estresado, exaltado o muy neurótico. El llanto era probablemente por la impotencia del encierro.
“Va a acabar suicidándose”, dijo Roger.
“No, no creo”, respondió Crowley.” Recuerda que estamos viendo solo el comienzo, algo más va a suceder”.
Era como una droga observar a un hombre encerrado y ver cuáles iban a ser las consecuencias. El “Hombre prueba” en realidad no había sido escogido al azar. Todo lo contrario. De entre muchos civiles se le eligió por ser médico – para que sepa cuidar de sí mismo si enferma-, un buen trabajador, una persona muy estable, con una vida sexual saludable, y socialmente popular.
3 semanas después hubo el primer cambio. La pareja de psicólogos habían observado todas las noches atentos. Para no aburrirse escuchaban música o miraban televisión, mientras vigilaban a la vez. Durante ese periodo, el “hombre prueba” se la había pasado masturbándose, revizando la ropa y la comida que le habían dado, ordenandola meticulosamente. También dando vueltas dentro del bunker una y otra vez hablando.
Roger anotó meticulosamente lo que obsevaba ahora. El “hombre prueba” bailaba. Una danza casi mecánica, muy bien organziada. “Será el comienzo de un nuevo pasatiempo, al parecer”, dijo Crowley fascinado. La danza duró casi una hora y media. “Es bueno”, comentó Roger jocosamente. El sujeto tras la danza y en perfecto silencio, se bañó arrodillado, - “Mira- dijo Crowley- se está bañando arrodillado”-se secó atentamente con la toalla, se puso pijama , se metió a la cama y se durmió rápidamente. Este incidente se volvió una rutina.
Poco a poco la rutina del observado fue estructurándose. A los 2 meses ya no se masturbaba. Danzaba siempre antes de dormir. Durante el día hablaba solo, auqnue cada vez menos, y se había puesto a tallar algunos jabones, haciendo pequeñas esculturas, con el mismo cuchillo con que se había puesto a tallar también en una pared.
Roger estaba fascinado por los tallados. Crowley por las danzas. Ambos tenían la misma conclusión: las verdaderas alteraciones estaban comenzando. Que se haya dejado de masturbar era natural. Personas en situaciones de aislamiento, como monjes zen o prisoneros judios durante el régimen nazi, les solía suceder lo mismo: La pérdida del interés sexual. Lo interesante era la expresión artística por la que prácticamente se veía absorivido el sujeto. Un sujeto ginecólogo. Completamente practico – por lo menos eso decía el informe-. Extrovertido. Nunca había hecho nada artisitco en su vida, bueno, solo cuando durante el jardín de niños. Ambos psicólogos habían escogido al sujeto por ser una persona materialista, alguien bueno pero algo frívolo, muy competidor y poco intelectual: el modelo ideal del sujeto capitalista. El aislamiento había hecho emerger lo artístico. Crowley, al ser de una tendencia más psicoanalista, dijo que estas cosas artísticas se debían gracias a la privación de estímulos, y que el incosnciente ahora buscaba expresarse. Roger, de tendencia más de la psicología humanista, dijo que se debía a que las personas necesitan un sentido a su vida, y que probablemente, ahora el del “hombre prueba”, era crear cosas bellas.
Para ambos lo fascinante era que la forma que había tomado el arte. A pesar deque notoriamente los tallados no eran hechos por una mano experta, tenía un matiz interesante. Las estuatillas de jabón parecían pequeñas imágenes fetiches africanas. El mural tallado fue avanzando progresivamente. La actividad artística fue mejorarndo y haciéndose más sitemática, hecha por horarios, a pesar de que no había reloj. Después de un mes la pared era un elemnto muy interesante. Signos y símbolos sin ningún sentido. Alrededor, un círculo con la luna a la izquierda y el sol a la derecha. Había pirámides. Cuadrados. Marcas muy extrañas, aunque muy similares a jeorglificos egipcios y a letras hebreas.
“Sabes qué me hace acordar esto. Ayer lo recordé leyendo una columna en un blog en el internet”, dijo Crowley. “Qué cosa?”, preguntó a manera de respuesta Roger sirviéndose un poco de café de la roja cafetera. “Jung.” Roger caminó lentamente y pensativo y se sentó frente a la pantalla. Ahora vigilaban la mayor parte del día, y casi toda la noche. Los observadores se turnaban para dormir. El “hombre prueba” dormía, y lo miraban dormir. “Lo sé – dijo Roger-. También se me había ocurrido. Lo pensé asociando el poster que colgaste allí. No te había dicho nada porque no quería apresurar ideas. Esto se parece a lo de Jung.” Carl Gustav Jung, psiquiatra suizo. En una casa retirada hizo arte muy similar al del “hombre prueba”. El fin era explorar su incociente.
“Este hombre, según sé, no le gustaba nada que fuera asociado a la psicología. Menos algo asociado a lo místico o similares. Esto es imposible”, dijo Roger. “No – respondió Crowley-. Eso ya lo sé. Pero creo que, tal vez, esta sea la condición natural de la mente. En el aislamiento comenzar a explorarse a sí mismo. Al quitar la estimulación externa la mente quita todas sus represiones y condicionacimientos. Se libera mediante lo simbólico”. “Siempre te gustaron este tipo de cosas”, dijo con un tono burlón Roger mientras se relamió el sabor del café. “Lo dices como que no tuviera ningún tipo de valor”. “Bueno, sí lo tiene. Lo estamos viendo, ¿no? Es real. Esta sucediendo. Me pregunto qué pasará luego”.
