La Historia de la Segunda Guerra Mundial cuenta con innumerables sucesos y anécdotas que podrían considerarse fuera de lo normal, incluso absurdas. Los protagonistas de esta contienda recurrieron a distintas alternativas para ganar la guerra; por ejemplo, cuando el gobierno de Winston Churchill llegó a un acuerdo con el propietario de la empresa que fabricaba el juego de mesa Monopoly para que se incluyeran mapas con rutas de escape y billetes reales en «ediciones especiales», para ser enviadas a los campos de prisioneros alemanes, hasta introducirse al mundo del misticismo y de la magia, buscando el triunfo ante sus enemigos. Tal es el caso del británico Jasper Maskelyne, un singular soldado que se ganó el título de “el mago de la guerra”. Maskelyne (1902-1973) fue hijo y nieto de grandes magos, profesión que aprendió y ejerció durante muchos años; en 1940, poco tiempo después de que estallara la guerra, decidió enlistarse en el Ejército Británico, y posteriormente fue destinado a Alejandría, donde —al mando de una sección secreta experimental— diseñó numerosos proyectos para despistar a los alemanes haciendo uso de la única arma que conocía y dominaba: la magia. Recién se incorporó al ejército, Jasper fue destinado a una unidad menor: Desarrollo y Camuflaje de Trenes de la Compañía Real de Ingenieros, un escuadrón con destino a El Cairo, cuya misión era camuflar y ocultar nidos de ametralladoras y vehículos para que no fueran descubiertos por el enemigo. A raíz de un enfrentamiento que sostuvo con el Príncipe Hassan, líder de la tribu de los Derviches, y gracias a sus habilidades obtuvo el mote de “mago de la guerra”. El príncipe, alertado porque en sus tierras (las cuales se encontraban en Turquía) había un extranjero con poderes mágicos, decidió retar al intruso: si el británico ganaba, el Príncipe permitiría el paso a las tropas extranjeras sin problema alguno, pero si perdía, no obtendría acceso. Jasper y Hassan comenzaron a enfrentarse con trucos cada vez más sofisticados, hasta que el derviche se clavó una lanza en el vientre. Ante tal acto, todos los presentes quedaron asombrados, menos Maskelyne, quien recordó que aquel truco también lo realizaba su abuelo, así que se aproximó para descubrir la faja de cuero que portaba el príncipe para simular la penetración. Fue así como consiguió el respeto del Príncipe, quien permitió que los ingleses atravesaran su territorio. Después del acto realizado por Jasper Maskelyne, sus superiores quedaron impresionados con las artes del mago y decidieron crear lo que se denominó Sección Experimental de Camuflaje, cuyo objetivo era luchar contra Rommel y su famoso Afrika Korps, fuerza militar alemana enviada al norte de África en 1941. Su primera misión fue camuflar 200 tanques desembarcados en el puerto de Alejandría. La idea que llegó a su mente de manera inmediata después de recibir la misión fue utilizar pintura, pero no contaban con la cantidad necesaria, así que Maskelyne tuvo que ingeniar otras ideas. Guiado por la astucia, el mago encontró en un vertedero cientos de kilos de una salsa Worcester (o salsa inglesa) caducada, la cual mezcló con estiércol de camello secado al sol, cuya combinación, aunque un poco nauseabunda, era lo más parecido al color de la arena. Fue así que consiguió ocultar los tanques para no ser descubiertos. Posteriormente fueron muchos trucos los que Maskelyne gestó en una nave dispuesta para que el mago desarrollara su potencial, sitio que fue llamado El Valle Mágico. Ahí se fabricaron réplicas de submarinos y ejércitos enteros de cartón que despistaban a los pilotos alemanes. Pero el proyecto más importante que Jasper recibió fue camuflar el puerto de Alejandría, un objetivo primordial para la aviación germana. El mago comprendió que esconder una ciudad entera iba a ser una misión imposible, pero pensó en una solución: crear una falsa Alejandría algunos kilómetros más abajo de su ubicación real, apoyándose en más de 200 hombres. El plan consistía en que, cuando los aviones alemanes se acercaran para bombardear el puerto, se apagarían las luces de la ciudad auténtica y encenderían las de la réplica con el fin de despistar al enemigo, una acción imposible que resultó verdaderamente efectiva. Los pilotos alemanes estaban seguros de que un ataque nocturno tomaría por sorpresa a la población del desierto africano, pero al llegar al lugar no pudieron ocultar su confusión al observar que la zona indicada estaba en la oscuridad. Cuando estuvieron convencidos que su misión había fracasado encontraron el halo de luz que indicaba que estaban cerca de Alejandría. Maskelyne había logrado uno de sus más grandes trucos: los soldados alemanes regresarían a sus bases con la ilusión que esa noche habían dado un paso más en la expansión del Tercer Reich, pero en realidad sus bombas simplemente arrasaron con una maqueta de la ciudad egipcia. Este tipo de actos continuaron engañando a los enemigos de los Aliados hasta la rendición condicional de Alemania. En 1946, regresó a su hogar con la intención de continuar con su prometedora carrera de mago; sin embargo, los trucos que engañaron al enemigo no le interesaron al público inglés: todo lo relacionado con la guerra quería ser olvidado, inclusive actos basados en luces y espejos. Desilusionado por el rechazo, se trasladó a Kenia donde continuó con sus actividades bélicas al colaborar con las autoridades británicas en la guerra contra los Mau Mau. link: https://vimeo.com/78663001 Durante la guerra, la mayor parte de los habitantes de Europa tomaron parte en ella con las actividades que mejor sabían hacer; Jasper Maskelyne con sus particulares actos, demostró que trucos diseñados para sorprender a multitudes distraídas también podían engañar a soldados y a ejércitos enteros. Hubo algunas pequeñas pero importantes acciones que definieron el curso de la Segunda Guerra Mundial y que pocos conocen; sin embargo, de no ser por ellas, quizá todo sería distinto el día de hoy.
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