Al mes el trabajo del “hombre prueba” se había vuelto arduo, y nuevas cosas habían aparecido. Roger y Crowley ya planeaban escribir una serie de artículos, o mejor aún, un libro sobre el tema. El tallado en la pared se había vuelto muchísimo más elaborado. Casi ya no había espacio libre. El sujeto ahora para la pared usada diferentes cuchillos y maderos para golearlos , para hacer un mejor sincelado que con el simple pulso, y había arrancado algunos enchapados para usar el lado opuesto como lijas. Era una muy buena obra de arte. Había roto patas de algunas sillas para hacer en ellas estuatillas. También había comenzado a tallar en una mesa grande de madera. Usaba, usalamente ropa que fuera negra o blanca, nada más. Se bañaba todos los días. Siempre se acostaba y levantaba a la misma hora. Comía ligero, pero nutritivo. Siempre a la misma hora todo. El arte, la comida, el sueño. Ni por asomo hablaba. Es más, 2 horas al levantarse y dos horas por la tarde meditaba, o aparentemente eso hacía. Se sentaba en una silla y miraba al vacío, olo hacía con los ojos cerrados. Esta era una de la actividades que más asombraban a los psicólogos, pues el sujeto solo conocía la meditación de nombre. Las danzas eran muy elaboradas. Nunca fallaba un paso. Tenía 3 coreografías que hacía indistintamente pero siempre cumpliendo el cronograma.
“Se habrá vuelto psicótico?”, preguntó pensativo Crowley. “No, más parece un monje o una cosa así – respondió Roger-. El tipo, ante la asuencia de todo, ya no tiene ego que defender o por el cual preocuparse. Supongo que eso es lo que ha pasado. Sea lo que sea que sea esto”. “Mierda, esto ya está llendo demasiado lejos. – dijo Crowley rascándose la barba, ahora algo más larga que al comienzo de todo esto-. Sé que es muy interesante. Pero… pero, hasta los monjes zen se miran unos a otros. Hasta los hermitaños hablan con su caballo o yo que sé. Esto es mucho. Y eso que todavía ni sabemos si lo sacaremos de allí.” “Calma – dijo sonriente por la fascinación-.Tengo mucha curiosidad por saber qué le irá a pasar al “hombre prueba”.”
Al mes siguiente apareció algo nuevo. Roger y Crowley ya habían redactado varias cosas hacera de los hechos que habían observado. Y había hablado con el rector de una univerisad, apra ver si le publicarían el libro que ya habían comenzado a armar, y parecía que sí. La fascinación de Crowley se había reforzado y la de Roger intensificado. El “hombre prueba”, ahora, hablaba cuando hacía los tallados. Ahora tallaba un poco en varios muebles. La mesa había quedado preciosa, llena de imágenes violentas y de amor. En realidad, no hablaba mientras tallaba sino balbuceaba en forma de canto. Aunque era algo repetitivo y cíclico.
“Pasó lo que me suponía – dijo Crowley-. Se ha vuelto psicótico”. “No, no – respondió Roger-. Nada de eso. Es como un mantra. Tu eres el aficonado al misticismo. Mantras.” “Tú crees? Los mantras han nacido solos” “Bueno, no sé si solos. Observamos la conducta del “hombre prueba”. Pero no sabemos qué estará pasando por su cabeza”.
Las cosas permanecieron así por 4 meses. Entonces…”Se la pasa tirado todo el día – alegó indignado Crowley-. Ya tenemos que parar.” “Ya sé que ya no hace arte ni nada. Solo setira al piso boca arriba y se levanta de allí para irse a dormir a la cama, bañarse y comer. Pero de que se mueve, se mueve.” “No seas idiota. Si se ha dejado de afeitar, tiene una barba mucho más larga que la mía” “Crowley. Algo está haciendo en su cabeza. Jugando con su imaginación o una cosa así. Mira el movimiento ocular. Tu sabes lo de programación neuroliguistica. Los ojos se mueven así cuando se está creando imágenes y sonidos.” “Roger, esto es una locura. Pobre hombre. Nunca va a volver a ser normal.” “Ya estamos aquí. Tenemos que llegar hasta el final. Que aparentemente ya está cerca”
Roger tenía razón. El final del “hombre prueba” como sujeto de pruebas estaba cerca. Y cuando llegó ese final, fue inesperado para ambos psicólogos. Era de noche y ambos estaban quedándose dormidos. “Crowley, mira. Pero qué mierda pasa”. Uno de los militares que hacía guardia abría la puerta del bunker. El “hombre prueba” solo lo miró en silencio, y el milatar le hizo una venía con la cabeza. Roger corrió a ver en una de las pantallas de las cámaras de seguridad. El sujeto caminaba ahora por los pasadizos. Era como si conociera perfectamente las instalaciones Los militares caminaban detrás de él, como autómatas. “Qué es esto, Roger?” “No tengo idea.”. En eso el sujeto miró hacia arriba, directamente a la cámara. “Nos está mirando Crowley”. “No, eso es imposible” –respondió el otro exaltado.

En eso, una voz habló en la cabeza de ambos psicólogos y les dijo: “Ahora yo los observo a ustedes.”

FIN
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